Con el título de Memorias de un señor bajito Rafael Azcona recogió, a petición Mario Lacruz, director de la Enciclopedia Pulga (Ediciones G. P.), una serie de textos publicados por primera vez en la revista La Codorniz a mediados de los años cincuenta. La edición que ahora presentamos, aunque ampliada y corregida por el autor, mantiene el aroma y el sabor de los escritos originales, y devuelve a los textos lo que la censura —y la autocensura— de aquel tiempo les hurtó.
Con el paisaje de fondo de la sociedad española de los 50, estas memorias, cargadas de una finísima ironía, inequívocamente azconiana, relatan la peripecia vital de Juliano Fernández, hombre normal donde los haya, al que le ocurren cosas normales y al que no dejan de cruzársele en el camino fenómenos paranormales. Así conoceremos los cuidados que este peculiar pícaro de posguerra, le brindó a su abuelo, sus incursiones en el mundo de la economía, sus cursos de enseñanza por correo urgente, cómo consiguió la Cruz del Mérito Agrícola, en qué consistió su labor de Inspector de Tontos de Pueblo, lo que le depararon sus agridulces noviazgos o cómo la carrera laboral de este antihéroe lírico y bufonesco cristalizó en una seria aversión al trabajo.
En esta época en la que casi todas las manifestaciones culturales pasan por el supermercado (o por la subvención) este libro nos sigue deparando, como entonces, auténtico humor de contrabando.
Es considerado por muchos como el mejor guionista español de la historia y el guionista con mayor número de Premios Goya (6) y nominaciones (12) en las categorías a Mejor guión original y Mejor guión adaptado, además del Goya de Honor que recibió en 1998.
Comenzó su trayectoria profesional como novelista y desde 1951 colaboró con revistas humorísticas como La codorniz. Gracias a la adaptación de la novela El pisito, junto con el director italiano Marco Ferreri en 1959, entró en el mundo del cine, que ya nunca abandonaría.
Según sus palabras: "Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas".
Sus primeros guiones, como El pisito, El cochecito, El verdugo, etc., tratan del retrato de su época y denuncian la pobreza de entonces. Siempre colaboró con directores que compartieran su interés por reflejar la realidad española en el cine.
Murió el 24 de marzo de 2008 a los 81 años de edad, de cáncer de pulmón en su casa de Madrid.
En su honor tiene dedicado el nombre de sendas calles en Logroño y en Villamediana de Iregua. La biblioteca pública municipal de Logroño situada en el barrio de Madre de Dios también lleva su nombre. En marzo del 2012 en la Sala Gonzalo de Berceo, situada en una de las zonas peatonales del centro de Logroño, se inauguró la sede de la Filmoteca Rafael Azcona. En el mundo de la televisión, la serie Compañeros se ambientó en un ficticio Colegio Azcona.