Literatura juvenil de Brandon Sanderson. Se le ven las costuras —se le ven bastante, de hecho— pero es muy, muy, muy divertido y políticamente incorre...moreLiteratura juvenil de Brandon Sanderson. Se le ven las costuras —se le ven bastante, de hecho— pero es muy, muy, muy divertido y políticamente incorrecto. En muchos sentidos es como un Harry Potter gamberro, yo lo he disfrutado más. Recomendable. Próximamente reseña de verdad.(less)
Estupendo. Comedia negra de instituo sobre la inseguridad, entre muchas otras cosas. Tengo muchas ganas de escribir la reseña.
[Actualización]
Reseña es...moreEstupendo. Comedia negra de instituo sobre la inseguridad, entre muchas otras cosas. Tengo muchas ganas de escribir la reseña.
[Actualización]
Reseña escrita. Se puede leer con formato en http://ilium.qdony.net/?p=3359 (si queréis comentar en el blog sois más que bienvenidos).
De todas formas, engancho aquí el texto completo:
Zombies en la sopa
De un tiempo a esta parte no se le puede dar un puntapié a una piedra sin encontrar bajo ella una novela, un tebeo o una película de zombies. Los zombies son una de las últimas modas del género fantástico y parece que su popularidad ha trascendido las fronteras del horror para introducirse, por una puerta bastante grande, en el mainstream de la cultura pop. Con variantes más o menos originales, los muertos vivientes se han situado, de una forma u otra y repetidamente, entre los finalistas de los premios Hugo, entre las series de televisión más populares, y entre las superproducciones de cine más esperadas. También han infectado las grandes obras de la literatura universal, ¡e incluso han llegado a la filosofía de mano de Anagrama y Jorge Fernández Gonzalo en un ensayo que, maldita sea, tiene todo a su favor para ser una lectura estupenda! ¿Por qué? ¿Como es posible? ¿Qué hemos hecho los sufridos lectores para merecer esto? Valga decir que ya van dos años seguidos en los que leo sendas novelas excelentes —Raising Stony Mayhall, de Daryl Gregory, y la maravillosa The Girl With All the Gifts, de M.J. Carey— centradas en la figura del muerto viviente, y que sigo con interés la serie de televisión de The Walking Dead, pero mi experiencia con el género Z está siendo una de cal tras una de arena: no creo que Los Caminantes de Carlos Sisí pase de ser entretenido (cosa que es y mucho) y el Red Zone de Macu Marrero, el próximo libro que aparecerá por la Biblioteca de Ilium, me parece una de las novelas más torpes que he leído en mucho tiempo. Y todo eso, me diréis, ¿a quién le importa? ¿No hemos venido aquí para hablar de La Chica Zombie? Stay with me, my friends...
Hace poco di con este artículo en Omnivoracious: “Why Zombies? A Defense of the Z Word”. Los principales puntos de la defensa del género Z propuestos por Robin A. Rothman, la autora del artículo, son (1) que los zombies no son personajes, sino parte del escenario, (2) que dan pie a la exploración de la ética del ser humano y (3) que cumplen, incluso, con una función como manuales de supervivencia ante una situación en la que los gobiernos pierden buena parte de su capacidad de reacción y el individuo se ve obligado a responsabilizarse de su propio destino (léase “catástrofe natural” y recupérense los vídeos sobre lo que sucedió en Nueva Orleans cuando llegó Katrina. El punto 3 me parece tan ridículo que ni siquiera lo voy a comentar (si no estáis de acuerdo decidlo en los comentarios y a ver donde lleva la discusión), mientras que la utilidad del punto 2 me parece casi nula por poco discriminante, pues lo mismo podría decirse de casi todos los grandes libros de la literatura y de muchos de los que no son tan grandes. El punto 1, en cambio, me da que pensar... me da que pensar que el género Z realmente no es para mí, pues si algo comparten los libros de zombies que me han gustado es que... los zombies NO son parte del escenario sino PERSONAJES. La otra posibilidad, claro, es que la articulista no haya sabido elegir bien el calibre de su armamento argumental y se haya fijado solo en detalles anecdóticos y, en el fondo, puramente cosméticos. Descartables por contraejemplo.
Ignoremos, por un momento, la absurdidad que representa defender un subgénero —Dejad que los libros se defiendan a si mismos. Que cada cual escriba y/o lea lo que quiera. Algunos libros serán buenos y otros serán malos— y hagamos un ejercicio de abstracción: ¿Cómo defender un subgénero basado en un detalle tan “material” como su inclusión en el argumento de un elemento X (donde X es igual a zombies, vampiros, corbatas de Snoopy o coches con matrícula acabada en 8, por decir algo)? Dejaré de lado, sin esnobismo, los argumentos de la familia de “es divertido”, demasiado inespecíficos para entender otra cosa que no sea la popularidad de ese grupo concreto de libros. Mi propuesta de trabajo es que el mejor argumento en torno al cual organizar esa defensa es el juego que dé X como metáfora. En este caso, el muerto viviente. Material de estudio: La Chica Zombie, de Laura Fernández. El libro de zombies menos Z del mercado.
Una inseguridad llena de gusanos
Todos ellos habían cogido un desvío. Quizá un día, un día cualquiera, mientras rasgaban el sobre de azúcar ante una taza de café habían, simplemente (PLOF) desaparecido. Habían dejado de ser tipos aburridos y chicas tristes para ser ¿qué? El propietario de una tabacalera. Una cariñosa nutria. El genio de la lámpara. ¿Y eso les hacía más felices? Sí. ¿Por qué? Porque ponía el contador a cero. ¿Acaso no tenían algo que envidiar todas las absurdas contables de las compañías aseguradoras del mundo a las apacibles y en apariencia nada rencorosas nutrias? ¿Su despreocupación, quizá? Cuando eras una nutria lo único que te preocupaba era tener una trucha a mano.
Con ropaje de comedia negra de instituto, La Chica Zombie explica la historia de Erin Fancher, una adolescente que un mal día despierta aquejada de una extraña condición: está muerta. Y si a un adolescente más o menos adaptado a su entorno puede angustiarle una espinilla mal situada, ¿qué no le sucederá si todo su cuerpo empieza a cubrirse de llagas, gusanos necrófagos y la pestilencia propia de la materia orgánica en descomposición? Fernández sitúa la inseguridad de la adolescencia en el centro exacto de su novela y la convierte en una plaga que se extiende de personaje trastornado a personaje disfuncional en una espiral de irrealidad que culmina en un desenlace perfecto.
¿Es una novela juvenil? Sin duda contiene una, en el sentido que es una lectura que recomendaría a lectores adolescentes —se puede eliminar ese condicional: recomendarle el libro a adolescentes es un logro que ya he desbloqueado— por lo bien que refleja la ley de la jungla social en la que viven esos proyectos de persona, pero a una novela como esta le viene pequeña cualquier etiqueta genérica. Tras un disfraz de provocación fácil e histrionismo narrativo, La Chica Zombie oculta una sofisticación y un sentido del humor enormes. ¿Será “polla” la palabra más frecuente entre sus páginas? Posiblemente, casi siempre asociada a “chupar”, aunque quizás “puta” rivalice con ella... Y esa insistencia en recalcar todo —TODO— recurriendo a las itálicas y cortando (¡SNIP!) las frases con paréntesis onomatopéyicos y saltos de carro.
Muchos saltos (boing) de carro.
Muchos.
Es un milagro, y da fe de la habilidad de su autora, que toda esa... le llamaré artificialidad... artificialidad que inunda el texto se traduzca en frescura, y lo logra gracias al dominio del estilo que demuestra Laura Fernández. Mi sospecha indemostrable es que en manos de otro escritor La Chica Zombie se hubiera quedado en mera boutade, pero Fernández consigue esa naturalidad paradójica que solo la reescritura rigurosa puede conseguir. Nada sobra y nada está fuera de lugar en un libro que recuerda, en sus mejores momentos, al Vonnegut amante de sembrar sus textos de motivos y de referencias cruzadas entre sus libros. Huelga decir que, si bien Laura Fernández comparte con Vonnegut el mismo amor por la caricatura, sus retratos transmiten (al menos a mi) un amor por sus personajes libre de la falta de esperanza del autor estadounidense. No hay, en toda la novela, ningún personaje que no sea disfuncional, pero tampoco hay (casi) ninguno que no se redima en algún momento a través de algún gesto, que en algunos casos es una duda o un simple pensamiento, que le convierta con una sola pincelada en un ser humano digno de comprensión. Son estas pequeñas epifanías, más del lector que del personaje, las que me llevan a decir que el tema del libro es la inseguridad y no algún otro como la estupidez, o la hipocresía. Si el libro contiene una novela juvenil esta está en la historia de transición a la edad adulta que explica, aunque en cierto sentido el propio texto niega esa transición y sugiere que la edad del pavo no se cura con los años. Los adultos de la novela están igual de mal adaptados a su entorno, si no peor, que los adolescentes del instituto en el que transcurre casi toda la historia.
Llama la atención la ambientación elegida para la narración, una pequeña ciudad estadounidense ficticia y, sobretodo, su instituto. Es un entorno inventado, artificial, que le sienta bien al tono irreal que permea el texto, que te arrastra a su mundo como un sueño inescapable y te obliga a olvidar las reglas del universo en el que vives. En esto Laura Fernández repite la paradoja de su estilo: llega a la naturalidad a través de la impostura. El entorno se hace real al hacerse muy presente y se hace indisociable de la historia y de sus personajes.
La Chica Zombie se cuenta entre los mejores libros que he leído este año. No tengo más que elogios para él y se lo recomiendo sin ningún tipo de reserva a cualquier lector que aprecie el humor negro. No os lo perdáis y no dudéis que esta no será la última vez que los libros de Laura Fernández aparezcan por aquí.
Todo eso está muy bien, pero ¿qué pasa con los zombies?
Entonces, ¿es un libro de zombies o no es un libro de zombies? Bueno, sale uno... Lo que me gusta de La Chica Zombie es que agarra la idea de los muertos vivientes, destila la metáfora —una de las metáforas posibles, al menos— y tira todo lo demás a la basura. En este caso, por recuperar los puntos de Rothman, el zombie no es ni un personaje ni un elemento del escenario, es una idea. La ética del ser humano se explora hasta el punto de practicamente convertir el libro en una fábula y... probablemente enseña más sobre la supervivencia que todos los libros de epidemias de muertos vivientes escritos hasta la fecha, pero de supervivencia útil, de supervivencia emocional en la jungla social en la que vivimos. Es un libro con zombies, con un genio de la lámpara y con adultos que con un a capa de amarillo podrían pasar por personajes de los Simpson, y es también el libro de muertos vivientes más verosímil que he tenido el placer de leer. ¿Que qué pasa con los zombies? Que solo sirven de algo si vas más allá de la superficie, y que si vas más allá de la superficie la figura del zombie se transforma y deja de importar su envoltorio. Entender eso es la historia de la chica zombie.
No es para mí. La historia, a pesar de ser confusa, no está mal y si aparece una secuela es probable que quiera leerla por pura curiosidad, pero no me...moreNo es para mí. La historia, a pesar de ser confusa, no está mal y si aparece una secuela es probable que quiera leerla por pura curiosidad, pero no me gusta nada como está escrito. Entiendo porqué puede gustar a los aficionados al género Z pero para mí ha sido una lectura llena de obstáculos.(less)
Gana una estrella por el tramo final y el desenlace, además de por ser uno de los libros más entretenidos que he leído últimamente y sin duda voy a po...moreGana una estrella por el tramo final y el desenlace, además de por ser uno de los libros más entretenidos que he leído últimamente y sin duda voy a por los siguientes. Entiendo su popularidad, pero que se produce el giro final no me parece que aporte nada nuevo al tema de los zombis (tampoco es que le hiciera falta, ojo).
La escritura de Sisí es correcta, pero para mí tiene un problema con la voz de los personajes, que casi no presentan diferencias entre ellos. Algunos diálogos concretos son poco creíbles. O sea: muy bien en términos de desarrollo de la trama, menos bien en términos de construcción de personajes... aunque el maloso es excelente.
Que saque a relucir EL SEGADOR de Terry Pratchett no tiene precio :-)
És una novel·la juvenil divertidíssima i molt gamberra que enganxa com una mala cosa. La penso recomanar a les meves nebodes i seguir amb la sèrie. No...moreÉs una novel·la juvenil divertidíssima i molt gamberra que enganxa com una mala cosa. La penso recomanar a les meves nebodes i seguir amb la sèrie. No la puntuo millor perquè és bastant matussera, però em sembla recomanable.(less)
Con sesenta páginas escasas, Her Fingers tensa al máximo los límites que le impone su brevedad al empaquetar densamente una cantidad de ideas que son...moreCon sesenta páginas escasas, Her Fingers tensa al máximo los límites que le impone su brevedad al empaquetar densamente una cantidad de ideas que son un homenaje a la imaginación fértil de su autora. Esta riqueza imaginativa es a la vez la mayor virtud y el principal problema del texto, que solo gracias a su enfoque no lineal de la construcción del mundo, al ritmo de la narración y a su voluntad de crítica social evita ahogarse en la superficialidad. En las páginas repletas de metáforas de Her Fingers puede encontrarse una crítica a la lucha entre sexos, una descripción de la destrucción de la personalidad que pueden provocar las drogas, una denuncia del control del individuo por parte del estado y una advertencia del peligro de las etiquetas cuando se dan por sentado y llevan a renunciar al control de la propia vida. Aunque la extensión del libro impide que la historia profundice en todos los temas que apunta, tal vez excesivos en número, Romero consigue utilizar lo extraño como una cámara de resonancia que evoca situaciones propias de nuestro mundo y aumenta el calado del texto sin necesidad de entrar en detalles, como por ejemplo esos adolescentes de la novela que se injertan implantes biónicos como forma de rebelión contra sus padres que, a su vez, les pagan tatuajes en un intento inane de satisfacer sus ansias de transgresión. Aunque algunos de los pasajes de Her Fingers pueden ser leídos como una declaración de principios del propio New Weird o de amor hacia lo extraño por lo extraño, ningún elemento de la narración es gratuito y todos cumplen alguna función que sirve a una historia que sabe a pesadilla y acaba como un despertar arrebatador. Me gustaría leer un libro de Tamara Romero en el que pudiera dedicar más espacio a desarrollar sus ideas, sus premisas y sus personajes. Her Fingers funciona perfectamente porque su autora sabe convertir su brevedad en virtud y soluciona con atajos la justificación del mundo que ha construido. No tengo quejas sobre lo que el cuento incluye, pero me queda el anhelo de leer todo lo que deja fuera. Una curiosidad del libro es que Tamara Romero lo escribió en español y luego lo tradujo al inglés (una de las recomendaciones para escritores noveles, por cierto, de Pedro Román). A eso le atribuyo, quizás, la tendencia a repetir determinadas estructuras sintácticas (“I…“, “I…“, “I…“) que interfieren ligeramente con el flujo de la prosa, pero es un problema muy menor que puede estar más en el eye of the beholder que en el texto en si mismo. Una historia muy recomendable y una nueva autora de la que estar pendiente.(less)
Probablemente sería algo menos de 5 estrellas, pero creo que es una lectura imprescindible para los aficionados a la ciencia ficción en España. O sea,...moreProbablemente sería algo menos de 5 estrellas, pero creo que es una lectura imprescindible para los aficionados a la ciencia ficción en España. O sea, le añado una estrella por relevancia. (less)
‘I am a storyteller. I travel to collect stories, and I return to tell the stories of one place to the people of another. That is the important part of the trade. You must never tell people their own stories. They have no interest in them, or they think they can tell them better themselves. Give them a stranger’s life and then they’re content.
Algunos libros nos llevan de regreso a ese territorio de la imaginación en el que nació nuestro amor por la ficción. Aunque podamos no abandonarlo nunca del todo, a veces la intuición me sugiere que tendemos a obstaculizar el acceso a ese reino mediante un sinfín de obstáculos que llamamos sofisticación, cinismo, realismo, vanguardismo, postmodernismo, convencionalismo, deconstructivismo o vuestro grupo favorito de -ismos. No seré yo quien discuta la virtud de cualquiera de estas herramientas cuando su uso es adecuado y soy el primero en alzar el meñique con gozo cuando el autor revelación de turno me sorprende con su última pirueta retórica, pero cuando un escritor (o, en este caso, escritora) consigue sorprenderme utilizando el recurso inverso, con un texto que aparenta ser sencillo y nunca es menos que elegante, que bebe tan directamente de la tradición oral, como el Redemption in Indigo escrito por Karen Lord, mi placer y mi admiración se multiplican. Redemption in Indigo es una novela breve que, en muchos sentidos, me hace pensar en un reflejo inverso del “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens. La novela propone un mundo repleto de djombi, espíritus más o menos benignos o malévolos de lealtades cambiantes que pasan la eternidad ayudando o perjudicando a los humanos, y nos explica la relación entre un poderoso djombi que ha perdido la fe en la especie humana y Paama, una valerosa mujer que se ha visto obligada a enfrentarse a la tradición para alejarse de un marido cuya vida está completamente dominada por la gula. Aunque no se trata de una novela complaciente, el tono de la historia tiende sin disimulo a lo positivo y su voluntad de transmitir una enseñanza moral es evidente, aunque quién es el destinatario de esa enseñanza no deja de ser curioso (de ahí mi referencia a “Un Cuento de Navidad”). En este sentido recuerda a numerosas fábulas o cuentos que en una forma u otra todos conoceremos y la voz narrativa de Lord se adapta perfectamente a este formato. Uno de los logros de la autora es saber dotar de complejidad su mundo inventado sin renunciar al tono de folklore que le da su carácter especial, atribuible tal vez (no me atrevería a ser categórico al respecto) al origen caribeño de Karen Lord. Y, como sucede tan a menudo en el cine, después de los títulos de crédito hay una pequeña escena que deja con la boca abierta y con ganas de más, más, ¡más! ¿Que encontraréis en Redemption in Indigo? objetos mágicos, espiritus disfrazados de animales, tres (como manda la costumbre) viejas sacerdotisas que en la tradición europea serían brujas buenas o hadas, varitas del caos, fantasmas, exotismo, cambios de lugar instantáneos, ¡viajes en el tiempo! Lo que de verdad encontraréis es un magnífico cuento que os ayudará a recordar porqué era importante eso de la imaginación. Karen Lord tiene un estilo sencillo pero elegante y adopta la voz de un narrador muy personal que interpela al lector atravesando la cuarta pared siempre que le resulta conveniente. Hay un par de detalles muy menores que me despistan, no acabo de verlos claro, un personaje que aparece en dos momentos de una forma un tanto inconexa, pero lo atribuyo más a mis limitaciones que a un problema del texto. En conjunto me parece un debut realmente impresionante, en buena parte gracias a su sencillez. Muy recomendado para cualquiera interesado en la literatura de fantasía.(less)
#cifituits Muy, muy bueno. Todo el hype estaba justificado. Este año he leído varias buenas antologías pero esta ha sido la mejor. Siento auténtica cu...more#cifituits Muy, muy bueno. Todo el hype estaba justificado. Este año he leído varias buenas antologías pero esta ha sido la mejor. Siento auténtica curiosidad por su novela.(less)
El fin del mundo no llegó en el Año del Señor de 1420, aunque señales muchas hubo de que así había de ser.
No se consumaron las aciagas profecías de los chiliastas que preveían con asaz precisión —para el año 1420, en el mes de febrero, en lunes, Santa Escolástica— la llegada del Fin. Mas pasó el lunes, vino el martes y tras él el miércoles, y nada. No llegó el Día del Castigo y la Venganza que había de anteceder a la llegada del Reino de Dios. No se liberó de sus prisiones al satán, aunque habían pasado mil años, y no salió éste para embaucar a las naciones de las cuatro esquinas de la Tierra. No murieron todos los pecadores del mundo ni los enemigos de Dios a causa de espada, fuego, hambre, granizo, de colmillo de bestia, de aguijón de escorpión o veneno de sierpe. En vano esperaron los fieles la llegada del Mesías en los montes Tabor, Carnero, Oreb, Sión y en el de los Olivos, en vano esperaron la nueva venida de Cristo las quinque civitates, las cinco ciudades escogidas que anunciaban las profecías de Isaías y por las cuales se tuvo a Pilsen, Klatovy, Louny, Slany y Zatec. No llegó el fin del mundo. El mundo no sucumbió ni estalló. Por lo menos no todo.
Y aún así se montó una buena
Narrenturm, la primera entrega de la Trilogía Husita, no es una lectura fácil, ni por el lenguaje ni por la densidad de la información que contiene sobre la revolución Husita en el siglo XV. De hecho, el libro debería venir con una advertencia: “No te desesperes con la introducción”. El tono despeja cualquier duda de que el sudor frío es exactamente lo que Sapkowski pretendía provocar con sus primeras páginas, pues las siembra con una densidad de nombres propios de sonoridad centroeuropea (es decir, impronunciables y difíciles de memorizar) y acontecimientos históricos capaz de amilanar al más pintado. Afortunadamente, y a pesar de que la novela condensa mucha información y en ocasiones es inevitable volver atrás para refrescar algún episodio, el texto enseguida adquiere un ritmo de trote con arranques de galope y hace muy difícil abandonar su lectura.
Este libro es una novela desconcertante y que evite el naufragio es el mejor testimonio posible de la habilidad de Sapwkowski como novelista. Las coincidencias inverosímiles y las salidas de tono parecen la materia prima de una historia que se regocija en el artificio y bebe de la tradición fantástica europea, repleta de brujas, duendes, criaturas del bosque y una inquisición más terrible que todo lo que persigue. Seguro que habéis leído libros que os han hecho pensar que el escritor lo tenía todo planeado desde el principio o, al contrario, que cuando se sentó a teclear no tenía ni idea de por donde le llevarían los antojos de las musas: con Narrenturm soy incapaz de pronunciarme. La planificación es evidente al nivel más general de la trama, pero la increíble energía que la propulsa de huída hacia adelante a huída hacia adelante parece fruto de una imaginación febril difícil de someter a la disciplina de un esquema previo. Esa vitalidad, combinada con el (sucio) detallismo maníaco con el que el autor describe la historia y el entorno, convierten la lectura de Narrenturm en una experiencia inmersiva al alcance de pocos escritores. Per si hablamos de la capacidad de inmersión del libro es inevitable referirse la traducción de Jose maría Faraldo, capaz de reproducir un lenguaje forzado en su sintaxis y en su léxico que trata de evocar la sonoridad y la forma de hablar de otras épocas. La traducción de Faraldo representa uno de aquellos casos en los que opinar sin ser filólogo es pecar de incauto. Yo no soy filólogo y sí incauto, pero reconozco que es fácil que lo que para mi es virtud para otro sea un defecto o, al menos, un obstáculo. Narrenturm es un libro que impone su propio ritmo de lectura, que obliga al lector a aminorar el paso para atravesar su cuello de botella lingüístico y examinar con detenimiento cada frase y cada palabra, cada arcaísmo, cada latinajo, cada delicioso vulgarismo que, sumados, convierten el artificio en pirotecnia de explosión lenta y despliegue pausado. Si os gustan las lecturas vertiginosas este NO es vuestro libro, a pesar de su carácter es aventurero y los acontecimientos se suceden sin pausa dando lugar a una “road movie” medieval de sorprendentes inmediatez y vivacidad. Otro de los aspectos peculiares de la novela tiene relación con sus protagonistas, tanto el principal (Reinmar de Bielau, conocido como Reynevan) como los secundarios (Scharley el monje-delincuente, el enigmático Sansón Mieles, Urban Horn el espía o la valerosa Nicoletta). La interacción entre los tres primeros, especialmente, le da un carácter especial a la historia gracias a la lealtad un tanto inverosímil que les une. El contraste entre la ingenuidad y el idealismo de Reynevan, el cinismo antisocial de Scharley y la sabiduría casi extraterrenal de Sansón Mieles les convierte en un magnífico equipo cuya dinámica responde a una fórmula cómica sencilla que se adapta bien al componente de comedia de la historia: Reynevan se mete en líos, habitualmente de faldas, y Scharley y Sansón le rescatan. Esta dinámica se ajusta bien al carácter de comedia. De hecho son estos elementos (lenguaje, escenario, contexto, personajes) los que actúan de motor de la historia, pues Sapkowski renuncia a la estructura convencional de planteamiento-nudo-desenlace y, desde las primeras líneas, construye un enorme nudo que puede resultar un poco apabullante.
La Europa en la que transcurre Narrenturm se diferencia de la nuestra en que la magia es real (no, no creo en la magia...). Si existen otras diferencias respecto a la historia oficial a mi se me escapan. Estamos hablando de una magia arraigada en el folklore, de hechizos construidos a base de hierbajos y encantamientos en latín o lenguas muertas, dominio de brujos y brujas cuya queja es que “cada vez hay menos de nosotros” y que se prestan ayuda en el ocaso de su submundo lisérgico. Es la historia de la aparición de un nuevo orden que, a su vez, se promete mutable, basado en el control férreo de las creencias de la población por parte de una iglesia más cercana a las supersticiones que persigue que a la tecnología incipiente que guarda en su interior la capacidad de liberar al vulgo, aunque sea para saltar de la sartén a las brasas. Sirva como ejemplo la conversación entre Johannes Gutenberg y los protagonistas acerca de su nuevo invento: La imprenta:
—Perdón. —El gigante extendió las manos—. No pude evitar caer en la tentación... Siendo, lo queramos o no, testigos de un hallazgo que cambiará la faz de la época.
—¡Ja! —El rostro de Gutenberg se iluminó, como todo artista gustoso del halago, aunque fuera emitido por un ogro de aspecto idiota cuya cabeza alcanzaba el techo—. ¡Así será precisamente! ¡Y no de otro modo! ¡Porque imaginaos, nobles señores, libros doctos a decenas, y puede que alguna vez, por mucho que hoy suene ridículo, hasta en centenas! ¡Sin tener que copiarlos cansinamente y durante largos años! ¡La sabiduría humana impresa y accesible! ¡Sí, sí! Y si vos, nobles señores, apoyáis mi hallazgo, os prometo que precisamente vuestra villa, la hermosa Swidnica, será famosa por todos los siglos de los siglos como el lugar en el que se encendió la lámpara de la ciencia. Como lugar desde el que la ciencia se extendió a todo el mundo.
—Ciertamente —enunció al cabo Sansón Mieles con su voz amable y tranquila—. Lo veo con los ojos del espíritu. Una producción masiva de papel densamente cubierto de letras. Cada papel en cientos, y algún día, por muy ridículo que hoy suene esto, puede que hasta en miles de ejemplares. Todo reproducido multitud de veces y de fácil acceso. Mentiras, habladurías, calumnias, pasquines, denuncias, falsa propaganda y demagogia halagando al populacho. Toda maldad ennoblecida, toda nimiedad oficializada, toda mentira hecha verdad. Toda porquería, virtud; todo innoble extremo, revolución progresista; todo ocioso eslogan, sabiduría; toda bagatela, valores. Toda estupidez, reconocida; todo idiota, coronado. Porque todo estará impreso. Está en el papel, así que tiene poder, así que es de obligado cumplimiento. Fácil será comenzar esto, señor Gutenberg. Y desarrollarlo. ¿Mas detenerlo?
—Dudo que exista la necesidad —intervino Scharley con seriedad—. Siendo como soy más realista que tú, Sansón, no le auguro tanta popularidad al invento. E incluso si se llegara de hecho al resultado por ti profetizado, habrá cómo detenerlo. De modo simple como un cubo. De la forma más común y corriente, se creará un índice de libros prohibidos.
Gutenberg, quien no hacía mucho estaba radiante, se apagó. Tanto que a Reynevan le dio pena.
—No le auguráis entonces a mi hallazgo futuro alguno —afirmó al cabo con voz de ultratumba—. Con verdadero entusiasmo de inquisidor perseguisteis su lado más oscuro. E igualmente como inquisidores menospreciasteis sus más claras virtudes. Luminosas. Las más luminosas. Puesto que también se podrá imprimir y de este modo propagar con amplitud la Palabra de Dios. ¿Qué respondéis a ello?
—Respondemos —los labios de Scharley se torcieron en una sonrisilla burlona— como los inquisidores. Como los padres conciliares. ¿Qué, señor Gutenberg, que no sabéis qué es lo que proclamaron en lo tocante a esto los padres conciliares? La sacra pagina ha de ser privilegio de los clérigos, puesto que sólo ellos son capaces de entenderla. Fuera de ella las zarpas de los seglares.
—Os burláis.
Reynevan también pensaba lo mismo. Porque Scharley, al seguir hablando, no escondió ni su sonrisa burlona ni su tono irónico.
—A los seglares, incluso a aquéllos que muestran un punto de razón, les basta con los sermones, las lecciones, el evangelio del domingo, las citas, cuentos y moralidades. Y aquéllos completamente pobres de espíritu habrán de conocer las Escrituras con teatrillos, milagros, pasiones y vía crucis, cantando laudes y mirando las imágenes y las esculturas de las iglesias. ¿Y vos queréis imprimir las Sagradas Escrituras y dárselas al vulgo? ¿Y puede incluso que hasta traducida del latín a la lengua vulgar? ¿Para que todo el mundo pueda leerla e interpretarla a su modo? ¿Querríais que se llegara a ello?
—No tengo que quererlo en absoluto —respondió Gutenberg con serenidad—. Porque a ello ya se ha llegado. Y no muy lejos de aquí. En Bohemia. Y sea como sea como vaya discurriendo la historia, nada cambiará ya el hecho ni sus consecuencias. Lo queráis o no, estamos a las puertas de una reforma.
Y todo ello aderezado con el sentido del humor, me dicen que característico, de Andrezj Sapkowski, que combina la sutileza con la zafiedad y la escatología y consigue arrancar del lector las más grandes carcajadas. Entiéndaseme: el humor, oscuro, que impregna al libro es algo tan esencial, tan inherente a su mensaje de escepticismo y relativismo acerca de la naturaleza del progreso de la civilización, que no podría entenderse la novela sin él. Está en su médula desde su propio título, Narrenturm, “La Torre de los Locos”, ese edificio antiguo en el que se encerraban a los enfermos mentales y que funciona como metáfora, no sé si de la Silesia del S. XV o del conjunto de la Historia, pero que en cualquier caso captura muy bién la esencia de esta historia.(less)
He leído 10 libros de Jim Butcher, podemos decir que tengo un "sweet spot" por el autor pero... este es el mejor. Ha superado mis expectativas. Ideal...moreHe leído 10 libros de Jim Butcher, podemos decir que tengo un "sweet spot" por el autor pero... este es el mejor. Ha superado mis expectativas. Ideal para fans de George RR Martin y de Brandon Sanderson. Incluye bastantes ideas convencionales del género pero retuerce muchas de ellas y las ejecuta impecablemente. Gran oído para los diálogos. Adictivo como poco que haya leído últimamente. Aventura pura. Ansioso por seguir con la serie.(less)
"I regret-so many things. What do you do, when a mistake cannot be undone?"
Dentro del panorama más bien monótono de las novedades de...moreREVIEW IN SPANISH
"I regret-so many things. What do you do, when a mistake cannot be undone?"
Dentro del panorama más bien monótono de las novedades de literatura fantástica, The Whitefire Crossing (debut literario de Courtney Schafer y primera entrega de la trilogía The Shattered Sigil) tiene suficientes elementos como para que valga la pena elegirlo frente a muchos de sus compañeros de estantería. Sin embargo, a pesar de sus virtudes, el libro no acaba de alzar el vuelo por culpa de un exceso de predictibilidad y de la caída en una Zona de Confort que parece actuar como un pozo de gravedad para la imaginación de muchos de los autores del género.
El argumento es sencillo. Dev trabaja como guía de caravanas de mercaderías en la ruta de montaña que va de Ninavel y Alathia y eso le permite sacarse un sobresueldo como contrabandista de amuletos mágicos, prohibidos en Alathia por su estricta ley contra el uso de la magia. Su último encargo consiste en ayudar a Kiran a llegar a Alathia haciéndose pasar por su aprendiz, pero el viaje se complicará cuando Dev descubra que Kiran le ha ocultado su auténtica identidad.
Toda la primera parte de la novela consiste en la huída montaña a través de Dev y Alathia, perseguidos por una figura prácticamente todopoderosa. La relación entre Dev y Kiran está acentuada por el continuo cambio de punto de vista de la novela entre el uno y el otro, con lo que el lector se mantiene un paso por delante de los dos personajes y llega a disfrutar de sus errores o dudas. No estoy convencido de la elegancia de la estrategia elegida por la autora, que oscila entre la narración en primera persona cuando nos pone tras los ojos de Dev y la tercera persona cuando el protagonista es Kiran, pero sin duda da lugar a una dinámica interesante y a un contraste muy marcado entre las voces de ambos. Uno de los aspectos mejor ejecutados de la relación entre ambos es como van descubriendo, progresivamente, las cosas que tienen en común, chocando con sus respectivos prejuicios. Toda la parte del libro dedicada a la travesía por la montaña cobra vida gracias a la capacidad de la escritora para transmitir su pasión por el montañismo y la escalada. Sumado a la sensación de peligro inminente y suspense que provoca la distancia desde la que actúa el perseguidor de los protagonistas, todo el primer tramo de la novela da pie a una historia que funciona a la perfección y rebosa una personalidad propia que le debe más a la interacción entre los personajes y su entorno que a los detalles concretos de la trama.
En su segunda mitad, sin embargo, la historia da un giro poco inesperado y abandona la "road movie" montañera para convertirse en una aventura de fantasía más convencional ambientada en la ciudad de Alathia y, con ese cambio de tono, pierde buena parte de lo que la hacía especial. Si el enemigo que les perseguía en la montaña era inmenso en su distancia, su nuevo rival en Alathia parece la caricatura de un malvado de dibujo animado; si la montaña y el paso de Whitefire dibujaban un escenario vivaz y atractivo que ponía a prueba las habilidades de los protagonistas, Alathia es una ciudad medieval más insuficientemente dibujada. En general, la incertidumbre de la historia en Alathia es escasa y no llegamos a dudar de la capacidad de los protagonistas de sobreponerse a la situación, aunque algunas sorpresas al final plantean una situación de partida interesante para la segunda novela de la serie, The Tainted City.
The Whitefire Crossing es una buena novela de debut y un buen principio para una serie atractiva con buenos personajes y algunos rasgos intrigantes. La prosa de la autora es perfectamente competente sin llamar la atención ni interponerse entre el lector y la historia. En la construcción de su mundo de fantasía, Courtney Schafer no profundiza en algunas de las muchas ideas interesantes que plantea (personalmente me encanta la idea de que, en Ninavel, los niños pueden practicar un tipo de magia que pierden al llegar la adolescencia) pero ahí quedan como semillas para las próximas entregas de la serie. Yo no me las perderé.
REVIEW IN ENGLISH
"I regret-so many things. What do you do, when a mistake cannot be undone?"
Within the rather monotonous landscape of new fantasy novels, The Whitefire Crossing (Courtney Schafer's literary debut and the first installment of The Shattered Sigil trilogy) has enough interesting elements to make it a good choice when compared to a lot of his companions in the bookshop shelves. However, despite its strengths, the book does not fly as high as it could have done it because of it being too predictable, without managing to escape the comfort zone that seems to act as a gravity well for the imagination of many genre authors.
The plot is tight and simple. Dev is an outrider working for commercial caravans traveling the mountain route that goes from Ninavel to Alathia. This work allows him to smuggle magical charms to Alathia, a country in which magic is strictly legislated. His latest smuggling assignment, though, is somewhat different: he is asked to help young Kiran to reach Alathia posing as his apprentice, but the journey will get complicated when Dev discovers that Kiran has lied about his true identity.
The first half of the novel is devoted to Dev and Kiran’s flight through the mountains and the Whitefirecrossing, trying to reach the Alathian border while pursued by a virtually omnipotent foe. The relationship between Dev and Kiran is built by continuously jumping from the point of view of Dev to Kiran’s, allowing the reader to stay one step ahead of both characters and getting him to enjoy their mistakes and hesitations. The author has chosen to shift from a first-person narrative when Dev is the main character to third-person in Kiran’s point-of-view. While I’m not totally convinced of this being the more elegant strategy from a narrative standpoint, it certainly leads to an interesting dynamic and stresses contrast between the voices of both protagonists. One of the best executed aspects in the relationship between Dev and Kiran is their gradual discovery of those things they have in common and how these things challenge their prejudices. The part of the novel devoted to the journey through the mountain comes to life thanks to the ability of the writer to convey her passion for mountaineering and climbing and making it into the fabric of the story. This, added to the sense of impending doom from the enemy that persecutes the protagonists from far away and the resulting suspense lead to a first section of the novel that works like a clockwork and oozes personality, owing more to the interaction between the characters and their environment than to the specifics of the plot.
In the second half, however, the story takes a not completely unexpected turn and shifts its tone from that of a "road movie in the mountain" to a rather mainstream fantasy adventure set in the city of Alathia, losing much of its uniqueness. Where the enemy pursuing Dev and Kiran in the mountains was immense because of his remoteness, their new nemesis in Alathia is like a caricature of a cartoon villain; where the mountain and the Whitefire Crossing were lively and attractive scenarios that challenged the skills of the protagonists, Alathia is a medieval city poorly drawn. Overall, the Alathian arc lacks uncertainty and the reader never begins to doubt the ability of the protagonists to overcome the situation, although some surprises at the end lead to an interesting starting situation for the second novel in the series, The Tainted City.
The Whitefire Crossing is a good debut novel and a good start for an attractive series with some good characters and intriguing elements. The author's prose is perfectly adequate and does not stand between the reader and the story. Courtney Schaffer does not delve in some of the many interesting ideas raised while worldbuilding (The idea that children in Ninavel are able to practice a kind of magic that goes away when they reach adolescence is a favorite of mine) but they remain as seeds for the next installment of the series. I, for one, am determined to read The Tainted City sooner rather than later.(less)
Esto TIENE que continuar. Stephen Leeds es un personaje buenísimo. La escena de acción (solo hay una) no está tan bien resuelta como Sanderson acostum...moreEsto TIENE que continuar. Stephen Leeds es un personaje buenísimo. La escena de acción (solo hay una) no está tan bien resuelta como Sanderson acostumbra.(less)
Realmente interesante. He descubierto autores a los que leer y otros a los que ni acercarme por pura cobardía (lo siento Jelinek. No eres para mi. Bat...moreRealmente interesante. He descubierto autores a los que leer y otros a los que ni acercarme por pura cobardía (lo siento Jelinek. No eres para mi. Bataille tampoco)(less)
“When something is new and hard and bright, there ought to be something a little better for it than just being safe, since the safe things are just the things that folks have been doing so long they have worn the edges off and there's nothing to the doing of them that leaves a man to say, That was not done before and it cannot be done again.”
Reseñar una novela que te desborda es un reto insuperable. ¿Cómo reflejar, en pocos párrafos y sin demasiados recursos críticos, la complejidad y los múltiples niveles de lectura de un libro como el As I Lay Dying (Mientras Agonizo en su edición en español) de William Faulkner? Sabiendo que me enfrento al fracaso y sin ningún temor me lanzo a desbarrar.
A pesar de su brevedad se trata de un libro complejo, vivo y de múltiples niveles de lectura. La intuición que tiene Faulkner para el uso del lenguaje y para la evocación es impresionante. En As I Lay Dying consigue estremecer sin que el lector sea capaz de señalar con concreción el origen de su inquietud. Faulkner retrata a una familia del Mississippi de los años 30, lanzada contra viento y marea hacia el cumplimiento del deseo que es mitad venganza, de la madre que agoniza, de ser enterrada junto a sus parientes en un cementerio situado en un pueblo vecino que bien podría estar a medio mundo de distancia dado el infortunio que complicará la tarea. Dirigidos por un padre que dedica un esfuerzo mayor a no mover un dedo que el que necesitaría para solucionar sus problemas por si mismo, la familia Bundren se nos muestra como un núcleo disfuncional en el que únicamente el enfrentamiento contra el mundo es mayor que los enfrentamientos entre ellos.
La combinación de las técnicas de flujo de la conciencia (ejecutado con virtuosismo por el autor), múltiples puntos de vista y narración en primera persona da lugar a una narración potente y perturbadora en la que cada personaje, especialmente los miembros de la familia Bundren, monstruosamente humanos en su condición de caricaturas faltas de realismo y paradójicamente auténticas, parece ir por libre, unidos entre si solo por el vínculo de una madre presente casi solo a través de la ausencia. Esta paradoja, exacerbada en el escaso naturalismo de la prosa de Faulkner, es uno de los rasgos más característicos de esta novela. En cierta manera demuestra como retratar la vida (o “algo que es verdad”, por decirlo de algún modo) a través de un estilo que se aleja tanto de la realidad del pensamiento cotidiano. ¿Cómo se puede dar esa sensación de espontaneidad, de flujo sin obstáculos del lenguaje, con un vocabulario tan cultista y una prosa tan elusiva como la de Faulkner? Tal vez tenga que ver con el origen de la novela, escrita según su autor a lo largo de seis semanas febriles y sin ningún tipo de revisión posterior. La novela se resiste a la interpretación (de este lector, al menos) y deja sin aliento cuando se sumerge en el surrealismo del pensamiento, casi mágico, de algunos de los personajes, especialmente de los más jóvenes. Es un acto de equilibrismo que consigue evocar esa sensación de estar a punto de entender, de lo tengo en la punta de la lengua, veo un destello de sentido, pero que luego desborda a través de imágenes que evocan sensaciones potentes pero comprensión ninguna hasta alcanzar un final que, naturalmente, solo podía ser una catarsis.
Cada uno de los personajes, cada una de las voces que aparecen en la novela merecería un análisis por separado que llenaría más páginas que las que pretendo escribir en esta breve reseña. Si Joyce se dedicaba a jugar con el estilo de capítulo en capítulo en su famoso corte de mangas al mundo, Faulkner, mucho más sobrio pero más que probablemente emparentado con el maestro (y escribiendo esto, buscando información sobre libro y autor, he aprendido que el “As I Lay Dying” del título tiene su origen, precisamente, en La Odisea de Homero, reafirmando mis sospechas iniciales), opta por cambiar de registro personaje a personaje y vincula sus necesidades de estilo a la psicología de cada uno de ellos para darles personalidad, profundidad y, especialmente, una individualidad claustrofóbica.
Me quito el sombrero ante un libro para el cual no hay estrellas suficientes en el firmamento.(less)
Jo Confesso és una novel•la d'arquitectura complexa i múltiples capes. Plena de motius que es repeteixen i s'escampen en enigmàtiques simetries, Jo Co...moreJo Confesso és una novel•la d'arquitectura complexa i múltiples capes. Plena de motius que es repeteixen i s'escampen en enigmàtiques simetries, Jo Confesso explica història dintre d'història i forma un tramat que no sabria si etiquetar de telescòpic o de fractal. Suposa un pas més en l'exuberància d'estil que vaig conèixer a Les Veus del Pamano però que Jaume Cabré porta perfeccionant prop de 40 anys. El resultat de Jo Confesso és un èxit rotund que supera amb escreix l'alt llistó que ella mateixa es marca amb l'ambició enorme del seu plantejament.
Jo Confesso és l'autobiografia, explicada sense ordre però amb concert, de l'Adrià Ardèvol, malgrat l'aparició ocasional d'un narrador omniscient, potser una mica barroer dintre de l'elegància del conjunt de la història, que ens mostra la vida de l'Adrià després del final del seu manuscrit autobiogràfic, tot tancant el nus a dos dels principals temes de fons de la novel•la: l'ambigüitat d'un egoisme que no descarta l'amor i la capacitat de l'art com a receptacle definitiu de la personalitat de l'autor.
La capacitat de Cabré per al malabarisme és insuperable i la davallada joiosa pel torrent de la seva prosa proporciona un plaer pur i primari. Jo Confesso no és un llibre que es llegeixi sol i el lector haurà de parar atenció a les giragonses múltiples amb les que Ardèvol combina una pluralitat de temps passats i presents, barreja la primera i la segona persona i dirigeix la seva història modificant de forma incessant els paràmetres d'abstracció i universalitat del que explica. Trencant les barreres d'allò que pot saber, allò que està obligat a imaginar i allò que tal vegada voldria que fos, l'Adrià Ardèvol es converteix en paradigma de narrador poc fiable i fa de la seva vida un vehicle que li permet explicar-li al seu únic amor tot el que no va saber dir quan de debò hagués importat. En el fons, el que l'Adrià no és tant la biografia com la interpretació, la contextualització i, sobretot, la redempció impossible d'una culpa que ell mateix s'ha adjudicat.
Al llarg de la seva narració, iniciada a una infància claustrofòbica, alleugerida només per la intervenció, sovint còmica, d'un xèrif i un pell roja de joguina que faran de Pep Consciències personals durant tota la seva vida, l'Adrià reflexionarà al voltant d'una sèrie de temes que l'obsessionen. La novel•la, escrita pel propi Adrià i transcrita pel seu amic Bernat, és un castell de sorra que no s'ensorra gràcies l'habilitat de Jaume Cabré i, de forma progressiva, es revela com a reflex de la incapacitat de l'Adrià per a fer entenedor El Mal, com "paper guixat per les dues cares". El propi Adrià declara:
- Hi ha coses que no sé explicar -va dir l’Adrià amb veu lúgubre-. La crueltat. La justificació de la crueltat. Coses que no em sé explicar si no és per la narració.
D'aquesta manera, Jo Confesso es converteix en una reflexió sobre la importància de l'art per a entendre esdeveniments que una simple explicació no podria recollir. No és el mateix dir que els nazis feien servir nens per als seus experiments que explicar la frustració d'un metge nazi...
"...després de mesos de veure conillets gemegaires -com el nen de pell tan fosca, o com el nen albí que deia Teve, Teve, Teve, arraconat al seu llit, negant-se a sortir-ne fins que el van haver d’eliminar allà mateix, o com aquella nena del collons de drap brut que era incapaç d’aguantar-se dreta sense crosses i que, si no la sedaven, bramava de dolor per fotre tot el personal com si no n’hi hagués prou amb la responsabilitat d’uns experiments i la pressió brutal del carallot del seu superior, que es veu que tenia contactes bons perquè ni el mateix Höss no era capaç de fer-lo enviar a qualsevol front i que deixés d’emprenyar-, va haver d’acceptar que era inútil esperar un comportament més positiu del cartílag tractat amb la pomada Bauer
La novel•la està plena de símbols i imatges evocadors, com el violí antic de tèrbola història que acompanyarà primer a en Fèlix Ardèvol i després al seu fill Adrià provocant ambicions i desgràcies a parts iguals, o el ja esmentat manuscrit inacabat sobre la natura del Mal que s'oculta darrera de l'autobiografia del protagonista, el timbre que sent l'Adrià a partir de determinat moment o la protecció que li ofereixen les seves joguines al llarg de la seva vida adulta. Esmentar la riquesa de la novel•la supera de molt l'àmbit d'una ressenya com aquesta. Val a dir què és una novel•la per a detenir-s'hi. En Jaume Cabré demostra tenir una visió de conjunt d'una ambició desmesurada i la capacitat d'execució per a fer-la realitat sense desatendre els petits detalls, assolint una textura rica, calidoscòpica i, sobretot, molt viva. Ha estat qualificada de "novel•la total" i és un terme que li escau, si és que mai pot ser veritat.
La novel•la està poblada de personatges que guarden secrets i que deixen de dir coses tot i que això acaba perjudicant-los. Tots els personatges principals, d'una forma o altra, són creadors i curiosament, gairebé de forma supersticiosa, la plasmació definitiva del seu art (la que acaba recollint la seva essència), acaba per convertir-se en una mena de quadre de Dorian Grey d'efecte invers que sembla esgotar l'energia vital dels seus autors. La pròpia novel•la ho suggereix (i ho matisa) referint-se a les morts d'autors reals com Primo Levi, Paul Celan:
- Es van suïcidar no perquè haguessin viscut l’horror, sinó perquè l’havien escrit.
- Ara no et segueixo.
- Ja l’havien escrit; ja podien morir-se. És com ho veig. Però també va passar que es van adonar que escriure és reviure, i passar-se anys revivint l’infern és irresistible: es van morir per haver escrit l’horror que ja havien viscut. I al final, tant de dolor i de pànic reduït a mil pàgines o a dos mil versos; fer cabre en mig pam de paper imprès tant de dolor quasi sembla un sarcasme.
Podria estar-ne parlant hores, de com la novel•la captura el pas del temps, el procés d'envelliment, l'esdevenir de la història o la forma com, de vegades, som posseïts per les nostres possessions i no a l’inrevés. Podria intentar treure l'entrellat d'un final enigmàtic que només pot entendre's desde dintre de la ment de l'Adrià o mirar d'explicar-vos, sense ensortir-me'n mai del tot, perquè em sedueixen els jocs metaliteraris que la novel•la proposa de forma gairebé compulsiva, però no ho faré. El que faré és demanar-vos, si us plau, si us plau moltes vegades, que no deixeu de llegir aquesta meravella que és Jo Confesso. Vinga, va! (less)
Al final del trasbordo había una señora de edad indefinida con un viejo abrigo rojo de plumón y botas de fieltro que sostenía tres ramilletes de campanillas de invierno.
Enfrente de ella, en un taburete plegable, mendigaba una viejecita encogida de cara demacrada y cetrina. Su nariz larga y afilada como una flecha de hueso apuntaba hacia abajo, a un cartón de leche cortado groseramente. En el fondo del cartón distinguí algunas monedas de un rublo y un par de cinco.
Arrojé al cartón de leche un billete de diez y oí claramente: "Z-zorra".
-¿Qué ha dicho? -No daba crédito a mis oídos.
-Que Dio-os la be-endiga -siseó con odio la vieja -, que be-endiga a to-odos lo-os vivo-os.
El relato corto es una de las áreas en las que la narrativa en general, y la literatura fantástica en particular, puede brillar con mayor intensidad. Los autores más dotados para este formato consiguen convertir el lenguaje en un bisturí que les permite diseccionar ideas que inmersas en la mayor complejidad de una novela quedarían relegadas a poco más que atrezzo. A veces me parece que los mejores virtuosos (o, en el caso que nos ocupa, virtuosas) del relato corto nos arrebatan el aliento con una contundencia raramente al alcance de la novela. Me tienta sugerir que la conexión con la imaginación es más directa en el caso del relato breve que en otros formatos, dando lugar a un terreno más fértil desde el cual contribuir a la exploración de las fronteras del género. La autora rusa Starobinets saca partido de las herramientas del cuento con gran habilidad, creando un conjunto de relatos con conexiones claras con el horror, en los que el surrealismo, la crueldad y un sentido del humor bastante retorcido forman el entramado en el que desarrollar las ideas de su poderosa imaginación.
Los parámetros de una imaginación rusa Los cuentos recogidos en Una edad difícil comparten un tono sarcástico y escéptico, una ambientación contemporánea o situada en futuros alternativos cercanos y un trasfondo absurdo con frecuentes incursiones en el terreno de los sueños. Sus personajes son personas alienadas, desencantadas, ajenas a si mismas, que solo saben interaccionar para hacerse daño. Si el libro resulta triste lo es sólo en segunda instancia, de una manera cerebral, pues la primera reacción depende humor negrísimo de la autora. El imaginario del volumen saca partido de algunos temas habituales en la literatura de ciencia ficción, como los androides, la inmortalidad o los universos paralelos, o del horror, como el miedo a los insectos o la locura, pero el objetivo final siempre es la construcción de unos personajes y el estudio de sus reacciones. La escritura de Starobinets La traducción del ruso sale del buen hacer de Raquel Marqués García, que consigue transmitir un texto fluido que refleja perfectamente la sensación de extrañeza de la propuesta de la autora. La mayoría de los cuentos están estructurados en dos fases, ya sean estas los dos tiempos intercalados de una historia explicada desde un presente narrativo sembrado de flashbacks, el cambio gradual de punto de vista en la magnífica Una Edad Difícil que da título al libro, o el cambio de tono que obliga a releer el cuento en la original La Agencia. Starobinets es tan eficaz en primera como en tercera persona aunque es en el primer caso cuando resulta más tentador identificar a la autora con sus personajes. Ni King, ni Dick: Starobinets Desde que llamó mi atención hace unas semanas he ido encontrando diversos artículos, reseñas o vídeos sobre Anna Starobinets y su Una Edad Difícil que la comparan con autores tan alejados entre si como Stephen King y Philip K. Dick. Lo cierto es que, después de leer esta antología, no me parece que Starobinets necesite ser descrita a través de ninguna comparación. Su voz como autora es suficientemente personal como para tener entidad propia y sus cuentos son sofisticados e imaginativos. Es difícil detectar defectos importantes en sus relatos más allá de su insistencia por evocar siempre el mismo tipo de visión del ser humano, limitando la paleta de la autora, o cierta falta de objetivo en algunos de los cuentos que se dejan llevar por la seducción de la narración para llegar a una conclusión que no hace justicia a su desarrollo, por lo demás siempre impecable. La valoración de los cuentos individuales nunca es menos que notable y en general sobresaliente.
Anna Starobinets me ha parecido una autora extremadamente interesante a la que seguir el rumbo con mucha atención. Además de ser una muestra excelente de la producción de literatura fantástica rusa, Una Edad Difícil es una antología absolutamente recomendable para cualquier aficionado a la literatura fantástica en particular y a la literatura en general, tanto por su originalidad como por la calidad de su escritura.(less)
Buenas ideas pero la ejecución no me convence. Respira un hiperdramatismo histriónico que hace que me resulte difícil creer el argumento y a los perso...moreBuenas ideas pero la ejecución no me convence. Respira un hiperdramatismo histriónico que hace que me resulte difícil creer el argumento y a los personajes.(less)