No sé qué hacer con esta lectura.
Desde el comienzo sabes que estás entrando de lleno a la "novela del siglo XXI". Nada tan experimental como para ser incomprensible, pero, con esos guiños del narrador/autor que te ubican en una forma contemporánea de hacer literatura.
Al final, la novela, la autora, quien cuenta nos da un bofetadón y hace un planteamiento poco usual, ¿lo digo? ¿Realmente importa? Bueno, no lo haré, quizás sí lean el libro, aunque lo dudo.
Nunca me ha gustado contar la trama. La anécdota es simple, pero, poco importa. Habla del amor, de la paternidad, de la manera en cómo la historia, los acontecimientos, como las guerras, las revueltas, la segregación racial, religiosa, afectan la vida de las personas. Y como no podemos "escapar" o vivir ignorando nuestro entorno, que, como está conectado con todo, termina tocándonos, a veces, nos hiere, otras nos da felicidad.
Un poco trata de la alta cultura europea y como esta no es pareja (qué raro). Un poco de la "aportación" que hace, indirectamente, el arte a las divergencias políticas.
Tomé el libro porque alguien me habló de los "ángeles" y porque la solapa ensalzaba a la autora, lo leí porque papá, en quien confío para la biblioteca andante que es, tenía no sólo esta, sino otra novela más de la autora. Leemos a veces por las cuestiones más extrañas, inusuales, y lo que sí es seguro, es que no puedes ser la misma persona que comienza el libro que la que la termina. (Heráclito)
Durante los 20 días que me tomó leer esta novela, mi vida tomó varios giros inesperados, la mayoría de ellos, muy buenos, buenísimos. Y por eso, el final, no abrupto, pero sí radical de la obra, me deja perplejo, lleno de preguntas, y con la tranquilidad, la confianza que te la literatura de que puedes volver a ella, como quien vuelve a los clichés, a los lugares seguros, sabiendo que ellos no te explicaran cómo tomar la vida, pero que te permitirán acceder a otro punto de vista, a otra perspectiva.