Cami

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a mí me parecía mucho más destacable que sus hermanas, por ejemplo. Con esa apariencia tan desvalida y esa fuerza interior. Era como una de esas galletas que, al morderlas, dejan deslizarse sobre tu lengua un relleno que no esperabas. En serio, nunca dos ojos castaños, redondos, grandes, dijeron tanto. Se desnudaba al pestañear, pero probablemente ella no lo sabía y yo no quería desvelar el secreto.
Un cuento perfecto
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