Es el tercer libro de Esquinca que me leo este año y con eso confirmo que es uno de los autores con los que me puedo aventurar, ya sea para cuentos o novelas, a toda confianza.
Esta novela, bastante corta y ligera y atrapante como para podértela leer en un fin de semana, se nos narra desde dos puntos de vista distintos: uno es un fotógrafo morboso de apellido Esquinca, y el otro es el joven cirujano Azcárate, subdirector de una clínica plástica y resort. Ambos están obsesionados con la belleza: el fotógrafo lo está con la destrucción de ella, por eso disfruta de recrear escenas de crímenes en sesiones fotográficas, de las que recuerda con especial predilección las que realizaba con una mujer llamada Laura que se ha ido de su vida. El doctor Azcárate, en cambio, está convencido en que la verdadera belleza sólo se alcanza mediante la modificación quirúrgica, más allá del atractivo natural. Desde allí, la clínica empezará a sufrir de sucesos extraños, mientras que Esquinca (el fotógrafo, no el autor) se obsesiona con encontrar a su antigua modelo Laura, a la vez que se cruza en el camino de un millonario con sed del mismo morbo que el fotógrafo.
Algo muy característico de Esquinca (ahora sí el autor) es la brevedad cargada de contenido. Sus capítulos son cortos, de esos que puedes leer en lo que calientas la comida o hierve el agua, a la vez que la propia novela también decide ser directa. Pero en estos pasajes breves nos muestra, o nos regala indicios, de que lo que parecen dos bitácoras de estetas corporales en realidad nos narra una historia de horror y misterio que abarca bichos raros con fijaciones destructivas, entusiastas del posthumanismo, el deseo pervertido de destruir la belleza que no podemos poseer, extremistas estéticos que son superados por otros extremistas más retorcidos aún. El horror funciona en pequeñas pero eficientes dosis, por eso Esquinca usa la brevedad como fortaleza.
Quizás dos o tres capítulos más, donde se explayase en los elementos más misteriosos, le habrían dado más fuerza. Porque aunque defiendo la utilidad de la brevedad, hay detalles interesantísimos que habría preferido ver más utilizados. La novela daba para más, y por eso aunque el recurso muy latinoamericano de los metaversos bien robustos pero poco usados da seña de la robusta imaginación de la literatura surgida desde acá (he visto sagas en otros idiomas con mucho menos world-building que esta corta novela), a veces es decepcionante que sólo nos den vistazos de elementos interesantes porque, al fin de cuentas, sólo estamos viendo una historia que se le escapa de la mano a los protagonistas. También, una nota a mejorar, habría sido diferenciar más a ambos protagonistas: no podría distinguir qué diferencia a uno de otro más allá de sus obsesiones, pero usan léxicos tan similares que si no fuera porque sus escenarios son opuestos entonces podrían confundirse.
🌟🌟🌟🌟 Excelente técnica y uso de la brevedad. Muy interesante historia que se construye en el detrás de escenas de lo que leemos. Entretenida y de fácil lectura.