Remo's Reviews > La Batalla por Stalingrado

La Batalla por Stalingrado by William Craig
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1412589
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Mar 18, 2012

really liked it
bookshelves: militar, historia, 2006
Read in October, 2006

Stalingrado fue, junto a El Alamein, una de las batallas en las que se invirtió el rumbo de la II Guerra Mundial. En ella, los alemanes perdieron a varios de sus mejores ejércitos, además de la iniciativa, que tomaron los soviéticos al empezar a avanzar hacia Berlín.


Napoleón fracasó al invadir Rusia y Hitler cometió los mismos errores, y algunos más. Intentó hacer una campaña relámpago y cuando se quedó atascado se le echó el invierno encima. Después de eso, los rusos sólo tuvieron que contener a los alemanes, mientras estos se iban muriendo de inanición y frío. Además, algunas decisiones de Hitler demostraron ser, una tras otra, absolutamente catastróficas para sus ejércitos.


La campaña comenzó en junio de 1942. Los alemanes rompieron unilateralmente el pacto de no agresión con la URSS y lanzaron un ataque a gran escala para tomar los campos petrolíferos del Cáucaso y privar a los rusos de materia prima para su industria. Los alemanes estaban divididos en dos grupos de Ejércitos, el A y el B. En el grupo de ejércitos B estaban el IV Ejército Panzer y el VI Ejército.


Las primeras fases de la Operación Azul iban cumpliéndose con precisión milimétrica. El VI Ejército, dirigido por el general Von Paulus, que antes había tomado Polonia, era la punta de lanza de la ofensiva alemana. Una tras otra, las ciudades iban cayendo en el camino hacia Moscú, sin que la desperdigada resistencia rusa pudiera hacer nada por evitarlo. Eran barridos del mapa por una fuerza muy superior, o hechos prisioneros, cuando no huían hacia el interior de Rusia.


Stalin no pensaba en principio defender Stalingrado. Pero los informes de sus espías en Alemania le hicieron cambiar de opinión. Llamó al General Yeremenko y le pidió que defendiera la ciudad. Era una misión imposible en aquellos momentos. No había tiempo para fortificar ni tropas suficientes. Yeremenko aceptó el desafío con fatalismo ruso, pero se puso a trabajar duramente. Triunfaría.


Y aquí llegó la primera decisión catastrófica de Hitler. Como el avance era tan rápido, decidió que el grupo de Ejércitos B, que iba hacia Stalingrado (el grupo A iba más al norte), no necesitaba al IV Panzer. Ordenó que el IV Panzer se separara del Grupo B y se uniera al grupo A, al norte. Para hacer esto, tuvieron que cruzar por delante de la línea de avance del VI Ejército, provocando un inmenso atasco de tráfico que tardó 4 días en resolverse. Cuando el IV Panzer se iba, Paulus se dio cuenta de que con ellos se llevaban la mayoría del combustible que debían compartir ambos cuerpos. Fueron necesarias dos semanas más para que el VI Ejército volviera a estar completamente equipado y en orden de marcha. Después de todo el follón, Hitler volvió a ordenar que el IV Panzer se uniera al VI Ejército. Resultado, 20 días que ganó Yeremenko para fortificar Stalingrado y elaborar un plan de defensa.


En la batalla de Orlov, a 30 km de Stalingrado, los alemanes hicieron 57.000 prisioneros y destruyeron al LXII Ejército ruso y la mayor parte del I Ejército de carros. El avance seguía imparable. A partir de entonces, los planes empezarían a no salir bien.


El cerco a Stalingrado debía ser efectuado simultáneamente por tres grupos de combate alemanes. Mientras se desplegaban, se colaron entre sus líneas varios cuerpos de ejércitos soviéticos, que ayudarían en la defensa de la ciudad. Cada palmo de ciudad estaba erizado de defensas y trampas tendidas por los rusos, que estaban decididos a aguantar hasta el final. La NKVD, policía política soviética, “ayudaba” a crear esta resistencia a muerte por el simple método de fusilar a cualquiera que tuviera pinta de no estar en su puesto.


La ciudad estaba sitiada, pero continuaron llegando refuerzos durante toda la campaña desde el otro lado del río Volga. Cruzar el río bajo el bombardeo alemán daba más o menos un 50% de posibilidades de sobrevivir. Aún así, durante casi toda la campaña no faltaron barcazas que cruzaban el Volga de noche llevando tropas y víveres.


Mapa de la ciudad de StalingradoMapa sacado de aquí

Los alemanes entraron en la ciudad y perdieron la potencia de sus Panzer. Entre tanto escombro los carros eran casi inoperantes. Al cabo de una semana consiguieron llegar al centro de la ciudad y se dirigieron hacia el grueso de la resistencia rusa, en las factorías del norte. Allí fueron contenidos por la feroz resistencia rusa.


Fue una batalla casa por casa, sótano por sótano, y esquina por esquina. Ambos bandos tuvieron grandes pérdidas. En medio de la batalla surgió una historia que es el hilo central de la película europea Stalingrado, el enemigo a las puertas (título original de este libro en inglés, por cierto): la batalla de los francotiradores. Vasily Zaitzev era un cazador de ciervos lobos de las estepas rusas los Urales que estaba entre los defensores de la ciudad. Poseía una puntería prodigiosa, forjada a lo largo de muchos años como cazador, pero además era paciente y sabía cuándo disparar para no revelar su posición. A lo largo de la batalla mató a 149 alemanes, la mayoría de ellos altos oficiales. Los alemanes enviaron a Stalingrado al comandante Konings, gran francotirador alemán, para eliminar a Zaitzev. Éste tenía además una novia, también francotiradora, Tania Chernova. Durante días estos hombres lucharon una batalla paralela, que terminó cuando Zaitzev le metió una bala entre los ojos a Konings.


Cuando los alemanes quedaron atascados en la ciudad, que llegaron a dominar en un 95%, Paulus advirtió que era cuestión de tiempo que los rusos lanzaran una ofensiva. Los flancos del ejército B estaban formados por rumanos, italianos y húngaros a un lado y otro. Ambos ejércitos estaban peor preparados y equipados que los alemanes. Paulus, que en junio ya estaba preocupado por este tema, solicitó una retirada táctica para evitar que un ataque por los flancos encerrara a los alemanes. Hitler dijo que no (segunda decisión catastrófica).


Y el ataque ruso llegó. Simultáneamente, desde el norte y el sur, los rusos bombardearon las posiciones rumanas para atacar luego con dos ejércitos de carros T-34. Los rumanos no pudieron hacer nada y fueron barridos. Las dos pinzas de la tenaza comenzaron a acercarse peligrosamente, amenazando con dejar dentro a más de 300.000 alemanes del VI Ejército.


El cerco ruso

Eric Von Manstein, que estaba a unos kilómetros al sur de la ciudad, fuera del cerco, pidió permiso a Hitler para colarse por entre medias de las dos pinzas y aguantar hasta que Paulus saliera del cerco aún imperfecto. Se le denegó (tercera orden catastrófica, repetición de la segunda). Después de eso, viendo la que se les venía encima a los alemanes, Manstein le dijo a Paulus que hiciera caso omiso de las órdenes de Hitler y escapara con todos sus hombres por el cada vez más estrecho hueco, pero Paulus no quiso desobedecer una orden directa de Hitler. El cerco se cerró dos días después.


Una vez encerrados, los alemanes tenían que intentar salir. Paulus solicitó que la salida fuera inmediata. Tenía armas y alimentos para un par de semanas, y quería intentarlo con sus tropas en perfecto estado. Hitler dijo que debía conservar Stalingrado. El VI Ejército de paulus necesitaba 500 toneladas al día de suministros. Herman Goering, jefe de la Luftwaffe, dijo que podía suministrárselas. Paulus le dijo que era imposible, que con el mal tiempo que se avecinaba y las cada vez mayores defensas antiaéres rusas en la zona iba a ser una misión imposible. Hitler creyó a Goering y prohibió la retirada de Paulus, de nuevo, para ordenar que empezaran los suministros aéreos (cuarta orden catastrófica). Los suministros comenzaron siendo de unas 125 toneladas al día, claramente insuficientes, y según fueron pasando los días bajaron a 60 toneladas. Durante las últimas semanas no hubo suministros. Paulus tenía razón, los aviones no podían contra el mal tiempo y la aviación rusa y su ejército empezaba a morirse de hambre. Los rusos empezaron a avanzar y fueron ahora los alemanes los que se fortificaron en Stalingrado para resistir el ataque. Pocas semanas después, los rusos destruían el último aeródromo alemán de la zona. Se habían terminado los suministros. Sin comida ni municiones, con las temperaturas invernales de la estepa rusa, los alemanes estaban condenados al fracaso.


Paulus intentó varias veces romper el cerco, cada vez con menos éxito. Terminó rindiéndose cuando habían disparado el último cartucho. El final de la batalla de Stalingrado es una triste historia de prisioneros, campos de concentración, muertes por inanición y deserciones. Los rusos no se cebaron con los prisioneros alemanes, pero no podían alimentarlos a todos (es posible que tampoco pusieran todo el empeño del mundo en hacerlo). Alemanes, rumanos, húngaros e italianos murieron por millares a causa del hambre, el tifus y el frío. Alemania había perdido su segunda gran batalla tras El Alamein y comenzaba el cambio de tornas de la Guerra.


Las bajas de la batalla de Stalingrado son sobrecogedoras. Hubo 120.000 bajas (entre muertos, heridos y prisioneros) italianas, 130.000 húngaras, 200.000 rumanas, 450.000 alemanas y 750.000 rusas. Una de las batallas más cruentas de la historia.


Hitler, al igual que Napoleón, subestimó la capacidad de sufrimiento de los rusos y sobreestimó la potencia de la Luftwaffe. Y ni siquiera quiso intentar una retirada, condenando a sus tropas. Sin estas decisiones, es posible que el rumbo de la batalla hubiera sido otro. Los rusos aguantaron gracias a la disciplina en combate y a un inmenso caudal de hombres que eran enviados al matadero al principio de la contienda, cuando estaban en clara desventaja de armamento. Pero resistieron, contra todo pronóstico, en el último rincón de la ciudad, deteniendo a los alemanes y permitiendo la operación envolvente. En el monte de Mamayev Kurgan, donde los enfrentamientos fueron más duros, se hallaron más de mil cartuchos por metro cuadrado tras la batalla. Hoy en día hay allí una inmensa estatua de la Madre Rusia conmemorando la batalla. La ciudad de Stalingrado fue rebautizada como Volgogrado en 1961.


Mi nota: Muy bueno.

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