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Ejercicios de escritura > Ejercicio de escritura #24 ¿Quién tiene miedo?

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message 1: by Literautas (new)

Literautas | 55 comments Mod
En este apartado puedes publicar cualquier texto que hayas desarrollado a partir del siguiente ejercicio de escritura:

Ejercicio de escritura 24

Para publicarlo solamente tienes que colocar tu texto en el recuadro que aparece un poco más abajo y pulsar el botón "post" o "publicar".

¡Gracias por compartir!


message 2: by Iris (new)

Iris Herrera | 5 comments “Solas para siempre”
Iris Herrera de Milano
Santiago, 27 de Agosto, 2013


La mujer ya en su senectud, con múltiples achaques y un poco fuera de sus cabales, seguía aterrorizada por la posibilidad de quedarse sola.
Se había casado algo tarde y tuvo una sola hija, Florinda, a quien crió con sumo apego.
Su mente involuntariamente manipuladora de madre abnegada fue preparando a la niña para que fuera su compañía en la vejez.

Florinda tuvo la desgracia de tener una madre controladora, allá en los años 50, una época de muchas restricciones para las mujeres; y eso marcó su futuro.

La madre solía aconsejarla:
---"Ten mucho cuidado con quienes te juntas y sobre todo en el caso de los varones. Ellos andan buscando una sola cosa y te prometen villas y castillos; y, una vez que la consiguen, te dejan ...y pasan a la siguiente víctima. Ponte alerta para que no te pase lo que a tu amiga Elianita que hasta la botaron de su casa con todo y muchacho".

Florinda creció en la pequeña ciudad sin otra compañía que la de esa madre. Su niñez fue solitaria y terminó convirtiéndose en una persona retraída. Se distraía sola con los juguetes que su madre le compraba. Tenía numerosos peluches y muñecas de todas clases y colores, con los cuales hablaba durante horas, ya que su madre no era muy comunicativa.

Florinda asistió al colegio de las monjas durante sus estudios primarios y secundarios. Luego de mucho insistir logró convencer a su madre para estudiar un curso corto en una Academia. Sin haber hecho ni un amigo, se graduó en Enfermería y Economía del Hogar. No tuvo con quien celebrar su graduación.

Le gustaba leer biografías de mujeres de la realeza, escritoras, científicas famosas; sin embargo, los quehaceres domésticos no le dejaban mucho tiempo libre y al llegar la noche ya estaba agotada y se quedaba dormida.

Florinda y su madre no necesitaban ir muy lejos a cobrar la pensión de la cual vivían o a comprar los alimentos. Su vida se reducía a unas pocas cuadras cerca de su propia casa.

El vecindario fue transformándose a lo largo de los años. Donde antes hubo casas de familia, ahora había comercios al por mayor y galpones de almacenamiento. Después los terrenos pasaron a inversionistas privados que, según decían, levantarían edificios.

Poco a poco la lozanía de Florinda fue dando paso a las primeras canas y arrugas, subió un poco de peso, aparecieron los primeros dolores musculares y de espalda. Con cerca de 50 años, la maternidad era apenas una frustración más en sus recuerdos. En definitiva, había envejecido, a la par que su madre se había ido desvaneciendo física y mentalmente.

Un día el médico consideró conveniente buscar una andadera para que la madre se desplazara dentro de la casa. En otra ocasión recomendó una silla de ruedas. Después, una cama clínica. El calendario iba avanzando y los padecimientos se hacían más graves y permanentes.

A veces, Florinda, en algún instante en que la madre estaba dormida, se refugiaba en su cuarto y lloraba amargamente. Había tomado consciencia de la vida inútil y vacía que había llevado y que ahora, ya vieja, habría querido borrar, y comenzarla de nuevo a su manera y disfrutarla a plenitud.
En esos momentos, Florinda miraba a sus únicos compañeros: sus muñecas y peluches y se consolaba imaginando que ellos sí tenían vida propia.
Impidió que su madre se los botara y que destruyera sus existencias ficticias. Fueron afortunados. Podían ejercer su voluntad.
Cada vez que se le presentaba la oportunidad, Florinda buscaba su compañía, les leía y hacía como que conversaba con ellos.

Una tarde, mientras sostenía una de esas visitas privadas, Florinda se dió cuenta de que había pasado mucho rato en compañía de sus muñecos y fue al cuarto de su madre. La tocó y la sintió fría. Le tomó el pulso y no tenía.
Supuso que habría muerto mientras ella estaba distraída en el cuarto.

Arregló un poco el aposento de la difunta y el suyo propio. Almorzó con tranquilidad. Se dió un baño y sólo entonces llamó al médico de su madre, quien llegó al rato, examinó someramente el cadáver, y extendió el certificado de defunción.

Florinda logró hacer por sí misma los trámites del entierro. Revisó las pertenecias de su madre.No quería conservar sino lo estrictamente indispensable (documentos de identidad, algunos recibos, medicinas de uso general.) y lo que pudiera ser de utilidad. Botó lo demás.

Quería tener la sensación de ser dueña de su espacio, deseaba respirar sin sentir la opresión materna. Gozar de esta nueva libertad.
Hasta compró algunas botellas de scotch y las paladeaba de vez en cuando, mientras oía la música que era de su agrado. Nadie le prohibía nada. Por fin estaba viviendo un poco.

Habían pasado ya varios meses desde que Florinda había empezado a vivir sola.
Se acostaba temprano. A veces se tomaba una pastilla para calmar los dolores musculares y eso la ayudaba a conciliar el sueño.


Así lo hizo anoche, cuando el dolor en la espalda se hizo fuerte. Después se quedó dormida.

Un alguacil tocó el timbre de la casa para entregar la Orden de Desalojo. Insistió y no obtuvo respuesta. Observó que el Aviso de Demolición del inmueble estaba todavía en el buzón del correo. Pensó que Florinda Verández estaba resistiéndose a recibir las comunicaciones formalmente; pero aunque así fuera, el desalojo ya se había convertido en forzoso. El último de sus vecinos se mudaría en 15 días, pues la demolición comenzaría en 1 mes y la construcción del nuevo edificio se iniciaría inmediatamente después.

Ante la negativa de Florinda a abrir la puerta, el Alguacil solicitó la presencia de un Policía.
Al llegar la hora pautada, tocaron el timbre tres veces. Después, el policía tocó otras veces usando su cachiporra. Nadie respondió. Finalmente le dió un empujón a la puerta, la cual se abrió por completo. Nadie apareció.

El Alguacil y el policía llamaron a Florinda por su nombre completo. Nada.
Entraron y vieron una sala con dos muebles, siguieron caminando y en el comedor observaron una mesa con dos sillas. Abrieron la puerta de una habitación y sólo había unas pocas cajas cerradas colocadas en una pila. Continuaron hacia otra habitación, la abrieron y quedaron paralizados.
Allí estaba una mujer dormida, y una cantidad considerable de muñecos y peluches colocados de manera ordenada en dos muebles de mimbre que rodeaban la cama donde ella estaba acostada. Se acercaron, llamaron por el nombre Florinda Veránez y en ese momento se dieron cuenta de que estaba muerta.

La autopsia reveló que el deceso fue por causas naturales. Simplemente un paro cardíaco. No había drogas ni alcohol en sus tejidos.
Lo que impresionaba era que la muerte había ocurrido hacía varios meses y el cadáver no se había descompuesto.

La gente comentaba que ese lugar estaba embrujado y que en las noches se oía el llanto de una mujer y unos ruídos que recordaban los quejidos de animalitos abandonados..

La inmobiliaria tuvo que lanzar una fuerte campaña para acallar tales rumores y poder terminar la preventa de los apartamentos que se construirían allí.


message 3: by Canela (new)

Canela (goodreadscomcanegami) | 64 comments Le tengo miedo al miedo... se que esa afirmación suena tonta.. hasta inconsistente, pero es la verdad.
Le tengo miedo a esa sensación que se apodera de tu cuerpo cuando tenes miedo de algo.. lo que sea. Cuando sentís que hay algo que no podes controlar, que esta más allá de vos, ya sea en tu propio cuerpo o afuera.
Por eso mismo suena hasta irónico decir que hace unas semanas enfrente a todos mis miedos juntos. Me enfrente a todos ellos cuando menos lo esperaba, cuando no pude tener la ansiedad previa que da la anticipación, cuando lo único que pude hacer fue la reacción natural de mi cuerpo y termine mis miedos, de la única manera en que se puede... enfrentándolos.

Eran las 22 de la noche de un viernes, mi perra no paraba de gritarme al oído... quería salir a hacer pis. Después de intentar ignorarla y darme cuenta que era inútil, agarre la correa, subimos al ascensor y fuimos abajo... después de una rápida salida, volvimos a entrar al edificio.
El ascensor estaba ahí, todavía esperándonos. Subimos y toque el 5 to piso, el ascensor subió... hasta que de golpe se paró. Se paró a medio metro de la planta baja, se paro en un lugar que no le correspondía, en un momento que no le correspondía. Abrí la puerta interna y al ver que estaba tan cerca del piso, apoye mi mano en el picaporte e intente abrir la puerta de afuera.. lo intenté y lo intenté, pero no cedía, la puerta estaba trabada.
De golpe, todo el aire se me fue de los pulmones, las piernas me flaquearon... me sentía mal, perdida, encerrada, completamente a la deriva. Respiré profundo todo lo que pude, y volví a intentar.. una y otra vez, tiré de la puerta y esta seguía sin ceder. Cuando vi que mis intentos eran inútiles, me giré y toque el botón de la alarma del ascensor... la escuchaba a lo lejos, la escuchaba como si proviniera de otro ascensor, de otro edificio.
Esperé, y esperé, y cuando no pude esperar más, empece a aporrear la puerta, le pegué con todas mis fuerzas, al mismo tiempo que pedía ayuda... necesitaba ayuda. En un momento me dí vuelta y vi al perro, que me había olvidado por completo que estaba ahí, ella estaba sentada mirándome... como si no entendiera y tampoco le preocupara lo que pasaba. La miré y me senté en el suelo del ascensor. Me senté a la misma altura de ella y la miré, mantuvo sus ojos en mi cara... me sonreí, me sonreí por la mala suerte que tenía, me sonreí por lo estúpida que era toda la situación, me sonreí porque un perro podía reaccionar mejor que yo a esa situación... me sonreí porque no tenia ningún sentido tener tanto miedo si mi perra estaba tranquila, si nada mal iba a pasar.
Cuando termine esos pensamientos, sentí que alguien golpeaba la puerta del ascensor y me miraba por la rendija,
-Estas bien? - me dijo
-Me quede encerrada.. no se que pasó. Me levante de golpe y volví a sentir las piernas flojas, otra vez volví a la realidad
-Cerra la puerta que yo empujo esta, a ver si así anda el ascensor... toca un piso.
Cerró la puerta de afuera con fuerza y yo cerré la mía.. toque el primer piso, sin esperanza, pensando en todas las horas que me quedaban por delante en ese ascensor, pero increíblemente el ascensor subió.
Apenas toqué el primer piso, abrí la puerta... abrí la puerta y respiré, respiré el aire de afuera, y tome conciencia que era igual que el de adentro.
El vecino que me ayudo llego por la escalera al primer piso, después de preguntarme si estaba bien, me explico que había cerrado mal la puerta de afuera.
Me puse roja, me dio verguenza y bronca, saber que todo eso había sido mi culpa... miré al perro y al ver que estaba impaciente por volver, miré la puerta del ascensor y la miré a ella... después de pensarlo un poco le dije:

-Vamos por las escaleras.


message 4: by Tania (new)

Tania | 40 comments La fuente vengativa


Lo que no puedo dejar de preguntarme es si le dije que sí para poder quitarme de encima a mis amigas y a mi madre, con la preguntadera de siempre.

Más me vale que no. De ser así, tendré que tener cinco niños en los próximos cinco años, dejar mi trabajo dentro de un mes y usar tacones en la boda la semana que viene.

Creo que le dije que sí porque el anillo era de plástico. No sé como logró abstenerse de gastar una cantidad absurda de dinero en diamantes; lo cierto es que lleva tiempo sin hacer gala de sus millones. Aprendió a cocinar y sabe el nombre de sus empleados.

Si está intentando impresionarme, no lo sé. Espero que no.

¿Es que soy una ilusa al pensar que le da importancia a mi opinión respecto al verdadero valor de una persona?
Será una desgracia si resulta ser una fantasía, porque yo creo que esa es la razón por la que dije sí.

Y ahora aquí estoy, mirando como boba mi anillo de compromiso; sostengo entre las llemas de tres dedos el objeto más romántico del mundo.

¿Cuánto de su dinero despilfarró para dar con un anillo idéntico al único juguete de mi infancia que estaba relacionado con el matrimonio? Admito que no me importa.

En este momento estoy tan encantada, que no me fijo en eso. Ni en el calor del día, ni en los niños que gritan, ni en las verdosas aguas de la fuente a mi lado.

Odio el agua contaminada. El olor, el color... las enfermedades. Es asqueroso.

Nunca antes había pasado tanto tiempo al lado de esta fuente sin quejarme, sin sentir la necesidad de huir. Sin embargo, en mi nube de felicidad y románticismo, ni me he fijado en ella.

Pero la fuente se ofende. La fuente quiere venganza. Y mi nube se convierte en lluvia cuando la sortija perfecta se resbala y desaparece de mi vista con un chapoteo.

¡La he perdido!¡He perdido el símbolo de mi compromiso! ¡El gesto romántico del hombre al que amo está en el sucio fondo de una sucia fuente!

El acto reflejo de rescatar la joya plástica se convirtió en nada porque mi instinto fue alejarme del agua, pero ahora ese mismo instinto me alerta de la desgracia que permito al dejar que mi anillo descanse entre las algas muertas. No puedo decirle esto a mi prometido, no puedo abandonar un detalle tan hermoso.

¡Tengo que sacarlo! Es así de sencillo, me pongo de rodillas frente a la fuente para alcanzar el fondo y escarbar en el lodo hasta encontra mi anillo. Sé que estoy apoyando mis medias en esta sustancia viscosa que se ha formado alrededor de la fuente, pero eso no es problema. Lo que a mí me da asco son las aguas contaminadas... como esas en las que voy a meter las manos...

Las aguas verdosas. El lodo. Enfermedad y muerte.

Mi corazón va demasiado rápido... o muy despacio. No puedo respirar. Estoy a punto de meter mi mano en el agua asquerosa de una fuente olvidada. No puedo respirar. Mi corazón va muy despacio... o demasiado rápido.

¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer?
Llevo una blusa nueva, con mangas largas, anchas.... que recogeran agua sucia si cometo la locura de meter mis manos ahí. No puedo hacerlo.

No ha de ser de mala suerte perder un anillo de compromiso. ¡No significa nada excepto que soy torpe y que quería observarlo! No es como si lo hubiera olvidado por ahí.

¿Es esto alguna prueba? Quiero decir, ¿así de fácil me resignaré cuando tenga que salvar mi matrimonio? Una mujer de treinta y tantos años que le teme a una fuente no está lista para una familia. Mis ojos llorosos se reflejan en la fuente que se burla reflejándose en ellos.

¡Ah! Pero no va a ganarme una estúpida fuente derruída.

Empiezo a enrrollar las mangas de mi blusa. Son demasiado anchas y la tela es muy lisa... no es posible detenerlas y no voy a meter mis manos ahí para luego escurrir agua asquerosa hasta mi casa.

De todos modos esto no es un matrimonio. Es un anillo plástico.

... el anillo plástico que mi novio encontró para mí.

Me quito el prendedor del pelo y lo uso para mantener quieta mi manga doblada a la altura del hombro, y extiendo mi mano hacia el cúmulo de algas muertas, básura y gérmenes.

Mi bello novio no querría verme así. Mejor dejo el anillo.

Me pongo de pie, con mi mente clara y mi corazón tranquilo. Que vergüenza he pasado.

"¡Uy, sí! ¿Qué va a decir la gente?", se burla en mi cabeza ese lado de mí que opina que yo debo ser el centro de mi vida. Ah, pero aquí lo importante es que la gente no me vea mal y que mi novio no tendría problemas con que pierda el anillo. ¿Qué más da si he sido una cobarde?

Una cobarde.

Me paseo frente a la temible pila de basura líquida, sólida y hasta gaseosa. Pensando si realmente es cobardía. Y sí, lo es, porque quiero recuperar mi anillo y un poco de agua sucia me detiene.

¿Qué voy a hacer?, ¿que voy a hacer?

Y entonces la sustancia viscosa bajo mis pies me resuelve el dilema. La maldita fuente decide por mí: me resbalo. Como mi anillo. Sí, es distinto, pero la palabra es correcta porque acabo de la misma forma: en la fuente asquerosa.

Las personas se ríen mientras estallo en llanto.

Podría salir de este charco de inmediato. Podría gritar histérica. Y lo haré. Haré todo eso y más. Pero primero busco mi anillo en el fondo de la fuente, que al fin de cuentas no me ensuciaré más.


message 5: by Renata (new)

Renata SOLO DE SI MISMO
Isabel desde pequeña había presentado reacciones de miedo aparentemente para sus padres típicas de la edad de su niña, pero al crecer iba superando uno por otra. Un miedo que se convertiría en fobia: de chica le tenia miedo a quedarse sola en un lugar sin sus padres al crecer lo fue apaciguando pero después de una crisis que tuvo en la que perdió lo construido y nuevamente se había quedado en su casa sin hacer nada; se la pasaba durmiendo la gran parte e intentando no comer para destruirse sin lograrlo porque el hambre le ganaba.
- Mañana vamos a salir nos espera
-NO, yo no me voy a quedar sola ni voy a salir con ustedes- decía llorando por simple hecho de pensar en quedarse sola en la casa.
Su madre aunque se marchaba de inmediato furiosa terminaba cediendo al chantaje por así decirlo y no hacia las cosas.
¿Que podría hacer enfrentar a Isabela esta fobia?
Un día después de irse su madre de viaje porque su hermano estaba enfermo y tenía que cuidarlo.
-Voy a salir de compras
-¡Yo, no me voy a quedar sola!-dijo Isabela azotando la puerta de la habitación en la cara a su padre.
El aburrido con la situación se fue y la dejo sola en casa.
-Me quede sola los ¡odio! – repetía mentalmente mientras caían lágrimas y pensamientos de rencor contra todos, sentía escalofríos y de ver al frente de su casa al morboso vecino tuvo que correr de inmediato al baño ,le dio diarrea; por el gran pánico que le ocasionaba quedarse sola
De tanto evadir quedarse sola se veía obligado pues su padre no le dio más opción , los días previos al hecho había estado todo el tiempo encerrado en su habitación.
Llego primero su hermano a la casa, en bien entro;
-¡Estúpido, que hace acá todos me dejaron sola!- parecía loca llorando y aventando objetos por toda la casa
Más tarde se logró calmar en su habitación después de haber llorado mucho lamentando la ausencia de su madre. .-como si fuera poco tiene miedo al abandono.
-A mí también me hace falta mi mamá- dijo Ricardo su hermano.
-Yo, decía que estaba sola, pero mi mamá era la única que me acompañaba.
-¿Qué piensas, que yo no siento la ausencia de ella?- en seguida le entrego el plato de comida que traía en sus manos.
-¡Como ayer estaba de rumba!
-No lo es así, me quería distraer. Además tú me trataste mal.
Lo único que hiso fue mirar a su hermano con unos ojos de resentimiento y aunque no le hablo más. Lo guardo en su interior como algo que salía a relucir en sus discusiones.
Finalmente su madre regreso, ella nunca se enteró de lo ocurrido y por un gran tiempo se mantuvo la calma familiar.
-‘’No es solo enfrentar un miedo sino ser consciente de lo que ocurre, y no quiere que vuelva a pasar’’- Isabela cuando se sintió capaz de quedarse sola porque quería superar su miedo hiso su mejor intento y para fortuna de ella mientras estuvo sola nada le paso; le aterrorizaba que algún morboso llegara y la atacara y no pudiera gritar, correr o defenderse…
Lastimosamente este tipo de fobias no se curan así de fácil, necesitan de tratamiento con un experto en estos temas. Sin embargo Isabela cree que puede manejarlo y por el momento no va a recurrir de más ayuda que ella misma y su espiritualidad, de este modo: recapacita y toma fuerza de sí misma para afrontar su problema de la mejor manera.


message 6: by Sandra (new)

Sandra Milán i Massagué | 7 comments Continuación del ejercicio La caja misteriosa

Escucharon la sonata número 9 en La mayor para violín y piano op.47 de Beethoven tres veces. Era lo único que contenía el CD. Mientras, pasaban las hojas del libro. Era una edición antigua, había frases subrayadas, pero nada más. Bruno decidió buscar en la agenda de su teléfono a Mauricio. No encontró a nadie que se llamara o apellidara así. Tampoco Julia recordaba haber conocido a nadie con ese nombre. Y ¿Biakpa? ¿Dónde estaba eso? Con la frase en ruso tuvieron más suerte, parecía que era parte del argumento de la novela.

Lo peor era el billete. Tanto Julia como Bruno les tenían pánico a los trenes. Podría decirse que la fobia común les unía más que sus aficiones. Lo más lógico es que se hubieran conocido en un grupo de apoyo para afectados por siderodromofobia. ¿De qué otra manera podrían coincidir dos personas con una aversión tan rara? Pues en una conferencia sobre Freud, que también la padecía. Pero el ponente no contó nada sobre la siderodromafobia, se extendió sobre los sueños de Freud y la más que probable reencarnación de éste en Salvador Dalí. Bruno y Julia salieron decepcionados. Tardarían todavía algunos meses en descubrir que ambos habían ido a la conferencia por el mismo motivo. El día que lo hicieron, también se prometieron.

Como terapia, el matrimonio Iguarán leía todas las novelas de Agatha Christie ambientadas en vagones de tren. Asesinato en el Orient Express era su favorita. El billete tenía una fecha y una hora impresa: 13 de octubre a las 13 horas. Por suerte, no eran supersticiosos. El destino: Biakpa. Buscaron en un atlas sin éxito. Julia se había dado cuenta de inmediato, sólo había un billete y estaba a su nombre, y a pesar de su fobia también sabía que acabaría cogiendo el tren el domingo. Había esperado toda su vida ese paquete, cuando ya de pequeña soñaba con recibir alguna carta misteriosa como las que recibía Sofía Amundsen de Alberto Knox. Le costó convencer a su marido. A Bruno le costó fingir que quería acompañarla.

Los días previos al viaje pasaron muy rápido. Julia hizo la maleta tres veces: en el primer intento puso demasiada ropa de invierno, el segundo, de verano. Finalmente acabó haciendo la maleta típica de los fines de semana en Cadaqués: poca ropa, muchos libros, un cuaderno y el neceser sin peine ni champú que olvidaba siempre. Allí donde iba no los necesitaría, pero de eso se daría cuenta mucho más adelante.


message 7: by Renata (new)

Renata Sandra wrote: "Continuación del ejercicio La caja misteriosa

Escucharon la sonata número 9 en La mayor para violín y piano op.47 de Beethoven tres veces. Era lo único que contenía el CD. Mientras, pasaban las h..."


Y ESTO POR QUÉ LO PUBLICA ACA . LA CAJA MISTERIOSA ES#25


message 8: by Sandra (new)

Sandra Milán i Massagué | 7 comments Renata wrote: "Sandra wrote: "Continuación del ejercicio La caja misteriosa

Escucharon la sonata número 9 en La mayor para violín y piano op.47 de Beethoven tres veces. Era lo único que contenía el CD. Mientras..."


Hola Renata! Este ejercicio está correctamente publicado. Simplemente es la continuación del ejercicio de la caja misteriosa pero la esencia de éste és el de ¿quién tiene miedo?


message 9: by Luz (last edited Dec 08, 2015 05:17PM) (new)

Luz | 8 comments Es hora de dormir

Léitan sabe que debe dormir. Se prepara. Mira la habitación en torno suyo y piensa cuando será el momento justo. Posa la mano en el botón y lo aprieta. Corre hacia la cama, se tira en picada, se mete entre las sábanas y se tapa la cara. Es hora de dormir, se lo repite una y otra vez. Toma un poco de sabanas entre sus dientes y los roe poco a poco con suavidad, dejando entrar el sabor ácido en su boca. Traga sorbo a sorbo la sensación de tranquilidad, de soledad, de no saber en que momento dejará de tener la conciencia demasiado clara, para saber que no esta despierto y que se deja arrastrar por la oscuridad. Ve formas, la poca luz que entra por la ventana le da la visión contraria de las cosas, cosas que ya conoce pero que no puede apreciar con claridad y se transforman. Ya no es una lampara, no es una mesa de luz, no es una puerta, no son cortinas. Que son, no lo sabe pero especula momento a momento. Escucha el silencio que se rompe en ruido tras ruido, estos apacibles pero tan presentes que los siente en los bellos que se le erizan y le hace estremecer la piel. Niega, niega a cada momento la existencia de otra cosa que la calma en la cama y las patas frías. Niega saberse solo en una bola carente de luz en la que se cree flotar. Pierde el equilibrio, pierde la razón, pierde el sueño y el cansancio ganado durante el día parece borrarse de su cuerpo. Ideas, palabras, figuras y colores entran en su cabeza para lograr distracción, pero los malos pensamientos, los tonos oscuros y las formas inicuas lo obligan una vez más a abrir sus ojos, al borde de sentir que carece de parpados. No puede dejar de ver, tiene la necesidad de comprobar que la irrealidad está ahí, presente para el, dando vueltas a su alrededor esperando aparecer en el momento justo y callarlo para siempre. Darle un susto de muerte, dejarlo sin aire, absorber todo grito que salga de su boca, acortarle la movilidad, destaparlo lentamente para que el corazón de tanto dolor le desgarre el pecho y lo deje ahí, tieso, frío, y con los ojos abiertos.


message 10: by Chio (new)

Chio | 42 comments ¿Quién tiene fobias?

No estoy seguro que esto esté ayudando, llevo veinticinco años yendo a terapia por lo mismo. Por esto, por lo de todos los días.

Me despierto y lo primero que veo es el piso, curioso ¿no? a los que les pregunto se despiertan viendo el cielo raso o la ventana, o el sol, pero yo veo el piso y no solo eso, veo cáscaras de cacahuates esparcidas en el.

Entonces comienza esa sensación en mi paladar, de crema de maní, que me ahoga, no la puedo tragar y no puedo respirar. Se lo que tengo que hacer.
—No hay nada ahí —. Digo en voz alta, para convencerme.

Regreso mi atención con el terapeuta, que me pregunta que es lo que me da miedo y claro, le digo que abrir los ojos, eso antes de las cascaras de cacahuates, esas las dejaré para otra sesión.

—Al despertarme —. Respondo a la interrogante del lego —. Porque los bichos pueden venir volando a toda velocidad y estrellarse en mis ojos y llenarme de huevos, que se incuben dentro de ellos y se conviertan en larvas asquerosas que toquen mi piel.

Ya está, el medico se queda trastornado. Solo es el comienzo, pero él no lo sabe. Terminada la hora me despide con un acicate—. Puede ser que en el futuro sufras de paranoia. Hay que tratarte de inmediato. Una mueca burlona es mi respuesta. Me despego de la pared, saliendo del consultorio.

Sé que lo que tengo son más que fobias, es un desorden mental... puedo ver por la cara que puso mi nuevo doctor que me imagina internado dentro de poco, con una de esas batitas que se cierran por la espalda deteniendo los brazos. Eso, es lo que evito, en cuanto empiezan con la cantaleta de “casa de reposo”, busco a otro médico. Voy más que nada por el seguro de desempleo. A ver cuanto dura este.

Aunque me explican que el miedo es simplemente una emoción como otras, como amar, o como enojarte, no me lo trago. El miedo es una respuesta cuando algo resulta amenazante. Y mi vida ha estado plagada de amenazas, que para otros no existen. Dicen que soy una persona hipersensible. Y también hay que tomar en cuenta que he nacido en el lugar equivocado, con la gente equivocada. De otra forma esto no pasaría.

Entonces recuerdo mi primer miedo y las palabras de la educadora a mis padres para que me ayudaran a superarlo.

— Nuestro objetivo principal será modificar el estímulo amenazante, es decir, el váter.

— ¿Cómo? — pregunta mi madre que estaba desesperada porque me negaba a sentarme en el, y los accidentes se sucedían todos los días.

—Cambiándole el sentido que el peque le ha dado, y nos reímos del miedo—. Termina de explicar mi maestra.

Ese día salí del jardín de infantes de la mano de mis padres. No es que fueran torpes mis padres, es que eran ya mayores y un nieto hubiera sido apropiado. Pero ahí estaba yo, en medio de ellos entrando a la casa directo a visitar al “Sr. Váter” como se le ocurrió a la educadora llamarlo.

En cuanto exprese mi primer “tengo miedo” mi madre comenzó a llorar y se quedó petrificada en el pasillo. Mi padre sin embargo, no me soltó. Camine con él hasta la puerta del cuarto de baño. Con la mano libre me aferre al marco. Mi progenitor lucho para desprenderla.

—Papá me da susto— dije, comenzando a hacer pucheros.

Después de tres comprensivas hostias, propinadas directamente a la cara y dos maldiciones, desistió.

Un tímido — No me gusta —. Marco para siempre mi vida como catisofóbico.

Desde entonces tengo un miedo desmesurado a sentarme, no solo en el baño. ¿Qué si me canso? pues claro; además del dolor en las piernas, pies y espalda, evito ir a lugares en donde te obliguen a permanecer sentado, por eso soy ateo, iletrado, no voy al cine, o al teatro y las chicas me consideran en el menor de los casos, aburrido.

Llego a la terapia de grupo en el momento en que alguien comenta…

—En realidad no es necesario quitarle importancia, es algo que vivo de manera muy intensa, y aunque trato de pensar que no pasa nada, necesito contar lo que me pasa…

Me recargo en la pared, aliviado de no estar solo. Sé que las personas disfrutan de estar solas a veces, pero yo temo estar cortos periodos de tiempo en soledad. Eso es lo que me pasa y bien visto, es irónico ser autofóbico y lidiar con no poder sentarse.

Sí, estar solo me produce una sensación de temor y de aislamiento extremo, por esto asisto hasta cuatro veces al día a las terapias grupales. Cuento mis síntomas y escucho los de otros y de vez en cuando no me siento “`él raro”.

Al acercarse el término de la sesión, la angustia me hace temblar. Lo contrarresto con la idea de que en dos horas podre estar nuevamente ahí. Es mi turno de hablar, comienzo tímidamente esperando no ser cuestionado.

—Bien, no soporto que me toquen el ombligo. Un día me lo vi en la tina del baño, al tocarlo sentí asco. Ahora cada vez que me acuerdo mientras me estoy bañando imagino que sale algo desagradable de el, una especie de infección. Porque ese día que me bañe en la tina, unos chicos me habían tirado en la tierra por no saber jugar. Me han agarrado picoteándome el ombligo, empecé a patearlos para quitarlos de encima, todos reían mientras yo iba hacia mi casa a bañarme porque me daba asco infectarme.

Ahora en la calle busco a donde matar esas horas. Me parece bien el centro comercial, puedo estar parado y hay gente. Comeré en el fast food.

Mi imagen aparece en el escaparate, trago saliva. A veces cuando me miro en un vidrio o en el espejo, siento que me va a absorber y quedo atrapado ¿Tendré eisoptrofobia? Esto no lo he preguntado. Lo anoto en la libreta que tengo para este fin y para no sentirme solo.

Escribo: creo que no soy feo, pero no quiero verme porque, ¿qué tal si quedo petrificado por años viéndome? Prefiero no averiguarlo.

Recuerdo la recomendación de mi último psicoterapeuta.

—Debes exponerte poco a poco a la situación que te atemoriza, de este modo estimulas los sentimientos y sensaciones y puedes combatirlos.

Subrayo: Prefiero no averiguarlo. No estoy para un ataque de pánico antes del almuerzo. Ya tengo suficiente con que me vean como un antisocial y un extraño.

Mientras como mi hamburguesa una joven me sonríe. Me concentro en cada bocado y chupo el refresco con mi popote desviando la mirada. Lo he intentado, por no estar solo, he estado con algunas mujeres. Pero tener una relación, es algo que requiere mucho tiempo y energía. Además de que las chicas quieren conocer tu casa, ya que las llevas, mueven tus cosas y lo peor es que hacen preguntas. La última, después de un par de días me dijo:

—Hay algo que no entiendo. ¿Cómo haces para tenerle miedo a un asiento o a algo que está en ti siempre, como el ombligo?

Me di cuenta que en definitiva, esto no es para mí.

Miro el reloj, tengo una hora para deambular por los pasillos y regresar con el grupo de la tarde.

En la reunión, un hombre mayor acompañado de un enorme enfermero, habla sobre su caída y el miedo que le da ahora pararse. Ha llegado ayudado por una andadera y ese hombre fornido, deslizando los pies, lentamente con pasos cortos se agarra con ansiedad a la silla para sentarse.

Seguro que cuando venza mi miedo a sentarme, voy a adquirir este otro.

El camino ha sido largo; antes también me asustaban los aviones, y la oscuridad; principalmente me aterrorizaba la idea de morir.

De adolescente, esos miedos habían comenzado a empeorar. El pánico iba desde un persistente malestar en el estómago hasta el miedo que se de perder el control ante la gente.

Cada segundo de mi vida está ahora planeado. Por las noches voy a algún bar a estar con otras personas. De madrugada sé que es inevitable, tengo que regresar a dormir. Voy haciendo un seguimiento mental de la ruta hacia mi apartamento.
Llego a casa prendo las luces, la televisión y el radio, sufro de insomnio por un par de horas antes de poder conciliar el sueño. Una vez dormido, mi sueño es bueno. He dejado atrás las pesadillas y los episodios de sonambulismo que atormentaron mi infancia.

Lo he logrado simplemente con hacerme a la idea de que no hay forma de erradicar tantas fobias. Le tengo miedo a todo. Por lo que he decidido convivir con ellas.


message 11: by MadReader (new)

MadReader | 3 comments Ese día

Si a Maya Delaney le pidieran que enumerara cada uno de sus miedos, sin importar que tan larga fuera la lista, lo único que hubiera pedido habría sido una hoja partida a la mitad y lo único que escribiría seria “ese día”.

Porque ese era su miedo, que ese día se repitiera, que volviera a suceder una y otra vez hasta que no quedara nada de ella.

Jamás se lo habría planteado de ese modo, ni siquiera en sus más locos y espeluznantes sueños se habría planteado una situación similar, pero ahí se encontraba, y estaba aterrada.

Escucho el disparo antes incluso de sentir el dolor recorriendo cada centímetro de su anatomía, ¿quién diría que una bala en el brazo podría significar toda una agonía?

No cayo de rodillas, no grito hasta que su garganta se hizo pedazos y no paro. Siguió corriendo a través de la oscuridad que parecía tragársela a cada paso, como si se fuera acercando a un agujero negro y estuviera a punto de ser engullida por el, donde se albergaban tantos misterios sin resolver.

Los podía escuchar corriendo detrás de ella, puede que a menos de unos metros de distancia pero Maya los sentía justo a sus talones burlándose de ella e incitándola a continuar sabiendo que no llegaría a ningún lado.

Sus pies chocaron contra algo, era duro e inamovible y le causo un dolor terrible en los dedos. Cayo de rodillas por la impresión y con sus brazos evito que su cara se estrellara contra el suelo. Ahogo un grito al apoyarse en el brazo herido.

Alzo la vista al cielo, ¿acaso era el final?

No lo era.

Vio el resplandor de la luna en el cielo, tan lejos pero al mismo tiempo tan cerca… Los rayos de luz que proyectaba la dejo ver lo que tenía frente a ella. Escaleras. Escaleras que se alzaban hacia arriba y giraban en forma de espiral hasta casi alcanzar la luna.
Maya supo que si subía se encontraría con ella y por eso siguió.

Sujeto el brazo contra su cuerpo, dejando que este empapara de sangre su ropa, antes eso le habría importado, pero ya no, lo único que quería era llegar a la luna y sobrevivir. Solo por esa noche.

Subió aquellos peldaños interminables. Ya no los escuchaba detrás de ella. Eso le dio esperanza, mucha más de la que podría haber tenido segundo antes.

Hasta que miro abajo.

Entonces si grito.

El suelo parecía a kilómetros de altura, como si estuviera observando todo desde un avión en pleno vuelo o desde el punto mas alto de la montaña rusa más alta del mundo.

La subida parecía interminable, cada vez
que se sentía más cerca de la luna, más se alejaba y el agujero debajo de ella se hacía más profundo, listo para devorarla si caía.

El viento llego de la nada, la azoto con ferocidad y le revolvió el pelo en todas direcciones, bloqueándole la visión.

Ya no podía ver la luna. Había desaparecido, el viento se la había llevado.

Unas manos la tomaron por la cintura, unas manos grandes e inhumanas y estaban cubiertas de arañas. Las manos la giraron mientras los insectos subían por su torso, por su cuello por toda su cara. Maya grito y se revolvió con todas sus fuerzas, lo cual fue un gran error porque las arañas se escurrieron dentro de su boca, hasta la garganta y más allá. No podía respirar.

Fue en ese entonces cuando se sintió empujada y cayo. Fue atraída por el agujero de pesadilla y el cielo estaba igual de oscuro sin la luna ni estrellas que la acompañara.

Si a Maya Delaney le pidieran que enumerara cada uno de sus miedos, sin importar que tan larga fuera la lista, estaba segura de que no lo haría.

Porque solo habría podido escribir “ese día” si estuviera viva.


message 12: by Chio (new)

Chio | 42 comments MadReader wrote: "Ese día

Si a Maya Delaney le pidieran que enumerara cada uno de sus miedos, sin importar que tan larga fuera la lista, lo único que hubiera pedido habría sido una hoja partida a la mitad y lo únic..."


Me gustó mucho tu composición, las imágenes aparecieron en mi mente conforme leía. No necesita explicación y causa un sentimiento de angustia, que es lo que quieres lograr. Muy bueno.


message 13: by MadReader (new)

MadReader | 3 comments Chio wrote: "MadReader wrote: "Ese día

Si a Maya Delaney le pidieran que enumerara cada uno de sus miedos, sin importar que tan larga fuera la lista, lo único que hubiera pedido habría sido una hoja partida a ..."


¡Hey! Muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho saber que te gusto :3


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