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Ejercicios de escritura > Ejercicio de escritura #10 El narrador testigo

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message 1: by Literautas (new)

Literautas | 55 comments Mod
En este apartado puedes publicar cualquier texto que hayas desarrollado a partir del siguiente ejercicio de escritura:

Ejercicio de escritura 10

Para publicarlo solamente tienes que colocar tu texto en el recuadro que aparece un poco más abajo y pulsar el botón "post" o "publicar".

¡Gracias por compartir!


message 2: by David (last edited Aug 14, 2014 02:43AM) (new)

David Skinner (DavidJSkinner) | 36 comments

El atraco




Todo sucedió muy deprisa, o eso me pareció a mí. Era casi la hora de cerrar la sucursal; solamente quedaban cuatro clientes dentro cuando entraron los dos individuos encapuchados.

—¡Al suelo, joder! —fueron las primeras palabras del que iba en cabeza, mientras levantaba el revólver que llevaba en la mano derecha.

Marta, la nueva becaria, fue la única que se mantuvo en pie tras el grito, levantando las manos. Los demás no dudamos ni un instante en obedecer la orden del asaltante.

—¡Tú, puta! ¡He dicho al suelo!

La miré. Estaba temblando, completamente paralizada por el miedo, e incapaz de seguir aquellas sencillas instrucciones. Temí que ese tipo utilizara su arma contra ella, así que me decidí a hablar.

—Obedeceremos, tranquilo —le dije, sin atreverme a levantar la vista en su dirección—. Déjame que la ayude a tumbarse, ¿de acuerdo?

Tras un tenso silencio, el atracador consintió en ello. Intentando hacerlo de la manera más lenta posible, me levanté y avancé en dirección a Marta. Sus ojos se cruzaron con los míos, aunque parecía incapaz de mover ni tan siquiera la cabeza. Le puse una mano en el hombre antes de hablar.

—No va a pasar nada. Si hacemos lo que nos dicen, seguro que todo irá bien.

Logró asentir con cierto esfuerzo, y comenzó a bajar los brazos a la vez que esbozaba algo que podía pasar por una sonrisa. En ese instante, lo juro, yo estaba convencido de lo que acababa de decir.

Me equivocaba.

—¡Eh, tú! ¿Qué coño haces?

Me imaginé cómo el revólver me apuntaba a la cabeza, con un dedo ansioso a punto de apretar el gatillo. Cuando me di la vuelta, la realidad era otra: el segundo atracador había sacado también un arma —una pistola—, y apuntaba hacia el suelo. Uno de los clientes sostenía un pequeño teléfono móvil, quién sabe si con la intención de realizar una llamada o de hacer una fotografía. Sea como fuere, aquello no le había gustado nada al hombre de la pistola, que parecía más que dispuesto a usarla en breves segundos.

Ambos llevaban pasamontañas, lo que hacía que sus voces sonaran ahogadas. Eso, sin embargo, no impidió que reconociera la voz de quien acababa de hablar.

—¿Pedro? —pregunté, dándome cuenta de mi error al instante. Dejó de apuntar al del móvil para hacer de mí el objetivo de su pistola. En un arranque de valor, o tal vez de locura, le dije—: No os vais a salir con la vuestra. Lo sabes.

Milagrosamente, mis palabras no hicieron que Pedro disparase sino que bajase el arma y se dispusiera a guardarla. El primer atracador, el del revólver, observaba la escena sin decir nada.

—Vámonos —dijo Pedro.

—¿Irnos? ¿Estás loco? Ese tío te ha reconocido, y si llega a ti…

—¿Y qué quieres que haga, eh? —Pedro levantó la voz.

Eso no pareció gustarle nada al otro.

Le disparó en la cara.

¿Ya había dicho que Marta estaba más calmada? En aquel instante, un agudo grito a mi espalda dejaba claro que los nervios de la mujer habían llegado a su límite. Al mismo tiempo, empezó a sonar la alarma. Supongo que fue Juan quien la activó. El atracador, con el revólver aún humeante, apuntó hacia Marta. Uno nunca sabe cómo puede reaccionar en una situación así. Si me hubiesen preguntado hace un par de días, seguramente mi respuesta hubiera sido que me tiraría al suelo, intentando no ver ni oír lo que ocurría a mi alrededor.

Lo que hice fue interponerme entre el revólver y la mujer. En última instancia, entre la bala y ella.

No fue como un golpe, ni como un pinchazo; más bien, como una quemazón intensa y rápida en el pecho. La alarma seguía sonando, ahogada por los gritos cada vez más fuertes —eso pensé, al menos— de Marta. Creo que escuché sirenas, golpes, más disparos… Pero aquello cada vez quedaba más y más lejos de mí.

Porque, cuando todo terminó, yo ya estaba muerto.


message 3: by Mel (new)

Mel Köiv (Mel_Koiv) | 23 comments Me gusta mucho, David!


message 4: by David (new)

David Skinner (DavidJSkinner) | 36 comments Mel wrote: "Me gusta mucho, David!"

Me alegro, Mel. ¡Gracias por leerlo y comentar! :)


message 5: by Mac (new)

Mac | 6 comments Un relato fresco y directo, resulta muy entretenido ;)


message 6: by David (new)

David Skinner (DavidJSkinner) | 36 comments María wrote: "Un relato fresco y directo, resulta muy entretenido ;)"

Muchas gracias :D


message 7: by María (new)

María Jesús | 22 comments Era final de mes, y me dirigí a la sucursal bancaria donde voy a cobrar mi pensión desde que me jubilé.
Eran las once y media de la mañana en el banco no había mucha gente, se hallaban detrás del mostrador el director de la sucursal y dos cajeros, e iban despachando a los clientes que allí habían, un matrimonio joven que se encontraba hablando con el encargado de las hipotecas y un empleado de un supermercado.
Al cabo de un rato cuando ya me iban a atender a mi. Entraron un par de personajes de lo más peculiar.
Uno de ellos llevaba un atuendo que se sabía a la legua que lo llevaba para pasar desapercibido, iba ataviado con una peluca rubia y un bigote de color café y llevaba unas gafas de sol. Su acompañante iba con un sombrero muy extravagante.
Cuando ya me estaban atendiendo este par de personajes sacaron de uno de las bolsas que llevaba el del sombrero una escopeta recortada y el que llevaba la peluca saco de su calcetín una navaja.
De repente dijo el de la peluca -¡Esto es un atraco todo el mundo al suelo!
Todos los que estábamos en la sucursal nos tiramos al suelo muy rápido, excepto uno de los cajeros del banco que era una chico bastante fornido y deportista que se encaró hacia ellos y les increpó -No vais a ir muy lejos acabo de llamar a la policía.
Uno de los atracadores fue hacia el muchacho y le intentó agredir pero éste quiso levantarse para distraerlos mientras la policía entraba en la sucursal y el atracador al verlo levantarse le dijo -He dicho que todo el mundo al suelo.
Y se oyó un disparo, yo me encontraba con la mirada clavada al suelo cuando oí el sonido de la bala pero no oí caer el casquillo al suelo, sólo sé que cuando se oyó el balazo se oía en la sucursal el silencio helado de la muerte del muchacho.
Al cabo de unos segundos se oían las sirenas de la policía y como cuatro agentes entraban en la sucursal para detener a los atracadores.


message 8: by Chio (new)

Chio | 42 comments Narrador testigo.

Siempre escuchas historias sobre atracos, los ves en la televisión y en el cine. Es un tema recurrente, sin embargo nunca estás preparada.
Así fue esa tarde de mayo, en la que tuve que ir a hacer una aclaración al banco.

—Por un pelín no llega —. El guardia me dejó pasar.

Una pareja me alcanzo. Al vigilante, no le quedó más remedio que permitirles entrar. En seguida cerró volteando el cartel en el que se leía el horario de atención.

Antonio, en el escritorio, tecleaba en el ordenador, mientas el cliente frente a él, leía un contrato. Lo salude sentándome en una silla a esperar mi turno.

Cinco más cuarto, en la fila, una chica de coleta a la Pebbles, era atendida por la cajera.

Antonio se levantó para llevar una ficha de cobro. Saltando al hombre y la mujer que hacían fila. Se detuvo pensativo, como tratando de recordar algo.
Regreso sobre sus pasos. Le escuche decir —: Claro, eres mi vecino —. Trato de tomar su mano —. El nuevo ¿verdad? No te reco…
Calló al momento de sentir el cañón en su mano. súbitamente, forcejeo con él hombre para quitarle el arma.

La pareja en ese momento cambio su actitud. Vi a la mujer llegar hasta el guardia de dos zancadas y sacar un revolver del bolso para amagarlo. El hombre, tomando por el cuello a Antonio, coloco el ama en sus costillas gritando —. ¡Que nadie se mueva!

Sorpresa y confusión fue lo que se vivió en los siguientes minutos.
La chica junto a la ventanilla comenzó a gritar y llorar, como si la hubieran matado.
Pero en vez de ella, el que recibió la bala fue Antonio. De su boca salió un gemido y cayo a los pies del atacante sobre el charco de sangre que ya se formaba.
Un par de proyectiles más atravesaron el espacio ente el ladrón y la ventanilla, hiriendo a la cajera y haciendo estallar la alarma. La empleada había desaparecido de mi vista, seguramente escondida tras el mostrador.

El ladrón camino amenazando con la pistola a la chica de coleta, que por todo refugio había usado el suelo —. ¿Si te callas? —. El cañón estaba en la sien de la joven. El terror cerro su boca, se quedó quieta, adosada a las losetas del piso.

Entonces nos tocó el turno a los del escritorio. La ladrona ya había precintado las manos y pies del guardia y se dirigía hacia nosotros. Nos encontró con las manos arriba. Me quede observando el orificio negro y amenazante con el que la atacante apuntaba. Rápidamente, ella nos ató.

Ya libre de obstáculos, el malhechor se dirigió hacia la cajera, buscándola del otro lado del mostrador, pero no se veía nada –. Sal de ahí, hija de la… ahora mismo, o te perforo ca…
Nada, al otro lado no se escuchaba nada.

La puerta simulada en la pared estaba abierta. Los ladrones entonces, fueron los que entraron en pánico y decidieron abortar el atraco, guardando las armas, caminaron hacia la calle aparentando normalidad.

En la esquina les esperaban los policías. Ya no había peligro. Al salir pude ver a la chica del banco sobre una camilla, el paramédico cubría su rostro. Aunque no salvo la vida, tuvo suficiente tiempo para salir por la puerta de empleados y pedir ayuda.


Reporte policiaco
A las cinco treinta de la tarde de ayer, se recibió la llamada de emergencia desde el número celular 5566449937. Se reportó un atraco bancario con toma de rehenes en la sucursal 23 del banco ISI, ubicado en magnolias 6 esquina con Avenida Central.

A lugar acudimos tres unidades policiacas. Encontrando a una mujer, caucásica de treinta años de edad que yacía en el piso por herida de bala, auxiliada por el transeúnte que le había proporcionado el celular para pedir ayuda.

La hoy occisa relataba los hechos, cuando sorpresivamente, del lugar salió una pareja que caminó hacia nosotros. La mujer interrumpió su relato señalando a los agresores y perdiendo el conocimiento momentos más tarde.
Los atacantes se rindieron en el acto.

El comandante Ramírez y el suboficial Cuenca entraron para desatar a los agredidos y comunicarles que había pasado el peligro.

Los servicios de emergencia acudieron al lugar, tratando de revivir a la empleada bancaria, infructuosamente.
A las seis treinta de la tarde, partía la ambulancia con los cuerpos de la Señora Guadalupe Castro que realizaba funciones de cajera y el Señor Antonio Villalba, gerente del banco, que trato de impedir el asalto.

En el lugar fueron atendidos los clientes y personal por estrés postraumático.

El relato de los hechos lo proporciono la Señora…, que presencio todo desde una silla, en la que esperaba ser atendida.


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