Todo este ridículo —dijo Sulpiciano interrumpiendo las reflexiones de Dion— por culpa de un senador corrupto y un grupo de gobernadores con ambición sin fin. ¿Habrá algún día en que esto no sea así? —Cuando cambie la naturaleza humana, amigo mío —respondió Dion—. Si es que cambia alguna vez. Si no, te garantizo que en dos mil años, todo seguirá igual.
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