"Foe" o cómo reescribir el clásico Robinson Crusoe, un ejemplo de intertextualidad plagado de referencias en el que aprovecha para parodiar el colonia...more"Foe" o cómo reescribir el clásico Robinson Crusoe, un ejemplo de intertextualidad plagado de referencias en el que aprovecha para parodiar el colonialismo británico planteando además muchísimos otros temas como el oficio de escribir o la propia identidad de la persona. Y lo hace con una originalidad y una ambigüedad que permite interpretaciones de todo tipo. No sólo contento con eso, el gran Coetzee cambia el narrador en su último capítulo (de un lirismo conmovedor, nostálgico...) y te deja con la boca abierta: "Pero éste no es lugar para las palabras. Cada sílaba que se articula, tan pronto como sale de los labios es apresada, se llena de agua y se desvanece". El autor y su obra... una obra maestra.(less)
Hasta ahora Coetzee solo había aparecido en este humilde blog de una manera tangencial, o, al menos, en un libro con las cartas que mantuvo con Auster; esta es su entrada triunfal, como primer libro con el que inicio mi ambicioso Proyecto de lecturas para los próximos tres años ; sinceramente, no encuentro mejor forma de hacerlo, con uno de los más grandes escritores vivos, quizá el mejor premio Nobel de los últimos veinte años. Y la manera de empezar responde a la lectura cronológica que me prometí realizar de los libros que me faltaban del autor; no estamos ante su primer libro, sino en el tercero, los primeros fueron “Tierras de poniente”, donde ya introducía las consecuencias del poder sin límites, sin control; y “En medio de ninguna parte”, donde ya reflejaba la sociedad sudafricana post-apartheid desde la visión de una mujer, a través de retazos de su diario. “Esperando a los bárbaros” no esconde una intención moral clara como se indica en la contraportada de la edición de bolsillo: “Parábola de una Sudáfrica desquiciada por el racismo, toda ella es una denuncia de la brutalidad, de la arrogante ignorancia del poder; el contrapunto es el magistrado, símbolo de la razón humanitaria, avasallada por la violencia.” Ciertamente en ningún momento el autor menciona la ubicación de Sudáfrica, podría ser cualquier sitio; de hecho, a todos los efectos, funciona mejor en un sitio indefinido, impersonal; a pesar de que el “veld” sudafricano es muy reconocible en las páginas. Según lo comentado, la lectura postcolonial es inmediata, y el relato se centra primordialmente en ella,; una lectura que crítica el imperialismo del primer mundo con respecto al tercer mundo,; el magistrado, con todo lo que representa, se convierte en la voz para denunciar este imperialismo, en la única voz que defiende a esos bárbaros en la novela. Con unas cuantas pinceladas Coetzee nos muestra los métodos imperialistas y hasta dónde quieren llegar, en una conversación con el Coronel Joll se comenta: “-¡El tono de la verdad! ¿Puede usted reconocer ese tono en la conversación cotidiana?¿Oye si yo digo la verdad? -No, me está malinterpretando. Ahora hablo solo de una situación determinada, de una situación en la que investigo para dar con la verdad, en la que tengo que presionar para encontrarla. Al principio solo obtengo mentiras, así es, primero solo mentiras, entonces hay que presionar; después más mentiras, entonces hay que presionar más; luego el desmoronamiento, tras este seguimos presionando, y por fin la verdad. Así es como se obtiene la verdad.” La tortura se muestra como el método inefable de obtención de la verdad, se trata de convertir a los bárbaros en un cliché andante, en que los colonizadores son los únicos que tienen el poder y la superioridad moral para convertir a los colonizados en una tabula rasa en la que poner todos sus medios para controlarlos y sacar provecho. En palabras del magistrado tenemos la siguiente descripción de los bárbaros: “Creemos que esta tierra nos pertenece, es parte de nuestro Imperio: nuestro puesto fronterizo, nuestro pueblo, nuestro mercado. Pero esas gentes, esos bárbaros, no lo ven de la misma manera. Llevamos aquí más de cien años, hemos recuperado tierras del desierto y hemos construido regadíos y cultivado los campos y levantado hogares sólidos y erigido una muralla alrededor de nuestro pueblo, pero ellos todavía nos consideran visitantes, viajeros de paso. Entre ellos hay ancianos que recuerdan lo que sus padres les contaban de cómo era este oasis hace años: un lugar sombreado junto al lago con abundantes pastos incluso en invierno. Esto es todavía lo que dicen de él, quizá todavía lo vean así, como si no se hubiera removido un grano de tierra ni se hubiera colocado un ladrillo sobre otro. No dudan de que en cualquier momento cargaremos nuestras carretas y volveremos a cualquiera que sea el lugar de donde vinimos, que nuestras edificaciones se convertirán en hogares de ratones y lagartijas, que sus animales pastarán en los fértiles campos que cultivaremos. […] Esto es lo que piensan. Que resistirán más que nosotros”. -Pero nosotros no nos vamos a marchar –dice el joven con calma.” Ante esta lectura, se sobrepone la búsqueda de identidad del propio magistrado, a medias de esta situación con respecto a colonizadores y colonizados, él irá tomando partido por los bárbaros según avance la historia, ya que no es más que “un administrador civil menor hundido, tras varios años en un destino apartado, en la indolencia propia de los nativos, de ideas anticuadas, dispuesto a jugarse la seguridad del Imperio a cambio de una paz provisional e insegura.” En su cautividad reflexiona sobre la importancia de la libertad en todos los niveles de los que consta: “¿Cómo puedo considerarme una víctima cuando mis sufrimientos son tan insignificantes? Sin embargo, son aún más degradantes por su insignificancia. Recuerdo mi sonrisa cuando la puerta se cerró por primera vez a mi espalda y la llave giró en la cerradura. No me parecía un gran castigo pasar de la soledad de la existencia cotidiana al aislamiento de una celda, ya que podía traer conmigo un mundo de pensamientos y recuerdos. Pero es ahora cuando empiezo a comprender lo fundamental que es la libertad. ¿Qué clase de libertad me han dejado? La libertad de comer o pasar hambre; permanecer en silencio o parlotear conmigo mismo o aporrear la puerta o gritar. Si cuando me encerraron aquí yo era el objeto de una injusticia, una injusticia insignificante, ahora no soy más que un montón de sangre, huesos y carne que se siente desgraciado.” Toda esta situación le servirá para concluir sobre los imperios y el colonialismo: “¿Por qué no podemos vivir en el tiempo como el pez en el agua, como el pájaro en el aire, como los niños? ¡Los imperios tienen la culpa! Los imperios han creado el tiempo de la historia. Los imperios no han ubicado su existencia en el tiempo circular, recurrente y uniforme de las estaciones, sino en el tiempo desigual de la grandeza y la decadencia, del principio y el fin, de la catástrofe. Los imperios se condenan a vivir en la historia y a conspirar contra la historia. La inteligencia oculta de los imperios solo tiene una idea fija: cómo no acabar, cómo no sucumbir, cómo prolongar su era.” En la tensa espera final donde los habitantes del poblado asisten a la posibilidad de perder su vida, el relato cambia, Coetzee nos hace ver cuál es la verdadera importancia de lo que está contando en esta historia redundando sobre lo que no está escribiendo: “Descubro que lo que empiezo a escribir no es la crónica de un puesto fronterizo de un Imperio o un relato de cómo sus habitantes pasaron el último año poniendo en paz sus almas mientras esperaban a los bárbaros” Y se produce un rayo de esperanza final, lo onírico aparece con una escena en la que unos niños se encuentran haciendo un muñeco de nieve, el magistrado sabe que no tenía que acabar así, pero tiene una epifanía: “No es un mal muñeco de nieve. Esta no es la escena con la que soñé. Como otras muchas cosas ahora, la dejo con una sensación de estupidez, como alguien que se extravió hace mucho tiempo pero persevera por un camino que quizá no conduzca a ninguna parte”. Relato entre medias de la crítica postcolonial y la búsqueda de la identidad personal, se convierte en una reflexión sobre la actitud que tomamos ante nuestras vidas y las consecuencias de nuestras acciones. El sudafricano, grande entre los grandes, consigue aquí con una prosa árida pero evocadora, intensa pero alejada de florituras, un relato que ayuda a la reflexión y, desde luego, deja poso durante bastante tiempo.(less)
"Verano" es el último libro de Coetzee, y es el tercero de sus memorias autobiografiadas tras Infancia y Juventud. Y aquí tenemos al maestro. El libro...more"Verano" es el último libro de Coetzee, y es el tercero de sus memorias autobiografiadas tras Infancia y Juventud. Y aquí tenemos al maestro. El libro hace unas memorias de ultratumba y se supone que ha muerto y un biógrafo habla con cinco personas que le conocieron en los años 70. El relato es sumamente original, no sólo por suponerse muerto, sino porque cambia de perspectiva del que lo cuenta en todo momento: hay notas en tercera persona como en los anteriores libros, pero también las hay desde el punto de vista del biógrafo, o desde los que son preguntados. Y qué sacamos? Coetzee nos da retazos de su personalidad: no es una gran persona, es apocado socialmente, difícil en el trato, tiene muchas dudas, no es fiable, no sabría tener una familia... parece que todo no hace presagiar lo que es desde su obra. Así es él. Con una prosa elegante como siempre, nos da ideas, nos deja pensar, nos da la última palabra, pero estimula ese mensaje... gracias por mentirnos así siempre, sigue haciéndolo. Un maestro.(less)
"Juventud" es el segundo libro de las memorias ficcionadas de J.M. Coetzee. Como en Infancia, elige narrarlas en tercera persona y en presente, como s...more"Juventud" es el segundo libro de las memorias ficcionadas de J.M. Coetzee. Como en Infancia, elige narrarlas en tercera persona y en presente, como si se estuvieran viviendo en el momento, consiguiendo además de hacerlas aún más presentes poner una barrera entre él y la vida que vivió en Londres en esa época. Habla de sus filias y sus fobias literarias, habla de dudas, de sufrimiento... y habla sobre lo que desencadenará su pasión artística, es una vida normal y corriente, que en nada hace presagiar la genialidad del escritor en que se va a convertir, excepto su prosa, desde luego. Construye a modo de Bildungsroman (novela de desarrollo( mediante el desarrollo de la "corriente de conciencia" o monólogo interior y lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Otra maravilla del señor Coetzee.(less)
Acabada la novela "En medio de ninguna parte" del gran Coetzee. El excelente escritor sudafricano nos ofrece en esta, su segunda novela, hace ya mucho...moreAcabada la novela "En medio de ninguna parte" del gran Coetzee. El excelente escritor sudafricano nos ofrece en esta, su segunda novela, hace ya muchos años el retrato de una solterona que vive en una granja con su padre a través de retazos, entradas de un diario donde se ofrecen sus sentimientos, impresiones,... momentos donde la realidad se mezcla con la imaginación de Magda, no distinguiendo dónde está el límite... y sin importarlo. Construye en presente casi toda la acción y desde la perspectiva de ella con un complejo monólogo interior bastante lírico, retrata naturalmente la sociedad post -apartheid pero no nos quedemos en eso, retrata la soledad, la desesperación, al fin y al cabo lo que es vivir.. con sus cosas buenas y malas, es una novela totalmente vigente. Y lucha con ello a través de las palabras, son su refugio, su escudo, su única escapatoria ("si una no es capaz de pensar en si misma mediante palabras ¿Qué nos queda para pensar?"). Coetzee es otra cosa, una cosa muy grande que tenemos la suerte de disfrutar, uno de los más grandes: "Quiero gozar de una segunda oportunidad. Permíteme aniquilarme en ti y surgir por segunda vez limpia y nueva, un pececillo dulce, un hermoso bebé, una niña sonriente, una niña feliz, una muchacha alegre, una novia en flor, una esposa amorosa, una madre afable en un cuento que tenga principio y fin"(less)
"Pronto voy a liberarte de esta soga de palabras. No hace falta que lo sientas por mí. Pero dedica un pensamiento a ese hombre que dejo atrás y que no...more"Pronto voy a liberarte de esta soga de palabras. No hace falta que lo sientas por mí. Pero dedica un pensamiento a ese hombre que dejo atrás y que no sabe nadar, pero tampoco sabe volar." Esta es una de las joyas con las que Coetzee nos brinda en el libro "La edad del hierro", el final se acerca, pero aún hay tiempo para acordarse de los demás. Qué puedo decir sobre este libro,hay un crítico que habló de una "extraña belleza en su interior", no creo que sea tan extraña, es simplemente bello. Una maravilla de un gran escritor.(less)
Vaya primera novela que se marcó J. M. Coetzee!! Impresionante es decir poco... "Tierras de poniente" es una novela muy árida donde el autor mediante...moreVaya primera novela que se marcó J. M. Coetzee!! Impresionante es decir poco... "Tierras de poniente" es una novela muy árida donde el autor mediante dos historias nos muestra una reflexión de la culpa, el sufrimiento, la capacidad del hombre para infringir dolor a sus semejantes, el racismo, así como las consecuencias del poder sin límites y la corrupción que origina, son algunas de las constantes de la narrativa coetziana, que se empiezan a ver aquí... y que veremos en su magnífica obra literaria (Desgracia, La edad del hierro...). Es dura, pero qué no lo es?(less)
"Infancia" es el primer libro de memorias autobiográficas de J. M Coetzee. Esta es la primera de las tres que lo componen. Espero poder apuntar los do...more"Infancia" es el primer libro de memorias autobiográficas de J. M Coetzee. Esta es la primera de las tres que lo componen. Espero poder apuntar los dos siguientes en próximas fechas. Al grano, se trata de unas memorias ficcionadas como si fueran una novela, y con la particularidad de que el narrador no es él, sino un narrador omnisciente, él mismo sale nombrado como otro protagonista más... y además están narradas en presente, el presente de los años 50 en Sudáfrica. Nos refleja con una gran humanidad lo que es un niño, con su ingenuidad, con sus odios y amores a partes iguales, con sus sueños... la vida misma, pero teniendo en cuenta que está ambientada allí, y como el mismo dice existe una "rabia/odio subyacente en la pequeña realidad cotidiana". El presente del libro acentúa la vigencia de esa época con la actual, nos lo hace más vívido si cabe. Y se nota que siente nostalgia de esos tiempos a pesar de todo lo que le sucede. Una maravilla más del sudafricano. Más que recomendable.(less)
El otoño, con su tristeza inherente, es quizás una de esas épocas más propicias para leer cierto tipo de libros; en este caso se me antoja que las novelas negras pueden ser más que propicias para aprovecharlas en una de esas tardes lluviosas en las que tampoco apetece hacer mucho más que sentarse en un sillón, disfrutar de un buen café o infusión y, cómo no, de una buena novela policíaca.
Para ello hoy traigo tres recomendaciones de tres maestros de este género que tanto amamos, tres novelas cercanas en su aproximación al “hardboiled” pero que, por realizar esta aproximación de una manera tan distinta se complementan estupendamente.
“Mátalos suavemente” de George V. Higgins (1939-1999), el año pasado, gracias a Libros del Asteroide, tuvimos la suerte de disfrutar de la increíble “Los amigos de Eddie Coyle”, primera novela del escritor George V. Higgins, que fue una de las sorpresas policíacas del año; una novela rápida, brutal y que te dejaba muy mal cuerpo pero que tenía calidad y que se hacía adictiva de veras. Este año, aprovechando el estreno de la película homónima, hemos vuelto a gozar con la vuelta del escritor norteamericano; a pesar del hándicap que supuso una novela inicial tan aplastante, esta tercera mantiene unos niveles similares y se disfruta enormemente a pesar de la gravedad de lo que trata. Para los que no lo conozcan, este autor fue, sin lugar a dudas, fuente de inspiración para Tarantino, solo hay que ver alguno de sus diálogos: chispeantes, duros, cargados de humor y de mala leche, para darse cuenta que, el director no fue el primero en hacerlos: “Me importa un carajo. Como si lo haces con Tarzán y su puto taparrabos de leopardo, si lo convences. Me la suda. Lo único que quiero es que se haga bien. Sólo hay dos cosas que hay que tener: huevos, que según tú ese tío los tiene, y que no lo conozcan mis padroni”. Lo verdaderamente genial del escritor es que consigue mediante el diálogo caracterizar a los personajes y avanzar la trama, ahí está su maestría, no estorban, son el medio, y no abusa de ellos, de ahí lo ágil que resulta leer sus libros. Luego, eso sí, los libros son tremendamente dolorosos, es mejor leerlos en momentos de optimismo porque te pueden dejar bien hundidos. Otra maravilla más a tener en cuenta.
“Un tipo implacable” de Elmore Leonard (1925- ), el mayor problema de este coloso de las letras americanas ( y ya puestos, el de Lawrence Block) es que ha escrito tal cantidad de libros, es tan prolífico, que su gran calidad puede haberse visto diluida entre tanta producción; y esto en EE.UU. no es un problema, pero aquí, con lo difícil que es publicar a un autor de manera continua, se convierte en su mayor hándicap para vender lo que debería vender. Pero no hay que engañarse estamos ante un estilista nato que, eso sí, ofrece mucho; experimenta con todo tipo de géneros y le da juego al lector, no a la crítica. En la novela “Un tipo implacable” tenemos un clasicazo del género negro, heredera de los más grandes, con todas esas alternativas que tanto nos gustan, el hampa en su esplendor; un policía, Carl Webster, que es de un carisma apabullante, frío, implacable con los delincuentes; por el otro lado del ring, tenemos a Jack Belmont, rebelde hijo de un magnate petrolífero, aspirante a convertirse en el enemigo número uno; tenemos mujeres a lo femme fatale que son capaces de todo por sobrevivir; un periodista que documenta el enfrentamiento; subtramas que complementan la trama principal pero que no emborronan; ingredientes mezclados con sabiduría para crear otra de esas novelas que no hay que perderse, con un encuentro final, a lo O.K. Corral que demuestra el amor de Leonard por el western. ¿Hace falta decir más?
“La canción del perro” de James McClure (1951-2011), no ha tenido mucha suerte en España este escritor sudafricano. Las primeras novelas suyas que se publicaron estuvieron incluidas en la espléndida colección de novela negra que Júcar saco ya hace varios años; sin embargo, a pesar de la calidad de las obras, solo hay que recordar la excepcional “El huevo ingenioso”, no gozó de continuidad y las historias del teniente Tromp Kramer y el sargento zulú Mickey Zondi, aún en estos días, no están publicadas en su totalidad; la publicación no pasa de ser errática y cada cierto tiempo alguna editorial, preferiblemente pequeña, se atreve a intentarlo. Este es el caso de la novela que nos ocupa, editada con esmero por El reino de Cordelia, y en la que podemos vivir la que supuso la última entrega de la serie de estos peculiares detectives; ambientada como en las anteriores entregas en Sudáfrica, volvemos a disponer de una de esas tramas absorbentes, muy bien hiladas (y terminadas) donde, a pesar de la dureza de los temas que aborda, siempre está dispuesto a brindarnos momentos de humor, todo ello aderezado con pequeños apuntes que reflejan el ambiente de apartheid, el racismo que en esa época estaba más que presente en todos los estamentos sociales y que hicieron que el escritor tuviera que emigrar irremediablemente al reflejar esta situación. Este “canto del cisne” es, por otra parte, la primera novela, el encuentro entre los dos detectives, el comienzo de una amistad, una mirada audaz al final de sus historias desde el principio de sus investigaciones; es una amistad que supera cualquier racismo presente (“Zondi se rió y ambos compartieron la oscilante llama de la vela, encendieron los pitillos y aspiraron con ganas”), es imposible decidir qué historia de James McClure me gusta más. (less)
Sabiendo que venimos de aquí(http://lecturaylocura.com/aqui-y-ahor...); en este segundo post voy a poner alguno de esos momentos que considero reseñables por algún hecho en particular y que paso a relatar sin más dilación: Me encanta la crónica espontánea que realiza Coetzee para referirse a las organizaciones de eventos culturales en Italia, reflejo de una mentalidad, la mediterránea, que, a pesar de lo caótico que pueda ser superficialmente, consigue obtener buenos resultados: “A estas alturas ya he estado en bastantes eventos culturales en Italia como para no perder los nervios ante el caos que parece rodearlos. Nadie está del todo seguro de dónde ha de celebrarse el evento, al técnico de sonido no lo encuentra nadie, la intérprete está furiosa porque nadie la ha informado del orden de las intervenciones, etc, etc. Sin embargo, cuando llega la hora, todo sale bien: el público averigua milagrosamente adónde ha de ir, el equipo de sonido funciona y la intérprete lo hace de maravilla. Resulta que todo el caos era espurio.” Uno de los momentos más sonrojantes tiene que ver con la figura de Philip Roth, el sudafricano acaba de leer “Sale el espectro” y realiza un análisis crítico del mismo, detallado, conciso, intentando ahondar, como crítico, en lo que está detrás del libro del autor norteamericano, olvidando el reduccionismo biográfico de la cultura americana sobre la que, además, le pregunta a Auster centrándose en Nueva York, ya que puede perderse algo que sea necesario para su análisis: “Doy por sentado que has leído “Sale el espectro” y que sabrás que es un poco un batiburrillo. Incluye una diatriba completamente inmotivada sobre las tendencias del llamado periodismo cultural, puesta en los labios del personaje de Roth, Lonoff. Sin duda en esa diatriba hay mucho que yo, que no soy de Nueva York, me pierdo. Pero está claro que Lonoff (¿y también Roth?) no siente nada más que desprecio hacia esa mezcla de moralina y reduccionismo biográfico que pasa por crítica literaria en vuestros órganos culturales (y también en los nuestros). (Cuando hablo de reduccionismo biográfico me refiero a tratar la narrativa como una forma de camuflaje del yo que practican los escritores: la tarea del crítico es deshacer ese camuflaje y revelar la “verdad” que hay detrás)”. Y, ¿cuál es la respuesta de Auster?, me guardo el comentario para luego, porque tiene chicha: “¿Nado yo en las mismas aguas que Roth? No estoy seguro. Nuestros caminos se han cruzado unas cuantas veces, en dos ocasiones hemos cenado en un grupo de tres con Don Delillo (íntimo amigo mío desde hace muchos años), y hemos intercambiado un puñado de cartas. En otras palabras, es un conocido, no un camarada. Lo que a él más le interesa de mí, creo yo, es que ambos hemos nacido en Newark. En cuanto a Nueva York, sin embargo, no soy algo menos visible que él, sino muchísimo, quizá infinitamente menos visible. Roth es un dios cuya obra ha sido universalmente elegida desde su primer libro, mientras que yo solo soy un simple y esforzado mortal cuya obra ha recibo más coces de las que quisiera recordar. Y además, tiendo a evitar muchedumbres, fiestas y declaraciones públicas, prefiriendo cuidar de mi pequeño jardín en Brooklyn. Por otro lado, Roth ha tenido una enorme presencia literaria durante más de cincuenta años: una trayectoria excepcionalmente prolongada para todo escritor, sin duda la carrera más larga de cualquier autor norteamericano en la historia. Una prueba de su fama: es el único novelista vivo cuya obra se ha publicado en la Library of America”.
Nuevamente utiliza la comparación (en este caso con Delillo) para establecer que Roth no es, ni mucho menos íntimo (“es un conocido”); solo hay que ver el comienzo (“¿Nado yo en las mismas aguas de Roth?”), esta frase tiene tanto resentimiento explícito que puede no ser peor, pero sí lo es, vaya que sí; comenta que a Roth no le interesa nada de él más allá del hecho de ser de la misma ciudad, se reconoce prácticamente invisible ante Roth en Nueva York, ignorado por los círculos críticos y culturales en comparación, y con esta frase (“Roth es un dios cuya obra ha sido universalmente elegida desde su primer libro, mientras que yo solo soy un simple y esforzado mortal cuya obra ha recibo más coces de las que quisiera recordar”) hace gala de una acritud sin límites, ese dios en minúscula, encumbrado (según él) por la crítica desde el primer momento, mientras que él, con todo lo que se esfuerza, no consigue lo mismo y le machacan. Hay mucho rencor detrás de toda la afirmación, un sentimiento de inferioridad manifiesto ante la efigie del gran Roth (en mi opinión, muy superior a él, como Coetzee), un complejo que no puede evitar sacar (me atrevo a decir que hay odio) y que le hace olvidarse totalmente de lo que le ha preguntado, muy profesionalmente, Coetzee. Anecdóticamente, antes de este párrafo, lo primero que reconoce es no haberse leído la obra comentada, aunque se haya leído muchas de Roth, ¿casualidad?, más bien no, es evidente que los dos escritores no se llevan muy bien y que, además, en EE.UU. hay mayor consideración por el segundo.
Me he extendido mucho con lo anterior pero creo que valía la pena, me gustaría poner también el comentario que hace Coetzee sobre el signo de los tiempos, ese cambio a lo electrónico que, desde luego, no tolera demasiado bien: “Hace poco me llegó una revista [...]. Incluía un artículo que celebraba la inauguración de una nueva biblioteca universitaria, con terminales informáticas, cubículos para estudiar, salas para seminarios e incontables espacios de trabajo. Leí el artículo y lo volví a leer para asegurarme. Pero no me equivocaba la primera vez. La palabra “libro” no aparecía ni una sola vez. [...] ¿Qué tiene esa gente contra los libros? ¿Por qué no comparten mi idea de la biblioteca como hectáreas y hectáreas de estanterías sumidas en penumbra que sostienen hileras interminables de libros apelotonados extendiéndose hasta el infinito en todas direcciones? El argumento en contra de la biblioteca borgiana es casi demasiado tedioso como para repetirlo: demasiado tedioso y demasiado concluyente, en una época en que la economía ha sido proclamada reina de las ciencias. Y es que los libros ocupan demasiado espacio.” Sí quería terminar con algo que entronca claramente con la realidad vivida este año, un hecho que los dos escritores complementan: su preocupación por el momento en que deberían dejar de escribir. Coetzee se ve incapaz de detectar ese momento: “Lo que me interesa en la situación presente es la cuestión de cómo y cuándo se anunciará el agotamiento de las energías. No se puede seguir escribiendo eternamente; y tampoco quiere uno despedirse con un producto vergonzosamente malo de la chochez. ¿Cómo detecta uno que simplemente ha perdido la capacidad para hacerle justicia a un tema?” Auster es más positivo al respecto, estupendo el hilado que hace con la novela de Willeford (autor de novela negra, por cierto): “Una frase me ha estado rondando por la cabeza durante estas últimas semanas: New hope for the dead (Nueva esperanza para los muertos- Novela de Charles Willeford) [...] y la tengo muy presente después de enterarme de que Doctorow acaba de publicar un nuevo libro de relatos a los ochenta años, de hablar con Coover (79) acerca de la conferencia sobre Beckett que dará en Irlanda este otoño, de cenar con Roth (78) y Delillo (74), y al encontrar a todos esos presuntos ancianos en un increíble estado físico, llenos de proyectos, contando chistes, comiendo con saludable apetito, me sentí animado por lo que vi y oí. Nueva esperanza para los muertos. Lo que significa: “Nueva esperanza para nosotros”. Sin embargo, ya sabemos que escritores como Roth y Kertész se han retirado de su carrera literaria, quizá no estemos tan lejos de la retirada de estos grandes escritores, lo cuál siempre me embarga con un poco de pena; prefiero quedarme con el mensaje que nos envía, para acabar la correspondencia Coetzee: “El mundo sigue enviándonos sorpresas. Y nosotros seguimos aprendiendo.”(less)