Que grandioso, hermoso y maravilloso sería si cerráramos los ojos por un momento y pidiéramos que las cosas malas de nuestro entorno que nos afectan, nos hacen sentir mal, nos hieren y humillan, desaparecieran de nosotros, incluyendo por supuesto a todas esas personas que a nuestra muy personal percepción son las causantes de la gran mayoría de nuestras desgracias y fracasos, llámense padres, hermanos, compañeros, jefes, vecinos…y claro que desearíamos que nunca más regresaran a nuestra presencia, y que al abrir los ojos, como en los cuentos infantiles, esos deseos se hicieran realidad; estoy segurísimo que los volveríamos a cerrar y nos introduciríamos en el pensamiento, viajando a los sueños que no cuestan nada y que por lo menos nos dan momentos efímeros de ilusiones y sensaciones de bienestar, entonces deseáramos que todas las cosas bellas de la vida, esas que traen gozo y alegría, llegaran sonrientes a nosotros, invitándonos a poseerlas así nada más porque sí, porque nos las merecemos, porque somos muy guapos o por la razón más sensata, porque hemos sufrido y somos víctimas de la vida y sus designios; diríamos entonces en nuestro divagar mental -¡ah por fin se me ha hecho justicia, hasta que la vida me está recompensando!, y en ese soñar hasta diríamos -vida ya te habías tardado-, pero de repente, ¡eh, eh! te gritan del exterior de tus excelsas meditaciones, las turban y arruinan ese tan maravilloso e inefable sueño del que estabas disfrutando. Y ahora todo es feo otra vez, tu jefe gritándote que te apures porque estas súper atrasado con tu trabajo y todavía te falta tirar la basura, con un acento un mucho burlón y con el aire de placer en su rostro, de poder usar su autoridad y lanzarla sobre ti con autoritarismo; entonces y sólo entonces caes en cuenta que estas aterrizando a la realidad y todavía con el sabor un poco dulce o mejor dicho ya casi amargo, acabas de aterrizar de tus dulces sueños a la realidad de la cual quisieras correr, pero te das cuenta ya bien despierto que no hay oportunidad de huir a ningún lugar porque esa es la realidad.