3×951 – Qu��date
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Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh
8 de diciembre de 2008
B��rbara tuvo que llevarse el brazo libre a los ojos al salir al Jard��n, de tan intenso que era el brillo del sol que reinaba ah�� fuera. Los precedentes d��as de fr��o parec��an estar remitiendo, aunque s��lo fuese temporalmente. Con el brazo contrario ten��a sujeta una pesada caja de cart��n en la que llevaba armas y munici��n, as�� como tres chalecos antibalas. Confiaba no tener que necesitarlos durante la traves��a, pero no estaba dispuesta a dejar nada al azar, y menos despu��s de la amarga experiencia que tuvo la ��ltima vez que surc�� el Mediterr��neo. No era la primera caja que sub��a al barco, y no ser��a la ��ltima. S��lo con la comida y los litros de agua dulce que hab��an guardado ah�� dentro, podr��an aguantar al menos dos o tres meses en alta mar sin tener que preocuparse de nada m��s.
Ah�� fuera hab��a mucho movimiento. A excepci��n de quienes estaban al cargo de los beb��s, Juanjo y Maya, el resto deambulaban err��ticamente tanto por el Jard��n como por el patio de la escuela. Estaban ultimando los preparativos para la partida de B��rbara, que si nada se torc��a, se producir��a esa misma tarde, despu��s de la comida de despedida. La profesora se ech�� la caja al hombro, sujet��ndola con el brazo contrario, cruz�� la carretera por el paso de peatones y sigui�� adelante por el camino pavimentado que llevaba a la escuela, cuya puerta de acceso estaba abierta de par en par. Salud�� a Dar��o, que estaba reunido con Christian, con ��o, con Josete y con Zoe. El viejo pescador les estaba explicando detalladamente qu�� deb��an hacer con el huerto en su ausencia. La profesora aguant�� la mirada un par de segundos con Zoe, que parec��a a punto de ponerse a llorar. Respir�� hondo y sigui�� adelante, con un desagradable nudo en el est��mago. Rode�� el edificio de la escuela y lleg�� al campo de juegos que hab��a detr��s, en cuyo centro descansaba el velero que deb��a llevarla al encuentro con su hermano.
Camin�� m��s lentamente al acercarse a su destino, sorprendida por algo que hasta el momento se le hab��a pasado por alto. Las letras eran demasiado regulares para haberlas hecho directamente con una lata de spray en aerosol, como el mural de Christian. Ocupaban una cuarta parte de la eslora del barco, y hab��an sido pintadas con grandes letras negras, may��sculas.
B��RBARA ��� Nueva Esperanza.
Carlos se acerc�� a ella, sonriente, aunque algo inc��modo por su presencia. Hab��a bautizado al barco por iniciativa propia, sin pedir opini��n ni permiso a nadie.
CARLOS ��� ��Qu�� te parece?
B��RBARA ��� Est�� genial.
CARLOS ��� Da mala suerte botar un barco que no haya sido bautizado. Es��� espero que no te moleste. Quer��a��� hacerle un peque��o homenaje al barco que��� me robaron.
B��RBARA ��� Est�� perfecto, Carlos, de verdad. Me encanta.
El instalador de aires acondicionados sonri��, y aprovech�� para librar a B��rbara de la pesada carga que sosten��a.
CARLOS ��� Oye��� ��Puedes��� puedes venir un momento? Tenemos que hablar.
Marion mir�� a la profesora por encima del hombro, desde su posici��n sobre la cubierta del barco, en la que Carlos hab��a instalado dos placas solares que esa misma ma��ana hab��a tomado prestadas de dos farolas que quedaban extramuros, cerca de la obra que utilizaban de vertedero. De ese modo podr��an disponer de luz por la noche y de algo de corriente el��ctrica sin necesidad de encender el motor del barco, cuyo dep��sito tambi��n hab��an llenado hasta arriba. B��rbara la salud��, pero la hija del difunto presentador le gir�� la cara, y sigui�� protegiendo mec��nicamente con cinta americana los cables sueltos que se dirig��an al camarote principal del velero. B��rbara frunci�� ligeramente el ce��o, sorprendida por su actitud. Carlos la asi�� amistosamente del hombro, invit��ndola a acompa��arle. Ambos se alejaron un poco y se sentaron en uno de los bancos del patio. Carlos dej�� la caja sobre el asiento y se dirigi�� a la profesora.
CARLOS ��� Es sobre��� Lo hemos estado discutiendo esta noche Marion y yo���
B��rbara se mantuvo en silencio un par de segundos.
B��RBARA ��� ��Qu�� es lo que pasa?
CARLOS ��� B��rbara. Quiero ir contigo.
La profesora se qued�� en silencio. Esa declaraci��n la pill�� por sorpresa. Hab��a estado postergando esa conversaci��n tanto con ��l como con la peque��a Zoe, que cada vez ve��a m��s inminente la separaci��n, y estaba extremadamente sensible. Estaba ocurriendo todo demasiado r��pido, y tem��a que a ese paso acabar��a dej��ndose muchas cosas por hacer antes de partir.
CARLOS ��� No me f��o de lo que os pod��is encontrar por el camino y��� querr��a acompa��arte. ��Qu�� me dices?
B��rbara neg�� ligeramente con la cabeza. No lo hab��a hablado a��n con nadie, pero ya hab��a tomado una decisi��n en firme al respecto.
B��RBARA ��� Te lo agradezco much��simo, te lo digo con el coraz��n en la mano, Carlos. No se me ocurre nadie m��s capaz que t�� para afrontar un reto como este, pero��� Prefiero que te quedes aqu��. Eres el ��nico��� del que me f��o de verdad. No��� no me quedar��a tranquila dejando aqu�� solos a Zoe y a los beb��s��� con Paris��� y con Juanjo, sin un adulto que cuide de ellos.
CARLOS ��� Bueno��� Est��n Chris, y Marion���
La profesora alz�� las cejas, con una media sonrisa. Carlos ri�� abiertamente. Ambos se entend��an perfectamente, sin necesidad siquiera de mediar palabra. B��rbara nunca hab��a tenido una relaci��n de simple amistad tan intensa con nadie.
B��RBARA ��� No��� no me ir��a tranquila. Prefiero que te quedes t��. ��Te��� te molesta?
CARLOS ��� No��� No. Si��� sab��a lo que ibas a decir. Marion va a estar muy contenta cuando se entere. Pero a��n as�����
Carlos chist�� con la lengua.
B��RBARA ��� En serio. De verdad. En esa caja llevo m��s munici��n, y he cogido tambi��n chalecos de los que usamos cuando fuimos a buscar a Zoe al hotel. Siempre va a haber alguno haciendo guardia fuera, y��� Esto��� Esto es cosa m��a. Es��� algo que tengo que hacer yo sola. Adem��s, que��� volveremos enseguida, en cuanto les recojamos. Qu��date tranquilo.
Carlos sonri��, acarici�� el hombro de la profesora, cogi�� de nuevo la caja y comenz�� a caminar en direcci��n al barco. Al dar un par de pasos se gir�� hacia ella, que segu��a sentada en el banco, mir��ndole.
CARLOS ��� ��Venga! ��A qu�� esperas? Todav��a queda mucho trabajo por hacer. ��Levanta el culo!


