Cuando leí La ciudad y los perros, sentí que estaba entrando a un mundo duro, tenso y lleno de conflictos, muy distinto a lo que imaginaba sobre un colegio militar. La novela de Mario Vargas Llosa muestra la vida de un grupo de cadetes en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde la disciplina extrema, la violencia y la competencia se vuelven parte de la rutina diaria.
A lo largo del libro pude ver cómo cada personaje enfrenta este ambiente hostil a su manera. Por ejemplo, el “Esclavo” me transmitió mucha vulnerabilidad, mientras que el “Jaguar” representa toda la agresividad y el deseo de poder dentro del colegio. También me impactó cómo Alberto, el Poeta, va cambiando a medida que descubre verdades que lo obligan a cuestionar todo lo que creía.
Lo que más me llamó la atención es la crítica social que aparece detrás de toda la historia. El colegio funciona casi como una mini-sociedad donde se revelan problemas como la corrupción, el abuso de autoridad y la pérdida de la inocencia. Además, la forma fragmentada en que está narrada la novela me hizo sentir que iba armando el rompecabezas poco a poco, entendiendo cada perspectiva y cada conflicto.
En general, La ciudad y los perros me pareció una obra intensa, realista y muy reveladora. No solo muestra la vida dentro de un colegio militar, sino también cómo las personas pueden cambiar según el entorno en el que viven. Es una novela que te sacude y te deja pensando en lo que significa realmente crecer en un lugar donde la violencia parece ser la única forma de sobrevivir.