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Gran Sol
La gran novela del mar de la literatura española contemporánea.
Galardonada con el Premio de la Crítica. Desde niño, Ignacio Aldecoa nunca dejó de soñar con el mar. Para él representaba la libertad, y ésta, en sus propias palabras, era «tener un lugar en el sol», porque la libertad es el estado natural del escritor. En alta mar, las fuerzas naturales se oponen a los hombres con extrema crudeza. Esa realidad aparece retratada en esta novela ya clásica de nuestra literatura, a veces triste y siempre auténtica, en la que se dignifica la miseria de un oficio duro y peligroso. Aldecoa escribió Gran Sol después de compartir la intensa experiencia de la pesca de altura con los marineros del Cantábrico. Testigo del sacrificio y la pobreza, consigue acercar al lector con singular talento su día a día, sus conflictos laborales, sus dificultades y sus conversaciones cotidianas, sin perder nunca de vista la constante amenaza de la fatalidad. El íntimo vínculo entre los pescadores y la naturaleza queda al descubierto por medio de un lenguaje luminoso y colorista de una maestría indiscutible. La crítica ha dicho: «Una novela fabulosa que me impresionó y se me quedó en la memoria.»
Antonio Lucas «El mar, que tanto tiene que ver con la libertad, estará siempre presente en su literatura. [...] Siempre el mar. Mar del peligro, mar del trabajo, mar contemplado desde la cubierta de un barco o desde la melancolía de la costa.»
Josefina R. Aldecoa «Vivió sin afianzarse nunca del todo sobre la realidad, aunque no por eso negándose a explorarla y a entender, como pocos, lo insoportable que era. La conoció pactando con ella a ratos, y a ratos huyéndola para pedir albergue en la morada de la fantasía [...]. Allí dentro nos espera siempre una historia que redime del tedio de vivir.»
Carmen Martín Gaite «Tiene la verdad, la emoción, la ternura y la complejidad de lo que sólo desde la gran literatura puede verse y recordarse.»
Luis Mateo Díez «Es su palabra de artista la que impulsa un ambiente objetivamente mísero a un plano extraordinario y la que eleva a su autor entre los de su generación.»
Manuel Longares «Una literatura llena de fuerza poética y social [...] que alcanza peculiares resonancias simbólicas.»
José María Merino «Abunda el relato de cuidados pasajes, de palabras medidas, de frases bellísimas, plenamente logradas [...]. Gran Sol quizá sea la mejor novela de Aldecoa.»
Jorge Cela Trulock «Visto como fuerza adversa y primaria, este mar grandioso no admite dominio y, más que cualquier otro elemento natural, recuerda en cada momento la inestabilidad ―real y metafórica― de la condición humana. En la furia de la tempestad o en la monotonía de la bonanza, a bordo de los dos barcos pesqueros en que se desarrolla la novela no hay herida del cuerpo que no sea también una enfermedad del alma.»
Elide Pittarello
Galardonada con el Premio de la Crítica. Desde niño, Ignacio Aldecoa nunca dejó de soñar con el mar. Para él representaba la libertad, y ésta, en sus propias palabras, era «tener un lugar en el sol», porque la libertad es el estado natural del escritor. En alta mar, las fuerzas naturales se oponen a los hombres con extrema crudeza. Esa realidad aparece retratada en esta novela ya clásica de nuestra literatura, a veces triste y siempre auténtica, en la que se dignifica la miseria de un oficio duro y peligroso. Aldecoa escribió Gran Sol después de compartir la intensa experiencia de la pesca de altura con los marineros del Cantábrico. Testigo del sacrificio y la pobreza, consigue acercar al lector con singular talento su día a día, sus conflictos laborales, sus dificultades y sus conversaciones cotidianas, sin perder nunca de vista la constante amenaza de la fatalidad. El íntimo vínculo entre los pescadores y la naturaleza queda al descubierto por medio de un lenguaje luminoso y colorista de una maestría indiscutible. La crítica ha dicho: «Una novela fabulosa que me impresionó y se me quedó en la memoria.»
Antonio Lucas «El mar, que tanto tiene que ver con la libertad, estará siempre presente en su literatura. [...] Siempre el mar. Mar del peligro, mar del trabajo, mar contemplado desde la cubierta de un barco o desde la melancolía de la costa.»
Josefina R. Aldecoa «Vivió sin afianzarse nunca del todo sobre la realidad, aunque no por eso negándose a explorarla y a entender, como pocos, lo insoportable que era. La conoció pactando con ella a ratos, y a ratos huyéndola para pedir albergue en la morada de la fantasía [...]. Allí dentro nos espera siempre una historia que redime del tedio de vivir.»
Carmen Martín Gaite «Tiene la verdad, la emoción, la ternura y la complejidad de lo que sólo desde la gran literatura puede verse y recordarse.»
Luis Mateo Díez «Es su palabra de artista la que impulsa un ambiente objetivamente mísero a un plano extraordinario y la que eleva a su autor entre los de su generación.»
Manuel Longares «Una literatura llena de fuerza poética y social [...] que alcanza peculiares resonancias simbólicas.»
José María Merino «Abunda el relato de cuidados pasajes, de palabras medidas, de frases bellísimas, plenamente logradas [...]. Gran Sol quizá sea la mejor novela de Aldecoa.»
Jorge Cela Trulock «Visto como fuerza adversa y primaria, este mar grandioso no admite dominio y, más que cualquier otro elemento natural, recuerda en cada momento la inestabilidad ―real y metafórica― de la condición humana. En la furia de la tempestad o en la monotonía de la bonanza, a bordo de los dos barcos pesqueros en que se desarrolla la novela no hay herida del cuerpo que no sea también una enfermedad del alma.»
Elide Pittarello
304 pages, Paperback
First published January 1, 1957
About the author
Ignacio Aldecoa
53 books23 followersNació en el seno de una familia vitoriana de la burguesía el 24 de julio de 1925. Estudió bachillerato en el colegio Santa María (Marianistas) de Vitoria-Gasteiz, donde demostró con frecuencia su rebeldía, como describe en el cuento "Aldecoa se burla". En 1942 marchó a estudiar Filosofía y Letras a la Universidad de Salamanca, donde destacó por su falta de aplicación, sus frecuentes ausencias y su vida de tuno; aprobó sin embargo las comunes y prosiguió sus estudios en 1945 en Madrid, donde se instaló en una pensión barata cerca del Café Gijón. Allí conoció a Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, José María de Quinto y Alfonso Sastre, entre otros, y a la pedagoga y escritora Josefina Rodríguez, hoy conocida como Josefina Aldecoa, con la que se casaría en 1952. Este grupo procuraba colar sus producciones antigubernamentales en las publicaciones del SEU, sindicato vertical entonces de afiliación obligatoria; los primeros cuentos de Aldecoa aparecieron en revistas como La Hora, Juventud, Haz y Alcalá. Sus contemporáneos han destacado la vitalidad como el rasgo más sobresaliente de su carácter, una vitalidad que escondía algunas tendencias autodestructivas. Sus primeros libros fueron de poesía: Todavía la vida, en 1947, y Libro de las algas, en 1949. Obtuvo el premio de la revista Juventud por el cuento "Seguir de pobres" en 1953. Su primera novela, titulada El fulgor y la sangre, se publicó en 1954 y fue finalista del Premio Planeta. Hacia 1955 frecuentaba las tertulias de estudiantes rebeldes al régimen franquista y se implicó en la creación de la Revista Española, impulsada por Antonio Rodríguez Moñino, quien había sido expulsado de su cátedra por sus simpatías republicanas y había hallado refugio en la Editorial Castalia, que editaba la revista. En su consejo de redacción estaban con él casi todos los escritores importantes de la Generación del medio siglo, habituales de la tertulia del Café Lyon que organizaban allí Rodríguez Moñino, Sastre y Ferlosio, entre otros. Accedieron allí a la estética literaria del neorrealismo de Zavattini y al nuevo periodismo de Truman Capote, así como a la narrativa de Hemingway, John Dos Passos y Baroja, fuera del nouveau roman, y cauce apropiado para la expresión de sus rebeldías existenciales y sociales. Murió prematuramente en 1969, víctima de una úlcera sangrante que no se preocupaba en cuidar.
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Displaying 1 - 30 of 31 reviews
August 18, 2023
Un 3,5 es la nota.
Te deja poso la novela, se saborea mejor tras leerla.
Es una alabanza a esa profesión tan humilde, masculina y honrada como es la de marinero. Lo complejo de la convivencia prolongada en alta mar sin familia ni lazos, el compañerismo y la fraternidad de los paisanos y marinos, el miedo por momentos, la vida en el barco, en el puerto, en la taberna. Buena novela.
Leí que Ignacio Aldecoa pasó de ser un escritor existencialista a ser un escritor que plasmaba la realidad social en sus obras: niego la mayor. En Gran Sol, esa derrota y melancolía vital se percibe durante toda la la novela, combina muy bien.
Aprendí tambien un montón de términos marineros (no hay glosario y tienes que investigar y googlear por tu cuenta): cuarto de derrota, caila, pasadera, cabillas de rueda, hacer capa....etc. Entretenido.
Te deja poso la novela, se saborea mejor tras leerla.
Es una alabanza a esa profesión tan humilde, masculina y honrada como es la de marinero. Lo complejo de la convivencia prolongada en alta mar sin familia ni lazos, el compañerismo y la fraternidad de los paisanos y marinos, el miedo por momentos, la vida en el barco, en el puerto, en la taberna. Buena novela.
Leí que Ignacio Aldecoa pasó de ser un escritor existencialista a ser un escritor que plasmaba la realidad social en sus obras: niego la mayor. En Gran Sol, esa derrota y melancolía vital se percibe durante toda la la novela, combina muy bien.
Aprendí tambien un montón de términos marineros (no hay glosario y tienes que investigar y googlear por tu cuenta): cuarto de derrota, caila, pasadera, cabillas de rueda, hacer capa....etc. Entretenido.
January 8, 2022
1001 Libros que hay que leer antes de morir: N.º 154 de 1001
Suena a perogrullada, porque lo es, pero la vida del pescador en alta mar es una vida muy jodida. Un trabajo duro, ingrato, mal remunerado, peligroso como pocos, un despiste y un aparejo puede rebanarte la cabeza con más facilidad que la que un pescadero necesita para decapitar una lubina, un resbalón y te precipitas al agua, y como la mar este picada ningún compañero podrá socorrerte, quizá ninguno note tu ausencia durante la vorágine y te eche en falta una vez la quietud quede restaurada. La vida del pescador, como digo, es una enorme putada y, aún así, tiene un componente romántico o fatalista que hace que el habitante de secano la admire, e incluso la desee de forma inconsciente, un atavismo anfibio suprimido durante la evolución que nos viene del paleozoico, y que el marinero, hastiado y cansado de batallar con redes y aparejos, con un olor a mar y lonja del que ya no se puede desprender, no pueda despreciar del todo. Todas estas sensaciones están perfectamente plasmadas en esta novela de Aldecoa, una estampa costumbrista en la que se relatan las vidas de una tripulación de un pesquero en las traicioneras aguas del Mar del Norte.
La trama, apenas un armazón, es la propia salida a la mar para ganarse el jornal. No hay más, tampoco lo necesita. Quién espere encontrar una historia trepidante y marinera, una novela de aventuras o un capitulo de Pesca radical, se va a llevar una terrible decepción; estoy seguro que ni siquiera avanzara de las 20 primeras páginas. Tampoco le culpo, pues Aldecoa no lo pone nada fácil. En efecto, el lenguaje de Aldecoa es complicado, no porque este festoneado profusamente con esa nomenclatura náutica tan característica del género, pues ya no nos encontramos en un velero, cuya anatomía esta escrupulosamente identificada y tipificada, sino en un barco de motor, un pesquero como los de los anuncios de Capitán Pescanova pero sin una pizca de glamour. No, si digo que el lenguaje de Aldecoa es difícil es por lo anticuado y ajeno que suena. Para ser una novela escrita en los cincuenta hay muchas expresiones y construcciones gramaticales que pertenecen más al siglo XIX. Si a eso le añadimos la jerga marinera, los muchos localismos del norte de España y la expresividad de las clases más humildes de aquel entonces, el resultado es una novela que, si bien se lee bien, tiene unas primeras páginas bastante exigentes. Además, es una novela bastante visceral, como visceral era, y aún es, la vida en cubierta, con algunas escenas de crueldad gratuita no apta para todos los públicos.
Poco más hay que añadir. He comentado las virtudes de la novela y he dado un aviso a navegantes (si es que tengo una chispa que no se como no me prendo fuego). Podría recrearme un poco más y hablar de sus personajes, pero ya seria recargar esta reseña tontamente, pues todos los personajes, en mayor o menor medida, sienten, o padecen, de la dolencia fatalista que he descrito en el primer párrafo. Si tienen curiosidad por saber como era pescar en España en los años cincuenta, o quiere conocer más del talante castizo de esta época, es un muy buen libro. Si, por otro lado, buscáis una novela de aventuras ambientada en alta mar, entonces alejaos de este libro como de las sobras de la pescadería de vuestro barrio. Fondead mejor en aguas y tiempos más exóticos, como las novelas de Patrick O'Brian.
Suena a perogrullada, porque lo es, pero la vida del pescador en alta mar es una vida muy jodida. Un trabajo duro, ingrato, mal remunerado, peligroso como pocos, un despiste y un aparejo puede rebanarte la cabeza con más facilidad que la que un pescadero necesita para decapitar una lubina, un resbalón y te precipitas al agua, y como la mar este picada ningún compañero podrá socorrerte, quizá ninguno note tu ausencia durante la vorágine y te eche en falta una vez la quietud quede restaurada. La vida del pescador, como digo, es una enorme putada y, aún así, tiene un componente romántico o fatalista que hace que el habitante de secano la admire, e incluso la desee de forma inconsciente, un atavismo anfibio suprimido durante la evolución que nos viene del paleozoico, y que el marinero, hastiado y cansado de batallar con redes y aparejos, con un olor a mar y lonja del que ya no se puede desprender, no pueda despreciar del todo. Todas estas sensaciones están perfectamente plasmadas en esta novela de Aldecoa, una estampa costumbrista en la que se relatan las vidas de una tripulación de un pesquero en las traicioneras aguas del Mar del Norte.
La trama, apenas un armazón, es la propia salida a la mar para ganarse el jornal. No hay más, tampoco lo necesita. Quién espere encontrar una historia trepidante y marinera, una novela de aventuras o un capitulo de Pesca radical, se va a llevar una terrible decepción; estoy seguro que ni siquiera avanzara de las 20 primeras páginas. Tampoco le culpo, pues Aldecoa no lo pone nada fácil. En efecto, el lenguaje de Aldecoa es complicado, no porque este festoneado profusamente con esa nomenclatura náutica tan característica del género, pues ya no nos encontramos en un velero, cuya anatomía esta escrupulosamente identificada y tipificada, sino en un barco de motor, un pesquero como los de los anuncios de Capitán Pescanova pero sin una pizca de glamour. No, si digo que el lenguaje de Aldecoa es difícil es por lo anticuado y ajeno que suena. Para ser una novela escrita en los cincuenta hay muchas expresiones y construcciones gramaticales que pertenecen más al siglo XIX. Si a eso le añadimos la jerga marinera, los muchos localismos del norte de España y la expresividad de las clases más humildes de aquel entonces, el resultado es una novela que, si bien se lee bien, tiene unas primeras páginas bastante exigentes. Además, es una novela bastante visceral, como visceral era, y aún es, la vida en cubierta, con algunas escenas de crueldad gratuita no apta para todos los públicos.
Poco más hay que añadir. He comentado las virtudes de la novela y he dado un aviso a navegantes (si es que tengo una chispa que no se como no me prendo fuego). Podría recrearme un poco más y hablar de sus personajes, pero ya seria recargar esta reseña tontamente, pues todos los personajes, en mayor o menor medida, sienten, o padecen, de la dolencia fatalista que he descrito en el primer párrafo. Si tienen curiosidad por saber como era pescar en España en los años cincuenta, o quiere conocer más del talante castizo de esta época, es un muy buen libro. Si, por otro lado, buscáis una novela de aventuras ambientada en alta mar, entonces alejaos de este libro como de las sobras de la pescadería de vuestro barrio. Fondead mejor en aguas y tiempos más exóticos, como las novelas de Patrick O'Brian.
November 19, 2023
«Nunca la misma estela, nunca el mismo surco. Estela hecha, tiempo vivido, también borrado. La mar no tiene sendas, no guarda huellas».
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«El arte fue invadiendo la cubierta. Como un monstruo de fondo, flojo y poderoso, se derramaba lentamente de la mar sobre el barco. Su oscura maraña, en la cubierta inclinada, avanzaba, a los resguardos y apoyos de las amuras. Traía prendida la florafauna de las playas: grandes vejigas rojas y amarillas, cardúmenes y pólenes de peces carnavales y payasos, algas ocres y retintas. El arte, como los grandes animales de la mar, tenía sus parásitos».
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«El arte fue invadiendo la cubierta. Como un monstruo de fondo, flojo y poderoso, se derramaba lentamente de la mar sobre el barco. Su oscura maraña, en la cubierta inclinada, avanzaba, a los resguardos y apoyos de las amuras. Traía prendida la florafauna de las playas: grandes vejigas rojas y amarillas, cardúmenes y pólenes de peces carnavales y payasos, algas ocres y retintas. El arte, como los grandes animales de la mar, tenía sus parásitos».
July 30, 2018
Cuando lo lees hueles el mar.
August 25, 2023
Aldecoa logra transmitir de manera magistral la mentalidad y el sentir de los pescadores, creando personajes realistas para aquella epoca.
La novela también plantea cuestiones importantes sobre la vida y la identidad. Los pescadores se enfrentan a la lucha constante por sobrevivir y a la pérdida de sus tradiciones y formas de vida debido a los cambios en la industria pesquera. Aldecoa retrata esta realidad con sensibilidad y honestidad.
Sin embargo, una crítica que se le podría hacer a Gran Sol es que en ocasiones se torna lenta y repetitiva. Aunque esto puede reflejar la rutina agotadora y monótona de los pescadores, hay momentos en los que la trama se estanca y podría haberse abreviado para mantener el ritmo y el interés del lector.
En conclusión, Gran Sol es una excelente novela que nos introduce en el mundo del trabajo en el mar y en la vida de los pescadores. Aunque presenta algunas dificultades en su ritmo narrativo, Aldecoa logra transmitir de manera magistral la belleza y la dureza de este entorno, así como lo que significa para las personas que lo habitan.
La novela también plantea cuestiones importantes sobre la vida y la identidad. Los pescadores se enfrentan a la lucha constante por sobrevivir y a la pérdida de sus tradiciones y formas de vida debido a los cambios en la industria pesquera. Aldecoa retrata esta realidad con sensibilidad y honestidad.
Sin embargo, una crítica que se le podría hacer a Gran Sol es que en ocasiones se torna lenta y repetitiva. Aunque esto puede reflejar la rutina agotadora y monótona de los pescadores, hay momentos en los que la trama se estanca y podría haberse abreviado para mantener el ritmo y el interés del lector.
En conclusión, Gran Sol es una excelente novela que nos introduce en el mundo del trabajo en el mar y en la vida de los pescadores. Aunque presenta algunas dificultades en su ritmo narrativo, Aldecoa logra transmitir de manera magistral la belleza y la dureza de este entorno, así como lo que significa para las personas que lo habitan.
January 6, 2022
Llegué a este libro tras, en una visita por trabajo a Vitoria, dar con una estatua de bronce del escritor local. Tras un somero repaso a su obra, el inicio de una saga inacabada sobre los trabajadores anónimos fue la publicación que me atrajo.
Es esta una novela de lectura ágil (a pesar de haber tenido que recurrir a Google para conocer las piezas que componen un pesquero), en la que toda la historia se vertebra en el pequeño espacio del Aril y donde el protagonista es el conjunto de marineros, puesto que se relata la navegación de este navío en su rumbo a la pesca de alta mar sin centrar los focos en ningún personaje concreto. Destaco su corte plenamente realista, demostrando que de narrar la labor cotidiana de un oficio se puede hacer una buena e interesante obra.
Mi nota justa sería de 7/7.5
Es esta una novela de lectura ágil (a pesar de haber tenido que recurrir a Google para conocer las piezas que componen un pesquero), en la que toda la historia se vertebra en el pequeño espacio del Aril y donde el protagonista es el conjunto de marineros, puesto que se relata la navegación de este navío en su rumbo a la pesca de alta mar sin centrar los focos en ningún personaje concreto. Destaco su corte plenamente realista, demostrando que de narrar la labor cotidiana de un oficio se puede hacer una buena e interesante obra.
Mi nota justa sería de 7/7.5
May 23, 2014
Descripción maravillosa de la vida en un barco pesquero del Gran Sol, caladero situado al oeste de Irlanda. Aldecoa escribe y describe con un lirismo genial, evocando perfectamente la atmósfera a bordo de la embarcación. Los abundantes términos marítimos ayudan mucho a que el lector se zambulla en el mundo de los pescadores españoles de alta mar de mediados del siglo pasado.
Una delicia del libro que se devora en dos tardes con sumo placer.
Una delicia del libro que se devora en dos tardes con sumo placer.
August 24, 2026
Lo único que me da pena del libro es no entender muchos de los términos náuticos o de pesca que el autor usa. Aunque en realidad da igual, porque es un libro donde solo hay un único y gran protagonista: el mar, y como secundarios dos barcos con personalidad propia: el Aril y el Uro son mucho más que la suma de sus pobladores. Excelente retrato entre el documental y las grandes aventuras, a veces parece que Aldecoa se haya dedicado a registrar conversaciones reales. Hasta que se pone a describir y te revuelca.
April 29, 2026
“El viento norte amaga. El viento norte avisa. El rumor de las olas es el rumor de las multitudes. El ruido de las olas es el ruido de los cataclismos prehistóricos, del cataclismo bíblico”.
May 4, 2026
gelesen in der deutschen übersetzung von willi zurbrüggen, mare verlag 2007
dieser roman war ein zufallsfund in einem geschäft für gebrauchte bücher, und ich bin sehr froh, ihn gelesen zu haben. aldecoa schildert den alltag kantabrischer hochseefischer und begleitet sie auf einer fahrt zu den westlich von irland gelegenen fanggebieten, genannt gran sol. den einzigartigen tonfall der dialoge fängt er in höchster kunstfertigkeit ein, fast reportagehaft, durchsetzt nur mit kurzen, poetisch dichten beschreibungen des meeres, des schiffs oder des himmels. anonsten beschreibt er die tätigkeiten an bord, das auswerfen und einholen des schleppnetzes. nicht nur ist das soziale zusammenleben der mannschaft hervorragend herausgearbeitet, der zurückgenommene erzählstil gibt zudem denen eine stimme, die selbst weder zeit noch muße noch möglichkeiten haben, sich zu äußern. beeindruckend zudem sind die momente unerwarteter zärtlichkeit und freundschaft zwischen den fischern; die art, wie das meer ihr denken beeinflusst, ihre worte bestimmt.
einziger wermutstropfen: die vor-und zunamen sind fast immer ausgeschrieben und, vielleicht dem reportageartigen stil geschuldet, schleichen sich einige redundanzen in die erzählpassagen.
alles in allem bleibt dieser roman dennoch ein großer geheimtipp.
dieser roman war ein zufallsfund in einem geschäft für gebrauchte bücher, und ich bin sehr froh, ihn gelesen zu haben. aldecoa schildert den alltag kantabrischer hochseefischer und begleitet sie auf einer fahrt zu den westlich von irland gelegenen fanggebieten, genannt gran sol. den einzigartigen tonfall der dialoge fängt er in höchster kunstfertigkeit ein, fast reportagehaft, durchsetzt nur mit kurzen, poetisch dichten beschreibungen des meeres, des schiffs oder des himmels. anonsten beschreibt er die tätigkeiten an bord, das auswerfen und einholen des schleppnetzes. nicht nur ist das soziale zusammenleben der mannschaft hervorragend herausgearbeitet, der zurückgenommene erzählstil gibt zudem denen eine stimme, die selbst weder zeit noch muße noch möglichkeiten haben, sich zu äußern. beeindruckend zudem sind die momente unerwarteter zärtlichkeit und freundschaft zwischen den fischern; die art, wie das meer ihr denken beeinflusst, ihre worte bestimmt.
einziger wermutstropfen: die vor-und zunamen sind fast immer ausgeschrieben und, vielleicht dem reportageartigen stil geschuldet, schleichen sich einige redundanzen in die erzählpassagen.
alles in allem bleibt dieser roman dennoch ein großer geheimtipp.
August 24, 2020
Prefiero los relatos de Aldecoa, pero esta novela es una especie de fotografía sobre los pescadores vascos durante los años 50 y 60.
Read
September 16, 2026Me hizo pensar en el abuelo. En la soledad del mar. Él tradujo a bordo un libro entero del francés con una vieja máquina de escribir. Simón Orozco escribe cartas a sus hijos y tiene que disimular con florituras improvisadas los trazos repentinos que fuerza la marea sobre el papel.
La melancolía de la contemplación de lo acostumbrado. Del brillo implacable de los objetos: objetos cuyo contorno conoces mejor que el del rostro de tus hijos, cuyo tacto conoces mejor que el de su piel. El deseo de llegar a puerto, abandonar de una vez por todas ese monstruo de vela que te mece a su antojo. No obstante el temor, la certeza incluso, de que ellos, la gente de la mar, al pisar la tierra se convierten en nadie.
«Sus deseos de comodidad eran cenitales desde la mar, crepusculares en tierra. La tierra le cansaba. Estaría en la mar hasta que no pudiera sostener el rumbo en la rueda, hasta que no pudiera agarrar las cabillas, hasta que las piernas le fallaran y se fuera en los balances contra los costados ya mal estibado el corazón».
Decía Aldecoa: "en estos tiempos agobiados de retórica no se entiende otro lenguaje que el de las mismas cosas". La novela tienes que leerla con diccionario en mano, para que el salabardo, la breca, y el galeno cobren sentido. Esta radical especialización del lenguaje no me parece gratuita: las herramientas retóricas de quien habita la urbe se revelan insuficientes para abordar, no ya una lectura aleatoria de una aventura de pescadores, sino la caracterización misma de esa "forma de existencia". Pasada una semana ya me cuesta recordar lo que es un escualo (seláqueo, tiburón), y me sorprende esa tozudez de la memoria que escoge quedarse sólo con aquello que considera necesario para su ulterior proceder. Para Afá y para Macario, el "escualo" es un término infinitamente más próximo que el "perro"; y esta proximidad de las palabras es la que merece pensarse con mucho respeto. Gran Sol nos obliga a aproximarnos al lenguaje del mar, al del salitre la surada y el aljibe. Si no conoces la longitud media del congrio, hay parte de la historia que no comprenderás, y si no buscas el significado de "hacer capa", entonces te perderás por completo el desenlace. Hay algo de esa imposición del lenguaje que me parece demasiado bella: las palabras se presentan ante ti y, como tal, no te dicen nada. Ahora bien, te alertan: si deseas comprometerte con la lectura de esta novela, tienes que conocernos. Y aproximarse a ellas implica aproximarse al mundo de lo náutico: dejar de ser indiferente ante el mar. Dice Chirbes: «el novelista les paga el esfuerzo a estos marineros de altura convirtiéndolos en agentes de la historia, pero, también, devolviéndoles sus propias palabras —las que ellos usan sin ser conscientes de su trascendencia— convertidas en una forma de conciencia».
«El viento norte amaga. El viento norte avisa. El rumor de las olas es el rumor de las multitudes. El ruido de las olas es el ruido de los cataclismos prehistóricos, del cataclismo bíblico».
Cádiz se encuentra a la merced del viento, y también los pescadores de Gran Sol son meros títeres de la marejada o la galerna. No es baladí ese diálogo con el afuera, que más que un diálogo es un monólogo del afuera consigo mismo respecto del que el barco (o Cádiz) acompaña con los coros. Esto los marineros lo saben, y no dudan en encontrar figuras entre esos movimientos de la marea en los que se esconde su destino. Figuras que parecieran quiméricas e incluso alegóricas pero que tal vez serían lo único real de todo ello:
«En la bitácora habita el duende caprichoso de los rumbos que no se ajusta más que a la llamada de los polos. Danza, danza y danza más. Nada arriba, nada abajo. Salta como los delfines, vuelta como los albatros; duerme con los ojos bien abiertos, vela con los ojos cerrados; se mece emperezado, corta paralelos, brinca meridianos. En el carrusel de la rosa de los vientos, de los rumbos, en la rosa náutica, en la aguja, habita el duende de la inquietud del hombre. El hombre que gasta el corazón del marinero en el juego de sus treinta y dos caprichos principales.»
«El arte fue invadiendo la cubierta. Como un monstruo de fondo, flojo y poderoso, se derramaba lentamente de la mar sobre el barco. Su oscura maraña, en la cubierta inclinada, avanzaba, a los resguardos y apoyos de las amuras. Traía prendida la florafauna de las playas: grandes vejigas rojas y amarillas, cardúmenes y pólenes de peces carnavales y payasos, algas ocres y retintas. El arte, como los grandes animales de la mar, tenía sus parásitos».
Aril. El barco es probablemente el personaje que más respira. Lo imagino como un inmenso monstruo, del tamaño de una ballena, de astillas y sal, que se expande y contrae al compás de las olas, supurando agua salada por sus imbornales con un movimiento similar al del fuelle de un acordeón. No es baladí que este personaje, tal vez la voz soprano que más destaca en los recitativos que se contraponen al aria del mar, sea a la vez la morada (que de hogareña no tiene nada) y el instrumento de trabajo. ¿Qué sucedería si un carpintero durmiera sobre su martillo, una costurera dentro de su aguja, un guardia civil en el cañón de su escopeta? Por absurdo que sea el planteamiento, creo que es fácil adivinar una respuesta: sucedería que se volverían locos.
«En los barcos de fuegos, los paleadores del carbón saben que hay un alma asesina en la multitud de las llamas. De los barcos de velas se sabe, que el viento es un mal calculado impulso de gigante, en el punto donde la fuerza bruta se hace fuerza de muerte, rompía los equilibrios milagrosos de las naves, abriendo la estela de los naufragios. En los barcos de motor no hay mitología de la fuerza».
Decir, a estas alturas, que en ocasiones se me hizo lento y redundante es un absurdo: en el imaginario común creo que la principal imagen asociada a la expresión "lento y repetitivo" es la del vaivén del océano.
Con la muerte de Orozco muere la promesa de la "vida-otra", la esperanza de la tienda de ultramarinos al lado del puerto: el trabajo en la mar no termina de ser un trabajo, sino una vida que es en sí misma una condena. ¿A dónde irá a parar la remuneración mísera que parece querer retribuir todo ese tiempo ingrato? A la mar, a la mar, a la mar. «Al que la mar le está estrecha de vivo, de muerto le viene más que ancha». Y la mar es la culpable. La mar es la asesina y a los muertos no se les puede ajusticiar: en todo caso podrá ella nuevamente y sin vacilar ajusticiarte a ti una vez más.
La melancolía de la contemplación de lo acostumbrado. Del brillo implacable de los objetos: objetos cuyo contorno conoces mejor que el del rostro de tus hijos, cuyo tacto conoces mejor que el de su piel. El deseo de llegar a puerto, abandonar de una vez por todas ese monstruo de vela que te mece a su antojo. No obstante el temor, la certeza incluso, de que ellos, la gente de la mar, al pisar la tierra se convierten en nadie.
«Sus deseos de comodidad eran cenitales desde la mar, crepusculares en tierra. La tierra le cansaba. Estaría en la mar hasta que no pudiera sostener el rumbo en la rueda, hasta que no pudiera agarrar las cabillas, hasta que las piernas le fallaran y se fuera en los balances contra los costados ya mal estibado el corazón».
Decía Aldecoa: "en estos tiempos agobiados de retórica no se entiende otro lenguaje que el de las mismas cosas". La novela tienes que leerla con diccionario en mano, para que el salabardo, la breca, y el galeno cobren sentido. Esta radical especialización del lenguaje no me parece gratuita: las herramientas retóricas de quien habita la urbe se revelan insuficientes para abordar, no ya una lectura aleatoria de una aventura de pescadores, sino la caracterización misma de esa "forma de existencia". Pasada una semana ya me cuesta recordar lo que es un escualo (seláqueo, tiburón), y me sorprende esa tozudez de la memoria que escoge quedarse sólo con aquello que considera necesario para su ulterior proceder. Para Afá y para Macario, el "escualo" es un término infinitamente más próximo que el "perro"; y esta proximidad de las palabras es la que merece pensarse con mucho respeto. Gran Sol nos obliga a aproximarnos al lenguaje del mar, al del salitre la surada y el aljibe. Si no conoces la longitud media del congrio, hay parte de la historia que no comprenderás, y si no buscas el significado de "hacer capa", entonces te perderás por completo el desenlace. Hay algo de esa imposición del lenguaje que me parece demasiado bella: las palabras se presentan ante ti y, como tal, no te dicen nada. Ahora bien, te alertan: si deseas comprometerte con la lectura de esta novela, tienes que conocernos. Y aproximarse a ellas implica aproximarse al mundo de lo náutico: dejar de ser indiferente ante el mar. Dice Chirbes: «el novelista les paga el esfuerzo a estos marineros de altura convirtiéndolos en agentes de la historia, pero, también, devolviéndoles sus propias palabras —las que ellos usan sin ser conscientes de su trascendencia— convertidas en una forma de conciencia».
«El viento norte amaga. El viento norte avisa. El rumor de las olas es el rumor de las multitudes. El ruido de las olas es el ruido de los cataclismos prehistóricos, del cataclismo bíblico».
Cádiz se encuentra a la merced del viento, y también los pescadores de Gran Sol son meros títeres de la marejada o la galerna. No es baladí ese diálogo con el afuera, que más que un diálogo es un monólogo del afuera consigo mismo respecto del que el barco (o Cádiz) acompaña con los coros. Esto los marineros lo saben, y no dudan en encontrar figuras entre esos movimientos de la marea en los que se esconde su destino. Figuras que parecieran quiméricas e incluso alegóricas pero que tal vez serían lo único real de todo ello:
«En la bitácora habita el duende caprichoso de los rumbos que no se ajusta más que a la llamada de los polos. Danza, danza y danza más. Nada arriba, nada abajo. Salta como los delfines, vuelta como los albatros; duerme con los ojos bien abiertos, vela con los ojos cerrados; se mece emperezado, corta paralelos, brinca meridianos. En el carrusel de la rosa de los vientos, de los rumbos, en la rosa náutica, en la aguja, habita el duende de la inquietud del hombre. El hombre que gasta el corazón del marinero en el juego de sus treinta y dos caprichos principales.»
«El arte fue invadiendo la cubierta. Como un monstruo de fondo, flojo y poderoso, se derramaba lentamente de la mar sobre el barco. Su oscura maraña, en la cubierta inclinada, avanzaba, a los resguardos y apoyos de las amuras. Traía prendida la florafauna de las playas: grandes vejigas rojas y amarillas, cardúmenes y pólenes de peces carnavales y payasos, algas ocres y retintas. El arte, como los grandes animales de la mar, tenía sus parásitos».
Aril. El barco es probablemente el personaje que más respira. Lo imagino como un inmenso monstruo, del tamaño de una ballena, de astillas y sal, que se expande y contrae al compás de las olas, supurando agua salada por sus imbornales con un movimiento similar al del fuelle de un acordeón. No es baladí que este personaje, tal vez la voz soprano que más destaca en los recitativos que se contraponen al aria del mar, sea a la vez la morada (que de hogareña no tiene nada) y el instrumento de trabajo. ¿Qué sucedería si un carpintero durmiera sobre su martillo, una costurera dentro de su aguja, un guardia civil en el cañón de su escopeta? Por absurdo que sea el planteamiento, creo que es fácil adivinar una respuesta: sucedería que se volverían locos.
«En los barcos de fuegos, los paleadores del carbón saben que hay un alma asesina en la multitud de las llamas. De los barcos de velas se sabe, que el viento es un mal calculado impulso de gigante, en el punto donde la fuerza bruta se hace fuerza de muerte, rompía los equilibrios milagrosos de las naves, abriendo la estela de los naufragios. En los barcos de motor no hay mitología de la fuerza».
Decir, a estas alturas, que en ocasiones se me hizo lento y redundante es un absurdo: en el imaginario común creo que la principal imagen asociada a la expresión "lento y repetitivo" es la del vaivén del océano.
Con la muerte de Orozco muere la promesa de la "vida-otra", la esperanza de la tienda de ultramarinos al lado del puerto: el trabajo en la mar no termina de ser un trabajo, sino una vida que es en sí misma una condena. ¿A dónde irá a parar la remuneración mísera que parece querer retribuir todo ese tiempo ingrato? A la mar, a la mar, a la mar. «Al que la mar le está estrecha de vivo, de muerto le viene más que ancha». Y la mar es la culpable. La mar es la asesina y a los muertos no se les puede ajusticiar: en todo caso podrá ella nuevamente y sin vacilar ajusticiarte a ti una vez más.
September 19, 2026
Para mí Ignacio Aldecoa era un desconocido. Este libro que conservaba en mi libreria desde hace décadas y que he decidido leer ahora en ese proyecto de sacarme de encima todos esos libros pendientes, me ha sorprendido. La narrativa de Aldecoa engancha aunque en ocasiones es difícil de seguir. El libro cuenta con un rico vocabulario específico del mar y de los barcos de pesca que conviene estudiar con tiempo como quién disfrutar de una buena copa de vino. Aldecoa te enrola desde el primer momento en el viaje al Gran Sol, eres un marinero más, hueles el salitre del mar y tu cuerpo se acompasa al son de las olas. Disfrutas de los amaneceres, el viento te seca el rostro y la lluvia no te deja ver. Te embarcas en una aventura única y eres uno más entre el resto de personajes perfectamente perfilados. Un libro maravilloso que recomiendo leer como quién se bebe y disfruta una buena copa de vino.
April 20, 2024
Una gran novela de acción en el mar, un pesquero cántabro en el caladero de Irlanda retratado por la pluma vibrante del gran Ignacio Aldecoa, un conjunto de esforzados trabajadores del mar encerrados en un pequeño espacio, el arrastrero Aril, cada uno con una personalidad definida. La novela da espacio a alguna reflexión sobre sus circunstancias familiares, desde la distancia que impone la tarea absorbente a la que están sometidos. La obra es un catálogo de términos marineros que, aunque no comprende el lector medio, te introducen en el vasto mundo de la pesca de altura al sentirte perplejo ante un léxico que no sabías ni que existía. Creo que Aldecoa lo hizo a propósito. Una novela muy recomendable.
April 21, 2024
Novela/reportaje sobre la pesca de altura en los bancos de Gran Sol, en aguas del Atlántico al suroeste de Irlanda.
Documentadísima, logra a mí entender hallar el tono que mejor sienta al narrador y el tono que hace más verosímiles a los protagonistas.
Ya en muchos de sus cuentos, Aldecoa recrea distintos oficios. En esta novela se extiende para reflejar el oficio de la pesca. Y como siempre en todos sus escritos, levanta un auténtico festival léxico.
(La película "La tormenta perfecta", naufragios aparte, compartía con este libro cierto tipo de homenaje a las vidas, duras, de las gentes de mar.)
Documentadísima, logra a mí entender hallar el tono que mejor sienta al narrador y el tono que hace más verosímiles a los protagonistas.
Ya en muchos de sus cuentos, Aldecoa recrea distintos oficios. En esta novela se extiende para reflejar el oficio de la pesca. Y como siempre en todos sus escritos, levanta un auténtico festival léxico.
(La película "La tormenta perfecta", naufragios aparte, compartía con este libro cierto tipo de homenaje a las vidas, duras, de las gentes de mar.)
August 15, 2025
Ignacio Aldecoa fue un narrador tan talentoso que, sin necesidad de una trama argumental en el sentido clásico, fue capaz de escribir una novela envolvente como ‘Gran sol’. Un homenaje a las duras condiciones de trabajo de los pescadores de altura del Atlántico Norte sustentada sobre una prosa de poética eficaz en la que resuena constantemente la terminología marinera, el realismo descarnado del día a día a bordo de un pesquero y el carisma humano de toda una tripulación de personajes, reflejo de marineros reales, que no esconden sus temores ni miserias mientras arriesgan sus vidas por ganarse un jornal.
July 20, 2021
Es una pena que en la literatura de España tengamos (a veces) tan mala memoria. Ignacio Aldecoa, el escritor de cuentos, guiones y novelas tan magníficas como esta, nos cuenta en "Gran Sol" la historia de los pescadores vascos del s.XX. Con la sutileza y elegancia que le caracterizan como autor. Con el trasfondo social y de denuncia que impregna toda su obra.
¡No te lo puedes perder! Y aquí un podcast sobre el libro, con más detalles:
https://open.spotify.com/episode/0L2v...
¡No te lo puedes perder! Y aquí un podcast sobre el libro, con más detalles:
https://open.spotify.com/episode/0L2v...
January 14, 2026
Descripción minuciosa y detallada de la vida en un barco de pesca de altura. Conocemos cómo trabajan, cómo sueñan, cómo se relacionan tanto los que trabajan en máquinas como los que pescan. Distintos perfiles de hombres que sueñan con otra vida a la q no tienen acceso. Esperan poder llegar al Gran Sol para pescar ya sea bacalao,bonito u otros. Una tormenta en alta mar acaba con la vida del capitán.
Apenas sucede nada,pero aprendemos la vida difícil del mar, un vocabulario exquisito. Un homenaje al mundo del mar y a esos hombres que se juegan la vida para poder comer.
Apenas sucede nada,pero aprendemos la vida difícil del mar, un vocabulario exquisito. Un homenaje al mundo del mar y a esos hombres que se juegan la vida para poder comer.
April 7, 2023
Un reflejo de las vidas de los pescadores y marineros que faenaban en las costas de Irlanda. Sus vidas, sus miserias, sus duras condiciones laborales y su destino inevitable para siempre en la mar. Lenguaje muy específico y descripciones cortas y precisas. Buena lectura.
May 28, 2024
Reflexivo. Me ha recordado a _Capitanes intrépidos_, sin el mocoso mimado de Harvey, por supuesto, y a _El viejo y el mar_ por ese aire de lucha contra el medio y de inevitabilidad que lo impregna todo.
March 6, 2025
La mar. Su bravura. Me encantaron las descripciones de temporales y de sutilezas del ambiente. Cuesta entender esta profesión tan dura, pero en este libro te pones en la piel de los pescadores. Gran libro, con mucho vocabulario marinero también. Grande Aldecoa y sus personajes.
April 6, 2025
Formidable relato de lo vivido por el autor en un pequeño pesquero que se arriesga hasta el mar de Gran Sol (en Ingles "Lenguado grande") y sus terribles peligros en el mar del norte entre el norte de Gran Bretaña e Irlanda. La tragedia se presiente.
July 26, 2026
Interesante si quieres hacerte a la idea de lo que es hacer una marea en altura. Plasma muy bien el carácter de los protagonistas, la mentalidad, el ambiente general y la dureza del trabajo. Lo recomiendo si te llama la atención o te genera curiosidad la vida en la mar.
July 9, 2024
Quizá la vida de marinero en los años cincuenta este muy alejada de nuestra vida actual, pero un libro tan bien escrito y que refleja lo duro que es la vida en la mar deja poso. Yo lo he disfrutado
May 12, 2025
Maravillosa novela costumbrista de Almería sobre la vida en el mar. A pesar de que las palabras del campo semántico es complicado, la novela se sigue muy bien.
December 11, 2025
la sencillez de la prosa, de los personajes, el lenguaje marinero, te llena todo
March 12, 2026
Per al meu gust, una obra mestra. Imprescindible.
September 17, 2026
Macario Martín
July 28, 2016
Costumbrismo novelado en lo que podría haber sido una campaña de pesca, en los años 50, de un pesquero de arrastre en el Gran Sol (la zona que queda al oeste de Irlanda, más o menos).
Contada en modo documental, como si el narrador fuera un mero espectador de los hechos que van sucediendo, tiene un gran interés sociológico e histórico. Pero a mi me aburrió y desesperó que el autor se recrease tanto en las conversaciones entre los marineros del barco. Los piques absurdos entre ellos, las réplicas de niños pequeños, etc. Y sin embargo dejase sin explicar otros aspectos más interesantes, al menos para mi, de un viaje de esas características.
Repito, no le quito mérito a una obra así, pero tampoco estaría dispuesto a pasar por otra novela del mismo autor.
Contada en modo documental, como si el narrador fuera un mero espectador de los hechos que van sucediendo, tiene un gran interés sociológico e histórico. Pero a mi me aburrió y desesperó que el autor se recrease tanto en las conversaciones entre los marineros del barco. Los piques absurdos entre ellos, las réplicas de niños pequeños, etc. Y sin embargo dejase sin explicar otros aspectos más interesantes, al menos para mi, de un viaje de esas características.
Repito, no le quito mérito a una obra así, pero tampoco estaría dispuesto a pasar por otra novela del mismo autor.
April 20, 2019
Preciosa novela, aunque no sea de lectura fácil. Pasado el primer capítulo, que es un poco aburrido, y avanzando con los dos siguientes, empieza a tomársele gusto a la narración desde el cuarto, advirtiendo la exactitud y belleza de las descripciones.
Juan Luis Alborg acertó en 1958 al advertir que no es libro para lectores con prisas sino para quienes, con atención, sean "capaces de convertir en pacer estético la conciencia de un problema bien planteado y resuelto". Aunque concedamos que Aldecoa se excede algunas veces en el uso de la jerga de los marineros, como señaló el mismo Alborg, admítase que la aparición de los términos, por la índole del tema, es con frecuencia necesaria sin que tenga que achacársele a pedantería o presunción del autor.
Juan Luis Alborg acertó en 1958 al advertir que no es libro para lectores con prisas sino para quienes, con atención, sean "capaces de convertir en pacer estético la conciencia de un problema bien planteado y resuelto". Aunque concedamos que Aldecoa se excede algunas veces en el uso de la jerga de los marineros, como señaló el mismo Alborg, admítase que la aparición de los términos, por la índole del tema, es con frecuencia necesaria sin que tenga que achacársele a pedantería o presunción del autor.
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