Ha querido el tiempo, mi madurez profesional, y un amor sosegado y tranquilo a mis sesenta y pico, que retomara con placer el hábito de escribir. Os aseguro, que por la ilusión que me hace levantarme cada día para escribir unos versos, puedo decir sin complejos ni vergüenza, que soy “escritor”. Espero que esta opinión sea compartida entre mis futuros lectores.