Héctor's comments
(member since Jul 24, 2007)
Héctor's comments from the Books en Español group.
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La amistad es un contrato tácito entre dos personas sensibles y virtuosas. Digo sensibles porque un monje o un solitario pueden ser personas de bien y no conocer la amistad. Digo virtuosas porque los malvados solo tienen cómplices; los sensuales, compañeros de juerga; los codiciosos, asociados; los políticos reúnen a su alrededor a los partidarios; los holgazanes tienen relaciones, y los príncipes, cortesanos; pero solo las personas virtuosas tienen amigos.
Voltaire
Imposible es reflexionar sobre los cambios que se han verificado en el continente americano sin sentir la más profunda admiración. En este continente que ha debido vomitar en lo antiguo monstruos inmensos, hoy no encontramos más que pigmeos, si comparamos los animales que lo habitan con las razas madres extinguidas.
Charles Darwin
La pregunta más bien sería: ¿de qué trata un cuento?. Hace unos años, Ricardo Piglia escribió unas Tesis sobre el cuento que empezaban con una anécdota tomada de un cuaderno de notas de Chejov: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". Según Piglia, un cuento siempre cuenta dos historias...
En contra de los primeros visionarios de la Red y de su utopía de una Internet completamente libre e irregulable, el ciberespacio está a punto de convertirse en «el lugar más regulado que hayamos conocido jamás». Asuntos tan importantes como la privacidad en las comunicaciones, la posibilidad o no de compartir datos, de remezclar información y la extensión de la libertad de expresión dependen hoy del hilo de las decisiones técnicas y políticas que están configurando la nueva Internet. La razón de este enorme potencial de control sobre el ciberespacio no sólo se encuentra en el poder legislativo del Estado, sino en la arquitectura (el código) de las nuevas tecnologías. Hoy en día, por lo tanto, la ausencia de una discusión política, abierta y masiva sobre estas cuestiones ya no produce como antaño una libertad por defecto. Antes al contrario deja campo libre a los grupos empresariales y al Estado para producir tecnologías a su medida. Emprender y extender esta discusión necesaria es el principal propósito de este libro.
Lawrence Lessig es catedrático de derecho y Profesor Emérito Universitario John A. Wilson en la Facultad de Derecho de Stanford. Es también fundador del Stanford Center for Internet and Society, presidente de Creative Commons y miembro de los consejos directivos de la Public Library of Science, la Electronic Frontier Foundation y Public Knowledge. Considerado una de las autoridades jurídicas más reputadas en el campo de la propiedad intelectual y las libertades digitales, es asimismo uno de sus mejores valedores. Y esto tanto a nivel teórico como práctico: a L. Lessig se le debe el diseño de las conocidas licencias Creative Commons. Autor de innumerables artículos y varias monografías, en castellano se puede leer: Por una cultura libre (Traficantes de Sueños, 2005) y El código y otras leyes del ciberespacio (Taurus, 2002), de la que la presente edición es una actualización ampliada.
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Tal vez no pasa a menudo, pero sucede que los hombres se detienen en medio del paisaje de las cosas y fijan su atención en su Yo. De manera súbita se topan con la sin par circunstancia de que están ahí -una particularidad que es todo lo contrario de un hallazgo objetivo y que también choca en la conciencia como un repentino y emergente motivo de descubrimiento-. Lástima que a causa de la cháchara del siglo, la expresión existencia se haya vuelto tan exquisita que ya no sirve adecuadamente para señalar esta abismal excentricidad que es el propio acto de presencia para la naturaleza humana (...) Escasamente señala ya lo inopinado, ilegítimo e inquietante que el extático autohallazgo personal puede ser. Ernst Bloch, para dar un ejemplo, ha establecido lo que con esa palabra, en verdad, se expresa. Un día, siendo niño de unos diez años, percibió su Yo desde el cielo sereno; es que fue como si le hubiera caído un rayo: que él, de modo real e inapelable, era él mismo y que no descubría nada más vivo fuera de sí mismo y su cuerpo. Semejantes iluminaciones terribles sobrevienen sólo de manera episódica -ningún discurso o ascesis conduce a la autoexperiencia pánica del acto de presencia-. El Yo se topa consigo mismo sin previo aviso, como hallazgo sin precedentes (...) No soy ninguna de las cosas -eso quiere decir que ya no hallo ningún amparo en lo que no es humano-; no soy, y ahora lo sé, piedra, ni planta, ni animal, ni máquina, ni espíritu, ni Dios. Con esa séxtuple negación circundo lo inquietante de todos los espacios. Quien es hombre vive en una posición que se extraña absolutamente de sí misma. A partir de ahí, no soy más que el escenario de una pregunta. Mi vida es un teatro del estremecimiento de que tengo que ser algo diverso de todo aquello que goza de confort, cosa entre cosas, ser entre seres. ¿Por qué me toca a mí? Uno de los rasgos típicos de esta experiencia del ser en el ser Yo es su brusquedad. Un desgarrón en la película mental que se toma por pensamiento y la súbita presencia de la incertidumbre radical se entreabre, incluso para los más opulentos conceptos: ser, causa o Dios son sólo ideas convencionales. Se podría hablar de aperturas imprevistas de un escotillón por el que me precipito -si al menos, pudiera decir adónde- (...) Si el hombre fuera un ser que, por su naturaleza, se busca a sí mismo, el autohallazgo sería menos extraño. Pero el escándalo del hombre consiste en que puede hallarse sin haberse buscado. Tiene uno 23 años, o 31, o más incluso, y descubre, cruzando la calle o al caerse un llavero, que uno, en realidad, existe. Contra eso no hay protección segura. Ni la teoría ni el alcohol pueden garantizar una prevención impenetrable de existencia (...) Al que le pasa ingresa en la comunidad de individuos desprendidos de asombro "en un desmesurado paisaje donde les es imposible orientarse" (...) Se ha topado uno consigo y no sabe manejarse.
Peter Sloterdijk, Extrañamiento del mundo. Ed. Pre-Textos, 1998.
De hecho, sólo lámina a lámina me he ido haciendo duro;
si se supiera qué blando sigo siendo en el fondo.
Soy gong, y guata y canto de nieve,
Digo eso, y sé lo que digo.
Henri Michaux
La epidemia en Argentina (Ezeiza es el principal aeropuerto del país)...
"En el vuelo de Aerolíneas Argentinas a Chile del sábado 16 se comunicó que cada pasajero debía llenar un formulario, dada la epidemia de “influencia porcina”. La expresión es graciosa pero no hace reír, por la ignorancia que demuestra sobre una amenaza a la seguridad de todo el género humano infinitamente más grave que la de los pibes chorros que histerizan las pantallas de televisión. Los efectos de la pandemia de gripe A (H1N1) pueden ser catastróficos. Las versiones conspirativas, que atribuyen la alarma al interés de los laboratorios que producen antivirales o incluso aquellas que pretenden que el virus fue creado por el gobierno de Estados Unidos y las compañías farmacéuticas, contribuyen a diferir la comprensión de la más seria emergencia conocida por la humanidad en toda su duración, salvo la cuenta regresiva hacia la medianoche nuclear durante la guerra fría.
Hasta el momento el virus actúa en forma idéntica al de la gripe de 1918. Aunque se la llama española, aquella influenza comenzó en Norteamérica, tal como la actual. También entonces se atribuyó su diseminación a una maniobra deliberada, en aquel caso desde submarinos alemanes en Estados Unidos. Los antivirales y la vacuna son espejismos tranquilizadores. Por exitosos que fueran, la velocidad de producción y su costo sólo pondrían dosis al alcance de grupos minúsculos de la humanidad. El primer brote de aquella pandemia tuvo una baja letalidad, como el de ahora, que es del 0,77 por ciento de los 11.168 casos certificados por la OMS hasta el viernes 22. Pero en 1918 reapareció seis meses después para convertirse en el mayor asesino serial de la historia. Entonces contagió a un tercio de la población mundial y mató al 2 por ciento de los infectados. Proyectadas, esa expansión y la misma letalidad implicarían en pocos meses de este año la muerte de 40 millones de seres humanos. Esto equivale a la cantidad de personas muertas por sida en todo el mundo en veinte años o al total de la población argentina. Su mundialización es hoy mucho más rápida y completa porque hace un siglo los virus no viajaban por todo el globo a mil kilómetros por hora en aviones con centenares de pasajeros. La mayor esperanza es que esta vez no haya segundo brote o que su letalidad no crezca como en 1918. Margaret Chan y Keiji Fukuda, máximas autoridades de la Organización Mundial de la Salud, dicen con cautela que, para bien o para mal, es imposible hacer predicciones. No descartan nada.
Al arribar al moderno aeropuerto de Pudahuel, sin lujo ostentoso pero ordenado y reluciente de pulcritud, todos los pasajeros pasaron por una cámara térmica. De aspecto similar a una máquina fotográfica, mide a distancia la temperatura corporal. Quien supere la normal es puesto en observación. En el vuelo de regreso, el lunes 18, los pasajeros recibieron un barbijo de celulosa, de uso obligatorio. Su inutilidad para contener un virus es conocida por las autoridades sanitarias. Varios jocosos viajeros se fotografiaron disfrazados para jugar al doctor. En Ezeiza nadie controlaba su uso. Tampoco había cámara térmica alguna. Personal médico y paramédico recibía los formularios y sólo verificaba el número de asiento de cada uno. La idea implícita es que el contagio sólo se produce por contigüidad. Pero el sistema de ventilación de los aviones es un implacable reciclador que reparte en forma equitativa al resto del pasaje todo lo que flota en el aire que aspiran sus ductos. Entre los síntomas del formulario figuraba “ojos amarillos”, que corresponde a otras enfermedades, pero no “enrojecimiento en los ojos”, que suele acompañar a la gripe. La suciedad del aeropuerto, con alfombras rotas y polvorientas que constituyen guaridas óptimas para cualquier germen, se corresponde con el desconocimiento de que el temido virus también se contagia por contacto con objetos contaminados, sin necesidad de que las personas estén al mismo tiempo en un mismo lugar, cerca o lejos. Una obsesiva limpieza y desinfección de mostradores, mesas, sillas, pisos, paredes y pasamanos tendría el efecto que no puede esperarse de los barbijos, con cuya compra alguien debe estar haciendo un negocio.
El personal de Migraciones que recibió el vuelo tenía barbijos N95, rígidos, de materiales sintéticos, con bordes que se adhieren a la cara. Bien ajustados sobre la nariz y la boca, los de ese modelo sí brindan protección. Pero por un máximo de dos horas, hasta que la humedad de la respiración los inutiliza y deben reemplazarse. Los de Ezeiza lucían de considerable antigüedad y varios descansaban sobre el mentón, en cumplimiento de un ritual burocrático. En algún mostrador había carteles con recomendaciones sobre el dengue, en un cuerpo tipográfico que sólo permitía descifrar su título, salvo que uno se apartara de la cola y se acuclillara frente al escritorio. Nadie lo hizo. Si a esto se suma la mala fe y la banalidad de algunos líderes de la oposición que llegaron a decir que el gobierno utiliza la pandemia de gripe para distraer la atención del dengue, están todas las condiciones dadas para que la Argentina aguarde inerte lo que Dios o el azar le deparen. Esto no equivale a decir que un mejor manejo sanitario inmunice contra una enfermedad para la que no se conoce cura y que hace menos de un siglo mató en pocos meses una suma de millones de personas sólo comparable con la de cada una de las dos guerras mundiales en varios años. Pero al menos prevendría su propagación y no sumaría al inminente peligro la burla de una defensa sólo de apariencias.
Horacio Verbitsky, Inseguridad

¿Por qué estoy obligado a reírme? Simplemente porque en la conciencia también me desahogo. Me río porque me deleito con el miedo, me divierto con la nada y juego con la responsabilidad; por lo demás, la muerte no existe.
Witold Gombrowicz, Diario Argentino
El brote de influenza del tipo A H1N1 en México puso de manifiesto las grietas del sistema sanitario de ese país y de una comunidad científica muda –o con respuestas ambiguas– ante una sociedad ávida de información fehaciente. Para conocer más de cerca la situación actual en el país azteca, escribe Arturo Barba, periodista científico mexicano.
Cuando el silencio no es salud
“Bardot came with Roger Vadim to visit Picasso,” recalls Lydia Corbett. “She really wanted to be painted by him but Picasso refused, saying he would only have one model at a time.”I was Picasso’s ponytail girl
El teorema de incompletitud de Gödel es uno de los resultados más profundos y paradójicos de la lógica matemática. Es también, quizá, el teorema que ha ejercido más fascinación en ámbitos alejados de las ciencias exactas. Ha sido citado en disciplinas tan diversas como la semiótica y el psicoanálisis, la filosofía y las ciencias políticas. Autores como Kristeva, Lacan, Debray, Deleuze, Lyotard, y muchos otros, han invocado a Gödel y sus teoremas en arriesgadas analogías. Junto con otras palabras mágicas de la escena postmoderna como “caos”, “fractal”, “indeterminación”, “aleatoriedad”, el fenómeno de incompletitud se ha asociado también a supuestas derrotas de la razón y al fin de la certidumbre en el terreno más exclusivo del pensamiento: el reino de las fórmulas exactas. Pero también desde el interior de la ciencia se esgrime el teorema de Gödel en agudas controversias epistemológicas, como la que rodea las discusiones sobre inteligencia artificial. Surgido casi a la par de la Teoría de la Relatividad, y de manera quizá más sigilosa, el teorema de Gödel se ha convertido en una pieza fundamental y una referencia ineludible del pensamiento contemporáneo. Pero a diferencia de la teoría de Einstein, en que por la sofisticación de las ecuaciones los mejores intentos de divulgación parecen condenados a ejemplos con relojes y personas que no envejecen en viajes por el espacio -la clase de divulgación que arrancó la conocida broma de Sábato-, en el caso del teorema de incompletitud hay una buena noticia, y es que puede darse una exposición a la vez rigurosa y accesible, que no requiere ninguna formación matemática, más que el recuerdo de la suma y la multiplicación tal como se enseñan en la escuela primaria. Pensamos y concebimos Gödel (para todos) como un juego por etapas, con la esperanza de que los lectores se desafíen a sí mismos a pulsar enter al final de cada capítulo para pasar al próximo nivel. El juego empieza realmente desde cero y gran parte de nuestro esfuerzo fue intentar la mayor claridad posible en cada una de estas etapas para que, idealmente, cada lector pueda llegar tan lejos como se proponga.
Guillermo Martínez-Gustavo Piñeiro, Gödel para todos. Ed. Seix Barral, 2009.

¿Por qué tan lejos de los dioses? Quizá por preguntarlo. ¿Y qué? El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas. ¿Qué epifanía podemos esperar si nos estamos ahogando en la más falsa de las libertades, la dialéctica judeocristiana? Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par todas las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo.
Julio Cortázar, Rayuela

Venid, hablemos,
quien habla no está muerto,
ya silban las llamas
en torno a nuestro desamparo.
Gottfried Benn

Otro de los pioneros en este campo es Aubrey de Grey. Aquí algunas de sus afirmaciones en un reciente reportaje en Barcelona:
"Normalmente me defino como un gerontólogo biomédico. Eso suena un poco complicado, pero es bastante importante porque se considera que existen algunos tipos diferentes de gerontólogos. En primer lugar, hay gente que estudia la sociología del envejecimiento. Se hacen llamar gerontólogos sociales. Después hay gente que estudia cómo usar las terapias existentes para combatir el envejecimiento, pero por supuesto saben que en realidad no podemos hacer mucho al respecto todavía. Se les denomina gerontólogos clínicos. Y por último hay gente que estudia la biología del envejecimiento. Y podrías pensar que yo me denominaría como ellos lo hacen, que es biogerontólogos. Pero no, porque la mayoría de los biogerontólogos no estudian el envejecimiento para intentar solucionarlo: lo estudian como un fenómeno, como los sismólogos los terremotos. Entienden que los terremotos son algo bastante malo para ti, pero no aspiran a evitar que sucedan. Y la mayoría de los biogerontólogos son así, y por eso me autodenomino un gerontólogo biomédico. No estoy intentando usar las terapias existentes, sino intentando desarrollar nuevas terapias que puedan hacer algo respecto al envejecimiento."
"El envejecimiento es la acumulación de daños en el cuerpo. Daños es la mejor palabra que he encontrado para eso que se acumula; no es una palabra muy adecuada, ya que tengo que definirla muy cuidadosamente para conseguir que la gente entienda lo que quiero decir. Estos daños son los efectos colaterales del normal funcionamiento molecular y celular de nuestro cuerpo, que, al acumularse descuidadamente, acaban causando el comienzo de la mala salud relacionada con la edad y que el cuerpo empiece a funcionar peor. Así que el envejecimiento es simplemente la acumulación de estos efectos colaterales que acaban siendo perjudiciales para nosotros."
"Tengo una propuesta muy simple para combatir el envejecimiento: reparar los daños que lo causan. Es muy difícil evitar que estos daños aparezcan, porque los procesos que los causan son los mismos procesos que nos mantienen con vida y no entendemos esos procesos lo suficientemente bien como para poder hacer algo al respecto. También es muy difícil evitar que estos daños provoquen mala salud y que interfieran con el funcionamiento normal del cuerpo, ya que el daño está ahí y acaba por inmiscuirse en nuestro camino. Así que la mejor manera es hacer mantenimiento: deshacerse de estos daños y mantenerlos en unos niveles en los que el propio cuerpo pueda manejarlos."
Entrevista a Aubrey de Grey

Las expectativas siempre dan forma a las acciones. Los planes de las instituciones y los personales reflejan nuestra expectativa de que todos los adultos que ahora viven morirán en una pocas décadas. Considérese cómo esta creencia inflama el ansia de obtener cosas, de ignorar el futuro en busca de un placer pasajero. Considérese cómo nos ciega al futuro y oscurece los beneficios a largo plazo de la cooperación. Erich Fromm escribe: “Si el individuo viviese quinientos o mil años, este conflicto (entre sus intereses y los de la sociedad) podría no existir o por lo menos podría atenuarse considerablemente. Podría entonces vivir y cosechar con alegría lo que sembró con pena; el sufrimiento de un período histórico, que dará frutos en el siguiente, podría también beneficiarlo a él”. Si la mayor parte de la gente seguirá viviendo o no para el presente es irrelevante: la pregunta es, ¿podría haber un cambio significativo para mejor?. Las expectativas de vivir una larga vida en un futuro mejor bien podrían hacer que algunas enfermedades políticas fuesen menos mortales. Los conflictos humanos son demasiado profundos y fuertes como para ser eliminados por cualquier cambio simple, pero la perspectiva de una vasta riqueza en el mañana podría por lo menos disminuir el impulso de pelear por migajas en el presente. El problema del conflicto es grande, y necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. La perspectiva del deterioro personal y la muerte siempre ha hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran menos placenteros. Visiones de contaminación, pobreza y aniquilación nuclear, recientemente han hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran demasiado difíciles de soportar. Pero con la esperanza de un futuro mejor y tiempo para disfrutarlo, podremos mirar hacia adelante mejor predispuestos. Mirando hacia adelante, veremos más. Teniendo una apuesta personal, nos preocuparemos más. Mayor esperanza y previsión beneficiarán el presente y la posteridad; incluso mejorarán nuestras posibilidades de supervivencia. Vidas prolongadas significará más gente, pero sin que ello empeore mucho el problema demográfico del mañana. La expectativa de vidas más largas en un mundo mejor traerá aparejados beneficios reales, al estimular a la gente a pensar más en el futuro. En síntesis, una vida larga y su anticipación parecen ser buenas para la sociedad, así como el acortamiento del tiempo de vida a treinta años sería malo. Muchas personas quieren vidas largas y saludables para sí mismas. ¿Cuáles son las perspectivas para la generación actual?
Eric Drexler, La nanotecnología. El surgimiento de las máquinas de creación. Ed. Gedisa, 1993.
La regla no escrita de este tópico (Laus no podía conocerla) dice que pueden incluirse fotos de escritores que contengan personajes de nuestra cultura (o lengua). Por eso incluí la de Camus con la española María Casares... Aquí va otra con el gran Picasso...
Parados: Jacques Lacan, Cecile Eluard, Pierre Reverdy, Louis Leiris, Pablo Picasso, Fanie de Campan, Valentine Hugo, Simone de Beauvoir, Brassai
Abajo: Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Michel Leiris, Jean Abier
