Bien. Aparentemente hemos hecho lo más difícil.


Hemos escrito nuestro libro. Lo hemos maquetado, revisado, corregido, conseguido una portada molona. Lo tenemos en los principales formatos de ebook y lo hemos colocado en varias librerías online.


Y ahora… a relajarse, descansar y esperar a que llegue el dinero.


Pues va a ser que no.


La cantidad de libros que se editan al año en España es apabullante. Ya lo era cuando editar en papel implicaba unos costes brutales, la impresión digital bajo demanda no existía y el libro electrónico era poco más que un sueño húmedo en la mente de los aficionados a la ciencia ficción.


Así que imaginaos en estos momentos.


Imprimir tu propio libro (ya sea usando intermediarios como Bubok o Lulu, ya sea acudiendo directamente a una imprenta digital que permita la impresión bajo demanda) es cosa de unos días. Y los precios, al eliminar las barreras de un tiraje mínimo, están al alcance de casi cualquier bolsillo. Y poner tu ebook a la venta tiene aún menos costes.


Así que imaginaos la cantidad de libros que pueden poblar el mercado en este momento. O los que lo van a poblar en un futuro cercano.


¿Cómo va a hacer el potencial lector para discriminar entre toda esa oferta y quedarse con nuestro libro? ¿Cómo vamos a conseguir que se fije en nosotros? ¿Qué reclamo podemos ofrecerle para que sienta atraído por lo nuestro y no por lo de los demás?


En resumen: ¿cómo podemos destacar y resultar, no ya atrayentes, sino meramente visibles?


Bueno, hemos encontrado el principal escollo de todo este asunto. Lo demás eran puras cuestiones técnicas en las que, como mucho, podía haber implicado un pequeño desembolso económico.


Pero ahora estamos en medio de un bosque inmenso, interminable, y somos un árbol más que, seamos sinceros, no parece destacar mucho del resto.


Así que… ¿cómo hacer para que el potencial lector nos tenga en cuenta?


Me temo que no hay una respuesta sencilla para eso. O mejor dicho, sí que la hay: inyectar el suficiente dinero en publicidad para que nuestro libro salte a los ojos de los lectores.


Sólo que lo más probable es que nuestras posibilidades económicas sean limitadas.


Así que…


Bueno, la red permite muchas estrategias publicitarias con un coste bajo (y a veces directamente de cero), muchos lugares en los que llamar la atención, un amplio abanico de escaparates donde poder captar posibles lectores. Redes sociales, foros, blogs de reseñas literarias…


Estar presente en todos esos sitios exige trabajo y tiempo, pero es posible. Claro que, si tú estás presente, también lo van a estar tus posibles competidores; sí, ese tipo que ha hecho con su libro lo mismo que tú con el tuyo, que aspira al mismo nicho de mercado (o, si nos horripilan esas cosas materialistas, al mismo tipo de lector) y que se publicita en los mismos sitios que tú. ¿Cómo hago para que se fijen en mí y no en él?


No hay respuesta para eso, me temo. O no hay una sola.


El objetivo es sencillo: tenemos que conseguir que hablen de nosotros y, llegados a esto, casi ni importa si lo hacen bien o mal con tal de no pasar desapercibido. Aunque mejor que lo hagan bien, claro. Cada uno tendrá su receta o su método. Todos probaremos unas cosas, seguiremos con las que parecen funcionar y abandonaremos las que no. No hay, realmente, un camino único para esto. Y, a la larga, será el dificultoso y perseverante método de «prueba y error» el que acabemos usando.


Sólo advertiros que será difícil. Será largo. Y será lento.


Así que paciencia.


Y tal vez un par de consejos.


Lo poco agrada y lo mucho enfada, dice el viejo refrán. La frontera entre la publicidad interesante y el pesado machacón que no para de hablar de su libro en todas partes y a todas horas es muy difusa. Y, si la cruzas, el resultado no va a ser precisamente el que esperabas.


Así que dosifícate. Planifica. Haz las cosas con cuidado. Ten siempre en mente cómo reaccionarías tú ante un bombardeo excesivo cantando las loas y excelencias de un libro que desconoces de un autor del que no sabes nada.


Y, sobre todo, piensa a largo plazo.


Y ten en cuenta una cosa. No hay garantías de éxito. Puedes pasarte treinta años intentándolo y no conseguir nada. O puedes llegar y dar el pelotazo. Pero piensa que es muy posible que estés más cerca del primer caso que del segundo.


Con eso en mente, seguir o no adelante, ya es cosa tuya.


Buena suerte, en cualquier caso.


© 2012, Rodolfo Martínez
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Published on March 18, 2012 22:24 • 16 views

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