Este libro me gustó porque no solo habla de Julieta Kirkwood, sino que invita a pensar qué significa poner el nombre propio en el pensamiento feminista y en la política. No es una biografía tradicional, sino una lectura que cruza ideas, contexto histórico y reflexiones sobre la autoría, la memoria y el lugar de las mujeres en la producción intelectual. Es un texto teórico, sí, pero se siente cercano y bien escrito, te obliga a leer con atención y a detenerte, pero a la vez deja muchas ideas dando vueltas. Me pareció interesante cómo se rescata el pensamiento de Kirkwood desde un lugar situado, sin idealizarlo, mostrando sus tensiones y su fuerza política.
La voracidad con la que Castillo levanta una poética Kirkwoodiana en torno a nudos y aporías me dejó con ganas de saber más y más sobre Julieta. Es mi texto de entrada a Kirkwood y, como tal, agradezco profundamente el orden elegido para los capítulos y el apartado bibliográfico.