Entrecruzamiento de la Historia y la literatura en la generación del setenta - Entrecruzamiento de la Historia y la literatura en la generación del setenta

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Predominan en este libro, desde el anális del encuentro de la Historia y la literatura trabajao por Paul Ricoeur, el tema de la familia y la nación en las novelas Las horas del sur, de García Ramis, Paraje de tránsito (1999) de López Ramírez y en las crónicas de Puertorriqueños, álbum de la sagrada familia puertorriqueña (1989) y en Caribeños (2002), de Edgardo Rodríguez Juliá. Hemos dedicado dos ensayos a José Luis González, como figura tutelar del grupo de los setenta. Por su importancia dentro de la escritura del setenta reflexionamos sobre historia y crónica en La llegada: crónica con "...more
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Published on 2009-02-01


Entrecruzamiento de la Historia y la literatura en la generación del setenta
Chapter 1   —   Updated Feb 01, 2009   —   7,328 characters
LA GENERACIÓN DEL SETENTA Y LA HISTORIA

La generación del setenta en la literatura de Puerto Rico inició cambios profundos en la búsqueda de representar la memoria histórica. Y lo ha realizado en diferentes terrenos: el historiográfico con el nacimiento de una nueva historiografía, como la de Fernando Picó, que ha puesto de manifiesto la microhistoria, la relación de los jornaleros con sus amos en el siglo XIX y la historia de pequeñas comunidades como Caimito; también aparecen las historias de las haciendas cafetaleras, y nuevas valoraciones de la historia general, en la que se trabaja la relación con el poder de los grupos subalternos, como los negros y las mujeres trabajadoras. Por otra parte, está la simbolización y el rescate de los espacios de la memoria, que habían sido olvidados o poco estudiados: El Grito de Lares, la historia del nacionalismo y Pedro Albizu Campos, la relación de Puerto Rico con el Caribe, la historia de la emigración a Nueva York, la lucha racial, las construcciones excluyentes de los relatos identitarios; así como la formación de nuevos maestros de historia de Puerto Rico y el Caribe. En este último esfuerzo, debemos situar las obras de ficción y las crónicas literarias que, más que relatar el pasado histórico de la memoria, han buscado explicar la condición colonial en que vive Puerto Rico desde su descubrimiento, y la lucha de esa isla por constituirse en una nación o una identidad cultural y política.
Es bueno anotar que la ausencia de una nación soberana, o la existencia de una soberanía mediatizada, ha contribuido a que los escritores puertorriqueños, que buscan fortalecer el relato nacional, hayan construido la República en la república de las letras, ambas metáforas intercambiables han producido un efecto de lectura canónica en la que la literatura se convierte en representación de un deseo. Es decir, las peripecias que han llevado el pueblo por constituirse en ciudadanos de una nación a semejanza de las naciones iberoamericanas, han ocupado el terreno de la representación simbólica, como afirma Juan G. Gelpí, Literatura y paternalismo en Puerto Rico.
Postulamos que los narradores del setenta son deudores de las generación del cincuenta, René Marqués, Pedro Juan Soto, Díaz Valcárcel y, sobre todo, José Luis González, quien es la figura que más influyó en ellos. Esto de tal manera, porque ha puesto sobre el tapete los temas y discusiones principales de la puertorriqueñidad que la generación ha hecho parte de sus simbolizaciones, como la revaloración del pasado con la crítica sociológica y literaria, el problema del nacionalismo, la negritud, la caribeñidad de los puertorriqueños, las transformaciones desarrollistas y la emigración a Nueva York, entre otros. Uno de los escritores más sobresaliente de este grupo, Edgardo Rodríguez Juliá, publicó La renuncia del héroe Baltasar (1974), una creación mito-histórica en la que plantea el problema del ser, de la epicidad del puertorriqueño, desde una re-mitificación de la Historia. Anteriormente, Tomás López Ramírez publica su colección de cuentos Cordial magia enemiga (1971), en la que ya aparecen varias tendencias de la generación, el tema del pasado histórico, la influencia del Boom latinoamericano, fantástico y la extensión de la cultura puertorriqueña a Nueva York. Luego en su novela Juego de las revelaciones (1976), lo fantástico se une a una indagación de la historia del nacionalismo.
Magali García Ramis, cuentista, cronista y novelista, de forma temprana plantea un de los temas capitales de la generación: la familia y la nación, en La familia de todos nosotros (1976), en Felices días, tío Sergio (1987) y en Las horas del Sur (2005), obra que abordamos aquí como el intento de realizar una arqueología de la familia.
Trabajamos también a Luis López Nieves, un connotado miembro de la generación que ha sido muy conocido por su cuento Seva (1984) en el que realiza una tergiversación de la historia, como ha planteado Stelle Irizarry. Dejamos de lado Seva y nos fijamos en La verdadera muerte de Ponce de León (2000), conjunto de cuentos en los que López Nieves revalora el siglo XVI.
De Ana Lydia Vega tomamos las crónicas y los relatos sobre la caribeñidad, desde su sentido carnavalesco y de choteo, en Falsas crónicas del sur (1991) y Encancaranublado y otros cuentos de naufragio (1983). Vega escribe ficciones que tienen relación con la historia. Pienso que, de alguna manera, la escritura historicista de Vega coincide con el llamado que hiciera José Luis González de buscar lo caribeño en la sociedad puertorriqueña y devolver a Puerto Rico al escenario cultural del Caribe.
En El país de cuatro pisos y otros ensayos (1980), José Luis González demandó que Puerto Rico fuera integrado al mundo caribeño. Pero las declaraciones de la autora sobre la relación de su generación con la historia, avalada por separado por Arcadio Díaz Quiñones, muestran el deseo generacional de realizar una nueva revaloración del pasado puertorriqueño.
El discurso historicista de Ana Lydia Vega postula una historia que busca en el relato la verdad y fija en la letra la historia oral. Vega trabaja los escenarios de la memoria colectiva construidos por la historia canónica. Su narrativa cambia esa historia porque la representa en una nueva lectura, en una nueva escritura. Vista de esta forma, la historia retorna al relato y desestabiliza, en cierto sentido, la historiografía.
Predominan en este libro, el tema de la familia y la nación en las novelas Las horas del Sur, de García Ramis, Paraje de tránsito (1999) de López Ramírez y en las crónicas de Puertorriqueños, álbum de la sagrada familia puertorriqueña (1989) y en Caribeños (2002), de Edgardo Rodríguez Juliá. Hemos dedicado dos ensayos a José Luis González, como figura tutelar del grupo de los setenta. Por su importancia dentro de la escritura del setenta reflexionamos sobre historia y crónica en La llegada: crónica con “ficción” (1980) y en Balada de otro tiempo (1978), la relación campo ciudad y la referencialidad histórica. De esta manera conectamos a este grupo de creadores con su predecesor más inmediato.
Además de la familia, el tema capital o el espacio revisitado del pasado puertorriqueño, el 98, que es el punto final del dominio español y el inicio del estadounidense; también asoman en estas reflexiones, la historicidad de los siglos XVI y XVIII en la cultura puertorriqueña, el Grito de Lares, la gesta nacionalista, la caribeñidad, la identidad colectiva e individual, la construcción de un sujeto político; en fin, los temas en los que más se detienen los estudios puertorriqueños.
Otras cuestiones que se plantean en esta obra, como las preocupaciones teóricas, ya han sido bosquejadas al inicio de este ensayo y se retoman en el cuerpo del libro, aplicadas a las lecturas, desde lo que llamaría arqueología del sentido. El apreciado lector deberá disculpar la provisionalidad de nuestras cavilaciones y que todos los autores de la generación del setenta no aparezcan aquí, pues esta obra deja espacio para otras reflexiones. El tiempo lo dirá.

Caguas, Puerto Rico, 28 de noviembre de 2008

(Parte final del primer capítulos)



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