A finales del siglo XVI Alfonso, un joven portugués apasionado por la navegación, zarpa hacia África, donde se ve inmerso en el negocio de retener negros y venderlos como esclavos en el Nuevo Mundo a nombre de la Corona española.
Benkos y Ngolo, dos negros capturados en ese viaje y vendidos en Cartagena de Indias, logran escapar de sus amos en 1600 y establecerse en un palenque en La Matuna por varios años.
Más de un siglo después, Xaviera Londoño de Castañeda, una criolla de la alta sociedad antioqueña, conoce la historia de Benkos y Ngolo a través de Nicolasa, quien le ha servido desde su matrimonio, y toma una decisión que marcará la vida de sus esclavos después de su muerte.
Estas son algunas de las voces desde las que Elena Peroni, autora de El puente de los suspiros, aborda episodios de la esclavitud y la libertad en Colombia en esta novela histórica que tiene un desenlace esperanzador.
Las voces de los personajes nos transportan por las aguas de la temporalidad narrativa desde diferentes puntos de vista. Ngolo y Benkos (esclavos), Doña Xaviera Londoño (dueña de esclavos) y un sacerdote que sacrificó su santo oficio en favor de los desarraigados.
La explotación aurífera, la emancipación de los esclavos en las manos de la abolicionista señora que marcó un hito sin precedentes en concesiones libertarias para los negros en Antioquia. Se narra también, con mucho énfasis, la aventura de los cimarrones en La Matuna (cerca de Cartagena) y las penurias de los africanos en el marco de la institución de la esclavitud durante la conquista española.
En muchas ocasiones cuando encontramos aquellas historias extraordinarias, difíciles de caer en el olvido porque aún son comentadas por convertirse en patrimonio de un territorio o en este caso de un pueblo llegamos a transformarlas y borrar, de manera casi piadosa el dolor y el horror que encierra la realidad, para ya luego pasarla a una historia oficial, en una página en blanco que presta a su tarea, narra de color de rosa lo que fue la esclavitud en el territorio antioqueño. La historia de Xaviera Londoño, una mujer que marcó la historia de El Retiro, municipio de Antioquia se ha contado muchas veces con el almíbar propio de las historias añejadas y esta no es la excepción.
Elena Peroni intenta tejer tres historias de personajes prestantes en la historia de la esclavitud en territorio de lo que se conoció como el Virreinato de la Nueva Granada, pasando por alto -quizá por desconocimiento propio- que su narración al igual que muchos textos que nos encontramos crean más mal que bien para la mal llamada historiografía colombiana, y aunque le intentó dar un tinte valedero, donde incluso tiene un índice bibliográfico a lo último de texto con algunas lecturas de renombre, se queda en ciernes y para quien es un lector cauto pronto descubre los fallos de estructura histórica del texto, así como las típicas imprecisiones de quien se deja deslumbrar en un primer momento cuando encuentras a personajes tan particulares como Benkos Biohó o el mismo padre Claver.
Empecemos pues desde el principio diciendo que la presentación de Xaviera, Claver y Benkos son las de seres divinos, tocados aquí y allí por alguna mínima macula que la autora le pinta al lector para hacer pasar a aquellas personas de humanidad. Olvidando por un momento que fueron personas de carne y hueso, que sintieron y andaron esta tierra, y que su rastro se puede rastrear no solo haciendo un trabajo de culo, que es como los historiadores llaman a literalmente sentarte todo un día a leer los textos transcritos por algún erudito o estudiante, sino también rastreando aquellas migajas que puedes encontrar en los sitios donde convivieron.
Segundo, la maravillosa liberación por parte de Xaviera e Ignacio a sus negros, una imagen que pinta de "valeroso" el acto de dar libertad al negro esclavizado, cuando en realidad existió para la época una figura que se llamó manumisión graciosa, para los que no conocen el termino se refería a que los amos de dichos negros le liberaban en sus testamentos sin buscar ningún peculio y por salvación de su alma, de allí que la última voluntad de ambos hubiese sido las misas que les pedían a sus negros libertos, siendo este apartado una manumisión graciosa condicionada; si bien la liberación se presenta en años tempranos a la libertad de vientres, no fue la única y se puede rastrear en el Archivo Histórico de la Nación o en el Archivo Histórico de Antioquia.
Dejando en claro lo primero, podemos decir que le quitamos el velo sacrosanto y seguimos con la historia de Benkos, que si bien es difícil de rastrear por el tiempo transcurrido por el hecho y de que la historia de los esclavos es en muchas ocasiones narrada por el blanco español, también hay un hecho rotundo que La Matuna o la historia de los palenques no mueren, y la historia oral del pueblo negro es bastante rica, como para hacer el remedo de crónica que nos ofrece la autora.
Igual situación ocurre con la historia del santo Claver, que más nos recuerda su olor a santidad que otra cosa, y la historia de los mismos esclavistas que la misma Peroni nos pinta con aires finales de romanticismo, vamos que se podía hacer mejor, pero es lo que hay y lo que se encuentra en el libro.
Ahora, por qué teniendo en cuenta lo dicho anteriormente no se le ha dado una calificación de una estrella, fácil, es su narrativa sencilla la que puede llegar a capturar a los incautos, y que como siempre recalcó es un punto más para aquellos que quieran acercarse a la historia de Colombia; sin embargo, de nuevo advierto, este es un libro que más que historia es una ficción bastante trastocada de una realidad que no alcanza a ser un grito o unas voces de libertad, sino solo un musitar de sirena que puede llegar a mal puerto para la memoria histórica de una población que fácilmente se deja llevar.