Desde la construcción de Madinat al-Zahrâ, la maravillosa ciudad que con su culto por la belleza y el saber sembró la semilla del Renacimiento, hasta su aciago destino, se desarrolla esta fascinante saga de cinco generaciones de mujeres y de los hombres que las amaron. Zayyân, Lubná, Nûr, Sabay y Hawâ conforman la estirpe de la mariposa, llamada así por un pequeño colgante de cuarzo rosado, con la forma de una mariposa de alas abiertas, símbolo de la feminidad y de la continuidad del linaje. Durante ochenta y cinco años, el lector seguirá paso a paso el florecimiento de la civilización más rica de la Europa de aquellos tiempos. Sin embargo, cuando finalmente las mujeres disfrutan con plena libertad de una vida suntuosa en la maravillosa ciudad-palacio, una especie de jaula de oro donde el tiempo parece haberse detenido en el apogeo de una cultura de placer y refinamiento, el califato se ve amenazado por unos enemigos celosos de su riqueza.
Desde muy joven ha estado muy vinculada al teatro y demostró también una vocación literaria temprana. Estudió arte dramático, canto, derecho, ciencias de la información y psicología humanística. Es autora de una amplia obra que abarca distintos géneros y actividades. Ha sido traducida al alemán, portugués, italiano y checo. Directora de la revista literaria Criaturas Saturnianas, que edita la Asociación aragonesa de escritores (patrocinada por el Gobierno de Aragón), asociación que ha dirigido. Colabora en diversos medios de comunicación y da conferencias. Vinculada también al mundo de la música, algunos de sus poemas han sido musicados e inspiradores de espectáculos audiovisuales.
Edulcorada y empalagosa novela en torno a la figura de Zayyan, esclava y sierva de Al-Hakam, en la que todo es perfecto, excesivamente perfecto.... No es mi estilo.
De los peores libros que he leído de ella, para tener tan pocas páginas se te hace muy pesado desde mitad del libro en adelante. Según se va desarrollando la historia hay a veces que va saltando semanas u otras veces años y años sin descubrirte nada nuevo , no entiendo porque las últimas 30 páginas discurren más años que en el resto del libro
Durante los deslumbrantes años en los que se desarrolló el mayor y máximo apogeo del esplendor andalusí; la más paradisíaca ciudad jamás soñada, vislumbrada o imaginada por ojo humano, comienza a difuminar su resplandeciente silueta en una lluvia de contornos nacarados y con una diseminada cascada de preciosas incrustaciones que, desde el magnífico lujo representado en los aposentos califales y hasta los muros que la encierran, constituyen el rico y embellecedor pasaje del que nace la espléndida Madinat al-Zahrâ. En este privilegiado y majestuoso entorno, pervivirán las mujeres que, envoltura tras envoltura, conforman la estirpe de la mariposa. Todas ellas en conjunto comparten un profundo conocimiento de las cosas con las que la vida se compone, de los designios que se palpan en el saber y de todo el mundo conocido que como un libro abierto les acoge o, por el contrario, consigue que el amplio vuelo de sus velos se repliegue sobre sí mismas, encogiendo con creces el alzado asiento que ocupan. Entrelazadas unas a otras por un encadenado linaje, que cuelga de las joyas del árbol de jade como si fuera la particular enseña de la casa que habitan; cada una de ellas contendrá en su más íntimo interior una habilidad única e innata que, transmitida por la vigorosa fuerza que fluye con el propio batir de su desatada mariposa, irá traspasándose en su legado femenino, pendiendo de un cordón que trenza su belleza, su talento y el amor que se prodigan y conduce sus pasos, rozando el fulgor intenso de esmeraldas y ágatas o tocando con la punta de sus dedos las más altas cúpulas doradas. Sin embargo, su nítida mirada ha de esconderse detrás del opaco enrejado de las celosías, su acompasada danza ha de exhibirse al ritmo pautado sobre las baldosas palaciegas, y la caricia de las palabras se ha de tejer bajo el mandato de las leyes que imperan. Aun con todo, Zayyân, Lubná, Nûr, Sabay y Hawá impregnarán, a través del penetrante trino que canta su voz unida, cada uno de los arcos y columnas que, como la cara ondulante de un espejismo, muestran los avatares de la magnífica ciudad; porque el persistente rastro que el cuarzo rosado deja, emana poder y las libera de aquellas sedas que infatigablemente las enrollan y asfixian.
“La estirpe de la mariposa” nos introduce con auténtico rigor y realismo en una etapa cumbre en la Historia de la Península Ibérica: al-Ándalus. Desde su capital, Córdoba, nos va abriendo las imponentes puertas que jalonaban el alcázar, observando así con gran asombro el desafiante trono de los Omeya, en un momento álgido en el que Abderramán III proclamó el califato de Córdoba independiente de la corte de Bagdad, inmersos en un siglo X donde nos van a acompañar unos sofisticados y exquisitos ambientes cuyos placeres son derramados en la bandeja de la lujuria; donde asistiremos al erudito reinado del califa Al-Hakam II en los fastuosos salones de la nueva e inspiradora ciudad, adentrándonos en el interminable reguero de ciencia y cultura que atesoraban las estanterías de su valiosísima y fascinante biblioteca; donde, asimismo, varias décadas más tarde, la profusa ornamentación de las salas se torna con el agrio licor de la espada, el fuego y la destrucción que acechan al unísono. También nos enseña, de forma sutil, las diferentes religiones que entonces coexistían entre sí, cada cual con sus características creencias y costumbres; o la esfera más elevada de la clase social andalusí en aquel concreto periodo, marcada por la condición de unas mujeres que tenían que vivir ocultas tras sus barrotes de mármol, totalmente a merced del dominio masculino, anulada su identidad por completo, y tratadas como un simple juguete exótico o como un insignificante símbolo de distracción para el deleite de los varones; obstáculos que, no obstante, las protagonistas aprenden a sortear, poseedoras de una gran influencia ante sus señores y amantes. Nos deja entrever entre divanes, la creciente esclavitud y el mercadeo de personas que pertrechaban los altos mandatarios como si solo fueran meros objetos. Del mismo modo, nos lleva a divisar triste y cruelmente la decadencia que eclipsó aquella espectacular ciudad llamada Madinat al-Zahrâ, así como el ocaso de aquel exuberante imperio a manos del ministro Almanzor y sus descendientes, todos carentes de escrúpulos, cubriendo de polvo una época donde antes había brillado el oro. La autora, con una prosa que rezuma brotes de poesía y un lenguaje intimista, contundente y descriptivo, nos sumerge en un universo femenino que cuenta anhelos y narra añoranzas, enalteciendo, además, la arquitectura artística en toda su diversidad, e interpretando igualmente una holgada independencia de la que gozan las hembras de esta familia, e incluso a pesar de que su horizonte está ya trazado por otros, ellas logran cortar esas apretadas cintas en su natural y espontáneo revoloteo, fijando el punto de mira en parpadeantes constelaciones y cielos despejados. Desde luego, Magdalena Lasala recrea magistralmente en esta novela un tiempo ya lejano, pero que, aún hoy, notamos recitado al presente por medio de su versado e imborrable acontecer.