Félix J. Palma's Blog

December 2, 2010

Queridos amigos, me complace anunciaros que Die landkarte der Zeit, la edición alemana de El mapa del tiempo, ha sido nominada por los lectores de la web literaria Lovelybooks en las categorías de Mejor Novela del año, Mejor Novela Histórica. Mejor Audiolibro y Mejor Cubierta. Como es normal, la emoción me embarga. 


Si os apetece votar -yo os lo agradecería de corazón- podéis hacerlo antes del 10 de diciembre en el enlace de abajo. Es fácil: solo tenéis que escribir vuestro nombre e email, por lo que podéis votar tantas veces como cuentas de correo tengáis, y en todas las categorías. Muchas gracias a todos por vuestros votos.


El enlace es:


 


 www.lovelybooks.de/leserpreis/2010
 
 
 
 
 
 

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Published on December 02, 2010 09:44 • 221 views

September 27, 2010

Hoy hace algo más de una semana que apareció en Alemania, de la mano de la editorial Rowohlt (en su línea Kindler), la traducción de mi novela El mapa del tiempo, o lo que es lo mismo, Die landkarte der zeit, respaldada por una campaña de publicidad que solo puedo calificar de espectacular. Un acontecimiento lo suficientemente importante (al menos para mí) como para dejar testimonio en este humilde blog, de paso limpiarle el polvo acumulado y aprovechar para hacer recuento de los hermanos de papel que mi novela tiene esparcidos por el mundo, cuyas cubiertas ilustran esta entrada. Vayamos a ello, pues. En la primera foto aparecen, colocadas con pretensiones de escaparatista sobre una mesita de Ikea, aparte de las dos ediciones españolas (en rústica en Algaida y en bolsillo en Alianza) y la alemana, de la que hablaré más adelante, las de Portugal (de pie a la izquierda), que fue la primera en ver la luz, allá por octubre del año pasado. Lo hizo en la editorial Planeta y su cubierta, como puede verse, juega con los mismos elementos que la española: la dama victoriana, el caballero, el telón de fondo del reloj y el horizonte londinense. Otra forma de colocar el belén. Justo al otro lado, se aprecia la edición danesa, que se publicó sobre el pasado marzo en Gyldendal, y que presenté en la Casa de Europa en Cophenage (como se cuenta en una entrada anterior de este blog). Resultó un viaje inolvidable por muchos motivos, huelga decirlo. Su deliciosa cubierta homenajea a las ilustraciones que solían tener las novelas de Julio Verne, y el libro está plagado de detalles que remiten a la época victoriana y al argumento de la novela. Y en el centro puede verse la edición de Estonia en Fookus, que muestra una fotografía de la época, y vio la luz aproximadamente en junio. En agosto apareció la edición de Taiwan en Locus, cuya bella cubierta podéis ver en la siguiente foto, -el libro se abre al revés, como corresponde-, y hace muy poco, a comienzos de septiembre, arribó a los escaparates la traducción brasileña de la mano de Intríseca, a la que está dedicada la tercera foto que acompaña este reportaje. 


Y el 17 de septiembre, apareció la edición alemana, con el sobrecogedor despliegue promocional al que me he referido antes. Su elegante cubierta podéis verla tanto en la foto de arriba como en la última. La editorial Rowohlt, cuyo maravilloso equipo -Lutz Kettmann, Ulrike Beck y especialmente Margit Knapp, que se ocupó de traducir mis palabras- pude conocer en persona la pasada primavera, ha arropado la salida de mi novela con una profesionalidad y un mimo extraordinarios, como podéis ver si echáis un vistazo a la exquisita web dedicada a ella: www.dier-landkarte-der-zeit.de  .


Mención aparte merece el trailer de la novela, que ha logrado emocionarme por su calidad y especialmente porque uno no pude evitar imaginar que es el adelanto de una posible película. No dejéis de verlo. El enlace es el siguiente: www.youtube.com/watch?v=_XwgAws1l6Y


En los días que lleva en la calle, la novela ha sido acogida con entusiasmo por la crítica y los libreros, que le han otorgado un lugar privilegiado en sus librerías, como  podéis ver en la última foto, por lo que no pudo más que mostrar hacia ellos un infinito agradecimiento. Y hace escasos días recibí otra buena noticia: Rowohlt también publicará mi primera novela, La hormiga que quiso ser astronauta, y mis libros de cuentos, Los arácnidos, Las interioridades y El menor espectáculo del mundo. Espero que mi novela cumpla todas sus expectativas, porque las mías, desde luego, ya la ha cumplido con creces.


A la espera de la salida en Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Rusia, Reino Unido, Australia, Italia y el resto de países, que sucederá durante lo que queda de año y comienzos del siguiente, yo solo puedo mostrar mi ilusión, mi agradecimiento por el buen hacer de todas las editoriales y especialmente una especie de pudoroso asombro al comprobar cómo un esfuerzo realizado en la soledad de tu estudio puede ser juzgado ahora por medio mundo. Nunca pensé que la historia que yo luchaba por hilvanar en ese periodo de cautividad al que nos obliga la creación pudiera tener tal alcance. Ni siquiera me atrevía a soñar con ello, naturalmente. Me bastaba con llevarla a buen puerto con la brújula de mi intuición. Pero los milagros suceden, y esta vez no le ha pasado a otro. Por mi parte, solo puedo disfrutar de ello con las personas que me quieren, continuar escribiendo lo mejor posible, y sobre todo dar gracias al responsable de dotar a mis dedos de la habilidad de combinar las letras del teclado de forma tan emocionante como para que, a veces, suceda lo imposible. 


 


 


 


 


 


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Published on September 27, 2010 02:18 • 62 views

September 26, 2010

Amigos, familiares y simples merodeadores de este blog, tengo el placer de anunciaros que El menor espectáculo del mundo, mi último libro de relatos, editado por Páginas de Espuma, ha sido escogido entre los diez finalistas del Premio Setenil al mejor libro de cuentos de este año, que para quien no lo sepa es el equivalente a los Óscar en el mundo del relato patrio. Eso me llena de alegría, pero lo que realmente me emociona es figurar en la nómina de candidatos con tantos amigos y colegas que este año han dado a la imprenta excelentes libros de cuentos. La selección, entre los más de ochenta presentados, es la siguiente:


-Un koala en el armario, de Ginés S. Cutillas


-Teoría de todo, de Paula lapido


-De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel


-Azul Ruso, de Patricia Esteban Erlés


-Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao


-Los hábitos del azar, de Francisco López serrano


-Atractores extraños, de Javier Moreno


-Fantasías animadas, de Berta Marsé


-El mes más cruel, de Pilar Adón


Y el mío. No he podido leerlos todos todavía, pero sí los suficientes como para asegurar que el nivel de este año es altísimo, y que gane el que gane, el género del cuento resultará premiado. ¡Mucha suerte a todos, compañeros!


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Published on September 26, 2010 03:38 • 65 views

August 22, 2010

 


Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el suplemento Babelia, a cargo de Ana Rodríguez Fischer:


Uno de los escritores que con más firmeza y sabiduría ha transitado el siempre difícil territorio del cuento es Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968), que ahora en su quinto libro, El menor espectáculo del mundo (Páginas de Espuma), nos deleita con historias ambientadas en la vida cotidiana, que les suceden a gente normal y corriente, y en las que anidan el absurdo, la ternura, el prodigio, el disparate, la desolación, el ridículo, la fantasía o el amor, que es el sentimiento que alienta en las nueve historias de El menor espectáculo del mundo, donde Félix J. Palma narra lo que es capaz de hacer un padre atrapado en un trastero para recuperar a su hija secuestrada por una vecina loca; las fantasías de un pusilánime que un domingo por la tarde mirando por la ventana pasa de ser un hombre irresoluto a convertirse sucesivamente en el Intrépido, el Bravo, el Abducido, el Perplejo y el Hastiado; lo que sucede el día en que Mateo -un jubilado que pasa las mañanas con dos amigos apostados a la entrada de urgencias del hospital clínico viendo llegar las ambulancias y aventurando- decide subir a los infiernos; el síndrome de Karenina o los secretos que esconden los Crespillo descubiertos en la semanal comida de domingo en casa de los suegros; la transformación de un cuento para niños en un relato descarnado y escabroso como la vida que una madre engañada le cuenta a su hija porque "mejor que lo aprendas desde ya, cielo. Así sufrirás menos"; o El País de las Muñecas, un muy elegante homenaje a Kafka, donde se cuenta la conmovedora e inteligente reacción de una niña que recibía cartas de su muñeca "viajera" explicándole los motivos de su repentina fuga cuando es la madre la que "se ausenta" de casa. 


Con una asombrosa capacidad para sacarle punta a lo banal y anodino, un humor dúctil, un ritmo narrativo muy bien medido y un lenguaje repleto de hallazgos brillantes, Félix J. Palma convierte cada relato en una historia inolvidable.


 


 


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Published on August 22, 2010 00:09 • 60 views

August 21, 2010

 


 Queridos amigos: aquí os dejo la reseña de Alejandro Serrano en el excelente blog fantasymundo.com:
 
 














Portada de El menor espectáculo del mundo, de Félix J. PalmaLa mayoría de lectores suele agradecer en un autor dos cosas fundamentales: cercanía y falta de complejos. Por supuesto, ningún buen escrito es digno de considerarse tal si los mimbres con los que se urde no tienen la necesaria base, aún si posee las dos primeras y primarias virtudes. Juntemos las tres y podríamos describir de forma básica a Félix J. Palma como autor. Con "El mapa del tiempo" nos demostró sobradamente que, incluso con un tremendo volumen en cuanto a peso se refiere, puede conseguir que sintamos pena al terminar un libro, nos buscó las cosquillas como lectores y nos provocó con sus vueltas y revueltas, todas perfectamente anudadas entre sí, para regalarnos -es un eufemismo, por supuesto, las editoriales no se financian con aire- una obra de las que marcan por su preciosismo. Con una obra tan impresionante, que se ha publicado en varios idiomas e invadido continentes a placer, lo más habitual es que un escritor sienta reparos y cierta inquietud ante su siguiente publicación.



Pero Félix parece inmune al miedo, quizás debido a sus tablas y a su falta de complejos, que antes mencionábamos. En abril de este año publicó "El menor espectáculo del mundo" (disponible en FantasyTienda), en la editorialPáginas de Espuma, volumen en el que reúne nueve cuentos que giran en torno al circo de una de las emociones más universales y turbadoras: el amor. Es posible que quien no conozca al señor Palma y esté casualmente leyendo esta reseña, a estas alturas se le haya pasado por la cabeza algo así: "bien, ya estamos ante otra obrita moñas que celebra lo bonito que es el amor y sus supuestamente bucólicos parajes". Nada más lejos...



Disfruten y sufran, a partes iguales, porque ese es nuestro sino en el amor, en cualquier edad y bajo cualquier condición. Y no tengan reparos en beber hasta hartarse de esa fuente, porque en el disfrute y el sufrimiento encontramos la esencia misma de la vida, y sólo a través de ellos nos sentimos vivos.


Todo adulto conoce, al menos en cierta medida, los claroscuros del amor, su medida real, y aunque en ocasiones disfrute con literatura que lo ensalza de forma parcial y a veces suicida, ninguno se engaña al respecto en su vida diaria. El amor nos da alas, nos encumbra hasta el cielo, nos alienta y proporciona razones vigorosas para vivir, amar y dejarse amar, pero también nos hunde en la miseria de vez en cuando, en el mar de las dudas, cuando no nos destroza la vida, aunque sea por una época. Sus recovecos vamos recorriéndolos día a día, a veces con fingida sorpresa y en ocasiones con genuino descubrimiento, y precisamente de eso trata esta antología de cuentos del maldito Félix. Sí, escribo "maldito Félix", porque el perverso escritor sin complejos que es da en el mismo clavo.



Me atrevo a decir que no hay nadie que tenga cierta experiencia con el amor y no se sienta identificado con alguno de estos cuentos, o con alguno de sus protagonistas o personajes secundarios. Es tanta la realidad que destilan la mayoría de las historias, la cotidianeidad que las tiñe, que todos en algún momento hemos sentido algo parecido a lo que se nos muestra. Y esa es la principal virtud de "El menor espectáculo del mundo", su cercanía, su sensibilidad quirúrjica, y por supuesto, su buen hacer narrativo, marca de la casa de Félix J. Palma.



Félix J. Palma firmó ejemplares de El Mapa del Tiempo (Algaida)



Un libro como este ha de ser leído tal cual se escribió: sin complejos, sin buscar paralelismos con uno mismo, disfrutando y sufriendo con las historias que nos narra, testigos de historias ajenas que podrían ser las nuestras en algún momento de nuestras vidas. O que quizá ya hayamos protagonizado en parte. 



No puedo hacer otra cosa que admirar la forma en que están escritos estos cuentos. No sólo rezuman realismo y fantasía por igual, sino que su forma de urdir las historias, con frases precisas y a la vez enormemente descriptivas, emotivas y sinceras, convierten la lectura en un placer para los sentidos. El espectro de colores que se nos muestra del amor es amplio y en ocasiones difícil de asumir, bastante completo y en ocasiones gamberro y socarrón, pero siempre dentro de contexto. Incluso cuando a Félix le da por jugar con las palabras y los conceptos, como en "Las siete vidas (o algo así) de Sebastián Mingorance", no se desnorta, y siempre se dirige al objetivo con mano firme sin titubeos.



He de hacer constar que en la presente reseña intento no perderme por los poco edificantes y peligrosos cerros de la adulación servil, pero me resulta difícil por el talento que destila el maldito Félix, y por lo bien que parece llevar los elogios que le propinan otros lectores a bocajarro. Este autor parece de los pocos que viven acorde con su forma de escribir, desacomplejada y de vuelta de todo (al menos en este mundillo del papel), así que espero que no me tenga en cuenta el fracaso.



De entre estas nueve malditas historias de este maldito escritor que nos escupe a la cara la maldita realidad sin filtro de ninguna clase, he de destacar, traicionando mi costumbre de no desvelar demasiados argumentos en reseñas sobre antologías de relatos, dos cuentos en particular: "El valiente anestesista" y "Bibelot", en los que según mi particular, humilde y palmaria visión, el maldito Félix se luce especialmente con el dolor provocado por el desamor que nos aqueja a veces, ya sea por las traiciones o la falta de los seres a quienes nos damos. Hombres y mujeres, sin distinción, pueden disfrutar de esta antología dedicada al amor, sin rencores ni visiones de género, sin más partidismos que la propia experiencia en estas lides. 



En unos cuentos prima la amargura, mientras que en otros el desaliento es barrido por la fuerza de los sentimientos, o los protagonistas son arrastrados como hojas al viento de uno al otro extremo con violencia. Hay también espacio en este volumen para el amor juvenil, el maduro o el vinculado a la vejez, el de pareja o el filial, siempre desde la particular perspectiva de ese mirón de las emociones que es Félix J. Palma. Disfruten y sufran, a partes iguales, porque ese es nuestro sino en el amor, en cualquier edad y bajo cualquier condición. Y no tengan reparos en beber hasta hartarse de esa fuente, porque en el disfrute y el sufrimiento encontramos la esencia misma de la vida, y sólo a través de ellos nos sentimos vivos. 





 


 











 


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Published on August 21, 2010 00:23 • 56 views

Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el imprescindible blog La tormenta en un vaso:


 


Julián Díez



No se me ocurre logros más significativo para un escritor de 40 años que el de haber consolidado una voz propia. Es bueno que Félix J. Palma parezca haber dejado atrás su etapa de concursante en premios de relatos, puesto que estoy seguro de que cualquier jurado mínimamente atento a lo que pasa de interesante en la literatura española ya podría detectar el peculiar regusto de sus historias a distancia. Ese empleo de la ironía como arma para la ternura en el tono, en particular, así como sus construcciones siempre al borde del abismo —a una palabra de la sobreadjetivación, a una subordinada del exceso— construyen párrafos bellos y reconocibles, extrañamente precisos en su barroquismo.

También sus temáticas son —siempre en injusta generalización— coherentes, con personajes dolidos en su mediocridad a los que la súbita llegada del elemento fantástico hace cambiar sus perspectivas vitales. En el caso del volumen que nos ocupa, es recurrente el tema del amor, «el menor espectáculo del mundo, porque sólo puede ser visto por dos espectadores al mismo tiempo». Lo que hace a varios de los relatos presentes en este libro memorables es precisamente la combinación sabia de estos factores, aderezados con un condimento adicional según el guiso que iremos conociendo a lo largo de su degustación: la pesadumbre cotidiana de “El país de las muñecas”, la experimentación con ucronías mínimas en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, el humor sobrenatural de “Margabarismos”, unas gotas ambiguas del cuento tradicional de fantasmas en “Bibelot”.

Los citados son, a mi juicio, los sobresalientes del volumen, con especial mención para “El país de las muñecas” y “Bibelot”, potenciales clásicos en su extensión perfecta y su sabiduría en la dosificación argumental. Como es natural, a cambio también hay alguna pieza de fondo de armario, como el bienintencionado y predecible “Un ascenso a los infiernos”, pero incluso en esos argumentos más trillados es capaz Palma de aportar satisfacciones al lector en forma de punteos ingeniosos, de saber hacer.

Tras la decepción que para mí supuso la exitosa novela El mapa del tiempo —sé que estoy sólo al respecto, quizá sea una tara de viejo aficionado a la ciencia ficción—, El menor espectáculo del mundo viene a reafirmar las emociones que me ha producido la carrera de Palma desde sus inicios. Estamos ante un cuentista mayúsculo, de talentos únicos, que además lleva más de una década ofreciendo un camino viable de mixtura entre las exigencias de la literatura española tradicional y la innovación procedente del campo de la literatura fantástica. Un escritor necesario, pero también, y sobre todo, disfrutable.


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Published on August 21, 2010 00:12 • 57 views

Queridos amigos: aquí os dejo la reseña de Pilar Castro sobre El menor espectáculo del mundo aparecida en El Cultural de El Mundo:


 


Entre una dosis bien calculada de ironía ácida, un inteligente requiebro apuntando a ciertos golpes bajos de la realidad, un atinado tono paródico aireando asuntos que a todos atañen, y una pizca de hondura poética sazonando peripecias estrambóticas discurre la fórmula creativa del gaditano Félix J. Palma (1968), un cuentista que viene abriéndose paso en este género. Y no le han faltado reconocimientos (como evidencia la buena acogida de su novela El mapa del tiempo) ni ha dejado de estar presente abanderando la causa del relato, con el aval de escritos donde encuentran acomodo la calidad literaria y un humor que roza el absurdo resultando entrañable, sugestivo y poético. 



Con El menor espectáculo del mundo suma ya cinco títulos a su haber cuentístico. Lo componen nueve relatos que ilustran con tino los rasgos de su personalidad creadora. Nueve historias independientes como los números de un espectáculo circense, unidos por la intención de hacer que los hombres asuman el poder de la palabra para narrar (no solo) sus desventuras amorosas parodiando el fracaso, asumiendo, a veces, con resignación, los tiempos muertos de la vida conyugal, y a veces lanzándose a una pirueta desesperada para evitar la caída. El más atrevido en sus cabriolas y en la composición (“Margabarismos”) desmonta la historia sentimental de Mario, un hombre obsesionado por atender a las pintadas del retrete del bar que frecuenta, mientras pierde a su mujer, como pierde el trabajo y la cordura “en lo que tarda en soltarse un hueso”. La baza de la sorpresa ilustra “El país de las muñecas”, donde la anécdota de Kafka y sus cartas de consuelo a una niña que ha perdido su muñeca sirve de soporte a un argumento que flaquearía si no fuera por el giro inesperado con el que corona las últimas escenas. Entren también en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mongorance”. O en la concentrada intensidad narrativa de “Una palabra tuya”, en el que un incidente absurdo deja encerrado en un trastero a un padre que disponía del tiempo justo para recoger a su hija. Y para terminar, “Bibelot”, una fuga conmovedora, o un consuelo frente a esas maneras de amar o de dejar de hacerlo: crear un mundo dentro del mundo, en el que poder ser felices con sus propias leyes. Sólo hay que esperar que alguien lo sacuda. ¡Pasen, pues, y lean! 


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Published on August 21, 2010 00:02 • 58 views

August 20, 2010


Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO aparecida en Culturamas:


 


EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO


 


Por Miguel Ángel Mala.


A modo de advertencia, me gustaría dejar clara una cosa: nos hallamos ante un ente revolucionario del cuento fantástico. Y lo es por una cuestión de tiempos. Donde los autores tradicionales de género fantástico suelen poner punto y final a sus obras, ahí es donde las comienza Félix J. Palma.

Esta afirmación, que he escuchado al menos dos veces de la boca del propio escritor, le confiere a sus textos un sabor inconfundible. Porque trata de hacer verosímil lo inverosímil, y es en esta pugna sin tregua en la que se forjan sus historias. Palma es un maestro en el arte de hacer cotidiano lo fantástico y fantástico lo cotidiano. Para ello, estudia minuciosamente los quehaceres del día a día, poniendo sobre la malla de su particular circo de palabras a hombres y mujeres corrientes, que se ven, sin saber bien cómo, enmarañados en circunstancias extravagantes, increíbles, fuera del orden normal de las cosas. Y es por su naturaleza cotidiana por la que aceptan esos hechos como normales y tratan de continuar con sus vidas como si nada hubiera ocurrido, como si no fuesen ya parte de un engranaje narrativo en el que, mal que les pese, tienen una función que cumplir.

Estos personajes están enfrascados en vidas grises, y en la mayoría de los casos “…se sienten estafados por su destino”. Sin embargo, dentro de estas vidas monótonas, plenas de hastío y herrumbre, algunas personas se imaginan que son lo que no son, como en un cuento infantil. Así sucede, por ejemplo, en “El valiente anestesista”, que mezcla la cruda realidad con la idealizada trama de un cuento de hadas. Sin embargo, sus nombres responden a la actualidad más cercana y trivial. Palma no recurre a países exóticos, no nos hace viajar a culturas diferentes que mitiguen el peso de lo real. Al contrario, se afana en que comprendamos que esos personajes pertenecen a un ambiente conocido, insertándolos en la más pura tradición carpetovetónica. Así, los llama Victor Cordero –”El país de las muñecas”-, Mateo y la Dolores –”Un ascenso a los infiernos”–, Eva, Jacobo, Alfredo –”El síndrome de Karenina”–, nombres extraños a la fantasía tal y como veníamos conociéndola de mano de otros autores.

Por otro lado, en su lucha contra la capa gris que recubre el día a día, el recurso palmiano más efectivo –después de lo fantástico– es el humor. Un humor ocurrente, sin cortapisas. Hablando de una tabla de planchar, dice que “enseguida perdió el equilibrio y volvió a inclinarse sobre mí, como un compadre borracho”. O éste otro ejemplo, en el que, al hablar de las manos de un hombre que se dedica a la carpintería, dice que estaban “…surcadas de cortes y rasguños, como si hubiese tratado de masturbar a un gato”. Se trata de chanzas que arramblan con los conceptos más sagrados, principalmente el amor o la muerte, despojando al mundo de toda solemnidad, de toda pompa, de todo dogma y confiriéndole, por ende, una suerte de gozo vital que nada ni nadie –ni las peores circunstancias que los personajes puedan atravesar– logra destruir. Es, por tanto, su discurso el de un cronista sarcástico, dispuesto a extraer el jugo a las situaciones más rocambolescas.

Los cuentos suelen depender de un personaje, cuya voz narrativa, a modo de hilo de conciencia, nos conduce a través de los hechos, casi siempre vistos a través de una primera persona o de un falso narrador omnisciente, que utiliza al protagonista para mostrarnos lo sucedido y sólo ocasionalmente –en los fuegos artificiales del final de feria– abandona su sumisa actitud y nos muestra su cara omnipotente, sorprendiéndonos con la información que hasta entonces nos había resultado vetada. Félix J. Palma, en este sentido y en muchos otros, es un tahúr de la palabra, un buhonero que instala su panoplia de personajes frente a nosotros en mitad de una calle nutrida y nos encandila con el poder de su magia, que nace de un conocimiento maestro de la técnica del cuento fantástico.

Aunque, para ser justos, este libro no ahonda demasiado en los mundos imposibles a que nos tenía acostumbrados, salvo en un par de casos –”Margabarismos” y “Las siete vidas…”–. El resto son historias que rozan lo fantástico pero no llegan a sumergirse en mundos alternativos. Palma nos obsequia con una colección de cuentos que llevan su marca de fábrica pero que no sobrepasan el límite de lo verosímil, encauzando lo inaudito por las galerías de la casualidad y del desconcierto más que vulnerando las leyes de lo posible. Y no obstante, uno sigue teniendo cierto regusto a fantasía en el paladar cuando saborea los cuentos.

Sorprende, por otra parte, la suavidad con la que trata a sus personajes, envolviéndolos en un halo de ternura que los desdibuja, jamás los maltrata o los maltrata con cariño, consciente de que uno de sus puntos fuertes es la creación de personajes entrañables –ver, como ejemplo significativo, cualquiera de ellos en este libro y en los demás, pero por poner un ejemplo el Alberto de “Bibelot”–. Su prosa es suave, sus narradores bienintencionados –aunque a veces cometan crímenes horribles–, su naturaleza es la de un soñador que decidió dedicarse a la escritura porque se le daba mejor que pintar o esculpir o dirigir películas, pero ante todo –antes que escritor, me aventuraría a afirmar– es un soñador de mundos posibles, de nuevas realidades y de nuevas formas de entender nuestra propia realidad.

A este respecto, hay una frase que me llamó fuertemente la atención durante la lectura, y que creo que sintetiza la actitud de Palma ante sus creaciones: “Desde el sexto piso, el mundo me parecía siempre un confuso hormiguero, proclive a ser examinado con el desapego de una divinidad o un francotirador.” Él es ese Dios o ese francotirador –¿por turnos, quizás?– que se encarga de crear y disparar sobre las cabezas de sus personajes. Y lo hace con una técnica exquisita. La dosificación de los datos se produce con la meticulosa sistematicidad de un mecanismo de relojería. El cuento se reduce a una raspa de pescado, a una columna vertebral de trama que es engrosada con los tendones y el músculo del estilo. Nada sobra, ningún dato es baladí y, como Chéjov afirmaba –quizás no sin cierta ironía–, en las obras de teatro si se cuelga una pistola en el primer acto –véase “Un ascenso a los infiernos”–, en el tercero será disparada.

Pero esta perfección técnica en ocasiones tiene sus grietas. En los diálogos puede pecar de cierto barroquismo que acerca peligrosamente al narrador y a los personajes. Es éste quizás su punto débil, algo que a los autores tan poderosos en sus discursos íntimos les resulta siempre difícil, una signatura pendiente que les impide desarrollar los diálogos con la conveniente fluidez y frescura.

Y a pesar de esta demostración de fuerza narrativa, Palma no es más que un funambulista del sentimiento. Los personajes son hombres y mujeres esbozados, sí, pero sintientes. Son seres emotivos que sufren y gozan con intensidad, y que por encima de todo ansían ser queridos por aquellos que les rodean. Buscan una ternura, un aprecio que les es negado o que ellos niegan para vengarse de su gris realidad, de sus grises existencias, de su falta de coraje para enfrentarse a los contratiempos y vencer sobre su propia pereza o cobardía. Y en este sentido somos todos nosotros los que nos vemos reflejados en estas crónicas fantásticas de lo cotidiano, en esos seres sin brillo que de pronto se ven mezclados en aventuras absurdas, irrisorias o abiertamente imposibles, que de algún modo restauran esa pureza, esa genialidad que todos teníamos cuando éramos niños.


 



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Published on August 20, 2010 02:54 • 54 views


Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Tropezando con melones, del genial escritor David Torres:
 

 
El menor espectáculo del mundo



Persiste entre la crítica literaria española un lugar común que viene a decir que el cuento es un género al que ni editores ni público hacen el menor caso y que, en consecuencia, apenas tiene cultivadores de relevancia entre nosotros. Como tantos otros lugares comunes, éste es a medias verdadero y completamente falso. En concreto, la primera parte del aserto es cierta casi de cabo a rabo: no hay aquí una sola revista que fomente la difusión del género y causa estupor (cuando no causa vergüenza) el hecho de comparar las tarifas que manejan ciertos medios españoles comparados con sus (llamémoslos así) homólogos americanos. El término medio de un relato por encargo suele rondar los trescientos o cuatrocientos euros y raro, muy raro, es el afortunado que alcanza los mil. En los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, John Cheever, Truman Capote y una buena docena de autores de primera fila sobrevivían a base de encargos de revistas que pagaban puntualmente mil o mil quinientos dólares por relato.


No obstante (y es un obstante bien gordo) existe un público exiguo e inquebrantablemente fiel que ha dado lugar a que pequeñas aunque tercas editoriales se nutran casi exclusivamente de relatos; un público que ha dado lugar a la aparición de librerías consagradas única y devotamente al género. Es la segunda parte del aserto la que resulta falsa por completo, apenas uno repara en una lista de nombres que incluye a Juan Bonilla, Hipólito G. Navarro, Pilar Pedraza, Ricardo Menéndez Salmón, Eloy Tizón o Juan Manuel de Prada, entre otros que han hecho del cuento y del relato breve uno de los pilares si no el centro mismo de su universo literario. Eso por no mencionar de una serie de orfebres casi secretos, como César Romero o Diego Prado. Pero, en puridad, bastaría un solo nombre para confirmar la excelente salud del género en España. Me refiero a Félix J. Palma.


 


El último libro de Palma sorprende desde el título (El menor espectáculo del mundo) y sorprende más aun cuando el lector se entera de que se trata de una colección de relatos que no tuvieron acomodo en otro sitio. Desde la aparición de El vigilante de la salamandra, hace ya doce años, cualquier aficionado sabe del talento, la destreza y la imaginación del artífice gaditano, pero el poderío, la capacidad inventiva y la libertad que muestra en este volumen suponen un no va más, un más difícil todavía que aluden al desafío implícito en el circense título.


 Y, como en el circo, no hay truco ninguno, ni trampa ni cartón, nada más que los hilos de una imaginación soberana que arma sus espectáculos en la intensa carpa de unas pocas páginas. Resumir la trama de estos relatos es una tarea fútil amén de peligrosa porque, como dijo Borges de Cortázar, cada relato de Félix consta de un número determinado de palabras en un determinado orden: si intentamos resumirlo, verificamos que algo precioso se ha perdido. De cualquier modo, vamos allá.


En El País de las Muñecas, un padre intenta repetir para su hija la parábola de Kafka, quien en sus últimos días escribió para una niña una serie de cartas, haciéndose pasar por su muñeca perdida. Sin descomponerse ni hincharse, el relato se transforma en un mortal ejercicio de juegos malabares donde flotan también los celos, el amor y la traición. En Margabarismos, un hombre se comunica con el más allá a través de los mensajes escritos en la puerta del retrete de un bar. En El síndrome de Karenina, un novio inminente descubre un indiscreto drama familiar inserto entre las páginas de un libro de Tolstoi. En Las siete vidas (o así) de Sebastian Mingorance, el narrador emprende un formidable tour de force al hacer que su personaje se vaya desdoblando y triplicando con cada decisión que toma.


Como traca final, Bibelot, un relato pluscuamperfecto que podría honrar cualquier antología del género de cualquier época y lugar, uno de esos cuentos que no parecen escritos sino transmitidos de generación en generación por la memoria de la tribu, como los chistes inmortales, las fábulas de amor o las logias fantasmales al calor de la lumbre. Es decir, la historia de un vendedor a domicilio que se hace pasar por el hijo muerto de una anciana demente, todo ello encerrado en el milagro de una de esas bolas encantadas que se sacuden y caen la nieve, llamadas precisamente bibelot.


Muchos autores de mi generación, yo el primero, perdimos años, si no décadas, pensando que alguna vez podríamos escribir un cuento digno de Cortázar, es decir, capaz de ese delicado estremecimiento que es a la vez escalofrío y vértigo, delicia y horror. En mi opinión Félix J. Palma es el que mejor ha aprovechado el tiempo.


 




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Published on August 20, 2010 02:43 • 54 views

 


Estimados amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Aburreovejas. Como en la entrada anterior, está ilustrada con fotos de otro de nuestros encuentros sobre viajes en el tiempo.


 


EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO


Seis años han pasado desde que Algaida publicó Los arácnidos, la anterior colección de relatos de Félix J. Palma; un periodo en el que ha estado enfrascado en la escritura de Las corrientes oceánicas primero y de El mapa del tiempo después, tiempo en el que apenas ha cultivado los cuentos… al menos al ritmo que nos tenía acostumbrados. Para llenar este hueco la editorial Páginas de espuma ha reunido sus últimos cuentos en El menor espectáculo del mundo. Un volumen de apenas 200 páginas que recoge nueve piezas, el complemento perfecto a las anteriores colecciones de Palma además de una puerta de entrada ideal para aquellos lectores que desconozcan su faceta como escritor de narrativa breve.


Los mejores cuentos se sitúan al comienzo y al final deEl menor espectáculo del mundo. El primero, “El país de las muñecas”, se centra en un padre que al no encontrar la muñeca preferida de su hija, para no desilusionarla, escribe una serie de cartas en las que, haciéndose pasar por la muñeca, relata su fuga y las aventuras que vive mientras busca el legendario país de las muñecas. Detrás aparece una crisis en su matrimonio que, como suele ocurrir en muchos relatos de Palma, se encuentra estancado en la rutina. Igualmente se vislumbra otro rasgo que reaparece en otros relatos: la importancia de la ficción (literaria o no) como tabla de salvación. Ya sea para romper la monotonía, insuflar color en la vida, vencer a la soledad, comunicar sentimientos…


Otra pareja aquejada por una vida aburrida y sin emoción capitaliza “Margabarismos”, donde un hecho fortuito deja al descubierto la infidelidad de un marido con la hermana de su mujer. En este caso aparece un elemento fantástico que redefine esta situación convencional con un pequeño aldabonazo: unas misteriosas pintadas que aparecen en la puerta del baño de un bar de mala muerte a través de las cuales el tío fallecido del marido le anuncia lo que va a ocurrir. “Margabarismos” es una singular historia de fantasmas en clave española que muestra otro de los rasgos de Palma: un toque irónico más o menos ácido que, sin llegar a ridiculizar a sus personajes, quita hierro al patetismo en el que viven sumidos. Un mecanismo que dota de un humor delicioso a algo que, de otra manera, sería sumamente triste.


Pegando un brinco hasta el último cuento de El menor espectáculo del mundo, cierra la colección “Bibelot”, cuento publicado hace unos años en la primera edición de la antología Paura que relata el encuentro fortuito entre un joven vendedor de enciclopedias y una anciana que lo confunde con su hijo. Lo interesante de “Bibelot” está en que la narración se enrosca sobre sí mismo a través de un juego de reflejos que tanto se presta a una lectura realista como, si el lector así lo prefiere, una fantástica. Una ambigüedad que unida a la emoción que lo impregna redondea un soberbio relato sobre la soledad.


En medio se encuentran el resto de piezas que no desmerecen para nada a este triunvirato y que nos sitúan ante situaciones cotidianas que se deslizan en diversos grados hacia lo insólito. Tal es el caso de “Una palabra tuya”, en el que un padre encerrado por azar en un cuarto de su casa se consume pensando en cómo escapar para recoger a su hija pequeña que le espera en la puerta del colegio. Por momentos me recordó a La silla de David Jasso, aunque se le echa en falta una atmósfera un poco más angustiosa. O “Un ascenso a los infiernos” en el que tres ancianos se reúnen mañana tras mañana en la puerta de urgencias de un hospital y donde a partir de la soledad germinan sentimientos como el compañerismo, el amor o el sacrificio. O “El síndrome de Karenina” donde los secretos más profundos de una familia se esconden en una biblioteca repleta de subversivas revelaciones. O en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, que despliega las diferentes posibilidades de un día en la vida de un hombre anodino según las elecciones que toma cuando sale de casa. Quizás el cuento más endeble pero, a la vez, el más ambicioso y estimulante.


El menor espectáculo del mundo es una obra sugerente con la que me he “reconciliado” con Palma después de la leve decepción que me supuso El mapa del tiempo. Espero con interés su próxima novela, pero sobre todo aguardo una nueva colección de relatos que, me temo, tardará demasiados en llegar. Un nuevo catálogo de miserias humanas fraguadas con humor, contención, un estilo muy cuidado y auténtica pasión por el arte de contar historias. Mención aparte merece el esfuerzo de Páginas de espuma por continuar ofreciendo colecciones de relatos de los mejores autores contemporáneos en nuestra lengua en ediciones impecables. De quitarse el sombrero.


 


 


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Published on August 20, 2010 02:31 • 52 views

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Félix J. Palma
Félix J. Palma isn't a Goodreads Author (yet), but he does have a blog, so here are some recent posts imported from his feed.
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