Para Vestir Santos - Para Vestir Santos (los primeros dos párrafos) by Liliana Blum

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Cuento publicado en el portal ficticia.com



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chapter 1: Para Vestir Santos (los primeros dos párrafos)


Para Vestir Santos (los primeros dos párrafos)
chapter 1   —   updated Feb 14, 2008   —   2067 characters   —   0 people liked this writing
En las calles de San Cordelio de Cocoyótl hay cáscaras de naranja, hojas de tamales, polvo y personas que se agitan rítmicamente con el viento. El pueblo festeja una vez más el día del calendario que ostenta el nombre de su patrono y no hay habitante que no celebre la ocasión con bailes, cantos, y una excesiva práctica de algunos de los pecados capitales. De pronto, en la torre del campanario, aparece ella. Los hombres que festejan en el atrio de la iglesia elevan los ojos y ven a Ludivina Castañón, desnuda y pendiente de la cuerda de la campana, sus pechos campaneando al ritmo del badajo. Como maíz palomero que ha dejado de tronar, los ruidos de la fiesta van apagándose uno a uno. Los hombres que orinan suspenden sus chorros dorados, inmóviles en perfecto arco de pene a tierra, aunque no falta quien desvía la puntería y moja a los demás. Los danzantes del atrio detienen sus cuerpos en marfilescas poses, sacándose las máscaras con asombro. Entre sorbos de moco y resentimiento, los niños llorones se limpian la nariz con el dorso de la mano y se callan. El cirio ardiente y solitario aviva su flama y hasta los ojos la icono festejado parecen agrandarse con interés. En un instante, todas las miradas coinciden en el campanario, quijadas abiertas, pupilas maravilladas, imaginación al vuelo.

Ludivina Castañón sigue oscilando bajo la campana, más desnuda que los peces, dueña de la fiesta, de la iglesia, del pueblo entero. Desde abajo, los celebrantes no pueden deleitarse con los detalles fieles de una mayor escala. Ignoran el diseño lleno de pecas de la piel de Ludivina, moteada y olorosa como la cáscara de los plátanos maduros. Tampoco pueden apreciar la delicadeza del peinado, tan lleno de laca, tan vertical y fantástico, un panal de abejas sobre la testa. Pero mucho más difícil es descubrir y entender la virginidad que Ludivina Castañón padece dolorosamente en cada poro, en cada célula de su cuerpo, desde hace años.

[ Lee el cuento completo en http://ficticia.com/cuentos/lilianavblum... ]
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