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Una agradable sorpresa el descubrimiento de este autor, que además es creador de un podcast del mismo nombre que la novela (que tampoco conocía). Me ha gustado especialmente la ambientación, pues crea una época (la de los inicios de Constantino cuando era un joven imberbe) que sin duda fue pródiga en cambios que afectaron el devenir de lo poco que le quedaba de esplendor a la grandeza de Roma. Creo que Carlos de Miguel conoce el terreno que pisa, y se nota que le gusta divulgarlo.
Como protagonistas absolutos tenemos a Helena (posteriormente Santa Helena, nada menos), madre de Constantino, y a Constancio, soldado del imperio que la dejará embarazada antes de partir al servicio del emperador Carino, que le encomendaría una misión tras otra, todas de punta a punta del imperio, lo que dejó a Helena sola y en el más absoluto desamparo. Este Constancio, con el tiempo también llegó a ser emperador, aunque compartiendo el cargo con los muchos que hubo con él. Fue una época de más emperadores que soldados.
De la santa se dispone de muy poca información. La mayoría la proporciona la iglesia católica, y su credibilidad es más que cuestionable. Según la novela, la educación de su hijo la hizo amparada por sectas cristianas que ya por aquel entonces disponían de bastante libertad para la propagación de su fe (eso es verídico), aunque aún les quedaba por sufrir una de las peores persecuciones, la de Diocleciano, al que vemos convertirse en estas páginas en emperador por delante de Constancio.
La novela en sí está muy bien, pero no tiene “grandes” momentos que vayas a recordar mucho tiempo después de su lectura. La mezcla de ficción y realidad (la poca que sí se conoce) está bien desarrollada. La vida social de la época también. Y los diálogos no son en ningún caso sonrojantes, como suele ser el caso en este tipo de novelas en más de una ocasión. Por lo tanto, creo que como novela histórica funciona. Es muy leíble y además divulga, con lo cual logra su objetivo. En ese sentido la recomiendo y alabo a su escritor, al que veo que tendré que seguir tanto en literatura como en su vertiente “auditiva”.
La pega principal que puedo ponerle es que en ningún momento al adquirir la obra he visto reflejado que esta es SÓLO la primera parte de lo que sin duda va a ser una larga serie, pues tras más de 500 páginas me encuentro con que la historia termina cuando apenas se ha contado una mínima parte de la vida de Constantino, al que dejamos siendo un crío que ni siquiera ha alcanzado la pubertad (o apenas la está rozando). En cuanto a Elena, también la dejamos sin vislumbrar el futuro brillante que le aguarda, tanto como consejera del futuro amo de Roma como también como conseguidora de las reliquias más estimulantes para la futura iglesia (¡menudo negocio se avecinaba!) Ni siquiera Constancio ha sido nombrado todavía emperador, y apenas Diocleciano lo ha comenzado a ser. Por lo que preveo que, o le da mucha caña en el siguiente volumen, o tendremos una especie de Enciclopedia Británica de esta serie, con más entregas que un coleccionable de los de Planeta DeAgostini. Y francamente, no sé si me da la vida para tanta lectura y tanta serie. Le rogaría al autor que me lo fuese abreviando.