3×961 – Vale

961


Cubierta del velero Nueva Esperanza


12 de diciembre de 2008


B��RBARA ��� Sobre todo que no las vean. ��Vale?


Carla y Dar��o asintieron, muy concienciados de su papel. La barca de remos con aquellos dos extra��os estaba ya peligrosamente cerca. Ellos hab��an recogido las velas, hab��an detenido el velero y hab��an encendido los motores, dej��ndolo todo preparado para la huida si las cosas se acababan torciendo. Los tres ten��an oculta una pistola bajo la ropa de abrigo, cargada y lista para cualquier eventualidad que pudiera surgir.


La barca de remos estaba ya muy pr��xima a Nueva Esperanza. Quien remaba era un chico algo m��s joven que Christian, que iba acompa��ado de una mujer de entre cuarenta y cuarenta y cinco a��os. Los tres aguardaron en silencio hasta que aquella mujer se puso en pie y se dirigi�� a ellos. A los lados de sus ojos se dibujaban unas arrugas que delataban su buen humor.


MARTA ��� ��Ah del barco! ��Buenos d��as!


B��rbara trag�� saliva. Dar��o se hab��a relajado bastante al comprobar que una de las personas que ven��an a su encuentro era una mujer.


DAR��O ��� Muy buenos d��as. ��En qu�� os podemos ayudar?


MARTA ��� ��Vosotros no sois de aqu��, verdad?


DAR��O ��� No.


JES��S ��� Si ya te lo he dicho yo que este barco no era de los nuestros, mama.


MARTA ��� D��jame hablar a mi. ��Os hab��is perdido?


DAR��O ��� No, no. Para nada. Vamos a la pen��nsula. S��lo hemos pasado por aqu����� de casualidad.


MARTA ��� ��A la pen��nsula vais? Esa no es una buena idea. Ah����� est�� todo perdido. Mira… Me presento. Yo soy Marta, y ��ste chaval es Jes��s, mi hijo.


El grupo de B��rbara tambi��n se present��. Nada invitaba a pensar que tuvieran malas intenciones, pero a��n as�� B��rbara no estaba dispuesta a bajar la guardia.


MARTA ��� Bueno, ya lo est��is viendo ah�� delante. Somos parte de un grupo de gente que nos hemos reunido alrededor del islote. En el recuento de ayer sumamos doscientas treinta y dos personas. Hay gente de todos lados. Algunos a duras penas saben hablar espa��ol. Hay hasta una pareja que viene de Nueva Zelanda. Aunque la enorme mayor��a vienen de la pen��nsula. Nosotros venimos de las Jamesh. Ah�� tambi��n est�� todo perdido. Por lo que hemos o��do, est�� todo igual en todos los sitios. Pero��� aqu�� estamos todos sanos, eh. Hemos tenido un par de problemas, pero como cada uno vive en su barco, los hemos podido solucionar a tiempo. Lo bueno es que los que enferman no saben nadar, as�� que aqu�� es dif��cil que nunca tengamos problemas de ese tipo. Empezamos siendo cuatro gatos, pero se ha ido corriendo la voz y cada vez somos m��s. Estamos continuamente haciendo viajes para recoger alimento y dem��s cosas necesarias a los pueblos costeros. Ahora mismo hay siete misiones diferentes fuera. Intentamos��� empezar de cero, aqu��. Estamos construyendo una peque��a aldea en el islote. No es muy grande, pero estamos plantando verduras y tenemos algunos animales que hemos ido trayendo. Nos gustar��a que nos acompa��arais, por lo menos para verlo. Luego ya��� pod��is seguir vuestro viaje, o quedaros, como prefir��is. Pero ya os digo que en la pen��nsula no vais a encontrar ning��n lugar seguro.


Dar��o mir�� a B��rbara, indeciso. La profesora se mordi�� el labio. Esa mujer no parec��a hostil, y transmit��a mucha paz, pero a��n as�� ninguno de los dos estaba convencido de dar el siguiente paso.


JES��S ��� ��De d��nde ven��s?


CARLA ��� De Nefesh.


Dar��o acribill�� a su nieta con los ojos. Ella se dio cuenta tarde de su error y agach�� la mirada, avergonzada. Desde que despert�� no daba una a derechas. Se prometi�� no volver a abrir la boca.


MARTA ��� Anda, mira. Aqu�� en el islote tambi��n tenemos gente de Nefesh. ��C��mo est�� la cosa por ah��?


DAR��O ��� Pues��� fatal, igual que en la pen��nsula. ��Sabes c��mo se llama��� esa gente que dices?


MARTA ��� Pues��� si te soy sincera, no. Hay much��sima gente ah��, y cada uno vive en el barco en el que vino. Yo no les conozco a todos. Los adultos pasamos la mayor parte del tiempo en el islote, levantando la aldea, trabajando la tierra y cuidando de los animales. De todas maneras tenemos una lista con todos los nombres, y ah�� tambi��n dice de d��nde es cada uno. Una vez juntamos a dos primos que se hab��an dado por muertos. No me costar��a nada revisarla y decirte quienes son los que vinieron de Nefesh.


DAR��O ��� No, s����� no hace falta.


MARTA ��� Mira, hagamos una cosa. ��Hab��is comido ya?


Dar��o respir�� hondo y solt�� el aire lentamente. B��rbara neg�� ligeramente con la cabeza.


MARTA ��� ��Por qu�� no os ven��s, ni que sea un rato? Os invitamos a comer. No nos viene de tres bocas m��s, y as�� nos explic��is c��mo est�� la isla. Y luego si��� quer��is, os pod��is quedar con nosotros. Aqu�� hay trabajo m��s que de sobra, y no nos vendr��a mal un poco de ayuda.


B��RBARA ��� Es que��� tenemos algo de prisa.


Marta ri�� amistosamente. A esa distancia se le distingu��an claramente algunas ra��ces canas en un cabello que hace unos meses hab��a estado te��ido de casta��o.


MARTA ��� ��Prisa? ��Prisa de qu��? Veniros, hombre. As�� podr��is hablar con los dem��s, y encontrar a vuestros vecinos. ��De verdad que no os apetece?


B��RBARA ��� Es que vamos a buscar a unas personas. Por eso no��� no nos podemos quedar.


MARTA ��� Igualmente tendr��is que comer, ��no?


DAR��O ��� Ya, pero���


MARTA ��� ��Y de verdad os viene de un par de horas?


Dar��o mir�� a B��rbara.


DAR��O ��� ��Nos dejas��� discutirlo, un momento?


Marta asinti��, sin darle mayor importancia. Tom�� asiento junto a su hijo, mientras el grupo de B��rbara se reun��a en un corrillo.


DAR��O ��� ��A ti qu�� te parece?


La profesora resopl��. Por primera vez en mucho tiempo no sab��a qu�� hacer.


B��RBARA ��� Parecen��� buena gente. No s�����


Dar��o asinti��.


CARLA ��� Yo no creo que mienta.


DAR��O ��� Yo tengo curiosidad por saber c��mo se lo est��n montando ah��. Si son tant��sima gente y consiguen tirar adelante, seguro que podemos aprender un mont��n de ellos.


CARLA ��� ��Entonces qu��, vamos?


B��RBARA ��� ��Y qu�� hacemos con Zoe?


DAR��O ��� Que se venga tambi��n. Seguro que hay un mont��n de chavales con los que puede jugar.


B��rbara resopl�� de nuevo. No le vendr��a de demorarse un par de horas m��s. Con el viento que estaba haciendo ��ltimamente, ya hab��an perdido m��s de un d��a de viaje.


B��RBARA ��� Venga, va. Pero vamos con las armas, por si acaso. Esta mujer parece buena gente, pero de los dem��s no me f��o.


DAR��O ��� Vale, est�� bien.


Los tres volvieron a proa.


MARTA ��� ��Qu�� tal? ��Ya hab��is��� deliberado?


Marta sonri�� de nuevo. Estaba claro que ella no se hab��a cruzado con ning��n H��ctor en su camino; de lo contrario no tratar��a as�� a unos totales desconocidos, con su hijo presente, sin siquiera preocuparse de comprobar si llevaban armas.


B��RBARA ��� Os acompa��aremos un rato a comer, pero luego nos tenemos que ir. Vamos a buscar a unas personas que est��n esper��ndonos, y no podemos perder mucho tiempo.


MARTA ��� Me parece bien. Y luego��� a la vuelta, os pod��is venir aqu�� con nosotros. Estaremos encantados de recibiros. Porque en la pen��nsula no os pretend��is quedar, ��verdad?


B��RBARA ��� No, no. Ah�� s��lo vamos de paso, a buscarles.


MARTA ��� Mucho mejor as��. Pues��� no se hable m��s. ��Os ven��s con nosotros?


DAR��O ��� No tranquila. Nosotros tenemos nuestra propia barca.


MARTA ��� Pero si aqu�� cabemos todos.


DAR��O ��� Es que��� somos cuatro.


B��RBARA ��� ��Zoe, ya puedes salir!


La ni��a asom�� su pecosa cara por la escotilla. Llevaba varios minutos agazapada en el camarote principal, arma en mano, tratando de averiguar qu�� dec��an, y dispuesta a echarles una mano si los reci��n llegados se demostraban hostiles. Se les uni��, y B��rbara la present��, mientras Dar��o y Carla descolgaban el bote rojo de remos que ven��a con el velero. B��rbara y Carla se encargar��an de remar.


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Published on May 08, 2015 15:00
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