Esta novela presenta una propuesta bastante interesante, sobre todo en el contexto de la novela policiaca costarricense. No obstante, me parece que su construcción está llena de contradicciones que al final dan esa sensación de que la novela no está bien desarrollada.
Primero hablemos de los aspectos positivos de la novela. El detective y protagonista de la novela, Henry de Quincey, es un personaje enigmático y presenta las características prototípicas de todo detective de novelas policiacas. Su interés por resolver los crímenes te atrapa como lector y, al final, deseas que logre desentrañar todo. Algo esencial en este tipo de literatura.
Otro de los elementos que me llamaron la atención fue la descripción de San José. La novela nos presenta un San José nocturno, oscuro, lleno de sombras y delincuencia. De hecho, las descripciones del espacio físico josefino son constantes y amplias, tanto que permiten ubicarte en las distintas zonas de la capital que se describen. Me pareció que ese San José oscuro y tétrico iba muy bien de la mano con los tópicos generales que se desarrollaban en la novela.
En tercer lugar, otro de los elementos que me gustaron fueron algunos de los discursos filosóficos que se exponen en la narración y el misterio general de la trama, específicamente cómo se desarrolla en la segunda mitad de la novela.
Ahora bien, hablemos de las cosas que no me agradaron. Como dije antes, la novela está llena de contradicciones. Por un lado, te presenta mujeres que se dedican a la prostitución que exponen discursos de empoderamiento femenino, pero, por otro lado, la novela está cargada de un alto, ALTO, grado de sexualización del cuerpo femenino. Por ejemplo, en una escena el protagonista está viendo el cuerpo de una de las prostitutas asesinadas, al tratarse del cuerpo de una joven muy bella, se imagina teniendo sexo con él. Así es, no se imagina teniendo relaciones sexuales con ella estando viva, NO, sino con el cuerpo inerte que tiene enfrente.
Por otro lado, TODOS los personajes homosexuales que aparecen en la novela tienen características realmente problemáticas, puesto que o son necrófilos o pederastas. Visiones algo problemáticas que, ya sea consciente o inconscientemente, ligan la diversidad sexual a prácticas sexuales deplorables.
Por su parte, en cuanto a las subtramas que aparecen en la novela, muchas de estas no se terminan de desarrollar, aparecen de la nada y así desaparecen. Por ejemplo, los correos electrónicos que Jackie le envía a Guillermina aparecen prominentemente en la primera mitad de la novela y de un pronto a otro dejan de aparecer. Al final de la novela, el lector puede darse una idea de lo que sucede con Jackie, pero aún así, como los correos dejan de aparecer sin ningún tipo de aviso, como lector te quedas con esa duda, hasta las últimas tres páginas en donde te brindan ese poco de información que te permite atar algunos cabos sueltos. Esto me pareció una lástima, principalmente porque Jackie era un personaje interesante y su punto de vista humanizaba la situación de las prostitutas en el mundo que se narraba, sobre todo con todos esos personajes que las sexualizaban tanto.
Finalmente, si bien el misterio era muy interesante y los descubrimientos que hacía de Quincey te atrapaban, la resolución de todo me pareció muy mal planteado (si es que se puede hablar de resolución). Siento que todo se "resolvió" tan rápido que todas las indagaciones hechas por el detective al final no importaron.
En fin, le iba a dar 3 estrellas porque me entretuvo, pero creo que las cosas malas son más que las buenas y por eso las 2 estrellas.