Llevas demasiado tiempo tentando a la suerte. - le dice el miedo a Belmonte en uno de sus imaginados diálogos consigo mismo. ''El organismo, estimulado por el miedo, trabaja a marchas forzadas, y es indudable que se digiere en menos tiempo, y se tiene más imaginación, y el riñón segrega más ácido úrico, y hasta los poros de la piel se dilatan y se suda más copiosamente. Es el miedo. No hay que darle más vueltas. Es el miedo. Yo lo conozco bien. Es un íntimo amigo mío''.
Esta obra es fruto de una oportuna colaboración entre Manuel Chaves Nogales (periodista y escritor cuyo nombre no tenía el gusto de conocer) y Juan Belmonte, el gran matador y fundador del ''toreo moderno''. Pero en la época en la que se publicó, por entregas y a lo largo de un verano - el del treinta y cinco, triste preludio a la Guerra Civil -, el nombre de Belmonte era de sobra conocido por todo el territorio español. Belmonte era entonces el rey de los toreros vivos, el lidiador de aspecto feo y trágico, con esa pose ''a la funerala'', que lenta y ceremoniosamente miraba de frente a la muerte y se acercaba al toro como nadie. Es natural pensar que el público de entonces quisiese leer anécdotas sobre su vida, pero de ser éste tan solo un libro de esa ralea, no me habría gustado tanto ni estaría yo ahora escribiendo estas líneas. Desde luego, Chaves Nogales sabía escribir, y ésto incluye tener claro qué contar y sobre todo contarlo con veracidad. Y si algo no falta en esta biografía-autobiografía (los límites no están claros) es veracidad.
''Se torea como se es''.
Belmonte se muestra sin vergüenza como un ser humano lleno de esquinas y de sombras, con sus miserias y sus miedos; y hay que saber que este matador era famoso por su atrevimiento sin igual, que algunos consideraban casi suicida. No era tampoco un Joselito - su eterno rival -, de familia de toreros, ni comenzó gozando del rápido favor de ningún señorito andaluz; surgido de la pobreza, desde su Triana natal, apasionado lector de novelas y folletines, Juan Belmonte gustaba de ver su propia vida como una novela trágica. Conoció la amargura y la desesperanza, fue un don nadie y se convirtió en un ídolo de masas; pasó de verse tratado como un torerillo harapiento a un ''don'' con cortijo y ganadería propia. Aprendió a torear jugándose el pellejo en los campos con sus amigotes, los ''toreritos anarquistas'', con nocturnidad y alevosía, y a riesgo de recibir algo más que una cornada. No soñaba Juanillo en aquel entonces que iba a conseguir convertirse en torero profesional, y mucho menos en uno de los más grandes. Su afición a la lectura y su inmersión en los círculos culturales del momento le llevaron a ser íntimo amigo de Valle-Inclán y otros tantos intelectuales, entre los que se sentía a gusto. ''No te falta más que morir en la arena'' - le decía el maestro del esperpento, gran admirador del torero. Y sí, tuvo mucho dinero, amor, un cortijo y todo lo que cualquier andaluz desarrapado podía soñar. Gozó, pero también sufrió la celebridad, que le acompañaba allá por donde pasaba, imponiéndosele a la fuerza y negando en ocasiones su propia personalidad. Sufrió el volátil juicio del público, al que se debía con impotencia, y tan pronto lo ensalzaba como podían hundirle. Cuando, cansado, abandonaba el toreo, algo le impedía retirarse y, como personaje trágico que era, volvía a la arena una y otra vez. Y después...
El libro no cubre lo que pasó después, pero Chaves Nogales tuvo que exiliarse en Inglaterra y Belmonte vivió como pudo durante veinte años más, hasta que se encontró con su amiga la muerte. Había salido a torear en solitario, como tantas veces en el pasado, y tras volver vivo a casa, sin haberse podido matar en lidia, se descerrejó él mismo un tiro en la sien, sobre una vieja cicatriz de cornada. Nadie sabe porqué lo hizo, aunque el libro, aún publicado mucho antes, ya nos da alguna posible respuesta.
En fin, independientemente de la temática taurina y del personaje público, toda vida es digna de leerse si se consigue plasmar con algo de honestidad, y creo que esta es la razón del porqué aún sigue vendiéndose en las librerías. Éste es un libro muy recomendable en calidad de biografía y auto-biografía, pues se mezcla la voz del torero con la de su panegirista. El estilo se pinta con más o menos florituras dependiendo del capítulo. Sobre todo durante la primera mitad, donde escuchamos más al propio Nogales en discurso narrativo-descriptivo y vemos acertados guiños a algunos personajes de la literatura y la cultura españolas. Hacia la mitad en adelante, el estilo es más directo y apenas vuelve a usarse la tercera persona; Nogales hace hablar directamente al maestro Belmonte. En toda esta parte central, quizás sobre alguna anécdota de viajes u otras menudencias, que no es que estén mal - pues este libro es una buena mezcla de seriedad con humor -, pero provocan que no todos los pasajes tengan el mismo interés. Esto es muy personal. Y ya que estoy pedigüeño, decir que he echado de menos más espacio para la técnica taurina, aunque se agradecen las reflexiones del maestro acerca del futuro de los toros y otros detalles*. En todo caso, esto es consecuencia de su original narración, a caballo entre biografía y autobiografía, como ya he dicho. Además, se nota su formato original por entregas.
* Belmonte consideraba que el toreo estaba, ya en su época, en franca decadencia, y que debía renacer de sus cenizas para volver a ser lo que fue, un juego peligroso con la muerte y duelo de bravura entre la fuerza bruta de un animal y la destreza de un hombre.