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Ejercicios de escritura > Ejercicio de escritura #24: jugando con las letras

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message 1: by Literautas (new)

Literautas | 55 comments Mod
En este apartado puedes publicar cualquier texto que hayas desarrollado a partir del siguiente ejercicio de escritura:

Ejercicio de escritura 24

Para publicarlo solamente tienes que colocar tu texto en el recuadro que aparece un poco más abajo y pulsar el botón "post" o "publicar".

¡Gracias por compartir!


message 2: by David (last edited Aug 26, 2014 05:44AM) (new)

David Skinner (davidjskinner) | 36 comments Voy paso a paso.

Bueno, usé como palabra base “David”. De aquí saqué cinco palabras: Diverso, animal, viudo, ingenuo y diamante.

Con estas palabras creé cinco frases (las pongo como "spoiler" por si preferís verlas tras leer la historia):

(view spoiler)

Y, por fin, esta es la historia que escribí:


Salud, dinero y amor


Manuel se detuvo en seco y miró a su mujer. Ella también parecía haber escuchado el crujir de ramas entre la frondosa vegetación que tenían frente a ellos. Tal vez se trataba de un pequeño roedor o de cualquier otro animal inofensivo, pero Manuel no quería correr riesgos.

—Ana —dijo, susurrando—, retrocede despacio.

Volvió a girar la cabeza en dirección a la maleza, intentando discernir algún movimiento amenazante. Incluso sin el agobiante calor, la tensión le habría hecho sudar copiosamente; tal era el estado de nervios que tenía. No pudo evitar pensar en los motivos que le habían llevado a realizar este viaje al Amazonas.

Fue durante su último aniversario de boda. Él le regaló un pequeño anillo de diamantes, pues era algo que Ana había querido desde hacía años, aunque el bajo salario de Manuel unido a la cantidad de pagos a los que tenían que hacer frente hacía inviable un gasto así. Con la hipoteca de la casa recién terminada de pagar, finalmente tomó la decisión de gastar parte de sus ahorros y darle ese gusto a su pareja.

Lo que no se esperaba, por supuesto, era el regalo que ella tenía preparado.

—¿Un viaje? —Manuel miraba los billetes de avión sin ser capaz de aceptar lo que veía— ¿Dos semanas en el Amazonas? Cariño, esto tiene que haberte costado…

—¡Qué va! —respondió ella, sonriendo—. Era una oferta de la agencia. Seguro que me he gastado mucho menos que tú.

Su sonrisa fue creciendo mientras miraba su anillo. Por fin, esa pequeña crisis por la que estaban pasando tenía visos de terminar.

Los pensamientos de Manuel fueron interrumpidos bruscamente por un grito de mujer. Ana.

—¡Dios mío!

Cuando se dio la vuelta no pudo ver rastro alguno de su mujer, a pesar de que el grito había sonado cercano.

—¿¡Ana!? ¡Tranquila, cielo! ¡Voy para allá!

Pero ¿dónde era «allá»? Decidió retroceder por el camino que habían tomado para llegar hasta allí, maldiciéndose por no llevar encima ninguna clase de arma. Por suerte, Ana llevaba el pequeño machete con el que fueron cortando lianas y hierbas altas. Sin querer correr, caminó con rapidez en busca de ella en aquel laberinto verde y marrón, plagado cada vez más de extraños gruñidos y graznidos.

—¡Manuel, aquí!

¿Estaba acercándose o alejándose? Resultaba casi imposible situar su voz, amortiguada por el resto de sonidos. Debía fiarse de su intuición, no tenía otra opción. Se puso a correr en la dirección que pensó era la correcta y, como no podía ser de otra forma, se equivocó.

—¡Ana! —Era un grito de hombre, lleno de angustia y terror. Manuel también sintió esas sensaciones, tanto por pensar en qué le había ocurrido a su esposa como por escuchar la voz de un desconocido en la selva llamándola por su nombre.

Esa vez sí pudo ubicar el origen.

Tras una corta carrera se encontró frente a frente con el hombre al que acababa de escuchar gritar. Y le reconoció. Era Tomás, su joven compañero de trabajo. Su amigo. ¿Qué hacía allí?

Tomás también se le quedó mirando con los ojos como platos, antes de volver la vista en dirección a un sanguinolento bulto en el suelo. Incluso de refilón, Manuel supo de qué se trataba.

Sobre el cuerpo de su ahora difunta esposa se encontraba un enorme felino. La sangre chorreaba de su mandíbula y un desagradable sonido se originaba en su garganta. No hacía falta ser un experto para darse cuenta de que el animal iba a atacar de un momento a otro. No era el mejor momento para pedir explicaciones.

—¿Qué demonios haces tú aquí? —preguntó Manuel. La respuesta, por desgracia, resultaba bastante obvia, sobre todo teniendo en cuenta los acontecimientos de meses pasados que, si bien en su momento no le parecieron importantes, ahora eran como piezas de puzle que se colocaran por sí solas. Esas inesperadas visitas en casa, las charlas en las que Ana —según ella decía— le aconsejaba sobre cómo resolver sus problemas maritales, las aceleradas salidas de la oficina cuando él debía quedarse a terminar algún trabajo…

«Si no nos hubiésemos casados en gananciales…», le había dicho Ana recientemente, durante una de sus múltiples discusiones. Ninguno de los dos era rico, así que esa frase no tenía mucho sentido. Excepto por la herencia que Ana había recibido medio año antes. Según ella, unos pocos miles de euros. ¿Y si era mucho más? ¿Y si se trataba de lo suficiente como para no arriesgarse a perder la mitad? Viuda, rica y con un amante veinte años más joven que ella; parecía un plan en toda regla.

Un plan que se había ido al garete, vista la situación actual.

—¡Joder, ya hablaremos! —dijo Tomás entre dientes—. Ahora hay cosas más importantes ¿no crees?

Manuel no respondió. En lugar de eso, se acercó al chico y, sin previo aviso, lo agarró con fuerza.

—No, no hablaremos luego.

Sin pensárselo dos veces, le arrojó hacia el expectante animal, que no tardó más de un par de segundos en abalanzarse contra su nueva presa. A pesar de que la carnicería que estaba presenciando era sumamente desagradable, y sabiendo que la sensatez dictaba salir lo antes posible de allí, Manuel se quedó quieto, en silencio, observando la escena sin inmutarse.

Viudo y rico. Ahora solo le faltaba buscarse una amante.


message 3: by Lilian (new)

Lilian | 5 comments Mis palabras han sido: HUERTA/ HOLA/ UMBRAL/ ESCENA/ RAMA7/TAMBOR/ ALTAR



- Hola. Saludó Théo al entrar como si conociera a la gente que se encontraba alli de toda la vida.
No sabia que hacia allí. Como había ido a parar en un lugar tan extraño. La gente llevaba trajes negros y todos tenían un collar de madera colgado de sus cuellos, ¿que sería aquella cosa? parecía una especie de amuleto...

Dos de aquellas personas que estaban sentadas en el círulo llevaban una máscara que las hacia ireconocibles. Entre las demás podia adivinar el perfil del panadero, la mujer del bar, su prosefor de historia al que siempre habian tenido como una persona un tanto extraña, el resto no sabia quien eran o al menos la luz de los cirios no dejaba escuadriñar sus rostros.

Uno de los hombres que llevaban la máscara señaló a Théo, el de su derecha se levantó y se acercó hacia él, en sus manos llevaba un tambor. Théo no sabia tocar el tambor però lo cogió en sus manos y lo apoyó en las rodillas esperando alguna señal para saber que hacer con él. Otros instrumentos se repartieron en el circulo de participantes. Una señal, silencio y seguido cada una de las personas empezó a tocar el instrumento que tenia entre manos, lo hacían al azar, cada uno a su ritmo. Théo empezó a golpear el tambor, primero suavemente, poco a poco la fuerza de sus manos le pedia golpearlo cada vez más fuerte, no sabia como pero necesitaba sacar toda su ira contra aquel tambor. Cerró los ojos y se dejó llevar, la música de sus compañeros empezó a entrar en su cuerpo, no se atrevía a pasar el umbral, però el tan tan del tambor hizo que su cabeza girara y se perdiera en un mar de imágenes sin sentido. De momento se vió caminando por el bosque a toda velocidad, huyendo del pasado que le perseguia a pasos de gigante, una luz lo guiaba, cada vez estaba más cerca, finalmente cayó tendido al suelo delante de aquella luz y al levantar la cabeza vió un altar, todo lo que habia en el altar le pertenecía, también encontró objetos del pasado que memoraban a sus amigos. Pulseras de su novia, el reloj de Kiko su amigo, la cámara de fotos de Sonia, los cordones de la suerte de Raúl, todo era de ellos, objetos que llevaban el dia que pasó el accidente. Théo sabia que faltaba algo, buscaba el porque del accidente, tenia que estar alli. Agachó la vista y vió una rama que le llamó la atención, parecía que algo se ocultaba detrás de ella, alli estaba, junto aquella rama encontró lo que buscaba, la botella de alcohol que Sonia se bebió antes de conducir al coche hacia la fiesta. Ahora no tenia duda, pudo ver la escena y sabía porque se produjo el accidente, las lagrimas empezaron a salir de sus ojos y la rabia subia rapidamente por su garganta hasta transformarse en una bola de fuego que expulsó con un fuerte chillido de angustia.

Aquel grito lo sacó de su trance, el resto de personas lo miraban tranquilos, tenia vergüenza de la escena que habia montado, entonces comprendió porque habia ido a parar alli. Cada noche le tormentaban las mismas pesadillas, el accidente, sus amigos, su novia, ya no estaban con él, ¿porque él habia sido el único en sobrevivir? ¿seria culpa suya? No recordaba nada, el golpe en la cabeza le habia hecho perder el conocimiento, ahora sabia la verdad y podía estar tranquilo de que aquella botella fué la culpable y él no tubo nada que ver.


message 4: by Jésica (new)

Jésica Galeano Jarcousky | 2 comments Hola, es la primera vez que participo. Empecé con la palabra pradera y de allí salieron: pecosa, roedor, anestesia, duende, establo, ratonera y anciano.
Paso directamente al texto para no aburrirlos ;-)

La pecosa mira desde esos ojos verdes apretados en su cara, como dos botones que alguien puso allí para resaltar su color. Ojos que se anestesian con la tecnología; horas y horas mirando la computadora: puras pavadas. La concentración entre un tema y otro es efímera (mientras un roedor se come los libros de la biblioteca, esa biblioteca que amó en sus sueños de escritora)
Ahora su mente es un divague, palabras sin sentido, dibujos que se apresuran a aparecer en la pantalla de una red social que la aísla. La aísla no sólo de las personas, sino también de sus pasiones. Pero un duende cortó la luz, sino ¿cómo se explica que haya vuelto a imaginar ante el tedio de la pantalla?
Luego del corte eléctrico, mira sus manos y las nota arrugadas. Al encontrarse frente al espejo queda perpleja, ve su rostro con veinte años de más. No puede recordar que hizo después de los treinta para verse así, no puede recordar ni cuántos años tiene. Es como si hubieran reseteado su memoria y lo único que recuerda son los chistes de las redes sociales, las fotos de amigos que nunca conoció personalmente y frases, muchas frases como esta: la pasión no es más que un invento.


message 5: by Jésica (new)

Jésica Galeano Jarcousky | 2 comments Hola! Me atrapó el cuento de Lilian, del accidente, como los tambores abren ese recuerdo... Quizás la autora ya le hizo modificaciones porque veo que está desde hace más de un año publicado, sólo le sugeriría que revise la ortografía, especialmente la acentuación y alguna palabra en singular que debiera ser plural. Saludos!


message 6: by Juliana (new)

Juliana | 8 comments Hola! partí de la palabra FELIZ y mis palabras fueron: fiaca, elegante, listo, imaginar, zapato
y de ellas las siguientes frases:
se levantó con fiaca de ir a trabajar, se vistió con su traje más elegante, cuando todo estuvo listo bajó al salón, cómo iba a imaginar lo que ocurriría esa noche, el zapato le quedaba chico.
y acá va la historia, a ver que les parece!
Saludos!

Belisario Miravento era un hombre rico. Nacido en cuna de oro, Belisario se ocupada de manejar las empresas de su difunto padre, multiplicando sus millones de una manera que rozaba el límite de lo legal. Podría decirse que su único objetivo en la vida era tener más y más dinero, sin importar la forma en que lo consiguiera. Podría decirse que su único amor vestía de verde, olía a tinta y le brindaba la satisfacción de poder hacer lo que quisiera, del modo que él quisiera, siempre que él lo quisiera.
Podría decirse… Pero no. Belisario Miravento tenía otro gran amor. Lucía Romero. Lucía era una muchacha sencilla, de una increíble belleza, que había conquistado su corazón desde el primer día en que la vio. Ese día Belisario se había levantado con fiaca de ir a trabajar. Era una mañana gris y se sentía cansado debido a que la noche anterior había salido de juerga con sus compañeros de la noche y se había acostado borracho y tarde. Sin embargo su humor había cambiado en el mismo instante en el que Lucía se cruzó en su camino. Había sido contratada como empleada en su empresa la semana anterior y esa era la primera vez en la que se cruzaban. Desde ese día Belisario se había dedicado a conquistarla, utilizando el dinero como medio, llenándola de caros y lujosos regalos que Lucía no necesitaba ni pedía.
Sin embargo, había logrado su cometido, y ahora, esa misma noche, Lucía Romero se convertiría en su prometida. Festejarían su compromiso en la mansión de Belisario, donde se celebraría una gran fiesta, llena de lujos. Entre los invitados se encontraban personas muy importantes, de gran influencia en los negocios de Belisario, políticos, empresarios… y algunos pocos amigos de Lucía.
Belisario, feliz y orgulloso, se vistió con su traje más elegante y fue en busca de su prometida. La encontró sentada en la escalera principal de la mansión. Un zapato que le quedaba chico luchaba por entrar en su pie, sus cabellos se encontraban enmarañados y Belisario no veía ni rastros del hermoso colgante que le había regalado para la ocasión.
Belisario se acercó y la abrazó por la espalda, preguntándole qué era lo que le ocurría. Lucía se excusó diciendo que le dolía la cabeza y se retiró a su habitación, dejando a Belisario un tanto desconcertado. Recién cuando todo estuvo listo bajó al salón a reunirse con su prometido. Al verla a Belisario le dio un vuelco el corazón. Amaba tanto a Lucía que sus ojos estaban ciegos a cualquier otra cosa… cómo iba a imaginar lo que ocurriría esa noche…
Los invitados fueron llegando, y Belisario los recibía con una sonrisa. Lucía en cambio, caminaba por el salón, mirando nerviosa a cada rincón, como si buscara algo que había perdido.
Todo sucedía de acuerdo a lo planeado por Belisario, a la perfección… hasta que llegó el momento del brindis… En ese momento, Marco, un hombre que vestía de modo sencillo y hasta podría decirse desaliñado, pidió la palabra, haciendo sonar su copa (la cual había sido rellenada unas cuantas veces esa noche) y tambaléandose a causa de su estado de ebriedad se acercó a Lucía. Mirándola a los ojos comenzó a hablar. Dijo, bajo el tremendo sinceramiento que provoca el alcohol, que amaba a Lucía como nadie en el mundo… que ella era la mujer de su vida… que no permitiría que se casara con otro hombre… y remató su discurso, ante los ojos rojos de furia de Belisario, diciendo que ella también lo amaba y que habían sido amantes desde hace mucho tiempo.
En ese momento Belisario se abalanzó de un salto sobre el alcoholizado amante, tal como lo haría una pantera al atacar a su presa. La gente intervino para separarlos, Lucía intentó calmar a su prometido y en medio de la confusión, el mamado se las arregló para desaparecer de escena.
Lucía logró serenar a Belisario tratando de loco y ebrio al joven… y la fiesta continuó sin más percances. Se casaron al año siguiente, con una fiesta aún más espectacular que aquella en la que un borracho lo había puesto en ridículo. Todo parecía desarrollarse normalmente en la pequeña y aparentemente feliz familia. Nunca volvieron a ver, ni a saber nada acerca Marco.
Pero Belisario Miravento nunca olvidaba a alguien que lo hubiera puesto en ridículo frente a tanta gente… Durante mucho tiempo planeó su venganza, imaginó una y mil veces la manera de deshacerse del sabor amargo que aquella noche había impreso en su relación con Lucía.
La noche de su primer aniversario llevó a Lucía a un lujoso restaurante. Después de la cena, Belisario la llevó a la orilla de un rio, a observar las estrellas.
De repente alguien los atacó por detrás… un hombre encapuchado tomó a Lucía por el cuello, la giró bruscamente y le clavó un puñal en el abdomen. Lucía cayó en brazos de su agresor, quien al verla, abrió enormes los ojos. Desesperado intentó tapar la herida en el cuerpo de Lucía mientras no paraba de repetir su nombre una y mil veces. Belisario se acercó, y triunfante, descubrió el rostro del hombre que acababa de macar el fin de la existencia de su mujer… Lucía, aunque moribunda, no pudo disimular la sorpresa en su mirada… Intentó decir algo, mientras Marco la abrazaba y le susurraba cosas al oído…
Y entonces Belisario dio su golpe final, el que por fin traería paz a su turbada mente, y le permitiría volver a dormir en paz… un disparo justo en el pecho de Marco, que lo hizo caer encima de su amada, desangrándose… Belisario observó por última vez los ojos llenos de lágrimas de su esposa que no le devolvieron la mirada, porque estaban fijos en los ojos de su amo. Respiró hondo, acomodó su corbata… y se marchó…
Y allí los dejó a ambos, Marco y Lucía, entregándose sus últimos suspiros como dos amantes que se despiden, abrazados en la muerte, que por fin les permitiría estar juntos… y llevándose así cualquier mancha de indignidad que pudiera haber ensuciado el buen nombre de Belisario Miravento…


message 7: by Chio (new)

Chio | 42 comments Palabra: perfume.

Pila en donde tomaban agua los pájaros

Elefante pintado moviendo la trompa.

Ruinas detrás de las que el sol asomaba

Fanático de la arena y del calor

Uvas carnosas esparcidas en el piso

Mente brillante de un hombre arisco

Espacio eterno entre el cielo y el universo


Observo la pila en donde los pájaros descienden a tomar agua, al igual que las vacas y demás animales. En un extremo, una mujer que carga miles de años a cuestas, se inclina en los escalones para lavar ropa. El hombre de barba a mi lado, va desenredando un turbante blanco para bañase. Algunos niños chapotean desnudos más adelante.

Me adentro en esa ambivalencia de agitación y quietud que convive en el templo. Sobrecogida por todo lo que veo a mi alrededor no atino a hablar, ni a tomar fotografías, tan solo gozo el momento.

Traspaso un umbral de marco pedregoso; bajo por la escalinata, vuelvo a pisar la tierra. Ahí encuentro un elefante pequeño, al cual lavaban con esmero. Todavía hay bruma en el ambiente. El chico semidesnudo recoge la tiza. Comienza a adornar la frente del paquidermo, poniéndose en puntas sobre sus pies descalzos. Sabe que tiene público y cuando termina de dibujar el rombo, voltea a verme mostrando sus dientes enmarcados en esa piel obscura característica de la raza dravídica.
Continúa su labor, haciendo aparecer petalos de flores en el polígono; penachos y volantes en las orejas. Cambia la tiza ahora por varias de colores y rellena los marcos.
Al ver que termina y trae un recipiente con alimento, me acerco. Aunque no nos entendemos verbalmente, le ofrendo mi admiración con una reverencia, colocando las dos palmas unidas en mi pecho. Él siempre risueño parece satisfecho. El elefante balancea su trompa.

En ese momento tras la ruinas al fondo del patio, el sol asoma, haciendo estallar el día, que se llena de colores, de calor y de aromas frescos. Las mujeres desfilan enfundadas en saris de colores llamativos. Llevan cestos y jarros en sus cabezas, moviéndose regidos por la cadencia de sus caderas.

Y aunque no soy fanática de la arena y del calor, no puedo más que necesitarlos ahora. Entender que son parte de este marco que me sobrecoge. Disfruto cada sorpresa que me depara este día. Sin prisa continúo mi excursión, más a la expectativa de las rutinas de las personas que del lugar que sirve de pretexto para conocerlos.

Un niño camina detrás de la madre, de la mano se le ha caído algo. Son uvas carnosas, que ruedan por la arena pegajosa. Esparcidas en el piso dan la impresión de ser gigantescas canicas que esperan los dedos del niño para brincar.

El sacerdote que pasa a mi lado se da cuenta de lo que me emociona, tiene una mente brillante. Tras esa mirada arisca, adivino que me dice: “Be aware”, tal cual, sin traducción. A veces el sentido se pierde de un idioma a otro y prefiero escucharlo así, en mi mente.

Le veo hacer sus rezos, postrarse cuan largo es boca abajo, ofrendando su ser, entre inciensos y mantras ininteligibles. Esta experiencia embriaga mis sentidos; me disocio del cuerpo que me contiene para mimetizarme en ese espacio eterno entre el cielo y el universo.


message 8: by Goldwoman (new)

Goldwoman | 23 comments 24. Jugando con las letras.

Angelika
.An------------antes…Ge----------- gema……….li------------ libro………..ka…………..kárate


Eliseo encontró una caja pequeña en el suelo envuelta con un lazo de color plateado. La abrió y cuál fue su sorpresa que, se encontró con una gema preciosa engarzada en un anillo.
Miró celosamente por todos los lados por si había alguien que la había perdido y buscaba por el suelo.
No vio a nadie.
Guardó la pequeña caja en su bolsillo y pensó que podía hacer con ella.
¿La vendería? ¿Preguntaría en una joyería que valor tenía?
Pensándolo bien le hacía falta un dinero extra. El gimnasio con las clases de karate no iba muy bien.
Buscó en Internet alguna imagen parecida a su gema y vio una casi igual. Era un diamante muy intenso
No sabía si ir a un tasador de joyas, de esas tiendas que ponen “se compra oro” o preguntar en una joyería.
Pero, claro, si iba a una joyería cercana donde se había encontrado la caja, en la tienda sospecharían que la podía haber robado.
No durmió en toda la noche. Sabía que su precio podía rondar muy bien en unos 19.000 euros.
Pero claro no sabía exacto. Había pesado el anillo en una balanza de la cocina. Y si un kilate valía 190 euros y su anillo pesaba unos 100 pues justo. 19.000 euros.
Pero claro, todo eran conjeturas. Debía cerciorarse por un experto.
Y allá que se fue a la calle con la caja que había guardado en el bolsillo interior de su americana.
Se fue a un barrio más céntrico donde habían buenas joyerías. En Tarragona todo está cercano.
Pensó que hasta igual le conocían ya que tenía su centro de kárate. De nuevo le asaltaron las dudas ¿Y si le reconocían? ¿qué iba a decirles?¿ que se lo había encontrado por la calle?
Desechó la idea de visitar las joyerías del centro y pensó en ir a otra de las afueras.
Cuando ya iba a entrar se encontró a una amiga.
-¡Hola Eliseo!. ¿Cómo tú por aquí? ¿Tan lejos de casa?¿Vas a entrar en esta joyería?
-bueno, la verdad es que…
-Te acompaño. No tengo nada que hacer y charlamos.
Eliseo no sabía qué hacer. Tenía que inventarse algo.
Se dirigió a la empleada y preguntó por unos pendientes de aro.
-¿Pendientes de aro, Eliseo? ¿Para ti?¡Si no llevas agujero!
-No, noo. Se puso nervioso. Son para mi sobrina
-Ah. Nunca supe que tuvieras hermanos.
-Bueno…No tengooo. Son para la hija de una amiga que es como mi sobrina
La amiga de Eliseo no comprendía bien como tartamudeaba tanto y se ponía nervioso a cada frase que ella decía.
Lógicamente se excusó en la joyería de que no encontraba lo que quería y las amigas se despidieron al salir.
Elisa pensó que lo mejor era ir a Barcelona allí habían muchas joyerías y no tendría problema en encontrarse con alguien.
Se marchó al día siguiente pensando en volver por la noche a Tarragona.
Llegó a Barcelona sobre las 11 de la mañana y visitó una joyería. Le dijeron que tenía que dejar la sortija y le harían la tasación. Dijo que no podía dejarla pues estaba de paso y se marchó.
Así le sucedió en 5 joyerías más.
Se le hizo la hora de comer y se sentó en un bar. Tuvo que estar tres horas rodando por Barcelona sin rumbo hasta que se hicieron las 5 hora en que volvían a abrir las tiendas.
Entró por la tarde en las tiendas de tasaciones de joyas pensando que después de 5 joyerías que había visitado encontraría alguna respuesta.
Y, si allí, se la tasaron en el momento.
-Mire señor, tiene un valor de unos 17.000 euros el diamante y unos 4.500 el engarce.
-¿Me daría el dinero enseguida?
-No. La tiene que dejar y mi jefe la valorará también. Es mucho dinero y no me atrevo a dárselo yo sin consultar.
-¿A qué hora puedo pasarme?
-Sobre las 20.30 cerramos, a esa hora.
-¿No puedo pasar antes?, vivo en un pueblo.
Pensando que no sabía si hacer noche en Barcelona, tuvo que decidirse y esperar hasta las 20.30
A las 20.30 llegó puntual y estaba el dueño.
Efectivamente la tasación del empleado era la correcta.
-Eliseo dijo que se lo pensaba y decidiría.
Salió satisfecho de la tienda pero pensó que era mejor visitar alguna tienda mas de tasación de joyas al dia siguiente temprano. Haría noche en una pensión y volvería a Barcelona al mediodía.
Por la mañana a las 10, se presentó en varias tiendas. El precio oscilaba mas o menos igual en varias de ellas. Como la primera que había visitado era la que más subía el importe decidió venderla allí.
En la tienda le preguntaron si era una joya robada, si era de herencia, comprada.
Eliseo dijo que era de un regalo de su novio, pero que habían reñido y ya no la quería.
-Un novio rico, señor y que le quería mucho, sin duda.
Eliseo no quiso entrar en detalles y con el dinero en mano salió en busca de un taxi.
-Se montó en uno que estaba en la puerta misma. Le dijo al taxista que le llevase a la estación de autobuses.
El taxista no tenía demasiada buena pinta pero Eliseo como no sabía bien donde estaba la estación, aceptó le llevase. Tampoco iba a fijarse tanto en su desaliñada imagen.
El taxista iba muy lento, excesivamente lento para el que quería llegar a casa y guardar el dinero pero, el demonio siempre acecha.
El taxista le alejaba del centro de la ciudad y le llevaba por la zona de la ronda.
-Oiga, ¿qué hace?. ¡Qué voy a la estación de autobuses!
-De eso nada, señor. Usted me va a dar lo que ha comprado en la joyería.
-No he comprado nada. Mintiendo, argumentó que había ido a consultar una cosa y no llevaba dinero.
-El taxista le cerró herméticamente las puertas.
Eliseo estaba presa del pánico. No sabía cómo llamar en el móvil a la policía, por si aquel tipo le pegaba un tiro. Nunca se sabe. Igual ni era taxista.
El taxista le llevó a un descampado y le vació el bolso. No encontró nada. Entonces le abrió la americana y allí estaba todo el dinero 31.500 euros.
-¿con que no llevaba nada?¡ Mentiroso!. Le pegó un puñetazo en el estómago y lo dejó tirado en ese descampado huyendo a toda prisa.
Eliseo se despertó al cabo de un rato y no sabía dónde estaba. Le había robado hasta el móvil.
Anduvo como pudo hasta dar con un coche de patrulla a la entrada de Barcelona y le contó lo del dinero, el puñetazo.
-A ver, pero, usted ¿de dónde había sacado el dinero?
Eliseo dijo que lo había sacado del banco para pagar una cosa de su empresa.
-¿De qué empresa? ¿Dónde vive usted?¿Por qué vino a Barcelona a sacar tanto dinero?
La cosa se estaba complicando para Eliseo. Tendría que decir la verdad que lo había encontrado por la calle, su interés en venderlo para pagar deudas del centro de karate.
Le dejaron en libertad provisional y le llevaron a Tarragona comprobando cada cosa que decía.
No tenía llaves de casa, ni del gimnasio. Tuvo que ir a casa de un amigo que tenía llaves duplicadas.
-¡Menos mal! Que tenías llaves duplicadas sino me quedo en la calle, Gonzalo.
Su amigo no quiso preguntarle nada. Llevaba mucha prisa pues la policía estaba abajo en el portal esperando que pudiese abrir el centro y su casa para comprobar si lo que Eliseo decía era cierto.
Las llaves funcionaban. Le dejaron con vistas a que recibiría nuevas citaciones pues la investigación estaba abierta.
-Si, señores, a su disposición
Pasaron tres días y Eliseo no dormía. ¿Qué le podría pasar?¿Le meterían en la cárcel?
-Sr. Eliseo, le llamamos de la comisaría. El había comprado otro móvil nuevo y tuve que dejarles el número para que le avisasen. Preséntese en la comisaría de Tarragona tenemos noticias que darle.
-¿Son buenas? ¿Han recuperado mi dinero?
-usted venga y le diremos.
-Se presentó en dos horas como habían quedado.
-Mire, efectivamente creemos que le han robado. Se ha desarticulado una banda que operaba cerca de joyerías y, por el procedimiento que a usted le hicieron robaban a la gente. Pero, lamentablemente no podemos devolverle el dinero. La cantidad que usted nos dijo no la podemos asegurar. El dinero que recaudaban era de una mafia y no se sabe a quienes podía pertenecer ni las cuantías.
-Eliseo se marchó triste. Igual que lo había encontrado lo había perdido.

Angélika Goldwoman


message 9: by Alex (last edited Mar 14, 2019 11:36AM) (new)

Alex | 3 comments ¡Hola!
Este es el primer ejercicio que comparto, así que agradeceré que me indiquéis si cometo alguna imprudencia. Allá voy:

1.Palabra inicial: TEJADO.
2.Palabras derivadas: Texto, estilo, jade, asiento, decidido, obra.
3.Frases de referencia:
- Escribió el texto como le vino, sin reparar en gastos.
- Sin duda tenía un estilo propio.
- El jade de sus ojos le dejó sin habla.
- Incrustado en el asiento.
- Caminaba decidido sorteando al resto de transeúntes.
- Una obra para el concurso.



Escribió el texto tal y como le vino, sin reparar en gastos. Sin duda tenía un estilo propio que le permitía darse ciertos caprichos lingüísticos. Obsesionado por las palabras en desuso, trataba de no resultar pedante. Aún así, como siempre, su historia era de vocabulario exquisito, dejando a las descripciones acariciar la imaginación, convirtiendo a la conciencia en narradora inequívoca de verdades absolutas y susurrando al lector diálogos precisos de dinámicas sorprendentes.

Escribía desde siempre, pero de forma seria y organizada apenas hacía unos meses. A caballo entre la juventud y la madurez, y con más derrotas que victorias, ninguno de los variopintos empleos probados le había hecho plenamente feliz. Por eso tomó la decisión de convertir su afición en oficio, aun consciente de que los inicios serían duros.

Le apasionaba trazar historias complejas con algo más que palabras vanas. Consciente de poder hacerlo sin excesivo esfuerzo, se apuntó al primer concurso literario que encontró. «Todo es empezar», repetía en su cabeza. Sabía que dejar reposar su escrito sería lo correcto. Corregirlo en unos días, leerlo una y otra vez, incluso compartirlo con alguien para recibir una primera crítica. Pero no había tiempo: El plazo para inscribir obras en el Certamen para Escritores Noveles finalizaba mañana. Por eso, con el culo incrustado en el asiento, aquellos dedos huesudos repiqueteaban en el portátil casi tan rápido como discurrían sus ideas. En cuanto terminaba un párrafo, se detenía un instante para leerlo y corregirlo. Después, sin pausas, se lanzaba a por el siguiente. De su imaginación brotaban personajes y situaciones. Podía visualizar el lugar, percibir las sensaciones y experimentar las emociones. Todo a la vez que inventaba una historia con matices, de esas que no dejan indiferente, de las que hacen reflexionar.

Miró incrédulo las hojas impresas. Se acercó a la leve claridad del alba que bañaba la ventana para echar un último vistazo antes de ensobrar su primera novela. No era así como lo había soñado. Siempre pensó que la posibilidad de escribir un libro pasaba por que un editor caza-talentos, de esos con tirantes y que queman puro detrás de un escritorio, le hubiera hecho llamar tras descubrir sus inestimables cualidades como escritor. Sin embargo, los sueños nunca revelaban que ningún gurú de la edición impresa le descubriría, si seguía guardando sus pequeñas fantasías literarias en el disco duro de su ordenador.

A pesar del cielo azul y despejado era una de aquellas mañanas de narices rojas. Escondido en una gran bufanda, caminaba decidido sorteando al resto de transeúntes, con las manos en los bolsillos y un gran sobre blanco bajo el brazo. Sus piernas pesaban a causa de la noche en vela sentado en aquella vieja e incómoda silla de oficina. Un rugido algo más abajo de su caja torácica le recordó que llevaba horas sin ingerir alimento alguno. Puesto que era pronto y llegaba antes de hora, decidió entrar en una cafetería cercana a la editorial. Apenas abrió la puerta, el aroma a café recién molido invadió su cerebro. Se sentó en un taburete alto, de esos tapizados con escay rojo y que siempre tienen algún roto por el que asoma la espuma interior. Saboreó cada sorbo de su taza con los ojos cerrados mientras sentía como el café caliente bajaba por sus tripas. No quería crearse expectativas sobre la novela, pero inevitablemente su imaginación volaba en la dirección de sus anhelos. Andaba absorto entre la morriña y la fantasía cuando una voz femenina le hizo volver de allá dondequiera que estuviese:

— Hola, ¿Vas a presentarla al concurso?
— Esto... Sí, claro, claro... — Contestó mientras agitaba levemente la cabeza para despejarme.
— Yo también escribo, pero no he terminado a tiempo. ¡Siempre me pasa lo mismo! — Exclamó mientras sonreía y alzaba la mirada hacia el techo.

Sin saber muy bien que decir, le devolvió la sonrisa y la mirada. Fue entonces cuando vio su brillo, ese que desprenden algunas personas, ya no por bellas, si no por todo el conjunto de lo que son. De movimientos gráciles y sonrisa amplia, su media melena rubia danzaba a uno y otro lado mientras hablaba y gesticulaba. Una nariz pequeña precedía a una mirada mágica. El jade de sus ojos le dejó sin habla. Sintió perderse en ellos y olvidarse del mundo, tanto que apenas prestaba atención a lo que ella explicaba:

— ...por que tampoco la acabé a tiempo. Y otras veces me he sentado con tiempo pero no se me ocurría nada y he dejado la hoja en blanco. En fin, algún día me lo tomaré un poco más en serio.—Acabó la frase con cara risueña y encogiendo levemente los hombros.
— Yo... es la primera vez que presento una novela.— Le respondió sinceramente con una voz más temblorosa de lo que hubiese deseado. No era persona de falsas apariencias ni de andarse por las ramas.
— Bueno, ¡pues que tengas mucha suerte! Acuérdate de mí cuando seas un escritor famoso.— Bromeó mientras terminaba de pagar y se ponía el abrigo. Se despidió diciendo adiós con la mano desde los escalones de la cafetería.— Me tengo que ir a trabajar.— Dijo casi como canturreando mientras empujaba la puerta con el hombro.

Quedó extrañamente prendado de aquella chica que le había despertado de su mundo introspectivo. Tal vez la mezcla de cafeína y testosterona era lo necesario para coger fuerzas. Estaba preparado para el siguiente paso: Entregar el sobre.

Sacó del bolsillo del pantalón unas monedas y las dejó sobre la barra. Se calzó la bufanda y se enfundó en el abrigo mientras acomodaba de nuevo el sobre con la novela bajo su brazo izquierdo. Le hizo una seña al camarero para indicarle que le dejaba el dinero justo y empujó la puerta para salir a la calle.

El sol era ahora más intenso y aunque sólo calentaba levemente, su luz se le hizo casi insufrible. Con la palma de la mano a modo de visera improvisada, cruzó la calle entre los coches, detenidos en uno de esos perpetuos atascos de ciudad. Respiró profundamente y entró en el moderno edificio de cristal. Tras un vistazo rápido a los indicadores de la entrada, subió en ascensor hasta el tercer piso y llegó a su destino. La puerta estaba abierta y un constante flujo de gente entraba y salía sin cesar. Se acercó al mostrador bajó el cartel de información, en donde una mujer de mediana edad le informó a cerca de como debía cumplimentar los formularios. Fue más o menos sencillo hasta el momento en que una voz llamó su atención y alzó la vista. Allí estaba, con los mismos gestos que en la cafetería. Pudo ver a la chica de sonrisa amplia en uno de aquellos despachos de paredes semitransparentes. Estaba de pié junto a la mesa, agitando enérgicamente un puñado de hojas mientras mantenía algún tipo de discusión telefónica. ¡Trabajaba en la editorial! Por eso supo que el contenido del sobre era una obra para el concurso. Hasta ese momento no había reparado en aquel detalle. Sintió la repentina necesidad de conocer su nombre, de volver a hablar con ella, de perderse en su mirada...


message 10: by Alex (new)

Alex | 3 comments Vaya, ni un solo comentario en un mes...
¿Esto está muerto? Que pena.


message 11: by ShandyAlCa (new)

ShandyAlCa | 5 comments Utilicé la palabra AMIGO, de la cual obtuve las palabras:

ANTRO
MAGIA
IMAGINACIÓN
GANAR
ORO

Las frases son las que aparecen en el texto final:



Despertó con un profundo dolor de cabeza. No sabía cómo había llegado a aquel antro oscuro y con olor a váter y moho. Escuchó risas y miró a su alrededor, un espectáculo de magia mantenía entretenida a la clientela.
-Al fin despiertas, toma, bébete esto, te sentará bien. – Era la voz de una mujer. Una mano desconocida puso un vaso de tubo delante de él. No lo dudó, lo cogió y se lo bebió de un trago, sería difícil que le sentara peor de lo que ya se encontraba.
-Ya está consciente? – Esa voz sí la conocía.
-Marcus?
-Joder, creí que estarías inconsciente hasta mañana. Espabila, tenemos trabajo. – Le dio un par de manotazos en el hombro y lo levantó agarrándolo de la chaqueta.
De pie el mundo le dio vueltas. Sacudió con fuerza la cabeza y se despejó un poco. Marcus lo agarró por el brazo para ayudarlo a mantener el equilibrio y lo guio por el tugurio hasta la puerta del almacén. Una vez allí movió una falsa pared y bajaron unas escaleras que daban a una puerta de metal, Marcus mostró una tarjeta a la cámara de seguridad que había justo encima de la puerta y ésta se abrió sola, al acceder se toparon en una enorme sala llena de gente.
No había que tener mucha imaginación para descubrir qué era lo que estaba pasando.
Una sala de peleas ilegales.
-Ya sabes qué tienes que hacer. – Le dijo Marcus.
-Si, si...
Se dirigió al centro de la sala, se subió al ring y al sentarse en el taburete, vomitó.
A gente al verlo en ese estado empezó a apostar con frenesí.
La sensación de que al final conseguirían ganar era tan real que no lamentaban vaciar su cartera.
El oro del premio para el ganador estaba expuesto en una vitrina en medio de los luchadores, tan brillante que acaparaba todas las miradas.
Su contrincante lo miraba con odio desde el otro lado, era consciente de su reputación, ya había acabado con dos luchadores en peleas de este estilo.
El árbitro no tardó en dar la señal.
Los puñetazos y patadas le llovían desde todas las direcciones, se tapaba lo mejor que podía pero no servía de nada. A penas podía hacer amago de devolverle alguno de los golpes. De reojo miraba a Marcus, el cual sólo observaba en silencio. Patada a patada, puñetazo a puñetazo, el tiempo pasaba, lento. Finalmente Marcus asintió. Doblando la rodilla derecha, agachó el cuerpo rápidamente y con el impulso de la subida le asestó un gancho de derecha en plena mandíbula a su contrincante, tumbándolo en el acto.
El público que estaba ferviente hasta ese momento enmudeció. No sólo le había roto la mandíbula si no que le había dejado KO. En silencio, cogió el oro y se fue de allí dando traspiés.
Una vez fuera del tugurio Marcus apareció con su coche.
-Venga, vamos. – Le dice abriéndole la puerta desde dentro.
-Cuánto esta vez.
-Entre el oro, y lo apostado... 173.000 dólares. – Calcula Marcus – Pero dos peleas en un día... es arriesgar demasiado, estás hecho una mierda, creí que no aguantarías.
-Todavía nos faltan 380.000...
-Tranquilo, todavía hay tiempo, ahora descansa amigo.


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