Álvaro Arbonés's Reviews > Cumbres borrascosas

Cumbres borrascosas by Emily Brontë
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Hay quien defiende que la literatura debe tener una labor moral. Que debe educar en valores positivos a quien la lee. Pero a diferencia de lo que creen esos curas de púlpito, libro u hoz y martillo, la literatura sólo tiene obligaciones estéticas. Su finalidad, aquello que transmite, debe quedar sólo entre el libro y el lector. Y si se tercia, que no siempre, con el autor mediando.

Cumbres borrascosas es un libro sobre el amor. Específicamente, sobre cómo el amor lo puede todo.

Eso no significa que sea una novela romántica. Que, tras muchos desmanes, los enamorados acaban juntos, comiendo perdices, y haciéndonos vomitar azúcar para quienes somos de estómago sensible. Ni mucho menos. Emily Brontë se cuida de que sea lo contrario. Porque en Cumbres borrascosas se suceden las traiciones, los malos tratos, la violencia y el terror, en ocasiones en su formato gótico estándar —pues, si bien ninguna aparición fantasmal puede ser confirmada, se suceden con una ligereza y una bonhomía que resulta enternecedor—, con la saludable intención de que ese amor, esa pasión arrolladora y frenética que puede incluso con la muerte, no quede subrayada en cada acto.

Incluso si la pequeña de las Brontë se cuida también de que sea evidente.

No por nada, la encantadora Nelly Dean lo dice literalmente. Que sólo unos pocos encuentran un verdadero amor apasionado a lo largo de sus vidas. Y los pocos que lo encuentran, son los que mueven el motor del conflicto entre los Linton y los Earnshaw. Es cierto que Heathcliff le lleva toda una vida (literalmente) estar con Catherine Earnshaw y que a Catherine Linton sólo le lleva unos meses de dolores de cabeza darse cuenta del potencial de Hareton Earnshaw, pero ahí radica la esencia, y el auténtico genio, de Cumbres borrascosas: todos aquellos que encuentran el amor, un amor tan profundo y grande como para arrastrarles a la locura y la muerte, encuentran la felicidad en él. Incluso si es una felicidad estéril, cruel y asesina.

Porque para Charlotte Brontë no hay juicio que valga. No dice que el amor tenga que ser constructivo. Más al contrario, nos muestra como el amor, en todo su poder, siempre se abre paso más allá de cualquier convención o pensamiento: los amantes siempre acabaran estando juntos porque, más allá de ética, moral o religión, el amor es una forma de locura tan intensa que puede llevar al extremo la personalidad de cualquier persona.

Sea para bien o para mal.

De ahí que tengamos dos parejas. Abrimos con Heathcliff y Catherine (Earnshaw), dos seres malvados, prácticamente desprovistos de alma, que provocarán décadas de sufrimiento a las dos familias; cerramos con Catherine (Linton) y Hareton, dos seres bondadosos, aunque arrojados en las trágicas circunstancias a las que les condujeron los amores imposibles de sus familias, que, con su amor, cierran todas las heridas que provoco otro amor.

Esa es su genialidad. Todo empieza, acaba y órbita alrededor del amor. Es por la fuerza del amor, por la locura de los amantes, que ocurren las virtudes, las desgracias y todo lo que queda entre medio.

Y todo ello lo hace con fuerza. Con pasión. Con el ritmo demencial de los enamorados, que no pueden aguantar ni un segundo a la vista del otro, atropellando todo lo que haya por el camino. Porque, sí, la prosa de Brontë es rápida y furiosa, pero también precisa y preciosista, llena de humor y estremecimiento, llevándonos de un extremo al otro, en bandazos, no dejándonos respirar nunca, siempre llevándonos al extremo, siempre haciéndonos suplicar más.

Pero nunca juzga. Nunca dice que el amor sea algo bueno o no, ni siquiera si es deseable o algo a evitar. Sólo reúne hechos: que lo que el amor da, el amor quita, y que quien desee orden y paz, que se cuide del amor, que es, en sí, una fuerza del caos, capaz del bien y del mal, dependiendo del corazón que posea.

¿Y no es eso más valioso, genial y brillante que cualquier enseñanza moral?

Que se queden los curas a izquierda y derecha con sus principios. Esos inamovibles dogmas de lo que está bien y lo que está mal. El anárquico corazón del enamorado sabe lo que desea: a su amada. Y en la literatura, eso es lo único que cabe. La pasión. No el juicio. Sólo la exposición, encendida y analítica, fría y apasionada, de todo lo que desea explorar quien escribe.
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June 2, 2017 – Finished Reading
June 4, 2017 – Shelved

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message 1: by d (new) - rated it 5 stars

d Excelente review, Álvaro. Si tenés tiempo te recomiendo que leas lo que Lovecraft escribió sobre esta novela (Supernatural horror in literature, ensayo corto: http://www.yankeeclassic.com/miskaton... ... último párrafo) y lo que Bataille escribió al respecto de Brontë en La literatura y el mal. Es interesante armarse de otros puntos de vista para pensarla. Tanto Lovecraft como Bataille fueron grandes lectores, muy puntillosos.


message 2: by Álvaro (new) - added it

Álvaro Arbonés He leído ambos, los he reléido para la ocasión y, bueno, hay cosas que nunca cambian.

Creo que Lovecraft ve lo que le interesa, esté ahí o no —porque su lectura es una posible, sí, pero sólo si pasamos por alto que lo que dice es una pequeñísima, y no particularmente significativa, parte del todo—, ignorando todo lo demás, y por eso siempre fue un ensayista mediocre. Siendo amables. A fin de cuentas, no puedes interpretar toda una obra sólo cogiendo el fragmento que mejor te viene.

Por su parte, Bataille, brillante. Como siempre. Y estoy de acuerdo con él. Pero por eso mismo, no creo que sea otro punto de vista: a él le interesa resaltar la condición inherente del éxtasis y el mal, yo prefiero resaltar la condición impuesta de la repetición y el amor; ambas cosas llevan al otro lado y a la misma conclusión. A la expiación de los personajes.

Pero ha sido interesantes releerlos con la perspectiva más cercana de la obra. Sobre todo a Bataille. Ya lo tenía en altísima estima antes, pero ahora sólo se ha reforzado al recordar lo increíblemente buen lector que era.


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