Rodrigo

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Era su única salida: huir abandonando el campo de batalla. Y lo hicieron bien, sin complejos ni mala conciencia. Habían tenido el mejor de los maestros posibles en semejantes lides: su emperador, el propio Pescenio Nigro, les había enseñado cómo hacerlo en la batalla de Issus. Ahora, sus jinetes, como buenos alumnos, se aplicaban en la disciplina que les había inoculado su señor: la cobardía.
Yo, Julia (Julia Domna, #1)
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