Serena se ha quedado huérfana, pero no está triste porque no congeniaba con sus padres, así que ¿por qué tendría que echarles de menos? Serena es práctica. Serena, que no es una niña muy normal, está más bien inquieta y expectante por el rumbo que pueda tomar ahora su vida. Serena tiene once años, la regla y tetas, aunque no por ello va a dejar que se las toquen (y eso que tiene tres novios). A Serena la llaman Pinki y siempre está pensando. Piensa, por ejemplo, que si su abuela se muriese sí que lloraría, porque no puede vivir sin ella. Sin embargo, a Serena no le gusta comerse el coco, aunque desde hace algunos días no para de hacerlo… porque se ha enamorado del novio extranjero y alcohólico de su querida tía, con quien ahora viven su hermano y ella.
«Se ve que mi primo nació ya con ganas de ser artista y se empeñaron en que fuera abogado, cuando no tenía ganas de serlo. Así que ni estudió ni nada, pero ya fue como si tu avión sale cuando tienes dieciséis y te hacen esperar a los dieciocho y a los dieciocho sigues esperándolo y un buen día te dicen que ya ha despegado hace dos años. Y, como hasta los dieciocho te has tirado dos años medio muerto y empezaste a tomar drogas para poder soportar la pena, luego, cuando cumples precisamente los malditos dieciocho, estás de drogas hasta las orejas. Mi primo se pinchaba y, de eso, es muy difícil salir».
Una novela (pre)adolescente curiosa, que lo mejor que tiene es su crudeza y falta de ingenuidad: Tesa Arranz sin duda está muy conectada a su infancia y, por ello, no se dirige a ese público tratándolo de tonto. Más bien, los que presenta como tontos son la mayoría de adultos. Atravesado por las propias vivencias de Arranz, según anuncia la promoción del libro, 'Serena a los once' no pretende hacer ningún estudio universal sobre el duelo por una muerte prematura, a pesar de que la premisa sea el fallecimiento de los padres de una niña de 11 años en un accidente. Más bien, tiene este espíritu de las historias juveniles iniciáticas sobre bichos raros que, por su singularidad, son las que se te acaban quedando como lector a esas edades. Es cierto que a nivel formal me parece que está excesivamente dialogado y que acaba bastante peor de lo que empieza, no sé si por la pérdida del factor sorpresa o por su extensa incursión en un territorio más de amoríos femeninos e intensidad romántica obsesiva, del que tal vez, en tanto tiarro de 33 años, yo no soy el público objetivo y no puedo valorar en su medida.
Bufff, a ver... Es un libro muy corto (200 páginas), tengo que decir que durante la primera mitad me estaba encantando, iba camino de las 5 estrellas. Pinki es una narradora divertida y muy ocurrente, los diálogos están muy bien y me gusta mucho su relación con su amiga Celeste y con su abuelita.
Sin embargo, la segunda mitad me ha parecido horrorosa y me ha causado mucho rechazo... Que de todas las subtramas posibles se centre en el "enamoramiento" de una niña de 11 años hacia el novio de su tía, y de vueltas a lo mismo durante tantas páginas... Además el final no existe, simplemente el diario termina así. Una pena.
La verdad que hace unos días que termine de leer este libro pero estaba tratando de saber cómo reseñarlo porque aunque fue una lectura ligera y atrapante, también dejo en mi un toque de incredulidad.
El libro cuenta una especie de diario de una niña llamada Serena que tiene once años, en el diario nos cuenta su día a día, sus inquietudes, lo que para ella son problema y también nos habla de su familia. Como dice la sinopsis Serena se queda huérfana y su tía acaba haciéndose cargo de ella y de su hermano...