Nacido dentro de una prominente familia de banqueros, sus padres fueron Francisco Bryce Arróspide y Elena Echenique Basombrío de Bryce. Su tatarabuelo, José Rufino Echenique, fue presidente del Perú en 1851, y su familia está relacionada con la francesa Flora Tristán y con el barón Clemens Althaus de Hesse.
Bryce Echenique, educado en el seno de la oligarquía limeña, cursó sus estudios primarios, en el Inmaculado Corazón, y secundarios, en el Santa María Marianistas y, luego, tras un incidente en este colegio por el que hubo de ser hospitalizado, ingresó al San Pablo, un internado británico en Lima. En 1957, ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se licenció en Derecho, obteniendo el título de Doctor en Letras en (1977). Fue profesor durante algún tiempo en el Colegio San Andrés (ex Anglo-Peruano) donde enseñó Castellano y Literatura.
Felipe Carrillo, arquitecto peruano emigrado al París de principios de los ochenta, enfrenta la viudez. Su esposa, antes de morir y más joven que él, le ha dicho que se case de nuevo y que lo haga con una mujer madura, “de su edad”.
Va entonces Felipe Carrillo a liarse con una reportera española, Genoveva, la cual sostiene una relación de corte edípico con su hijo Sebastián. Los encuentros, desencuentros y reencuentros de tan singular trío son contados por Felipe, en un estilo plagado de chascarros, letras de boleros, tangos y demás referencias que enriquecen el marco cultural de la obra y que forman una trama donde la ausencia total de un narrador es apenas perceptible. En suma, esta novela es una apasionada, pero no por ello seria, defensa (y apología) de la vida madura, recomendable como adelanto de lo que le espera a todas, absolutamente todas las edades.
Un libro contado de manera no lineal y cuyas primeras veinte páginas pueden parecer caóticas a alguno; sin embargo la inversión vale la pena. ¿La recompensa? Una de las reflexiones finales más descarnadas, duras (¡y humorísticas!) de toda la literatura hispanoamericana.
Como suelo decir junto con muchos de mis amigos peruanos: Menos Vargas Llosa y más Bryce Echenique.
El recorrido por parte del arquitecto Felipe Carrillo tiene mucho potencial y ciertos pasajes ciertamente te hacen sentir la soledad y el desasosiego que hacen parte de su vida. La escritura del autor ciertamente tiene elementos muy interesantes; sin embargo, es este mismo elemento el que causa ciertas desconexiones a lo largo de la lectura. Con todo me parece que es un autor que merece una segunda revisión y por ello decidí tomar nota de otras obras para poder adquirirlas en un futuro.
Este libro lo encontré en una reventa de libros en Buenos Aires. La carátula estilo vintage me acogió y causó mucha intriga. Quería conocer a Felipe y sus mudanzas. Hubieron momentos que el libro me entretuvo pero también varios momentos en que el estilo fragmentado de Bryce causó que me perdiera con el hilo narrativo. Si al final el motivo del libro fue narrar la soledad del arquitecto y demostrar cómo esto influyó su desiciones amorosas creo que hizo un buen trabajo pero no creo que sea uno de los mejores libros que e leído.
"y eso era lo malo porque no hay nada peor en la vida que estarse yendo a la mismísima y hacerse el disimulado"
"Hoy me pregunto a cada rato cómo me extrañará Eusebia, de qué manera le haré falta. Me pregunto si me extrañará cuando canta, por ejemplo, o cómo será para ella todo este asunto. Me paso horas y horas haciéndome este tipo de preguntas sin respuesta. Y a cada rato me doy cuenta de que lo único que sé hacer bien en esta vida es extrañar."
Vida del arquitecto Felipe Carrillo y sus relaciones amorosas inestables con 4 mujeres a lo largo de su vida. Liliane, su esposa muerta en París. Genoveva, periodista que mantiene una relación incestuosa con su hijo. Eusebia, cocinera mulata de Felipe. Catherine, arabista francesa que vive recordando a un antiguo amor.
A veces da la impresión de que Alfredo Bryce Echenique escribe siempre la misma historia: hombres desencantados que buscan algo —el amor, la pertenencia, la ternura perdida— en ciudades que los expulsan con delicadeza. Y sin embargo, lo vuelve a hacer bien. La última mudanza de Felipillo Carrillo es probablemente uno de sus libros más contenidos, pero también uno de los más redondos.
Felipe Carrillo es un arquitecto melancólico y errante, un nómada sentimental que va de París a Colán, de Madrid a Roma, con la misma mezcla de euforia romántica y resignación lúcida. Siempre busca el amor definitivo, pero termina enfrentándose al único traslado que importa: el que lo obliga a mirarse por dentro.
Los secundarios —como suele pasar con Bryce— cargan con gran parte de la vitalidad del libro. Genoveva, su hijo insoportable, Eusebia con sus refranes, los amigos que lo sostienen o lo hunden: todos están esculpidos con gracia, ironía y afecto. También hay un tono casi costumbrista que se cuela en las descripciones del Fenómeno del Niño en el norte del Perú, o en las calles parisinas, donde los recuerdos parecen vivir más cómodos que las personas.
Lo mejor, sin embargo, es esa tristeza luminosa que envuelve todo. Bryce entiende que el desarraigo no siempre es trágico: a veces es apenas una forma amable de no pertenecer del todo. Y Felipillo, con sus frases cargadas de afectación, su torpeza entrañable y su manera de sobrevivir al amor, encarna muy bien esa idea.
Un Bryce menor, si se quiere. Pero igual de necesario.
Normalmente los libros de Bryce Echenique me encantan, en este libro me sentí un poco fatigado con la lectura y se me hizo difícil terminarlo. De todos modos sigo pensando que el autor es uno de los mejores que ha producido el Perú.
Despite the fact that I am a fan of Bryce's prose, this book is definitely not one of my favorites. Even the slang used is very old, and the plot lacked consistency to keep me interested.