Todo el texto se ha sometido a una revisión integral con la doble intención de actualizar su contenido por medio de una documentación más completa y de ampliar el número de las cuestiones estudiadas.
Es un libro útil que siempre viene bien. Me gustó mucho la “advertencia preliminar” del autor -que nunca había leído-. Su tono es ameno y más orientativo que imperativo. En el caso de palabras que se toman de otros idiomas recomienda alternativas en español (a Magazine propone Revista, por ejemplo ), o admite pronunciaciones incorrectas pero que ya son costumbre (como Arquímedes que debería ser esdrújula) y brinda ese detalle sin señalar como equivocado lo primero.
Trae a colación la etimología cuando es pertinente sin abusar del recurso, menciona si alguna acepción es más utilizada en alguna región de América Latina (cualquier persona de Venezuela o Colombia que hable con alguien de Argentina y Uruguay se da cuenta rápidamente la gran cantidad de matices en vocabulario y expresiones del español de cada país).
Me parece interesante seguir la reflexión de Seco acerca de quienes influye sobre el lenguaje. Él comenta que en su momento eran los escritores de mayor difusión y que luego fueron continuados por los periodistas. Desde ese momento pasaron los blogs (quizá no tan masivos) y hoy tenemos a las redes sociales y a las herramienta de mensajería. El microblogging de Twitter, la necesidad del clickbait y de SEO de los portales de noticias y los grupos de WhatsApp probablemente estén entre quienes más modelan la relación de las personas con la palabra escrita.