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Sextravaganza

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Sextravaganza shows Claude Prosper Jolyot de Crebillon fils at his ablest. It begins where most novels end - in the bedroom (of a fashionable lady of 18th Century France). At night. And it ends there the following morning. Its dramatis personae are two - as in the Garden of Eden. A man and a woman. The difference is that French women need no snake to tempt them. And Frenchmen no apple. Men and women had traveled far since the days of Adam and Eve. Sextravaganza is as simple, and as risque, as all that. But around this simple setting what a masterpiece of the subtle and the sophisticated does Crebillon paint It is a most extraordinary picture of the battle between the sexes. On one side the male strategy of attack: the aphrodisiac quality of erotic conversation, the incandescent power of casual caresses, the psychological moments of action. On the other side the female tactics of defense: the evasive changes of subject, the reprimands of mock indignation, the agitations of approaching defeat. Finally, the tumultuous surrender . Thus, in the course of one night, a man and a woman, each of whom is in love with somebody else, gradually warm up to each other until they forget past pleasures in present passions .. Satire, irony, word-play and scandal abound.

196 pages, Paperback

First published January 1, 1755

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About the author

Claude Prosper Jolyot de Crébillon, dit Crébillon fils, was a French novelist. Born in Paris, he was the son of a famous tragedian, Prosper Jolyot de Crébillon, dit Crébillon père. He received a Jesuit education at the elite school Louis-le-grand. Early on he composed various light works, including plays for the Italian Theatre in Paris, and published a short tale called Le Sylphe in 1730. From 1729 to 1739 he participated in a series of dinners called "Le Caveau" (named after the cabaret where they were held) with other artists, including Alexis Piron, Charles Collé, and Charles Duclos.

The publication of Tanzaï et Neadarne histoire japonaise (1734), which contained veiled attacks on the Papal bull Unigenitus, the cardinal de Rohan and others, landed him briefly in the prison at Vincennes. His novel Les Égarements du cœur et de l'esprit was published in 1735 and was although he continued to edit it in 1738, it was never finished. Publication of Le Sopha in 1742 forced him into exile from Paris, which lasted several months.

Around 1744 he entered into a romantic liaison with Lady Henrietta Maria Stafford, daughter of a Jacobite chamberlain, and they were married in 1748. A son born in 1746 died in 1750. Despite financial hardship, they lived harmoniously until her death in 1755. Meanwhile, he published La Nuit et le moment (1745), Ah quel conte and Les Heureux Orphelins (1754). Inheriting nothing from Henriette, he was forced to sell his large library in 1757 and eventually found steady income as a royal censor (like his father) in 1759. In 1768 and 1772 he published his last two novels, Lettres de la duchesse de au duc de and Lettres athéniennes .

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Displaying 1 - 4 of 4 reviews
Profile Image for Ángel Agudo.
356 reviews66 followers
February 20, 2026
«CLITANDRO.— Vivimos una época bastante extraña, la verdad, y si me apuráis, considerada con filosofía, bastante divertida.
CIDALISA.— Hagamos en este instante lo que nuestra epoca parece predicar constantemente: no reflexionemos.»

«Estamos en sociedad, nos aburrimos, y vemos a mujeres que, por su parte, gozan de bien pocos entretenimientos. Somos jóvenes, y la juventud se junta con el ocio... Si obtener los favores de una mujer no es siempre divertido, al menos es una ocupación.»

Diálogo ente dos libertinos, y también antiguos amantes, que se encuentran en la intimidad de una alcoba. Ambos, más que experimentados en el tema de la seducción, comparten un apasionado combate retórico que dura toda la noche. Se enfrentan, se rebaten, se seducen, se justifican, se cuentan historias de sus anteriores conquistas, se meten mano, se engañan y se confiesan la veracidad de su amor (cosa que no les ha impedido tener más de un rollo entre medias).

Crébillon hace una representación exquisita de la frivolidad. Ambos personajes viven y hablan de la sexualidad de una forma descarada. Y a pesar de la pomposidad de su palabras y sus confesiones de amor, uno sabe que esto no es más que un juego. Que estos dos, al igual que el resto de sus compañeros de libertinaje, son unos cínicos de cuidado. Y es que ya lo explica Clitandro en una de sus intervenciones, una especialmente lúcida y en la que divaga sobre esa nueva filosofía moderna, que los conduce al libertinaje:

«Pero, ¿qué era el amor sino un deseo que gustábamos de exagerar, un movimiento de los sentidos que la vanidad de los hombres había erigido en virtud? Hoy sabemos que sólo existe el gusto. Si seguimos diciendo que amamos, no es porque lo creamos, sino porque nos parece la manera más educada de pedirnos lo que sentimos que necesitamos. De la misma manera que nos hemos tomado sin amarnos, nos dejamos sin odiarnos y al menos sacamos del poco gusto que nos hemos inspirado mutuamente la ventaja de seguir siempre dispuestos a hacerle un favor al otro.»

Clitandro y Cidalisa, al igual que el resto de aristócratas, no tienen nada mejor que hacer con su tiempo libre que pasarse el día retozando en la alcoba. A establecer los amoríos más enrevesados, a encapricharse por uno para luego ponerlo celoso con otro para luego olvidar a ambos porque ahora ha venido un nuevo aristócrata a la corte y te ha hecho miraditas. Viven en un mundo sin ataduras, intrascendente, donde su clase social está perdiendo el poder que tenía antaño ante el auge burgués y su función política ya es más simbólica que real. Lo único que les queda en este sinsentido es dedicarse a complacer todos sus caprichos.

Lo que le da el toque al libro, es que esta «denuncia» de la frivolidad no va por los derroteros típicos de siempre, donde las apariencias son malas y bla, bla, bla y todos esos lugares comunes a los que nos tiene acostumbrados la literatura. Crébillon toma la frivolidad y la vuelve en la esencia del libro. El autor no tiene ninguna pretensión elevada, pero aun así alcanza unos pasajes que, a mí, me han parecido brillantes. Esta estética de lo bonito pero hueco empapa el lenguaje. Es recargado, pomposo, elegante, picante, tan frívolo como sus protagonistas.

Y puede que la obra sea corta, pero es densa como ella sola. Crébillon despliega un lenguaje recargado y con una sexualidad velada que necesita de la atención constante del lector para ver, entre los resquicios, todas esas escenas de alcoba. Es la primera vez que me cautiva el lenguaje galante y supongo que se debe a que es la primera vez que lo veo liberado del corsé del amor cortés. Aquí me doy de bruces contra algo paradójico. Esas confesiones de amor cortés, tan elevadas, tan sentidas y espirituales, me parecen mucho más postizas que las de los libertinos. A decir verdad, este gran Amor, típico de las obras clásicas, siempre me ha parecido puro convencionalismo. Mientras que, entre los libertinos, hay algo que me encandila y que también me hace muchísima gracia. Siento algo genuino en su frivolidad. Me divierte esa mirada tan simplona de la vida, pero siempre sometida al buen gusto, al placer y a la elegancia.

Muchas veces tengo la sensación de que los libertinos son un punto medio. Los que están desencantados con lo antiguo, los que se oponen a las normas y se rebelan contra ellas consagrándose al exceso, ya sea de la violencia o a la seducción, pero que no son capaces de crear un mundo sobre las cenizas que quedan de todo lo que han destruido. Creo que ofrecen una mirada profundamente nihilista de la vida.

Otra de las cosas que más me gustan de los libertinos, es su capacidad para denunciar lo que ellos mismos, en principio, defienden. En Sade tenemos a toda esa panda de libertinos criminales, consagrados a darse placer, pero que jamás alcanzan la satisfacción. Y aquí, con Crébillon, tenemos a dos aristócratas consagrados a la seducción y al placer, tan acostumbrados a sus máscaras sociales y a la frivolidad, que ya no son capaces de amarse genuinamente, por mucho que intenten convencerse el uno al otro y a sí mismos.
Profile Image for Zadignose.
317 reviews180 followers
Read
November 15, 2018
Again: Discreet words on indiscreet topics. But--other than to say that this is very good--how does one respond to this? Is it a comedy or a parade of horrors? What is sex? Is it the prime mover of intense passions, or merely a light and frivolous plaything? What are words? Do they disguise or reveal our thoughts and characters? There is much vanity and wicked deception on display here. But which is the greater vanity, the desire to feed our pride through sexual conquest, or to construct elaborate social rituals and role-plays to disguise or deny our primitive urges?

There are many cruelties portrayed here, though portrayed rather lightly... or is it the false "lightness" that is being skewered? In any case, sexual libertinism is shown to be quite ludicrous here, if not monstrous, though we cannot be sure to what extent the author has invited us to sympathize with and therefore participate in it so that we can see ourselves and our natures ridiculed. Perhaps we should scorn ourselves as members of this perverse race. I presume one can be both disturbed and entertained by this.

It makes consistent use of formal-ritualized speech and the rhetorical device of litotes (understatement and expression through negatives). Meanwhile, can one truly wish any of these characters well?

A fair assessment reveals that the protagonist is an admired and highly successful serial rapist whose victims tend to hold themselves to blame, and he's quite self-aware and calculating in all that, yet he shrugs it off as though that is simply how the game of love is played and women would hardly forgive him if he were to play his role less well. The author makes sure we know, there is no real ambiguity in the fact that Clitandre is a brute in guise of a gentleman, yet the author reserves his judgment in that he gives no explicit voice to it; thus the responsibility falls upon us.

Well played, Crébillon Fils, well played.
Profile Image for Jesús De la Jara.
832 reviews103 followers
April 14, 2025
"De la misma manera que nos hemos tomado sin amarnos, nos dejamos sin odiarnos y al menos sacamos del poco gusto que nos hemos inspirado mutuamente la ventaja de seguir siempre dispuestos a hacerle un favor al otro."

Claude-Prosper Jolyot de Crébillon fue hijo del también escritor, aunque más dedicado a la dramaturgia, Prosper Jolyot de Crébillon. Se dice que ambos eran muy diferentes. Además, el escritor que vamos a abordar, quien también es llamado Crébillon hijo, se dedicó a escribir la llamada corriente del libertinaje (libertinos). Esta corriente de la literatura francesa alcanzó su cúspide durante los años previos a la Revolución Francesa.
Esta obra titulada "La noche y el momento o las maitines (primeras horas litúrgicas) de Citera" es en realidad una que se puede enmarcar dentro del género del Diálogo. Lo importante aquí es la conversación de dos personajes, donde en el libro están a manera de teatro, sus nombres y sus parlamentos. Pero no tiene un objetivo de representación, apenas se indican algunos aspectos escénicos. La importancia recae en los argumentos o vaivenes narrativos de ambos personajes.
Estos son el conde Clitandro y marquesa Cidalisa. La historia empieza cuando Clitandro haciéndose el ingenuo visita en la noche la habitación de Cidalisa, quien está acompañada de su criada, y luego de utilizar los trucos y chantajes más viles logra quedarse en su habitación para poder tratar de seducirla.

"Has nacido sensible, y si las desgracias que has sufrido te han hecho temer el amor, no han destruido en ti la necesidad de amar."

Ambos amantes se desafían y se quejan de la infidelidad del otro sin ninguna vergüenza. Hay erotismo y comentarios mundaos. Llama la atención el grado de desfachatez, que parece actual, de la ausencia de compromiso, la falta de amor en el gusto por acostarse con el otro sexo y lo sobrevalorado que están algunas afecciones. Hay desde luego aspectos muy negativos que hoy definitivamente constituyen materia de escándalo, pero que en esa época eran relativamente toleradas. Como cuando él se lanza a su cama y luego dice que de alguien entrar pensaría mal de ella, entonces ella es la que está, de alguna manera, obligada a consentir la violación. Este galanteo pero con chantajeo abusivo era bastante común en aquella y otras épocas. En este juego que ambos prácticamente disfrutan hay un permanente avance y retroceso. Una de las artimañas que utiliza Clitandro es citar a sus antiguas amantes. Ambos jóvenes están en la casa de Cidalisa, pero ella ha invitado a esta banda de amigos tanto hombres como mujeres que casi todos han sido los anteriores amores o pasatiempos de ellos dos.

"Entregarte mi corazón, y todo lo que va con él, me devolvería la situación de la que acabo de salir."

Cidalisa, ansiosa por saber no tanto experiencias nuevas sino lo bajo o lo alto que hayan podido caer sus amigas-enemigas incita a Clitandro a contar sus amores. Ella, por supuesto, también ha tenido amantes pero el núcleo principal es el relato de Clitandro de sus amores como Julia, Aspasia o Justina. El cinismo de Clitandro es legendario pues empieza hablando con un desinterés de ellas pero luego cuenta la importancia que tuvieron. Las desprecia frente a Cidalisa definitivamente buscando su favor, pero su propio relato descarnado desmiente sus posturas hipócritas. Las situaciones van cambiando como menciono a lo largo del libro, aunque el momento siempre es de ambos en la cama de ella. Cidalisa llega a decir q ya tuvo 2 hombres con los que tuvo sexo y que ya con eso se desprecia. Los momentos en que ambos se abandonan al sentimiento y empiezan a decirse frases lindas tampoco tiene pierde.
Este libro es un gran ejemplo de esa corriente francesa en la cual se impulsaba la eliminación del virtuosismo, del amor y de los pensamientos excelsos. Para pasar al deseo, la pasión y la abundancia de relaciones físicas más que espirituales. Está lleno de buenas frases a mi gusto y suele ser ameno aunque en algunas partes cae un poco. Como comenté hay abuso y galanteo al estilo antiguo.

"¡Ay, qué pena saber que el deseo no es amor!"
Profile Image for Vittorio Ducoli.
589 reviews85 followers
August 31, 2018
Sesso, amore e fantasia nella Francia prerivoluzionaria

Crébillon fils è l’ennesimo autore classico di cui la nostra editoria ha perso le tracce. Negli anni ‘80 SugarCo pubblicò il suo romanzo più celebre, Il sofà, e Sellerio questo La notte e il momento come uno dei primi titoli della collana La memoria, ma oggi entrambi questi titoli sono reperibili solo sul mercato dell’usato e null’altro di questo autore si trova in libreria.
Sicuramente Crébillon fils non è uno scrittore imprescindibile, ma certamente la sua lettura ci aiuta a comprendere meglio un mondo, quello della prima metà del ‘700 francese, che ha preceduto di poco la rivoluzione, e quindi ad aggiungere un tassello, sia pure per via indiretta, alla nostra capacità di conoscere le cause che portarono alla grande deflagrazione sociale. È quindi un peccato che oggi sia così difficile leggere le opere di questo autore, anche perché la sua eleganza di scrittura le rende molto godibili.
Claude-Prosper Jolyot de Crébillon nacque nel 1707 a Parigi, figlio di Prosper Jolyot de Crébillon, un drammaturgo di buona fama, e condusse, almeno in gioventù, la classica vita da libertino della Reggenza, tra salotti, avventure galanti e teatri. I suoi scritti, considerati licenziosi e soprattutto perché spesso intrisi di una evidente satira politica e sociale, vennero messi all’indice, e l’autore stesso fu imprigionato ed esiliato, scontando però pene molto brevi grazie alla protezione di cui godeva da parte di grandi dame influenti a corte. Più tardi si sposò con una nobildonna inglese cui fu molto fedele, per divenire poi, quasi paradossalmente, censore reale dei libri, compito che esercitò onorevolmente. Morì nel 1777. Per distinguerlo dal padre è universalmente noto come Crébillon fils.
Argomento principe delle sue opere è l’erotismo. Nel suo romanzo più famoso, Il sofà, edito nel 1742, che seguendo una delle mode del tempo è ambientato in oriente e presenta uno schema narrativo simile a quello delle Mille e una notte, il giovane protagonista narra all’annoiata coppia reale di come in una vita precedente la sua anima fosse stata imprigionata in un sofà, e come da quella posizione avesse potuto assistere, o meglio avesse fornito il necessario supporto, agli incontri intimi di numerosi amanti, tra i quali ovviamente uomini corrotti e vanesi e donne di pubblica e specchiata, ancorché falsa, virtù. La prosa di Crébillon è estremamente allusiva e, pur non giungendo quasi mai ad avvalersi degli espliciti tecnicismi che caratterizzano la coeva letteratura pornografica, avvolge il lettore in un’atmosfera di ambigua sensualità che è la vera forza del romanzo, accanto naturalmente al suo contenuto di denuncia dell’ipocrisia sociale nei confronti del sesso e della sua importanza nelle relazioni umane.
La notte e il momento, o I mattini di Citera è, se possibile, un testo ancora più raffinato de Il sofà, perché l’argomento principale di cui si occupa, il momento e il suo rapporto con l’amore, è totalmente sublimato nel lunghissimo dialogo tra i due protagonisti assoluti, Cidalise, una giovane marchesa che ha invitato nel suo palazzo un gruppo di amiche e amici, tra i quali un ex amante, e Clitandre, un conte con fama di libertino che da tempo le fa la corte.
Il racconto è strutturato come una pièce teatrale, ed infatti è stato più volte adattato per le scene, anche nel nostro paese: il dialogo che si svolge tra i due lungo una intera notte lo occupa quasi per intero, se si eccettuano due battute della cameriera Justine e alcune didascalie dell’autore, volte per lo più ad avvertire il lettore di alcune dissolvenze quando al dialogo si sostituisce l’azione.
La trama è semplicissima. Cidalise sta per andare a letto quando in camera sua entra Clitandre, in vestaglia (sotto la quale è nudo, come ci tiene a precisare). Egli professa subito il suo ardore per Cidalise, la quale inizialmente lo invita ad andarsene, per poi accettarne la conversazione. Inizia quindi una vera e propria disfida verbale tra i due, segnata dai progressivi avanzamenti di Clitandre verso il letto di Cidalise nel quale ad un certo punto si infila togliendosi la vestaglia: Clitandre professa il sentimento che da tempo prova per Cidalise, al quale però la marchesa oppone sia la sua volontà di non impegnarsi più, dopo la sua infelice relazione con Eraste, finita da poco, sia il fatto di sapere che Clitandre ha avuto molte donne anche negli ultimi tempi.
Mentre la scaramuccia verbale prosegue, la difesa di Cidalise si fa sempre più flebile, ed i progressivi cedimenti portano inevitabilmente al momento ed alla confessione da parte di Cidalise di amare Clitandre. Del fitto dialogo tra i due, che prosegue anche dopo e che vedrà alcune altre interruzioni per ulteriori momenti, fanno parte i racconti che Cidalise chiede a Clitandre circa alcune sue precedenti avventure con amiche comuni. Sono questi racconti a mio avviso le parti più godibili del libro, perché è qui che emerge maggiormente la capacità di Crébillon di alludere, di lasciar intuire che cosa accade, anche nei minimi particolari, senza mai entrare esplicitamente in tali particolari. Il testo si conclude quando, alle sette del mattino, Clitandre esce dalla camera di Cidalise per tornare, con passo leggero, nella sua.
Per comprendere meglio il senso complessivo di un racconto che come detto è costruito come un duello al fioretto verbale è a mio avviso necessario riportare questa lunga citazione di un passo tratto dalle sue prime pagine, che rappresenta il vero cuore programmatico di questo libro: in questo passo, in cui parla ovviamente Clitandre, si trova quella che è stata definita da alcuni commentatori la professione di fede dei libertini, ma si trova anche il tentativo compiuto di rispondere all’interrogativo che il libertino Crébillon pone a base di questa e di altre sue opere, e che può essere espresso in questo modo: che rapporto esiste tra l’amore, questo sentimento ideale ed idealizzato, e il desiderio ed il possesso fisico? Ecco come risponde Crébillon/Clitandre al proposito; vedremo peraltro che le tesi esposte in questo passo saranno in qualche modo superate dalla morale del racconto, il cui intento è a mio avviso proprio quello di dimostrarne l’insufficienza e di condurre quindi una critica al libertinaggio fine a sé stesso.
”Sarei portato a credere che in questo [la differenziazione tra amore e possesso, N.d.R.] come in molte altre cose, la filosofia [moderna] ha corretto le nostre idee. Ci ha insegnato a conoscere i motivi delle nostre azioni, ci ha liberato dalla certezza che noi si agisca a caso, o che il caso ci determini, Ad esempio, prima che riuscissimo a ragionare cosi bene, facevamo certamente tutto quel che facciamo oggi; ma lo facevamo come trascinati da un torrente, senza cognizione di causa, e con la timidezza che danno i pregiudizi. Non eravamo più stimabili di oggi, ma volevamo sembrarlo, e si dava che una pretesa così assurda impacciasse di tanto i piaceri. Infine, abbiamo avuto il bene d’arrivare al vero: — ed ecco: cosa ce ne viene a noi? Mai le donne han fatto meno difficoltà in salotto; mai si è fatta meno affettazione di virtù. Ci si piace e ci si prende. Ci si annoia l'un con l’altro? Ci si lascia senza cerimonie come ci si era presi. Ci si torna a piacere? Ci si riprende con altrettanta vivacità, quasi fossimo di nuovo al primo sguardo. Ci si lascia ancora, - e mai con un litigio.
È vero che l’amore, in tutto questo, non c'è mai entrato. Ma l’amore, l’amore cos’era? - Un desiderio che ci si compiaceva d’esagerare, o un moto dei sensi che la vanità degli uomini sentiva l'obbligo di cangiare in virtù? Oggi sappiamo che esiste solo il piacere; e se ci si scambia la parola dell’amore, lo si fa non tanto perché ci si creda, ma perché è il modo più decente per chiedersi, in via reciproca, ciò di cui si prova bisogno. Così come ci si prende senza amore, ci si separa senza odio. E se da questo si ricava un vantaggio, per via del flebile gusto scambievolmente ispirato, è quello di sentirsi sempre pronti a ricominciare. L'imprevista incostanza d'un amante affligge una donna? Costei ne ha appena il tempo di accorgersene. Ragioni di buona creanza o di interesse non le consentono di lasciare un amante noioso, o un amante che ha cessato d'apparire amabile? Tutti gli amici si danno attorno per distoglierla dalla pena della situazione, Un capriccio la travolge? In un minuto è soddisfatto. Siamo forse noi uomini i protagonisti dei casi che vi ho enumerato? Troviamo le stesse risorse nella riconoscenza delle donne con le quali abbiamo per un po’ vissuto in intimità. E credo, dopotutto, che vi sia molta saggezza nel sacrificare a un piacere ricco qualche vecchio pregiudizio, Il quale, a chi ancora ne faccia sua regola di condotta, procura scarsa stima e molta noia.”

Si ritrova in queste definizioni, in particolare in quella dell’amore come forma più decente per connotare e quindi rendere socialmente accettabile l’attrazione fisica, una concezione schiettamente materialistica di chiara matrice illuministica, quasi una sorta di anticipata distinzione tra struttura e sovrastruttura applicata ai rapporti umani. Crébillon pone alla base di qualsiasi rapporto d’amore l’attrazione fisica e il soddisfacimento di quella attrazione attraverso l’atto sessuale, che deve peraltro essere caratterizzato da specifiche raffinatezze tecniche. Vedremo però come egli sia pienamente consapevole che l’atto sessuale da solo non è in grado di comprendere totalmente il rapporto d’amore tra due persone: in un altro scritto infatti giunge a classificare le forme dell’amore distinguendo, come ci ricorda Stendhal - suo ammiratore - in Dell’amore, l’amour-goût dall’amour-fou: se il primo è l’amore dominato da e fondato su l’ardore dei sensi, il secondo, essendo più elevato in quanto coinvolgente tutte le facoltà dell’anima e basato su una comunanza intellettuale, non può comunque prescindere da quello stesso ardore.
Seguendo questa classificazione il duello verbale tra Clitandre (à propos, che nome allusivo…) e Cidalise può essere inteso come la capacità di quest’ultima di guidare Clitandre dal perseguimento solamente dell’amour-goût, il soddisfacimento del suo bisogno fisico, all’amour-fou nei suoi confronti. Il Clitandre che la mattina alle sette esce dalla camera di Cidalise non è lo stesso che vi è entrato: probabilmente non sarebbe più totalmente d’accordo con gli assunti che ha enunciato poche ore prima sull’essenza dell’amore, perché Cidalise è stata capace di trascinarlo verso una forma più elevata di comunione, che aggiunge altro al piacere fisico. Le armi che ha usato sono state molteplici, compresa una buona dose di sana civetteria, ma quella definitiva è stata la pretesa, insistita, che Clitandre le narrasse le sue precedenti avventure, alla cui base c’era solo il rapporto fisico: narrando, Clitandre espone il vuoto che, al di là del piacere fisico, circonda queste sue avventure amorose, e implicitamente si rende conto di quanto sia diverso il suo sentimento per Cidalise. Lei, a sua volta, si sente attratta da tempo da lui, come ammette, ma gli si concede solo quando comincia a essere sicura di non essere solo una preda. È quindi lei, in misura solo apparentemente paradossale, la vincitrice del duello: è infatti lei che riesce a far cambiare la prospettiva di Clitandre, con i suoi stop-and-go che soggiogano completamente l’amante, usando il sesso, oltre che per il proprio piacere, anche come esca per portarlo dalla propria parte.
La notte e il momento è quindi un racconto più complesso di quello che potrebbe apparire ad una lettura frettolosa, nel quale l’apparente frivolezza, l’eleganza formale non sono fini a loro stesse, ma perfettamente funzionali a scandagliare la psicologia dei due personaggi e, attraverso di loro, il sentire di un’intera epoca, almeno per quanto riguarda le classi allora dominanti, attorno a questi temi.
Credo in questo senso di poter anche dire che il racconto confuti l’accusa di cinismo talora rivolta a Crébillon fils: egli invece unisce ad una indubbia lucidità nel cogliere l’essenza dei rapporti sentimentali la capacità – soprattutto in un’opera come Il sofà - di denunciare come questa essenza sia oscurata dalle ipocrisie e dalle convenzioni della società, ed inoltre come questa stessa essenza possa degradarsi e degradare quando non sia accompagnata da una adeguata complicità intellettuale e morale tra gli attori. Una posizione, questa di Crébillon fils, di grande modernità, che riconosce l’importanza del sesso come motore delle relazioni tra gli esseri umani ma denuncia l’insufficienza di tale motore per la costruzione di un rapporto completo.
Pur non essendo un capolavoro La notte e il momento è quindi un libro che vale la lettura, che ci regala momenti di divertimento e al contempo di riflessione, che ci permette di comprendere meglio l’esprit di un’epoca lontana nella quale però aleggiavano domande che, in altre forme, ci poniamo ancora oggi, e che si schiera apertamente sin dalla citazione di Ovidio che troviamo in esergo: Hoc legite, austeri, crimen amori abest. Speriamo che Sellerio lo ristampi presto.
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