«Que no salga de aquí: pronto van a echarme de la oficina». Ágata Ponce tiene un plan: acude cada día al trabajo con la esperanza de que Margarita Pulido, su jefa, la mande al paro. Sólo hay un inconveniente y es que Pulido es una buena mujer, «una de esas mujeres buenas y fieles que dieron con su corte de pelo ideal a los quince años y que se merecen lo peor del mundo». Pero Ágata no sólo está atrapada en la oficina sino también en su pasado y se pasa la jornada laboral escribiendo emails a su ex, un guitarrista afincado en Tokio: «Cuando se acabó, cuando repartimos lo de cada uno, me tocó quedarme conmigo y eso es algo que aún no he querido perdonarte, Jochi. Te creías muy listo y mírate ahora, rogándome que te conteste, que te hable de principios, de finales y de cosas en el medio». A veces Ágata sueña con su futura vida en libertad, pero no se acuerda muy bien de lo que le gustaría hacer. Tierna y cruel, indecisa y feroz, despiadada con los demás y con ella misma, la voz de Ágata Ponce nos emociona y divierte con su relato cautivador.
Este libro es un sin sentido. No sé puede negar que la autora tiene un gran talento para manejar el lenguaje a su antojo y crear imágenes visuales y metáforas muy interesantes. El problema es que todas ellas están vacías. Más allá del humor anecdótico y la intención humorística, la historia tiene poco que aportar, por lo que después de unas 20 páginas de experimentos formales, el aburrimiento empieza a aflorar.
El segundo problema es Ágata, la protagonista de esta historia. Se trata de un personaje totalmente esperpéntico y cargado de odio. Entiendo que se trata de un personaje incapaz de lidiar con su propia realidad y reacciona con cierta violencia (verbal) hacia el mundo como respuesta, pero la forma en que la narrativa continúa premiando sus desplantes se me hizo insoportable. Por no hablar de que se trata de una mujer bastante machista, profundamente egocéntrica y altamente inestable. En algún momento, parece que se va a dar a entender que lo que ocurre en realidad es que Ágata tiene algún tipo de enfermedad mental, como de la que parece que fue víctima su madre, pero en ningún momento se explora esta idea ni se usa para intentar dar una explicación ligeramente racional a su comportamiento.
En resumen, Si supieras que nunca he ido a Londres, volverías de Tokio es una novela que tenía mucho potencial estilístico pero que carece de cualquier desarrollo narrativo mínimamente coherente y donde parece confundirse el humor con la incongruencia.
La capacidad de engancharte con la narrativa más alla de la historia es algo que pocos autores poseen y si encima te hacen reir con inteligencia y te crees los personajes por lo bien construidos que estan, no se puede pedir más. Gran novela.