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Tres novelas

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Inscritos en la llamada literatura psicológica, los personajes de las novelas de Eltit develan la urdimbre desgarrada del telón social. El cuarto mundo explora la percepción del mundo que dos mellizos tienen desde el vientre de su madre. Los vigilantes trata de la vida de una madre con un hijo que padece retraso mental y cuyo padre aparece sólo en las cartas que envía. Mano de obra construye un universo alucinante con personajes cautivos en una mecánica de supervivencia y horror.

360 pages, Paperback

First published November 15, 2012

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About the author

Diamela Eltit

44 books143 followers
Diamela Eltit (born 1947, Santiago de Chile) is a well known Chilean writer and university professor. Between 1966 and 1976 she graduated in Spanish studies at the Universidad Católica de Chile and followed graduate studies in Literature at the Universidad de Chile in Santiago. In 1977 she began a career as Spanish and literature teacher at high school level in several public schools in Santiago, such as the Instituto Nacional and the Liceo Carmela Carvajal. In 1984 she started teaching at universities in Chile, where she is currently professor at the Universidad Tecnológica Metropolitana and abroad. During the last thirty years Eltit has lectured and participated in conferences, seminars and literature events throughout the world, in Europe, Africa, North and Latin America. She has been several times visiting professor at the University of California at Berkeley, and also at Johns Hopkins University, Stanford University, Washington University at Saint Louis, University of Pittsburgh, University of Virginia and, since 2007, New York University, where she holds a teaching appointment as Distinguished Global Visiting Professor and teaches at the Creative Writing Program in Spanish. In the academic year 2014-2015 Eltit was invited by Cambridge University, U.K., to the Simon Bolivar Chair at the Center of Latin American Studies. Since 2014 Diamela Eltit´s personal and literary archives are deposited at the University of Princeton. Through her career several hundreds of Latin American young writers have participated as students at her highly appreciated literature workshops.

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Displaying 1 - 6 of 6 reviews
Profile Image for Lucas Sierra.
Author 3 books606 followers
January 16, 2018
Debo insistir, incluso si no lo he dicho antes: lean a Diamela Eltit. Su propuesta con el lenguaje es arriesgada, su idea de compromiso en la literatura es compleja y reta al lector. Y, sobre esos dos aspectos, tiene una capacidad poética definida y fuerte, capaz de clavarte al libro y obligarte a jugar en terrenos incómodos. Eso, su capacidad de reventar los límites, es una ganancia gigantesca.

Hay muchos ademases: su narrativa frente al cuerpo, su perspectiva del género, sus contenido anticonsumista, sus posibles aproximaciones desde el feminismo... Pero baste uno, pasional: escribe desde las tripas, y en el resultado palpita el lenguaje.

Del prólogo a cargo de Sandra Lorenzano

Mi primera aproximación a Diamela Eltit fue la lectura de Lumpérica , y entonces presentí una autora capaz de comunicarme (junto a Lezama Lima) en lenguas de extrañamiento los territorios más allá del delirio. No una locura sin punto de fuga, sino, como la de Hamlet, cargada de método.

Los datos biográficos y la aproximación que sugiere Lorenzano a la obra de Eltit refuerzan esa primera percepción. La idea de una literatura comprometida, de un cuerpo político como gran tema y preocupación principal de la obra, carga la textualidad con un tornado de posibilidades, donde desarticular la palabra y, en últimas, fragmentar el lenguaje, es el ojo en calma de la furia circundante. Lo más común de Eltit es el juego postvanguardia con las formas. Es lo otro, esa certeza de que la literatura debe ser todo menos inocente, lo que consigue deslumbrarme.

Los vigilantes

La primera novela del libro, Los vigilantes está narrada a dos voces distribuidas en tres capítulos. La primera, la voz de un hijo con retraso mental (el TON TON TON To, como se denomina a sí mismo), funciona como envoltura de la obra ocupando la narración del primero y el último capítulo. La segunda, las cartas que escribe la madre al padre del hijo, sirven de arco tensor dentro de la narración y le entregan al lector algo parecido a un cronotropo.

La situación plantea a la pareja madre-hijo aislados dentro de una casa, rodeados por vecinos que espían sus movimientos y una fiebre progresista llenándolo todo: la idea de un mejor futuro occidental resonando en cada oído y alimentando cierta paranoia primer mundista. La madre, incapaz de hacer parte de las asambleas vecinales y las juntas de seguridad, es reducida a un ostracismo que empeora cuando se hace público el hecho de que, durante el invierno, abrió las puertas de su casa, en las noches, para dar morada a los desamparados (grupos de personas sin hogar, acuciados por el hambre y el odio, que, por decreto vecinal, debían antes morir congelados en las calles a ser recibidos en las casas).

Aquí aparece uno de los temas panfletarios del libro, pero Eltit lo maneja tan bien que uno no siente el peso de la doctrina: el hambre producida por el progreso económico; la elegida ceguera burguesa que permite la muerte por frío de los habitantes de la calle; el espacio público como lugar de tránsito exclusivo de cosumidores en potencia, como un ideal utópico del neoliberalismo. Y, en medio de todo eso, las cartas de la madre donde el insomnio y el cuerpo son elementos protagonistas.

Las noches en vela y el vértigo de los amaneceres, pues cómo dormir en una ciudad canibal. Y el cuerpo, el cuerpo que Eltit convierte en su bandera narrativa y cuyas partes aparecen en reiteradas ocasiones poetizadas para dar idea de la soledad, del dolor. El cuerpo como ese otro espacio íntimo proclive a las interacciones, como ese punto de encuentro entre el afuera y el adentro. Los apuntes del dolor de la madre (le duele el codo, los dedos, la rodilla, el vientre...) destellan en la narración.

Finalmente, sitiada por los vecinos y enfrentando el juicio del padre a quien dirige sus cartas, la madre y el hijo deben marcharse a las calles. Se convierten en dos desamparados más. Ella sigue escribiendo todavía, esta vez cartas a nadie, desde el frío de las esquinas donde recuesta su espalda mientras espera no ser vista.

Eso, el capítulo central. Los otros dos, la voz del hijo, son el lenguaje en su límite. Flujos de conciencia sin puntos aparte y llenos de onomatopeyas, dan cuenta del pensamiento preso en un niño sin lenguaje, incapaz de hablar para comunicarse. Su visión del mundo enlaza lo prosaico con lo mítico y levanta, primero en su casa y luego en las calles, un imaginario febril de personajes sombra e intuiciones caóticas. Es lo más parecido a la supervivencia del instinto dentro de las mordazas de la ley: el niño quiere sobrevivir, alimentarse, jugar, descubrir el placer, sin reparar en lo conveniente o no de su conducta.



Lumpérica me impresionó profundamente cuando la leí. Eltit vuelve, con Los vigilantes a entregrame similar asombro. De nuevo un personaje prófugo bajo la mirada de juicio de una ciudad nocturna.

El cuarto mundo

Se narra, aparentemente, la relación incestuosa de dos mellizos. La primera parte, "Será irrevocable la derrota" (147-208) contiene la crónica del mellizo hombre, desde su concepción hasta el momento, a sus trece años, marcado por el encierro de la familia luego del adulterio cometido por su madre. Así, desde la cárcel del útero hasta la casa convertida en cárcel, se explota la idea de un adentro enfrentado a un afuera, siempre en tensión: curiosidad, desprecio, miedo, asombro.

La segunda parte, "Tengo la mano terriblemente agarrotada" (211-245), retoma en la voz de la melliza mujer la crónica abandonada por su hermano, y se enfrasca en el delirio del encierro, haciendo relato de los hechos ocurridos cuando la casa deja de permitir entrar al exterior, sin que éste deje de permearla con sus designios. Narra, también, la preñez de la narradora, y el incesto aparentemente consumado. El tono, que en la narración del primer capítulo, en la voz de él, cobraba sólo por momentos enfoques surreales, se hace aquí pieza delirante.

Como puntos comunes a ambas partes, Eltit realiza una sobreexposición del cuerpo como tema, metáfora y símbolo. En ambos casos aparece dislocado de su simple función de conducto para la trama (el cuerpo como materialidad del personaje que hace cosas) y se convierte en un núcleo al cual los narradores se refieren para señalarlo como espacio de revelaciones y actor activo (perdonen la redundancia) con motivaciones y recursos independientes de la voluntad de los narradores. El cuerpo es y el cuerpo hace, y en ese ser y hacer transcurre la poética de los narradores y se reitera una condición de la poética de la autora.

Hay una idea del dentro y el afuera donde el primer límite es la piel y cuya proyección se esparce sobre la idea de ciudad y espacio público. Hay, también, un sentido de la agonía cuando se piensa en apropiarse del espacio público: la lucha entre la casa como territorio conquistado y la ciudad como naufragio por explorar, a la vez terror y tentación. Sólo en la ciudad puede ocurrir el develamiento de los placeres y el alcance del gozo, sólo en las calles de la ciudad puede encontrarse la identidad y configurarse la posibilidad de los sudaca (el término, usado por ambos narradores, adquiere, en la lectura, una connotación cuasimística, donde se le entiende, según el momento, con recelo, deseo, envidia, y, finalmente, como proyecto).

La casa, en contraparte, ahoga con sus rituales conocidos, con su cotidianidad aplastante donde el reino del padre y la infelicidad de la madre fundan dos pilares inamovibles, y cuya elasticidad sólo se fractura cuando la madre se permite ser infiel:

Mi madre precipitó el encierro. Desplomó el universo, confundió el curso de las aguas, desenterró ruinas milenarias y atrajo cantos de guerra y podredumbre. Mi madre cometió adulterio. (204)


Esta fractura del orden hogareño cerrará la primera parte de la novela al tiempo que clausura la ciudad como espacio lícito a ser recorrido. La vergüenza del adulterio sume a los cinco miembros de la familia en un encierro total, donde sólo el rumor permea con sus noticias la idea de lo público. Desprovistos de ese otro-ciudad donde colmar sus deseos, los mellizos vuelcan su gozo en sí mismos y se produce la preñez, hilo conductor de toda la segunda parte.

Lo masculino y lo femenino se ven, entonces, enfrentados a un quiebre anunciado en más de una ocasión, y cuando la melliza toma la escritura lo primero que anuncia es el travestismo de su hermano, el giro de su imagen hacia una imagen femenina en contraste con su deseo de poseerla y fecundarla. De Eltit rescataré, siempre, esa habilidad de ser críptica para ejercer el derecho a la alegoría: paralelo a este cambio físico, a esta voluptuosidad desesperada del placer entre hermanos, empiezan a surgir las menciones a la ciudad sitiada por la nación más importante del mundo, a la ciudad que se rinde a unas dinámicas de compra y venta enmarcadas en su propio delirio de mercado.

En ese arco se desarrolla el final de la obra, y la idea del hijo-novela, de la escritura como parto autogénico, concluye, casi, con el murmullo de edificios colapsando. La esperanza de la fraternidad como oposición, la idea del abrazo sudaca como resistencia y victoria.

Mano de obra

La última de estas Tres novelas nace, crece y explota en el espacio del supermercado. Eltit, en tiempos de bonanza económica y culto a la balanza del Dow Jones, ficcionaliza el antecedente al mall y se permite, en hipérbole, señalar los dientes de la fe en la mercancía, religión donde los oficiantes se metamorfosean en en el contenido del tributo sin conmover con ello al dios de las pantallas electrónicas.

Dividida en dos partes, la novela da cuenta, en primer lugar, de la locura lentamente incubada de un personaje, empleado del supermercado, la pérdida paulatina de aquello que lo humaniza en pos de la sobrevivencia posible en la negación de su identidad. La segunda parte, narrativamente menos exigente que la primera, contará la vida de una comunidad de coinquilinos: todos ellos empleados del súper, todos ellos enfrentados a una política de explotación sin horarios fijos, con sueldos cada vez más bajos.

La pobreza no aparece, en ningún punto, dotada de belleza o romanticismo. Los personajes no ennoblecen al atravesar el sufrimiento. No hay una sublimación del dolor, y el trabajo no dignifica (pese a que, a lo largo de la narración, mantener el empleo sea el único motor sus vidas) sino que destruye: fagocita, consume, mastica. Ahí uno de los fuertes de Eltit, una anticipación de esa forma de escritura que Rey Rosa llamó, en broma, "realismo sádico". Y esto tiene su ganancia.

Al leer Mano de obra no experimentamos compasión, no pasamos por un arco de indignación o tristeza: habitamos la desesperanza. Esta no es una experiencia de despertar, de abrir los ojos a la pesadilla: es meterse en una caja de hierro sin oxígeno, es asfixiarse. Por momentos la risa, por momentos la sorpresa (Eltit es buena, así), pero siempre esa tonelada de lodo rodándole al lector por encima, sepultándolo.

No es placentero leer esta obra. La literatura no tiene por qué ser placentera, por qué procurar el goce.

Sin embargo, pese a lo difícil que es seguir por entero el monólogo de la primera, o soportar el escarnio junto a la segunda, hay golpes de luz: cierta esperanza en medio del todo perdido, cierto camino en el desierto de las afueras del Edén. Creo que Eltit entrega, al lector, una guadaña para esgrimir y cortar aire, esperando verlo sangrar (al aire) en cualquiera de los próximos golpes.

Dos últimos puntos: el carácter performativo de la obra, los subtítulos fechados que nos ponen a buscar en la historia chilena que no aparece en wikipedia, y el cuidado de la redacción, el abuso de los paréntesis (por ejemplo) que marca un ritmo musical, dan cuenta de una autoconsciencia frente a la obra que agradezco.

La autora sabe que esto es literatura, que el arte no copia a la vida, que el texto no se limita a la página que lo contiene.
Profile Image for Alaide Mo.
376 reviews166 followers
Read
October 16, 2020
Sobre El cuarto mundo: Gran y retorcido final.
Me falta leer las demás.
Profile Image for Yobaín Vázquez.
545 reviews10 followers
April 7, 2023
Si leyeran a Eltit se darían cuenta que ni Vargas Llosa ni Cortázar y mucho menos Bolaño es el gran escritor latinoamericano. En estas tres novelas, vemos un manejo y experimentación del lenguaje sin límites. Me encantó sobre todo Los vigilantes: una mujer escribe a su esposo que la abandonó con un hijo, y allá afuera los vecinos se encargan de tenerla vigilada y controlada. Fíjense la magnitud de su prosa con este fragmento:

"Te mataré bajo la sombra de un árbol para no fatigarme mientras empuño el arma que dejaré caer sobre tu cuerpo infinidad de veces hasta que hayas sido asesinado para siempre. Deseo matarte en los momentos más álgidos de una tormenta, en donde tus estertores se confundan con el exquisito sonido del eco de un trueno y tus convulsiones se asemejen al dibujo de un rayo con el que me amenazas cuando me condenas a la intemperie".
Profile Image for Misa.
39 reviews17 followers
August 27, 2024
Esta novela tiene excelentes frases y oraciones, pero nada más. Al leerla queda claro que una buena novela está formada de más elementos que de un buen manejo del lenguaje, pues de nada sirven si no hay una estructura, personajes bien construidos psicológicamente, una historia bien desarrollada, etc.
Una absoluta decepción. En la universidad nos la pusieron como lectura del plan de estudios de la materia: Literatura hispanoamericana de la segunda mitad del s. xx. Durante estos años fue una lectura pendiente y albergue altas expectativas de ella que se estrellaron ante la realidad de las evidentes limitaciones de escritura de la autora.
Le doy la segunda estrella solo por sus frases brillantes. Aunque lástima que en goodreads no existe el cero, porque entonces a esta obra le hubiera dado solo una estrella, no merece ni una más.
Profile Image for Daniel Barbosa.
22 reviews2 followers
August 13, 2017
Con «Los vigilantes», «El cuarto mundo» y «Mano de obra» —las tres novelas de esta edición—, Diamela Elitit se inscribe en la literatura psicológica latinoamericana y universal. Su mirada transgresora se cuela por los intersticios de la sociedad sin centro y acoge lo escatológico y lo humano en una misma vasija poética y profética. Hay que leerla.
Profile Image for Alejandro Martínez.
30 reviews19 followers
August 19, 2015
Novelas sobre la subversión del lenguaje con sus respectivos espacios de destrucción. Los vigilantes uno novela sobre el no-espacio, la vigilancia de un afuera / adentro. Por otro lado El cuarto mundo es una novela sobre el cuerpo como subversión de la institución familiar.
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