Cami

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Se sentó frente a mí, con la mano aún en mi pelo, pero esta vez acariciando mis sienes. Yo lo hice también. También acaricié su pelo. Me pregunté qué pareceríamos a ojos de todos aquellos otros huéspedes. Me pregunté qué vería Margot en mí cuando me miraba. Me pregunté si ella se habría dado cuenta de que desde que la había conocido me daba miedo separarme demasiado de ella. —Menudos dos tontos —susurró. Creo que sí. Creo que lo sabía.
Un cuento perfecto
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