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292 pages, Paperback
First published June 1, 1996
Existe un animal llamado elefante, que carece de deseo de copular[...]Para el lector contemporáneo hay mucho de surrealismo, de cuentos que hablan desde el inconciente, de arquetipos y símbolos extraños que apuntan a significados que uno no logra desvelar del todo, porque su lógica nos es extraña. Si seguimos leyendo:
Su nariz se llama proboscis (= para los matorrales), pues con ella se lleva a la boca las hojas que come, y parece una serpiente[...]
Poseen gran inteligencia y memoria; se desplazan en rebaños y copulan dándose la espalda.
La gestación de los elefantes dura dos años; paren una sola vez, y no varias crías simultáneamente, sino una sola. Viven trescientos años. Si uno de ellos desea criar, se encamina a Oriente, hacia el Paraíso; allá crece un árbol llamado Mandrágora, al que se acerca el elefante con su pareja. Primero prueba él del árbol, y a continuación da a probar a la hembra. Cuando mastican la planta quedan seducidos, y ella concibe en su vientre de inmediato. Cuando llega el momento indicado para el parto, la elefanta se introduce en un lago, hasta que el agua le llega a las ubres. Entretanto, el padre la vigila mientras está dando a luz, ya que existe un dragón que es enemigo de los elefantes. Además, si llega a pasar una serpiente, el padre la mata y la pisotea[...]
La naturaleza del elefante es tal que, si cae al suelo, no es capaz de incorporarse. Por ello, cuando desea dormir, se apoya contra un árbol, pues carece de articulaciones en las rodillas. Y por esa razón, el cazador corta parcialmente el tronco, de manera que el elefante, al apoyarse, se desplome a la vez que el árbol. Al caer, pide auxilio a gritos; e inmediatamente aparece un gran elefante, que no es capaz de levantarlo. Entonces gritan ambos, y aparecen en escena doce elefantes más: pero ni
siquiera ellos pueden alzar al caído. Todos ellos gritan, pues, en petición de ayuda, y llega en seguida un elefante muy pequeño que coloca su boca y su trompa bajo el caído, levantándolo. Este pequeño elefante tiene, además, la propiedad de que nada maligno puede acercarse a su pelo y huesos reducidos a cenizas, ni siquiera un dragón.
El elefante y su hembra representan, pues, a Adán y Eva. Cuando eran agradables a Dios, antes de que cedieran a la provocación de la carne, nada sabían de cópula ni conocían el pecado. Y sin embargo, cuando la mujer comió del Árbol de la Ciencia, que es lo que la Mandrágora significa, y dio al hombre uno de los frutos, quedó inmediatamente convertida en una vagabunda, y por ello tuvieron que salir del Paraíso[...] E inmediatamente, el dragón los corrompió y los hizo extraños al refugio divino. Es lo que resulta de no agradar a Dios.La lógica es otra, cada animal en el bestiario es símbolo teo-lógico, se incluye porque muestra la lógica de Dios, el mundo se lee con la Biblia literalmente por delante. Cada comentarista medieval busca de-purar la estampa de la bestia, es decir aclarar aún más las lecciones bíblicas que presenta, profundizar entonces la hermenéutica cristiana.
Cuando llega el elefante grande, es decir, la Ley mosaica, y no consigue levantar al caído, sucede lo mismo que cuando el fariseo fracasó con el hombre que había caído entre ladrones[...]
En un sueño vi tigres de un azul que no había visto nunca y para el cual no hallé la palabra justa.El azul inimaginado de los tigres a que se refiere Borges, lo toma de los bestiarios medievales:
En la India hay otras bestias grandes y feroces que son de color azul, y tienen manchas claras por el cuerpo. Son tan fuertes y malvadas que nadie se atreve a acercarse a ellas. Y las llaman tigres, en aquel país. Y corren a tal velocidad que, cuando los cazadores van allá para apoderarse de otros animales, jamás escaparían del lugar si no arrojasen por el camino, allá donde van, espejos de vidrio. Y cuando ven su imagen, creen que son sus cachorros. Les dan vueltas y vueltas, hasta el punto de que rompen los espejos con las patas; y no encuentran nada en ellos. Así escapan los cazadores.Para mi, el libro resulta fascinante, pero en porciones pequeñas; me estimula la imaginación y la sensación de asombro, pero llega un punto en que me satura y se me rebela el sentido común...