Álvaro Arbonés's Reviews > Libros de Sangre [Volúmenes I, II y III]

Libros de Sangre [Volúmenes I, II y III] by Clive Barker
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El sentido último de la literatura es sacudirnos de nuestro asiento. Hacernos estremecer. Aquellos libros que no son capaces de removernos algo por dentro, ya sea para colocarlo en su sitio o para llevarlo más allá de donde creíamos que estaba su lugar natural, hubieran estado mejor sin ser escritos; si un libro está exento de pasión, de aquello que nos hace humanos, su mera existencia resulta ofensiva para la verdadera literatura. Para el verdadero oficio de contar historias. Todo libro debe ser un libro de sangre, porque debemos ver al autor sangrando de camino al infierno mientras, con un poco de suerte, logra agarrarnos del cuello y arrastrarnos con él en su íntimo viaje hacia lo más profundo de aquello que compartimos.

Clive Barker es de esos escritores privilegiados capaces de escarbar la carne a través de la palabra. De ponernos en situaciones incómodas en las cuales deseamos estar.

Cuando abrimos Libros de sangre, cuando pasamos por alto los inanes prólogos que lo acompañan —o si excluimos todos, salvo el de Barker, por infames—, lo primero que nos encontramos es una violenta sucesión de asaltos contra nuestras expectativas. Aquí no hay terror. No en el sentido de convencionalismos victorianos arrastrados como cadáveres purulentos a través de una prosa efectista, vagamente literaria, con la cual generar un miedo más cerca de la inquietud grotesca de la historia rebuscada de campamentos de verano que del auténtico revulsivo literario. No. Aquí hay literatura. Ni fondo ni forma responden ante el género: lo primordial en cada uno de los relatos es encontrar ese punto exacto donde terror y literatura se encuentran en un mismo lugar. Donde aquello que nos hace estremecer lo hace encamándose con la sutil complejidad de una historia bien contada.

Eso no implica que siempre lo consiga. O que parezca conseguirlo. Cayendo en el lugar común más abominable de la crítica de libros de relatos, resaltar su «irregularidad» —como si la regularidad fuera deseable, como si la maestría en la narrativa no viniera de saber jugar con los picos de intensidad del relato, o de la sucesión de estos—, algunos de sus relatos brillan con más intensidad que otros. Y entre ellos destacan aquellos que implican alguna clase de deconstrucción. Cuando Barker toma las riendas del hardboiled, el cuento gótico o lo lovecraftniano es para darles la vuelta, para mostrarnos su piel bajo el horror natural con el que se nos ha mostrado hasta el momento, descubriéndonos un nuevo rostro de algo familiar. Como una visión deformada, a veces cómica, a veces terrorífica, de una serie de patrones que, de tan trillados que están, sólo podemos reconocerlos con interés si se retuercen hasta su límite.

Que ese ejercicio de deconstrucción sea lo que más destaca no implica que en él residan sus mejores historias. Implica que son las más llamativas. Resultan familiares, porque sabemos qué ocurrirá —mientras esperamos, pacientemente, para ver cómo violará esa misma creencia—, pero donde demuestra todo su potencial es cuando deconstruye el terror. Cuando no sólo viola nuestras expectativas, sino que las hace saltar por los aires.

Sólo cuando retuerce cada aspecto posible del relato es cuando realmente consigue maravillarnos. Cuando prescinde de toda parodia u homenaje, cuando sólo parte de una idea estrangulándola hasta generar su propia visión maximalista de las cosas, es cuando consigue estremecernos más allá de toda lógica. En ocasiones, hasta la extenuación. Relatos como En las colinas, las ciudades o Las pieles de los padres están tan fuera de cualquier convención o expectativa que, cualquier pretensión de aprehenderlos en primera instancia, resulta ridícula. Son historias tan bellas como extenuantes. Nos exigen proyectarnos dentro de ellas, seguirlas de la mano, aceptando que no estamos captando ni una décima parte de lo que ocurre; toda la plasticidad de su lenguaje, lo contundente de sus sucesos, se van sucediendo en rápidas descargas de imágenes que se van apilando en un todo largo e inconexo que sólo asume su totalidad, su forma final, en nuestra cabeza. Nunca se dan explicaciones concretas. Sólo se nos da la información suficiente para comprender lo ocurrido y, con ello, deconstruir nosotros mismos los últimos retazos de cordura que queda colgando entre el hueso raído de sus relatos.

Eso explica por qué puede resultar agotador leer esta recopilación. No es literatura ligera, no es literatura de evasión, no es ningún eufemismo para decir «algo diferente a la literatura». Es literatura. Y la literatura necesita su propio espacio, su propio tempo, que va más allá del mero consumo: necesita anidar en nuestra mente, poner huevos y devorarnos desde dentro.

Los libros de sangre no es un libro para leer de una sentada. Ni siquiera a pequeños sorbos. Podemos embriagarnos de él, o beber de forma regular, pero siempre debemos volver a él; leerlo no es leerlo, es releerlo, porque ahí es donde encontramos su verdadero espacio sacrificial. Cuando volvemos, cuando apreciamos cómo se engarzan aspectos en apariencia distantes, es cuando estamos leyendo realmente estos tres libros. No podemos entender su genialidad hasta que no volvemos a ellos, hasta que no aceptamos su acto de crueldad último: ceder parte de nosotros, de nuestra carne y de nuestra sangre, para entender lo que hay escrito en él. No sólo leer y olvidar, sino leer y asimilar.

Eso es la literatura. No un entretenimiento vacuo, sino algo incómodo, potencialmente criminal y malvado, que nos sacude y transforma. No hay nada de inocente en ella. Es el parásito que anida en nosotros y nos convierte en otra cosa, nos abre a la posibilidad de la transformación definitiva en otra cosa.

¿En qué puede convertirnos el que quizás sea el único libro de verdadero terror del siglo XX? Quién sabe. Quién querría saberlo. Eso debería descubrirlo cada uno en su propia carne, con la impresión en su piel tras años de sangre, relectura y sufrimiento.
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Reading Progress

July 26, 2016 – Started Reading
July 26, 2016 – Shelved
September 16, 2016 – Finished Reading

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