Álvaro Arbonés's Reviews > El tenis como experiencia religiosa / On Tennis

El tenis como experiencia religiosa / On Tennis by David Foster Wallace
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David Foster Wallace es uno de los grandes autores de nuestro tiempo. Eso es indiscutible. Pero no deja de resultar desconcertante que siempre se destaque su obra larga sobre su más contenida obra breve. Desconcertante porque la novela, el género sin límites por excelencia, le da demasiado libertad a su alambicada prosa y su pasión por el detalle obsesivo. Cuando escribe relatos o artículos, cuando debe mantener el control incluso de la extensión de sus notas al pie de página —siempre entre la erudición, el comentario humorístico y el puro destello de genialidad—, es cuando brilla con luz propia. Porque su genialidad radica en la contención. En hacer que cada palabra, cada coma, cada maldito pequeño espacio de más que los editores quieren sabotearle por el bien de sus revistas, sea como el corte exacto de un cirujano en la cima de sus habilidades.

El tenis como experiencia religiosa no deja de ser eso. Wallace observando y haciendo que todo encaja como un puzzle perfecto en el cual hay sólo dos cuestiones principales: cómo el tenis es una suerte de liturgia y cómo, aunque los tradicionalistas crean lo contrario, la esencia del tenis radica en combar los límites de lo posible.

El primero de los aspectos es obvio. Cada vez que habla de los puestos de comida, la diferente separación de las gradas, la ropa que llevan jugadores o asistentes y como toda la ciudad, generalmente despreocupada de los eventos deportivos, se convierte en meca del tenis, lo hace no con el fervor del converso, sino con el interés del antropólogo describiendo con minuciosidad el comportamiento de alguna clase de tribu. De ahí la emanación litúrgica de los acontecimientos. Wallace describe el acontecimiento en sí, todo lo que rodea a los partidos, como una especie de celebración orgiástica donde existen leyes inviolables, prácticamente divinas, que es necesario comprender, aceptar y transigir para entrar en ese reino de los cielos que es la propia liturgia.

De ahí que el segundo aspecto no deje de ser una extensión del primero. En cómo centra su mirada en Roger Federer, en su capacidad para hacer lo imposible y redefinir lo que es el tenis, se da la conceptualización última de esa religiosidad de lo tenístico: se adoran figuras imposibles, capaces de violar las leyes de la física con una facilidad que parece divina.

No se esfuerzan (en apariencia). Apenas sudan (en apariencia). Aguantan horas corriendo, golpeando y alcanzando bolas dirigiéndose de un extremo al otro de la cancha a velocidades más allá de lo humanamente concebible (en apariencia y de facto: fuera de una cancha de tenis es imposible ver un objeto tan pequeño moviéndose con tanta precisión a una velocidad tan absurda). Son héroes, o dioses.

Y en tanto, Wallace escribe con la misma soltura. Hace parecer que sus frases largas, intrincadas, repletas de términos poco usuales y con incisos y muchos desvíos —generalmente en forma de notas al pie, pero no siempre, dado su exquisito gusto para la yuxtaposición y la subordinada precisa—, son gestos tan naturales como los de esos tenistas que, con cada revés o cada medio paso, consiguen hacer parecer que no han hecho nada excepcional, que podría hacerlo cualquiera, hasta que comprobamos que sus cálculos implican hacer tiros de precisión que implican un margen de error de micras.

Porque igual que Federer ve la pelota como si fuera un enorme balón de baloncesto moviéndose muy despacio, Wallace ve las palabras como pequeños destellos emanando de todo aquello cuanto le rodea.

Esa es la única razón por la que nadie ha escrito sobre tenis como Wallace. Porque para escribir sobre una experiencia religiosa hace falta o bien hablar con los términos crípticos de la experiencia misma —transmitiéndola en el propio acto de la palabra; prosetilizando, no retratándola— o bien hacerlo con los términos de esa literatura delicada y certera que parece tocada por los dioses.

A fin de cuentas, leer a David Foster Wallace es, por sí mismo, asistir ante la literatura desplegándose como una experiencia religiosa.
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Started Reading
August 13, 2017 – Finished Reading
August 16, 2017 – Shelved

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