Pero como si la población comprendiera que no podían hablar solo para Julia, para su Julia, empezaron a entonar aquel cántico constante, aquellos vítores que lanzaban al aire, también en griego. Querían hacerse entender. —Ahora parece que lo dicen de otra forma —continuó Leto. Severo aguzó el oído. Leto era un gran militar, pero su conocimiento de griego era susceptible de mejora. Empezó a identificar con claridad lo que el gentío gritaba una y otra vez. —ἉιτῆςἸουλίαςλεγεῶνες!ἉιτῆςἸουλίαςλεγεῶνες! Septimio Severo no tradujo nada. Ya tenía él bastante con digerir lo que allí estaba
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